…esa vieja concepción religiosa que considera los padecimientos como un medio para alcanzar un paraíso siempre postergado.

Carlos Bueno

15 julio, 2023

Jaime Alberto Vélez

Desde mucho tiempo atrás se ha tomado como un lugar común de la historia local el carácter leguleyo de los políticos, además de ese afán permanente por complicar, estorbar y entorpecer, que ha animado a buena parte de los personajes de la historia colombiana. De esta manera, cualquier logro se obtiene después de superar numerosos enredos y escollos que han terminado por convertir la historia nacional en un prolongado calvario, La inclinación a la lucha, en el caso colombiano, puede advertirse en las incontables y estériles guerras civiles que han llenado de muertos y de méritos espirituales los campos del país. Cualquier discusión y posible acuerdo entre los antagonistas, por tal razón, tiende a convertirse en un nuevo conflicto de nunca acabar. Parece, en este aspecto, como si lo propio de los colombianos consistiese en el amor ancestral a la dificultad. La posibilidad de un país más fácil y expedito parece una mera aspiración remota, permitida un tanto por la tecnología, pero entrabada por una vieja concepción religiosa que considera los padecimientos como un medio para alcanzar un paraíso siempre postergado.

Jaime Alberto Vélez

Licenciado en filosofía y letras de la Pontificia Bolivariana de Medellín. Profesor de la facultad de comunicaciones de la Universidad de Antioquia hasta su muerte en 2003..

Reconocido además como crítico y escritor de textos infantiles. Su poesia asume el tono epigramático clásico romano en algunos de sus libros para dar paso a la satira sutil, la ironia inteligente, el tono filosófico y ácido que revela una posición lúcida y vigilante ante el mundo, la sociedad y la cultura que le correspondió vivir.

Fue colaborador de diversas publicaciones, revistas universitarias como la de la Universidad de Antioquia y El Malpensante. .

Satura

 

 

 

 

 

Muere el escritor Juan Goytisolo a los 86 años en Marrakech | Cultura | EL PAÍS

 

 

                                                                                      Juan Goytisolo

 

 

 

 

El infantilismo de las leyendas bíblicas en las que creen los fieles de las religiones reveladas desafía a la vez nuestra experiencia y razón. ¿Quién puede dar por cierto el relato de Adán, Eva y la manzana o el de la cólera divina que condujo al diluvio y al mito multimilenario del Arca? No obstante, el entramado teológico forjado al hilo de los siglos sobrevive a la inverosimilitud de la fábula. El credo quia absurdum de Tertuliano adaptado bellamente por Teresa de Ávila mantiene su vigencia en el mundo desconcertado de hoy.
Hace ya tiempo, cuando el Vaticano reformó su liturgia y el latín desapareció de la Santa Misa, recuerdo que me dije para mis adentros que, puestos a innovar el ceremonial, lo más adecuado para resistir a los embates del siglo hubiera sido su sustitución por el sánscrito. Los fieles que memorizan un credo sin entender lo que dicen disfrutan de la gracia inherente al misterio, y cuanto más ininteligible sea éste mayor será su fe en él. Francisco —cuyos ímprobos esfuerzos sociales y justas iniciativas políticas me inspiran el mayor respeto y simpatía— sigue la dirección opuesta y se ve forzado a dar continuamente explicaciones a lo inexplicable. Su papel al frente de la Iglesia es menos el de un portavoz de verdades eternas que el de un experto comunicador en un grandioso plató de televisión.

Juan Goytisolo

Juan Goytisolo Gay ​ fue un escritor e intelectual español. Considerado como el narrador más importante de la Generación del medio siglo​ e incluso el mejor novelista español de comienzos del siglo XXI, ​​​​​ su obra abarca novelas, libros de cuentos y de viajes, ensayos y poesía.

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