Un solitario guerrillero, impertinente y mordaz.

Carlos Bueno

22 enero, 2023

TULIO BAYER

“No me tiren piedras ni huevos podridos, hice lo que pude”. 

 

 

Cuatro justificaciones del espíritu gregario: Primero: todas las cosas duraderas están justificadas; segundo, todas las cosas que no nos son enojosas están justificadas; tercero, todas las cosas que nos reportan algún beneficio están justificadas; cuarto, todas las cosas por las cuales hemos hecho sacrificios están justificadas. Este último punto explica, por ejemplo, por qué una guerra que ha comenzado contra la voluntad de un pueblo sea continuada con entusiasmo desde el momento en que se han hecho sacrificios por ella. (Federico Nietzsche. Humano, demasiado humano, Aforismo 229).

 

 

 

 

 

 

 

Durante la década de los años 60 del siglo XX, Tulio Bayer Jaramillo fue considerado el enemigo público número uno del país. Médico, guerrillero. Un vago, un anarquista, un loco, un trashumante, un esquizofrénico que no para en ninguna parte ni se concentra en ningún oficio, dijo de él un amigo o un enemigo, da igual. Quienes lo persiguieron y a quienes combatió, especialmente con su pluma y con su humor negro y corrosivo, poco deben saber del hambre y los avatares a los que lo condujeron, tanto la realidad política, económica y social del país, como su propia personalidad y temperamento francos, abiertos, sinceros más allá de lo recomendable o de lo políticamente correcto.

Bayer escribió varias obras a lo largo de sus casi 60 años de existencia, recorridos entre Riosucio, Caldas, donde nació en 1924, hasta París, Francia, en 1982, donde murió de un infarto cardíaco: Carretera al mar (Bogotá: Iqueima, 1960), Gancho ciego: 365 días y una misa en la cárcel Modelo (1978), Carta abierta a un analfabeto político (1978) y San BAR, vestal y contratista (1978), las tres publicadas por Ediciones Hombre Nuevo, de Medellín.

Gancho ciego : 365 noches y una misa en la cárcel Modelo de ...

BAYER, Tulio – | Diccionario Biográfico de las Izquierdas Latinoamericanas

La medicina y el conflicto social y político, la picaresca colombiana, sus andanzas académicas, laborales y políticas y su lucha contra la Inquisición y el Santo Oficio colombianos quedaron allí registrados, debatidos, estigmatizados, injuriados.

Una enumeración superficial lo muestra como estudiante inquieto; médico joven en Manizales y Estados Unidos; empleado de laboratorios de drogas cuya actividad ilícita y criminal denuncia, doctor de selva y llano, fugaz y casi solitario guerrillero, exiliado en variopintas naciones, escritor de novelas, de diatribas políticas, y al final, solitario, impertinente y mordaz, como traductor de literatura científica para editoriales médicas y para algunos de los laboratorios que tanto combatió.

Tulio Bayer encaja en la definición que da Nietzsche del espíritu libre por oposición al espíritu gregario. El primero puede haber llegado a la verdad por caminos inmorales, el segundo, con extrema ironía, permanece en el error por espíritu de moralidad. Mientras que el espíritu libre se caracteriza como un ser que busca, que investiga, el hombre del rebaño vive inmerso en la creencia. Las instituciones, el matrimonio, la educación, persisten gracias a la fe de los espíritus gregarios y a su dependencia de los hábitos.

Bayer fue, ante todo, un rebelde. Entendido en la formulación de Albert Camus: el ¿se puede vivir en rebelión? se convierte en el ¿se puede vivir sin creer en nada? La respuesta es positiva. Sí, si se hace de la falta de fe un método, si se lleva al nihilismo hasta su últimas consecuencias y si, desembocando entonces en el desierto y confiando en lo que va a venir, se siente en ese mismo movimiento  primitivo dolor y alegría. El mundo marcha a la aventura, no tiene finalidad. Dios es, por lo tanto, inútil, puesto que nada quiere. Si quisiera algo, y en eso se  reconoce la formulación tradicional del problema del mal, tendría que asumir una suma de dolor y de ilogismo que rebajaría el valor total del devenir. Un rebelde como Bayer parte del Dios ha muerto, como un hecho establecido, y se vuelve contra todo lo que aspira a reemplazar falsamente a la divinidad desaparecida y deshonra a un mundo, sin duda sin dirección, pero que sigue siendo el único crisol de los dioses.

