Vine porque en Colombia no dejan vivir. Nunca han dejado. Tienen un millón de leyes y un millón de impuestos y un millón de puestos. Y en cada puesto un burócrata, un tinterillo, un leguleyo, “un dotor”. “¿Podría hablar con el dotor, Señorita?”. “El dotor no está-dice la hijueputa. –Está en junta con el Ministro.” “Ah”… Estos doctores nunca están porque son doctores en cuerpos: son doctores en leyes, en intangibles, y como tales se mueven muy bien como tales, con su materia incorpórea por su campo astral: en las más altas regiones mamando de la perfección de la esfera. Los unos son conservadores y los otros liberales pero iguales en sus cargos nominales. Distintos, porque los conservadores creen en el azul y los liberales en el rojo; iguales por su desmedido amor por Colombia, su desinterés, su fervor, su abnegación, su sacrificio: por Colombia el que sea, hasta la Presidencia. Y a ceñirse sobre el pecho henchido la banda tricolor y a sentar en el solio de Bolívar, Supremo Honor. Y ya sentados sus ambiciosos culitos en el solio que les toquen el himno. Y a recetar más de lo mismo: leyes e impuestos, impuestos y leyes, a ver si se pone en pie la enfermita. Y si no, la levantamos con un decreto, con una ordenanza, con un plebiscito.
Fernando Vallejo.
Años de indulgencia
Se discute si Dalí es auténtico o farsante. Pero, ¿tiene algún sentido decir que alguien se ha pasado la vida haciendo una farsa? Por qué no suponer, al revés, que esa continua farsa es su autenticidad? Cualquier expresión es, en definitiva, un género de sinceridad.
Ernesto Sábato.
Uno y el universo.
La radio no es más que una perpetua lucha contra los baches.
Eliseo Bernal González
Elbergón
Es verdad que somos libres de expresar nuestras opiniones. Pero opinar que alguien debe ser asesinado es una opinión delictuosa, una invitación a cometer delitos atroces, y un atentado contra la convivencia. Alguna vez las Farc amenazaron de muerte a los políticos más reaccionarios de Colombia. Yo no puedo estar más en desacuerdo con lo que ellos piensan; pero aceptar su condena a muerte, o siquiera su amenaza, es ir en contra de lo más elemental que debe defenderse en una sociedad abierta.Héctor Abad Faciolince