Estoy pronto a admitir en principio que la prostitución puede ser un arte como el masaje o el peinado, pero me cuesta ya sentirme a gusto en manos del barbero o los masajistas.

En el caso de la mayoría de los seres, los contactos más ligeros y superficiales bastan para contentar nuestro deseo y aun para hartarlo. Si insisten, multiplicándose en torno de una criatura única hasta envolverla por entero; si cada parcela de un cuerpo se llena de...

…asi nacieron los signos de puntuación, esas partículas mínimas y poderosas que descubrió Aristófanes mientras trataba de medir, a través de los siglos, la respiración de Homero.

Julio César Londoño Nota antigua. Los signos de puntuación fueron inventados por Aristófanes de Bizancio en la Biblioteca de Alejandría hacia el año 200 a. C. cuando preparaba una lectura pública de la Ilíada, el gramático leyó: “Canta oh musa la cólera del pélida...

El hombre, en su miserable confusión, levanta con la mente complicadas arquitecturas y cree que aplicándolas con rigor conseguirá poner orden al tumultuoso y caótico latido de su sangre.

…Hemos tapiado todas las salidas y nos engañamos como las fieras se engañan en la oscuridad de las jaulas del circo, creyendo que afuera les espera la selva que añoran dolorosamente… «…y esto me lleva a confiar mi certeza en la fugacidad de ese peligroso...

…Chucho Lopera se burló a su antojo de medio Medellín: con el otro medio se acostó. Iba anotando en una libreta, que se volvió libro gigantesco, nombres y direcciones y colegios y señas particulares, para no ir a perder lo vivido por dejarlo olvidar.

Mierda! , dijo la Marquesa, poniendo las tetas sobre la mesa—. Con quién peleo, si sólo maricas veo… Echó una mirada en torno, por el cafetín abyecto, y sus ojos se detuvieron en mí. Yo solté la gran carcajada: era el personaje más extraordinario que había visto en mi...

Kant como cómplice virtual de asesinato.

Javier Cercas Michel de Montaigne odiaba con razón la mentira porque consideraba que violaba la primera regla de la relación entre humanos, según la cual todos estamos obligados a decirnos la verdad. Esta norma rige incluso para los autores de ficción, salvo cuando...