En Bayer encontramos una vocación autobiográfica y de memorialista. Condiciones que se relacionan directamente con el entorno cultural de algunas zonas de Colombia. Es previsible y excepcional que donde más se escriban memorias y autobiografías sea en Antioquia y el antiguo Caldas, origen y consecuencia de la colonización antioqueña. La autobiografía es un género muy sensible a las épicas del heroísmo; y en la historia de Antioquia y el Viejo Caldas abundan los acontecimientos heroicos. Colonizar baldíos, fundar ciudades en montañas abruptas, organizar vastos emporios de comercio, son, además de hechos intrínsecamente notables, motivo de satisfacción personal, especialmente cuando el autobiógrafo tuvo que ver directamente con ellos.

Según Patricia Londoño Vega y Mario Jursich Durán, a menudo se piensa que las ciudades cultas de Colombia en el siglo XIX eran Bogotá y Popayán. Cultas quiere decir que tenían alfabetización y una buena posibilidad de acceso a la cultura. En Bogotá estaban las librerías, las imprentas, las fuentes del saber. En Popayán, los poetas, los militares, la aristocracia. En consecuencia, podría  suponerse que santafereños y caucanos tenían no sólo mayores motivos de orgullo para contar sus vidas que los antioqueños, sino también una base cultural más sólida.

Pero, la confluencia de cuatro factores −un pasado heroico, una elevada instrucción  pública, un notable circuito de bibliotecas y una vasta afición por la lectura y la escritura− explica que los antioqueños sean no sólo quienes más han leído en Colombia, sino también quienes más interés han demostrado en contar la historia de sus propias vidas en nuestro país, lo que podría definirse, utilizando una denominación cualitativa, como hombres de acción. (Diarios, memorias y autobiografías en Colombia. La biblioteca sumergida. Bogotá: Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 40. Volumen XXXII, editado en 1997).

Contrario a lo que se considera, el diario, las memorias y la autobiografía son géneros póstumos, Bayer, consecuente con esta tradición cultural, los realizó desde siempre, como se apreciará por este trabajo.

Jaime Restrepo Cuartas, médico egresado de su misma facultad, dice muchos años después:

 

“Hay personas signadas. Nacen con un destino histórico. Si lo cumplen o no dependerá de las circunstancias. La enseña de Tulio Bayer es ser rebelde. Desde que nació parecía predestinado: en un principio, a sucumbir en las horas siguientes al parto, pues nació enclenque, pálido, sin movimientos, con la piel transparente; casi al borde de la muerte. Tanto así que su abuelo materno, don Julio Jaramillo, por ese tiempo alcalde de Pácora, decidió bautizarlo in extremis, haciendo uso de esa particular virtud que tienen los católicos de asumir las funciones sacramentales cuando la necesidad obliga. Sirvió de madrina la mucama que cuidaba a la parturienta. El abuelo le administró agua corriente tomada del tanque de almacenamiento y sal de cocina y luego de regar el agua y esparcir la sal, lo llamó Tulio en el nombre del padre, del hijo, y del espíritu santo, amén. Pero, al parecer, y según la versión de la muchacha de servicio, entregada al cura párroco en confesión, el infante quedó mal bautizado y como no murió ese día ni al otro, ni a la semana siguiente, hubo que corregir los posibles errores infringidos en el sacramento con un segundo bautizo hecho con todas las de la ley por el señor cura párroco de Riosucio. Con pocos días a sus espaldas, Tulio se había rebelado dos veces, primero contra la muerte y luego contra el bautizo de su abuelo.

“Al decidir estudiar medicina, su madre acudió al favor de una amiga de la infancia, que estuvo gustosa de ofrecerle una habitación al muchacho que había decidido ser médico para orgullo de la familia. Y así empezó el joven estudiante a relacionarse con las ciencias anatómicas y fisiológicas. Su nueva familia le toleró sus llegadas tarde; las amanecidas estudiando con los compañeros, bebiendo café y tomando ritalina, y hasta los huesos y las calaveras que dejaba olvidados en todos los rincones de la casa y que le causaban espanto a la sirvienta; pero lo que no le toleró fue que utilizara las ollas de la cocina para hervir los fragmentos de huesos robados en el cementerio de san Lorenzo de Medellín con los que armó un esqueleto completo que puso a dormir en su propio lecho. Entonces, fue echado a la calle fulminantemente y terminó en medio de las penurias en una pensión cerca del barrio Guayaquil, frecuentando putas y adicto al café La Bastilla, lugar donde fue haciendo conspicuas tertulias con sus futuros amigos revolucionarios.

