… que nadie sepa de tu llanto, ni descifre el sentido de tus lamentos

Carlos Bueno

22 abril, 2024

 LA MANSIÓN DE ARAUCAÍMA

Relato gótico de tierra caliente

Una mansión de pasiones góticas | Reinaldo Spitaletta

El dueño

Si alguien hubiera indicado la obesidad como uno de sus atributos, nadie habría recordado si ésta era una de sus características. Era más bien colosal, había en él algo flojo y al mismo tiempo blando sin ser grasoso, como si se alimentara con substancias por entero ajenas a la habitual comida de los hombres. Decía haber adquirido la mansión por herencia de su madre, pero luego se supo que había caído en sus manos por virtud de ciertas maquinaciones legales de cuya rectitud era arriesgado dar fe. Se llamaba Graciliano, pero todos lo conocían por Don Graci. En su juventud había sido pederasta de cierta nombradía y en varias ocasiones fue expulsado de los cines y otros lugares públicos por insinuarse con los adolescentes. Pero de tales costumbres la edad lo había alejado por completo, y para calmar sus ocasionales urgencias acudía durante el baño a la masturbación, que efectuaba con un jabón mentolado para la barba del que se proveía en abundancia en sus muy raras escapadas a la ciudad. La participación de Don Graci en los hechos fue capital. El ideó el sacrificio y a él se debieron los detalles ceremoniales que lo antecedieron y precedieron.CVC. Álvaro Mutis. Bibliografía. Obras de Álvaro Mutis.

Lorenzo Lara's review of La mansión de Araucaíma; Diario de Lecumberri; y su Obra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sus máximas, que regían el orden y la vida de la casa, habían sido escritas en las paredes de los espaciosos aposentos y decían:

«El silencio es como el dolor, propicia la meditación, mueve al orden y prolonga los deseos».

 «Defeca con ternura, ese tiempo no cuenta y al sumarlo edificas la eternidad»

«Mirar es un pecado de tres caras, como los espejos de las rameras. En una aparece la verdad, en otra la duda y en la tercera la certidumbre de haber errado».

 «Alza tu voz en el blando silencio de la noche, cuando todo ha callado en espera del alba; alza, entonces, tu voz y gime la miseria del mundo y sus criaturas. Pero que nadie sepa de tu llanto, ni descifre el sentido de tus lamentos».

 «Una hoja es el vicio, dos hojas son un árbol, todas las hojas son, apenas, una mujer».

«No midas tus palabras, mide más bien la húmeda piel de tu intestino. No midas tus actos, mide más bien la orina del conejo».

 «Apártate, deja que los incendios consuman delicadamente las obras de los hombres. Apártate con el agua. Apártate con el vino. Apártate con el hambre de los cóndores».

 «Si entras en esta casa no salgas. Si sales de esta casa no vuelvas. Si pasas por esta casa no pienses. Si moras en esta casa no plantes plegarias».

 «Todo deseo es la suma de los vacíos por donde se nos escapa el alma hacia los grandes espacios exteriores. Consúmete en ti mismo».

Otras máximas se habían borrado con el tiempo, pero la titubeante memoria del dueño hacía imposible su reconstrucción, en la cual, por lo demás, ninguno de sus huéspedes estaba interesado. La ampulosidad del estilo y su artificial concisión iban muy bien con los afelpados ademanes de aquella robusta columna de carne que movía las manos como ordenando sedas en un armario.

Historia y biografía de Álvaro Mutis Jaramillo

Álvaro Mutis ​ fue un novelista y poeta colombiano.​ Vivió en México desde su juventud y hasta su muerte. Es considerado uno de los escritores hispanoamericanos contemporáneos más importantes.  «Todo lo que he escrito está destinado a celebrar, a perpetuar ese rincón de la tierra caliente del que emana la substancia misma de mis sueños, mis nostalgias, mis terrores y mis dichas».

CAZA DE CITAS
Bolivar ha desmoralizado a los hombres, enseñándoles a quebrantar su palabra, a buscar fortuna en el crimen, y a ser hipócritas, falsos y dañinos.

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CAZA DE CITAS
-Mira mijo, yo parto de la base de que la gente quiere llorar. Yo sólo les doy el pretexto.

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  Sin decirlo esta canción dirá tu nombre; sin decirlo con tu nombre estaré yo… los ojos casi ciegos de mi asombro, junto al asombro de perderte y no morir. Sin palabras. Enrique Santos Discépolo     -Maestro: ¿A qué atribuye su éxito? -Mira mijo, yo...