Crónica de la intolerancia y la frivolidad colombianas.

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19 julio, 2019

En estas crónicas sobre la edad media en Colombia, Carlos Bueno Osorio reúne muestras de un trabajo periodístico y ensayístico practicado a lo largo
de su vida con espíritu crítico de estirpe radical, al margen de las
conveniencias y las verdades recibidas del establecimiento colombiano,
dominado por los mismos desde hace siglos y caracterizado por la
eliminación o el ostracismo de las voces disidentes y el encumbramiento
de los mediocres, los violentos y los lagartos, que son las esencias
malevas y vivas de la nacionalidad.
Desde el inicio, cuando aborda en amplios trabajos de
documentación las vidas trágicas de Jorge Isaacs, El Indio Uribe y El
Tuerto Echeverry, o la errancia fracasada de Barba Jacob, Bueno nos
muestra el destino terrible que signa a quienes se han rebelado en
Colombia contra las fuerzas dominantes del oscurantismo colonial y
decimonómico, dispuestas a todo para conservar los privilegios de las
castas y el apartheid generalizado de un país que nunca tuvo revolución
triunfante y vivió solo intentos de cambio que culminaron siempre en la
sangre y el olvido.
Todos los países del mundo, desde el propio imperio estadounidense
hasta las grandes naciones europeas, asiáticas, latinoamericanas o
africanas han experimentado revoluciones y cambios que derrumbaron los
privilegios feudales, las aristocracias fosilizadas y el imperio de la
tiranía. No ha sido así el caso de la feudal Colombia, como lo muestran
las gestas fracasadas de Manuel del Socorro Rodríguez, Antonio Nariño,
Jorge Isaacs, El Indio Uribe, El Tuerto Echeverry, Barba Jacob, Tulio
Bayer y otros personajes retratados por Bueno para plantear las reglas
de sus reflexiones sobre la mediocridad colombiana dominante y el
triunfo permanente a través de los siglos de la maldad, la viveza, la
mezquindad, el abuso y el crimen como emblemas máximos de la
nacionalidad.
Lo increíble es que en pleno siglo XXI esos discursos
retardardatarios de intolerancia decimonónica y papista contra los que
combatieron siguen redivivos y encarnados en muchas personalidades
políticas y periodísticas de hoy. Por esa razón Bueno trata, a través
de sus textos, de despertar a los nuevos lectores colombianos que en el
siglo XXI parecen dominados por medios que como la televisión
telenovelera, la radio frívola e ignara y los diarios actuales, se
alejan cada vez más del espíritu libertario, generoso y radical que se
encendió fugazmente en Colombia abriendo espacios de luz que fueron
siempre aplastados en sangre e indiferencia.
En textos como « Jorge Isaacs : la pluma, la palabra y el fusil »,
« Juan de Dios El Indio Uribe : del panfleto como una de las bellas
artes » , « Camilo Antonio Echeverri El tuerto : un periodista
punzante, mordaz e irónico» y « Polémico, amarillista, indeseable :
Barba Jacob el periodista », entre otros, Carlos Bueno realiza con
rigor documental una verdadera bitácora de la infamia. Esos grandes
periodistas o intelectuales idealistas, radicales, liberales,
defensores de la laicidad, que terminaron en la miseria y el olvido,
son mostrados por Bueno en sus gestas periodísticas o políticas llenas
de luz y entrega y luego en el lento deterioro de sus causas.
Con amplio despliegue documental, vemos como esa lucha generosa
por la libertad los llevó al margen y la miseria, mientras la maldad
nacional siempre salió triunfante en medio de los anatemas del emblema
máximo de la intolerancia colombiana: el tenebroso inquisidor monseñor
Miguel Angel Builes, de Santa Rosa de Osos, quien parece reencarnarse
de manera permanente en cada generación del malogrado país y en la
actualidad habla a través de la cabeza de hidra múltiple compuesta por
un ex presidente, varios políticos, gacetilleros y periodistas
corruptos, violentos, venales y arribistas.
Además de esos héroes laicos y radicales defenestrados, Carlos
Bueno aborda con detalle la actividad y la palabra de Builes en su
ensayo « Maldito seas de día, maldito seas de noche », mostrándolo como
uno de los factores más nocivos de la historia colombiana del siglo XX.
Este tenebroso cura infernal llamó desde los púlpitos al odio
entre los habitantes del país y legitimó con su lengua viperina la
eliminación física de los opositores laicos por la policía de los
regímenes conservadores y camanduleros generando la era de La Violencia
que presagiaba al sicariato y el narcoparamilitarismo y propugnó además
la represión de la vida en todas sus esferas, amorosa, sexual, lúdica,
corporal, como si estuviéramos en tiempos de la Inquisición católica o
del fanatismo islamista.
Las diatribas de Builes contra el mambo y sus reglas de
comportamiento en el baile para evitar el roce de los cuerpos,
documentadas por Bueno en este ensayo, son cómicas vistas desde la
actualidad, pero nos abren una ventana a esa Colombia tan reciente, que
el autor califica de medieval. Aunque, bien es decirlo, para precisar,
que la Edad Media europea, aparte la Inquisición y los largos periodos
de servidumbre, a veces fue más liberal, abierta y lúcida, que la Edad
Media dominante en Colombia desde siempre bajo el poder endogámico y
egocéntrico de los terratenientes y la plutocracia conducida por las
oligarquías provincianas y nacionales, sentadas como grandes Burundún
Burundá en sus tronos de casta sobre el sumiso apartheid imperante,
gobernado con la famosa consigna de « a sangre y fuego ».
En otras de su crónicas Bueno critica los medios de comunicación
colombianos caracterizados por la frivolidad y la charlatanería, como
es el caso de la radio, dominada por la vulgaridad y la ignorancia
generalizadas, la omnipresencia de la transmisión deportiva enajenante
o el humorismo de pacotilla heredado de Montecristo, que han terminado
por convertirse en las « universidades » formadoras de la mayoría de la
población, o sea la muchedumbre de « los de ruana » y « los de abajo »
que no acceden nunca a la educación y son la carne de cañón de la
guerra, el sicariato, el paramilitarismo y la politiquería.
Otros temas variados son abordados por Bueno con espíritu crítico,
como la fiesta brava y sus héroes Manolete, Luis Miguel Dominguín y El
Cordobés, las peripecias del gran megaconcierto de rock de Ancona, la
vulgaridad humorística de Montecristo y sus discípulos, las tareas
precursoras de los maestros de la fotografía y muchos otros temas que
son el testimonio de lo visto por un colombiano de una generación que
vivió y ecuchó en la infancia los relatos de La Violencia arcaica
vivida por sus mayores y creció viviendo otras formas más deflagradoras
de la misma en la era de los Rambos, siempre bajo el dominio de un
establecimiento político, social, económico y mediático que se vuelve
cada vez más primitivo y pitecantrópico.
Heredero de los radicales y del inolvidable « Indio » Uribe,
heredero de los creadores de gacetas y periódicos honestos malogrados a
través de los siglos en Colombia, Carlos Bueno es ejemplo de un
periodismo libre y digno que grita en medio del desierto contra la
injusticia en espera de nuevos interlocutores emancipados.
Por Eduardo García Aguilar
París, 21 de junio de 2012

 

CONVERSACIONES
Deus ex machina.

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