“Fue en aquel momento que comenzó a participar en los círculos gaitanistas, por ese tiempo tildados de comunistas, los que ya estaban impregnados de ideas de contenido social, desde que el caudillo liberal defendió a los trabajadores de las bananeras. Después de perder anatomía, estuvo a punto de ser expulsado, pero tuvo una segunda oportunidad y no la desaprovechó. Se consiguió en una anticuaria los doce tomos de la anatomía de Testut Latarget, escritos en francés, y se dedicó a estudiar minuciosamente cada detalle hasta ser de capaz de recitar en el aquel melodioso idioma nasal, solemnemente y sin equivocarse, los nervios, las arterias, las venas, los músculos, los accidentes óseos y las relaciones que existían entre unos y otros en sus extensos recorridos por el cuerpo humano. Y  resultó hasta tal punto siendo admirado por sus profesores, que  muchos de ellos hubieran querido que no pasara al año siguiente, para que se especializara en el arte de disecar los cadáveres sin deudo que llegaban al anfiteatro.

“Cuando Tulio cursaba el quinto año de sus estudios médicos, sobrevino el asesinato de Gaitán, el 9 de abril de 1948. Sabía que sus sentimientos estaban más cerca del partido Liberal y de las ideas socialistas. No lo pensó dos veces. Convocó a dos de sus amigos más fieles, esos que se reunían con él en el café La Bastilla a despotricar contra el gobierno de la oligarquía conservadora: uno de ellos prometió sustraer la pistola de su padre, pero terminaron alquilando una en una prendería; se armaron de morrales y se metieron en la montaña. Lo mejor era arrancar de noche por la antigua carretera que conducía a Guarne, para buscar en los llanos del oriente a los liberales levantados en armas contra el gobierno de Ospina Pérez.

“Tres días con sus noches caminaron por entre los andurriales, bajo el frío de las cimas y el sol del mediodía, buscando a los liberales alzados, presentándose como miembros de la pequeña burguesía revolucionaria, aliada de obreros y campesinos pobres. Pero nadie parecía interesarse en la revolución de aquellos jóvenes; entonces, cansados y con hambre, hubieron de devolverse, montados en un bus de escalera y escondiendo el revólver en la última banca.

“Bayer murió en París en su apartamento en 1982, de un mal cardíaco resultante de un defecto congénito: una insuficiencia aórtica que le diagnosticaron sus compañeros cuando estudiaba semiología en el tercer año de medicina. Tenía un corazón enfermo que tuvo el valor de rebelarse siempre. Sus cenizas fueron arrojadas por Amira Pérez Amaral en lo alto de los Pirineos, como fuera su promesa”. (Revista Universidad de Antioquia No. 273 de Julio-septiembre de 2003).

Amira Pérez, la camarada Tanque

En un artículo de 1994, el escritor y periodista Eduardo García Aguilar, durante un largo tiempo secretario privado de Tulio Bayer en París, señala cómo en el transcurso de los años cincuenta y sesenta en Colombia, como en otros países de América Latina, ocurrieron explosiones que dinamitaron de manera irreversible el panorama literario y artístico del país:

“La insurgencia de una poesía irreverente con los nadaístas, el auge de las revistas Mito y Eco, el surgimiento de un nuevo teatro, las rupturas en las artes plásticas y los sueños latinoamericanistas provocados por la agitación social ideológica, creaban un ambiente de efervescencia. El viejo país católico dominado por ancianos gramáticos era desplazado por la locura de una diáspora nacional causada por los episodios de La Violencia de los años cincuenta: la capital comenzaba a ser poblada por los desplazados de las provincias y al interior del país surgían nuevos centros urbanos con intensas actividades culturales y raciales, en una danza de movilidad y diáspora social inédita hasta entonces. No fue extraño que en ese contex­to, jóvenes de provincia fueran los seguidores del Primer mani­fiesto nadaísta de Gonzalo Arango, publicado en 1958, y se lanzaran desde distintas regiones como nómadas cruzados a recorrer el país en busca de una revolución en la forma y el contenido del orden espiritual imperante en Colombia”.

“La gran obsesión hasta entonces era La Violencia, y los cuentistas y novelistas volvían sobre los mismos horrores como fue el caso de Daniel Caicedo con su espeluznante Viento seco, paradigma de la litera­tura de la violencia y Tulio Bayer con Carretera al mar, y Carta abierta a un analfabeta político, entre otros”. (La narrativa colombiana contemporánea: un largo adiós a Macondo).

