No hay nada más blanco que soñar con invasiones bárbaras que aniquilen lo blanco y que purifiquen la sociedad. Los surrealistas fueron los primeros en verbalizar esa fantasía.

Carlos Bueno

28 abril, 2022

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…la Ilustración y el Romanticismo son hijos de la misma madre. Puede que se odien, pero han compartido la misma cuna europea. Los dos son tan occidentales como el Mac en el que mis amigos académicos redactan sus papers decoloniales para revistas indexadas, algo que yo celebro porque demuestra lo occidentales que se han vuelto. No hay nada más moderno, capitalista y hasta europeo que alabar lo no occidental para vivir, tan bien como se pueda, al modo occidental. Es más, no hay nada más blanco que soñar con invasiones bárbaras que aniquilen lo blanco y que purifiquen la sociedad. Los surrealistas fueron los primeros en verbalizar esa fantasía. Sin pelos en la lengua, invocaron a Oriente para que arrasara Europa. Paul Éluard y Robert Desnos defendieron la violencia anticolonial y la guillotina para el hombre blanco, y Sartre no tardó en unirse al fervor poscolonial celebrando el asesinato del europeo. Dos pájaros de un tiro, dijo: matando al hombre blanco se suprimía al opresor y al oprimido.

William Burroughs no mató al hombre blanco, solo a su esposa, pero también fue un impenitente impugnador del estilo de vida yanqui, del consumismo y del conformismo. A Colombia vino en busca del yagé mágico, convencido de que la planta le iba a dar poderes telepáticos. Como toda la generación beat, también él vertió sus esperanzas emancipadoras en el exotismo tercermundista. Aunque sin malditismo ni gota de talento literario, ahora son los wokes de las más elitistas universidades yanquis los que están en guerra contra lo blanco. Quieren purificarse de unos supuestos privilegios que vienen gratis con el color de piel, una idea que extrañamente no les parece racista sino progre.

Es a esta lista de impugnadores de Occidente y del hombre blanco que ahora se suman los decolonialistas latinoamericanos. Y en buena hora. Se nos hacía tarde para demostrar que no éramos menos y que también podíamos ser modernos de esa forma, odiando la Modernidad y anhelando lo no occidental, el sentipensamiento, el buen vivir, los saberes otros y, en general, esos dones exclusivos de los no contaminados. El romanticismo también es cosa nuestra, por lo visto. Mis amigos decolonialistas son la cara rebelde de ese legado europeo, la inconforme, la incómoda consigo misma; moderna, al fin y al cabo, y tan blanca como la Luna.

Carlos Granés

CAZA DE CITAS
Así nacieron los signos de puntuación, esas partículas mínimas y poderosas que descubrió Aristófanes mientras trataba de medir, a través de los siglos, la respiración de Homero.

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Nota antigua. Los signos de puntuación fueron inventados por Aristófanes de Bizancio en la Biblioteca de Alejandría hacia el año 200 a. C. cuando preparaba una lectura pública de la Ilíada, el gramático leyó: “Canta oh musa la cólera del pélida Aquiles”. Volvió a...

CAZA DE CITAS
Hemos tapiado todas las salidas y nos engañamos como las fieras se engañan en la oscuridad de las jaulas del circo, creyendo que afuera les espera la selva que añoran dolorosamente…

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«…y esto me lleva a confiar mi certeza en la fugacidad de ese peligroso compromiso de las mejores virtudes del hombre que es la política. Observa con cuánta razón nuestra Basilissa esgrime ahora argumentos para implantar un orden en Bizancio, razón que ella misma...

CAZA DE CITAS
…Chucho Lopera se burló a su antojo de medio Medellín: con el otro medio se acostó. Iba anotando en una libreta, que se volvió libro gigantesco, nombres y direcciones y colegios y señas particulares, para no ir a perder lo vivido por dejarlo olvidar.

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Mierda! , dijo la Marquesa, poniendo las tetas sobre la mesa—. Con quién peleo, si sólo maricas veo… Echó una mirada en torno, por el cafetín abyecto, y sus ojos se detuvieron en mí. Yo solté la gran carcajada: era el personaje más extraordinario que había visto en...