 

Por su parte, José Obdulio Gaviria sostiene:

 

“[…] entre 1960 y 1975 existió en la Colombia universitaria una generación trágica y perdida, llamada a dejar profunda huella en la historia, pero que por múltiples circunstancias no cumplió su papel.

“Tulio Bayer, Camilo Torres, Manuel Vásquez Castaño (no confundirlo con Fabio que era un simple psicópata), y toda la juventud revolucionaria liberal, Arenas, Lara Parada, Medina Morón, Bateman, Fayad, Ospina y Pizarro; los comunistas Bernardo Jaramillo y Pardo Leal; el troskismo en sus diversas variantes, Vásquez Rendón y el maoísmo; Francisco Mosquera y el Moir, la Anapo socialista, Golconda y todos los matices del cristianismo de izquierda. Y en la orilla de los partidos tradicionales, Luis Carlos Galán.

“Generación dotada generosamente para enfrentar el momento histórico que vivía: por su valentía, por su activismo intelectual, por su entrega y disposición de sacrificio. Eran hombres importantes, incluso parecidos a los patriotas de 1810 y a los revolucionarios de 1850, en cuanto al arrojo político-militar que mostraron quienes optaron por la combinación de la política armada y la política legal o, en palabras de la época, la combinación de todas las formas de lucha.

“Adhirieron mayoritariamente al marxismo. Como generación se enamoraron románticamente de las armas y creyeron que esa vía al poder, que cuando la usaron los grandes caudillos, si era necesaria, la entendían como un camino rápido y expedito, era el poder mismo.

“En los programas y estatutos de las organizaciones que ellos fundaron, aparecía la guerra prolongada como un ejercicio al cual estaban condenadas por principio. Además, en un alarde de surrealismo creían que necesariamente habría de ser guerra prolongada. Consideraron como un delito el revisionismo y convirtieron esa palabra en un insulto, como si no fuese de la esencia del pensamiento político el estar siempre revisándolo todo. Anatematizaron la iniciativa privada, la apertura comercial y la ortodoxia económica. Santificaron lo público y lo estatal. Por ahí quedan algunos de esos dirigentes, o mejor, sus discípulos, vagando por montañas lejanas, tomando por la fuerza caseríos inútiles a los que no llegan, ni siquiera, los ecoturistas, asaltando viajeros, secuestrando ingenieros, comerciantes, profesores y predicadores extranjeros, volando oleoductos, condenando a sus propios militantes a muerte por bagatelas. Más de cuarenta años de guerra les hicieron olvidar el poder y la política”. (José Obdulio Gaviria, Somos todo lo que dicen de nosotros, pero peor. Medellín: IELA, 1997,  pág. 273).

LA CRÍTICA DE LAS ARMAS: TULIO BAYER JARAMILLO Y EL LEVANTAMIENTO ARMADO DEL VICHADA, 1961 – 1962*Tulio Bayer

Se pregunta Otto Morales Benítez, oriundo también de Riosucio, al hacer una radiografía crítica de la generación frustrada del 60, si era ¿Revolución o fuga? La nueva gente, en 1960, había aparecido presidida por el signo rojo de la revolución latinoamericana.

 

“Y, como es natural, son grupos profesionales y estudiantiles los que se reúnen, planean, anhelan expresar lo que califican como la angustia colectiva.

“Ellos, como ha sido tradicional a través de la historia, perciben el conflicto con la comunidad que les tocó vivir. Y no la disimulan. Su empeño está en que se haga evidente, de que irrumpa contra lo inmediato. Lo que les interesa es construir la historia, la verdadera, la que dimana de la concepción solidaria. Debe imponerse el rechazo a las reglas, a la táctica que rige éstas, a la manera de pretender gobernar.

“La presencia de Fidel y del Ché, crean los grandes cartelones que iban iluminando la imaginación juvenil. Con un significado más profundo: que las dictaduras militares era posible desbaratarlas. Con la connotación de que, aun cuando tuvieran el apoyo de un imperio, se abatían. Y de que el pueblo, esa masa sin técnicas bélicas, en un momento dado, si respondía a una cohesión política, lograba capacidad de lucha contra todas esas corrientes coaligadas que parecían inexpugnables. De allí que su erradicación fuera tan espectacular en nuestro continente. En este, se entrelazaron todos esos poderes. Volverlos añicos fue la gran hazaña.

“Otros elementos producían más inseguridad: el reflejo de los conflictos de Vietnam; la inaprensible y misteriosa, por lo lejana y extraña, revolución cultural de Mao; los afanes que creaba el desasosiego del Medio Oriente; la fuerte presión de descubrir que, por el descuido ecológico, se reducían las posibilidades de felicidad y el tener que aceptar que lo técnico, cada vez, iba logrando mayores sometimientos espirituales del hombre a factores económicos que pretenden su absorción y sometimiento. Y otras referencias igualmente trágicas de esta generación: la violencia que, desde el gobierno, se desató contra un pueblo inerme, confiado y que no había retado al combate y al desprecio a la ley.

Sofos - Grupo de Estudio y Trabajo Académico - «Tulio Bayer, solo contra todos» - Por Carlos Bueno Osorio • Otraparte.org

 

“Ese destino trágico se le impuso a contingentes de campesinos, precisamente porque no poseían medios de defensa. Era donde la reducción a la fuerza podía efectuarse con menos riesgos. Y este proceso tuvo una expresión culminante al segar la existencia de un caudillo popular como lo fue Gaitán.

“Naturalmente, estas circunstancias condujeron al desprecio de la ley, al sometimiento de toda norma humana de equidad. Estos hechos ayudaron a radicalizar una generación. No era una revolución la que había dirigido la mano de la irracionalidad violenta. Era un cálculo sobre sus consecuencias electorales, produciendo ese avanzar con aire de conquista, de genocidio, y de desdén por los conjuntos populares. Su signo, por cierto, difería de la revolución llena de emocionales estímulos, de fervores e ilusiones que alimentaban a esos jóvenes colombianos que pacientemente la aceptaran.

“El juicio sobre cada acto de estos, propiciaba una nueva rebelión interior. Lentamente se iban aglutinando los combatientes. Los cuales, después, desertaron, traicionaron sus creencias, se sometieron al poder, fueron marcados por la complicidad opulenta de los negocios”. (Otto Morales Benítez. Obra escogida. Medellín: Biblioteca Pública Piloto. Tomo II. Volumen VI. pág. 431).

 

 

 

 

 

Algunos, como los personajes de Años de fuga, de Plinio Apuleyo Mendoza, se habían afiliado al MRL, siendo marxistas y castristas, en parte, por fidelidad sentimental al rótulo político que en sus provincias seguían siendo “no sólo el de sus padres, sino también el de las masas inconformes, y en parte, también, porque no había otra cosa, salvo un par de grupúsculos y un partido comunista polvoriento, litúrgico como una cofradía religiosa, con dirigentes envejecidos y repitiendo consignas rituales, partido cuyos más jóvenes exponentes salían aún por la carrera séptima con carteles tales como !Larga vida al glorioso astronauta Gagarin!”.

No es nada fácil. Nicolás Morales Thomas hizo un devastador balance de lo que dejó para la sociedad colombiana y para los hijos de la generación de los 60, aquel trasegar por la guerrilla y por la izquierda no armada de esos tiempos:

 

“El balance se complica en la medida en que muchos de estos izquierdistas pequeño burgueses que no transitaron a la lucha armada, terminaron, treinta años después, en mundos totalmente opuestos a los que alguna vez proyectaron cuando eran revolucionarios.

“Se hicieron rectores de universidades, directores de hospitales, famosos novelistas algunos, y algunos, incluso, llegaron a trabajar en sectores que nunca imaginaron como publicidad, mercadeo, consultoría internacional o planeación corporativa; otros más llegaron a ser directores de importantes medios, codirectores del Banco de la República o Ministros. Sólo unos cuantos siguieron por los senderos del sindicalismo o la militancia. Pocos hoy reivindican alguna versión del socialismo. Estadísticamente, casi ninguno. La mayoría de estos izquierdistas del pasado pasaron de la contradicción a la rutina. De la denuncia a la estadística.

“Es imposible saber qué legaron estos ex izquierdistas, pero algo que sí parece confirmarse es que no fue propiamente su izquierdismo. La izquierda nacional, o lo que queda, se enquistó en las viejas rigideces de la izquierda histórica. Su falta de autonomía conceptual y su inmersión en un sistema cerrado de referencias, su estética demasiado sindical, sus carencias teóricas reflejadas en la falta de estrategias concretas y realizables de sus plataformas económicas, su incomprensión de los movimientos sociales y culturales que interesan a las gentes de hoy y, digámoslo de una vez, su mamertismo general, aparecían como novedad ante nuestros ojos, pero luego contribuyeron a nuestra orfandad.

“La segunda razón para la desazón de esta generación tiene que ver con las consecuencias de la irrupción de la pseudoizquierda armada en Colombia, que transformó dramáticamente las nociones de derecha/izquierda. Al respecto, hay poco que decir. La desvalorización del ideal revolucionario en Colombia es ya una constatación obvia y poco interesante de explorar.

“Tal vez nuestros padres de izquierda fueron consecuentes con el devenir de la política en este país, heredándonos una ética individual y neutra. Por eso hoy prefieren recordar las anécdotas de su activismo, revestidas con un halo de fabulación, para el antes de las buenas noches. Había un tiempo donde todo era posible y todo debía ser posible, nos dicen. Su militantismo es hoy para nosotros mucho menos glamoroso y heroico de lo que fue en su momento para ellos. Si no son ligeramente neoliberales, a estas alturas lo más probable es que estén desprovistos de cualquier proyecto político global. Por lo menos y con esto debemos consolarnos, no vivieron los oscuros revisionismos o carnicerías de algunos de los movimientos armados de izquierda.

“No sienten una nostalgia excesiva frente al pasado, pero tampoco sufren ningún complejo de arrepentimiento y, por último, su felicidad aflora al ver que sus hijos están mucho más interesados en vivir en Barcelona que en hacer política, de izquierda, en la perdida Colombia de estos primeros años del milenio”. (Lecturas Dominicales, El Tiempo, 7 de julio de 2002).

Espíritus Libres 2, Egresados UdeA by Grupo Editor ...

El profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Gonzalo Sánchez, definió muy bien el marco histórico y cultural en que vivió Bayer. Términos más que actuales, tanto desde el punto de vista de la vida y trayectoria de nuestro personaje, de su geografía vital: Antioquia, zona cafetera y de la  colonización antioqueña, los Llanos, la Guajira y la Sierra Nevada, como de la Colombia de hoy: zonas de café, de violencia, de inmigración, de cultivos ilícitos,

El café, como se sabe, contribuyó decisivamente a configurar la estructura agraria e industrial de la moderna Colombia, y se lo consideró por mucho tiempo amortiguador eficaz de tensiones sociales e incluso, freno a los experimentos políticos populistas o revolucionarios. Pero sufrió igualmente de manera singular, y con efectos socialmente diferenciados, los embates de la violencia de mediados del siglo XX, fenómeno que condujo a las expulsiones y migraciones a las periferias rurales que, a su vez, dieron origen a un nuevo país, el de las colonizaciones. Éstas, se convirtieron rápidamente en el centro de refugio y apuntalamiento de los dos grandes ejes del conflicto contemporáneo: el fenómeno guerrillero y el de los cultivos ilegales, alimentados en alta proporción por las masas empobrecidas del interior del país.

 

“Por otro lado, y contra todos los vaticinios que consideraban el trauma de la Violencia como antídoto de cualquier asomo de inconformidad armada, el mundo de las colonizaciones, con sus conflictos y tensiones, se revirtió en una especie de contragolpe sobre las antiguas zonas cafeteras y hoy éstas son escenario de todas las formas entrelazadas de violencia, al igual que tantas otras regiones del territorio  nacional.

“Sí en alguna región hay una sensación de degradación de las condiciones sociales, de pérdida de un pasado de prosperidad, es la zona cafetera. El mundo de la colonización regresó al mundo del café para encontrarse con que éste se había derrumbado y ya no era más el nicho de idealizadas condiciones de vida. Este proceso podría describirse entonces como la reconquista del país central por el país periférico, revancha histórica de los expulsados a los márgenes de la sociedad”.

REVISTA CORÓNICA | DOSSIER : Tulio Bayer en Estados Unidos

Miguel  Zapata Restrepo, periodista antioqueño, autor de varios libros sobre otro obispo, Miguel Angel Builes, consignados en dos obras biográficas La Mitra Azul y El Obispo tropezó tres veces, realizó la presentación de San BAR, vestal y contratista, el 14 de diciembre de 1978, en el hotel Nutibara de Medellín. Allí dijo que

 

“Ésta es una nueva obra de una serie bibliográfica producida por el médico caldense tras sus experiencias de guerrillero y de recluso, que le dieron a su vida un matiz poco común entre profesionales universitarios.

“El estilo del doctor Bayer es directo, sin ambages, con exclusión de metáforas y variada clase de tropos, con el propósito sensible de llegar a todas las mentalidades, muy en especial a las elementales y concretas de rudos campesinos, por cuya triste suerte tuvo preocupaciones que le hicieron soñar con el heroísmo. Bayer, al igual que otras figuras juveniles, abrigó la ilusión de modificar el mundo. Su propio mundo. Evaluó adolescente todo el peso de la influencia económica que tuerce el camino de los pueblos y los arrastra ciegamente a los peores despropósitos. Sus inquietudes sociales no se encaminaron a buscar, a través de la tribuna política, una curul de diputado o de concejal de pueblo para hacer la carrera que a muchos conduce al pináculo de la democracia. Intuyó la tiranía de esa democracia que maneja al individuo merced al radar de despóticos sistemas, que han alcanzado un refinamiento casi científico: las directivas políticas, la prensa, los sistemas publicitarios y la beligerancia calculada de los gremios económicos y de las organizaciones sindicales. En cada uno de ellos aparecen parapetados los manipuladores que enrolan tropillas de majaderos para que los tiendan en cada ocasión la alfombra electoral. Bayer prefirió algo hirsuto, que no estuviera adobado por la mano artificiosa de los eternos gamonales. Así ordenó su manera de actuar y de expresarse.

“No alcanzará jamás Bayer los favores de la claque internacional que financian grandes editoriales para formar la constelación de sus estelares vendedores de libros. Para estos resulta expeditivo ser mansos mínimos sobre el regazo de sus relacionistas públicos, que los presentan con fauces abiertas y honrosas a los ojos atónitos de la ingenuidad universal. Producen relatos siniestros al gusto de sus productores; entretejen altisonantes protestas y vaticinan el terror y el infierno, según lo indiquen las fluctuaciones del mercado bibliográfico.

Gancho ciego : 365 noches y una misa en la cárcel Modelo de ...

“Gancho ciego es una denuncia franca y descarnada que no conviene a ciertos organismos estatales divulgar porque si sobre su contenido se fundamente una investigación, resultarían muchos carceleros convertidos en reclusos y más de un juzgador señalado como convicto de una situación que es burla y desdoro del Estado. ¿Cómo podrá convenir a los propósitos de algunos dirigentes colombianos que se examinara esta premisa de Bayer: ¿es el hampa la que hace posible el bajo salario de los guardianes; la que paga sus propios carceleros?

“Sobre este enunciado deberían meditar los legisladores mientras estudian reformas judiciales que tienen mucho de severa teoría, pero se apartan de lo pragmático. La afirmación ha sido hecha por un hombre que no lo escuchó desde la calle o lo observó en fugaz visita a la mazmorra sino que convivió días y noches, que parecían la eternidad, con los infelices perseguidos por la justicia; y con los felices patronos del delito que encuentran en los calabozos los sitios más seguros para su propia vida y su tranquilidad. En ellos tienen, con título de guardianes, a guardaespaldas fieles que a cada madrugada les juran lealtad porque de su voluntad y su munificencia dependen el mercado familiar y la educación de sus hijos.

“Bayer dijo algo axiomático. Todo el mundo lo sabe y se ha señalado en el refranero popular, pero no hay, bajo ningún sistema de gobierno conocido, posibilidad de modificarlo. Si se hiciera, por eso mismo, flaquearía el más sólido de los sistemas. Dice Bayer: En las cárceles columbovaticanas los ricos salen libres en unas pocas horas. Los millonarios no ingresan jamás. Bajo todos los regímenes, el método carcelario es igual: los privilegiados están a salvo y los lacayos ya consagrados, apenas permanecen por corto lapso. Y eso en carácter de coadministradores.

“Estas realidades humanas, que hieren y sofocan, han sido captadas por el espíritu inquieto de Bayer, como si fuera un camarógrafo de filmes de suspenso. Ha determinado entregarlos a consideración de sus compatriotas como un testimonio de reclamo. No va a obtener agradecimiento mínimo. No lo tendrá de los poderosos, aludidos por sus conceptos y zaheridos por su franqueza; y tampoco de los desdichados, ni la escoria colombiana que abriga la esperanza de recibir algún día el soplo bienhechor de sus verdugos.

“Ahora este libro que entregamos hoy habrá de significarle nuevos repudios y persecuciones. Muchos, sin leerlo, lo calificarán de irreverente y casi herético…  Sobre él caerá el peso del dogma irrespetado. El libro analiza hasta la minucia la tarea del personaje central como educador. Se vale de esta apreciación para declararse enemigo de los cánones constitucionales y de la reglamentación concordataria que depositan en la iglesia Católica el derecho pleno a la enseñanza de la religión en Colombia. Su tesis expuesta ardorosamente por los radicales de fines del siglo XIX, compartida tímidamente por voceros del liberalismo a posteriori, quienes no se atreven a esbozar públicamente sus conceptos por temor a ser señalados como herejes, no necesitaba un débil asidero para ser enarbolada. Es algo que se ha debatido con ardentía por ciertos personajes, que luego, al tener en sus manos la posibilidad de procurar una enmienda, guardan silencio y dejan para la eternidad lo que consideraban un error!

BAYER, Tulio – | Diccionario Biográfico de las Izquierdas Latinoamericanas

“A comienzos del Frente Nacional, el ilustre constitucionalista Alfonso López Michelsen salió a la palestra en una polémica frente a El Catolicismo, que era el órgano periodístico de la Curia Primada. En muchos estudios suyos, profusamente divulgados en el país, sostuvo planteamientos similares a los de Bayer. Algunos esperamos que durante su mandato diera pasos firmes encaminados a enderezar lo que había calificado de tortuoso. Jamás los emprendió. Terminó consagrando el país al Sagrado Corazón de Jesús por lo menos tantas veces como lo hiciera en su época Miguel Abadía Méndez. Además, una sola voz prelaticia, la de Darío Castrillón, fue suficiente para hacerle rectificar un acto de gobierno en los comienzos de su administración. Si un personaje que  no está atado a la Iglesia por voto de la obediencia obra en forma inconsecuente pero explicable, ¿qué decir de un levita que ha prestado juramento?

“En los finales de la obra, Tulio establece un parangón entre Stalin y BAR. Difícil establecer a quién exalta y a quién minimiza con esta comparación. Tras aludir a la formación del dictador soviético en un seminario, el escritor expresa: Ambos son fundadores de gulags. Y es porque ambos son especialistas de la cocina política, ambos están saturados de romanidad, ambos son eminentes mediocridades que conocen a fondo el costurero, el chisme, la organización interna, que han sabido presentarse como hombres que al renunciar a todo se han colocado por encima de todo. Ambos son santos. El truco esencial de la santidad, históricamente católico y copiado por Stalin, es precisamente el de encarnar en la propia persona un personaje de elite, único apto para alimentar un mito colectivo, único digno de consumir sin limitaciones, único capaz de dirigir, puesto que no suscita la desconfianza: a primera vista, su característica es la devoción a la causa”.

HOPS - Historia, Opinión, Política y Sociedad - HISTORIA - COLOMBIA - SOCIEDAD ….. TULIO BAYER, REVOLUCIONARIO, MEDICO ó SOÑADOR Tulio Bayer Jaramillo, nació en Riosucio (Caldas) 18 de enero de 1924

Alejo Carpentier, en El Siglo de las luces, señaló que hablar  de revoluciones, imaginar revoluciones, situarse mentalmente en el seno de una revolución, es hacerse un poco dueño del mundo. Quienes hablan de una revolución se ven llevados a hacerla. Es tan evidente que tal o cual privilegio, debe ser abolido, que se procede a abolirlo; es tan cierto que tal opresión es odiosa, que se dictan medidas contra ella; es tan claro que tal personaje es un miserable, que se le condena de muerte por unanimidad. Y, una vez saneado el terreno, se procede a edificar la Ciudad del Futuro.

En México, en 1987, el escritor colombiano Eduardo García Aguilar publicó la novela El bulevar de los héroes, cuyo protagonista está inspirado en la figura de Tulio Bayer, llamado allí El loco Rincón, recreando ámbitos en que se desarrolla su vida: Manizales donde trascurre su infancia y primera juventud, la selva del Vichada donde Bayer dirigió la primera guerrilla insurgente en el Frente Nacional y París, ámbito urbano donde se desarrolla la madurez y melancólica decadencia del médico.

El libro es un arreglo de cuentas del autor con algo que ahora en tiempos de intolerancia es visto con miedo: los tiempos de insurrección y sueño revolucionario latinoamericanos. Algunas grandes figuras de nuestras letras exigen llevar a la hoguera a quienes alguna vez fueron de izquierda, pero eso, además de inútil, parece carente de perspectiva histórica: todas las civilizaciones han tenido épocas de insurrección y de reflujo, momentos de efervescencia y desorden y lapsos de mano dura con caudillos, monarcas o dictaduras paranoicos.

La locura revolucionaria del siglo XX, el sueño socialista, fue algo normal e inherente a la condición humana, que está ahí y no podemos borrar. El protagonista ya no es el poeta ilustrado, sino el revolucionario, el caudillo. El loco Rincón.