Un rey teutón que debió viajar al sur.

Carlos Bueno

2 julio, 2021

 

El laberinto del verdugo: Entrevista: Jorge Luis Borges. Harold Alvarado  Tenorio.

 

Harold Alvarado Tenorio:

Me achacan también que, hablando cual los jóvenes hablan, escriba versos a muchachos y muchachas. He escrito, sí, varias cosas donde el amor es el tema, y a mis versos les gusta el uno y el otro sexo.
Braudí de Meun-sur-Loire.

 

Las cuatro cosas que más odia en el mundo son la tos y el olvido, la enfermedad y el dolor. A los 73 años de su edad parece conservar las señales de valor que adquirió a los 28, así como a los 21 consiguió la barba y el color definitivo de la piel. Ha conjurado la falta de dinero, el uso de chequera y de tarjeta de crédito y nunca ha hecho ejercicio.
Alvarado Tenorio sabe desde siempre que es una pena amar y otra pena no amar, pero que es más penoso fracasar cuando se ama. Tampoco ha dejado que importen demasiado a su dicha los éxitos y a sus penas los fracasos. Siempre ha vivido obsesionado por la poesía del medioevo y durante varios años adelantó la labor renacentista de promover escritores jóvenes en la gran cloaca neoyorquina.
Su prestigio inicial nació de la ardua e inútil farsa de inventarse un prólogo de Borges para un inexistente libro y ahora cuando ya ha vivido entre gitanos y judíos menesterosos y sabe de la castidad y de la hermosura, disfruta de una (¿merecida?) fama. Fue durante varios años profesor en universidades gringas. Y a pesar de todo esto, Alvarado Tenorio es uno de nuestros buenos poetas, y en un país de promesas, hace mucho tiempo que dejó de serlo. Como decía Browning: cuando nos sentimos más seguros ocurre algo. Una puesta de sol, el final de un coro de Eurípides y otra vez estamos perdidos, y a veces con un verso de nuestro personaje. Al fin de cuentas la poesía no es más que el encuentro del lector con el libro.
Tiempo atrás, en 1983, publicó una colección de sus poemas y un nuevo libro –Recuerda cuerpo-, título tomado de Kavafis. Allí hizo una memoria, una reconstrucción de su vida desde la infancia hasta su supuesta madurez: “mi poesía es cada vez más erótica y política. Política en el sentido de desnudar la ideología y las costumbres y hábitos sociales. Yo no creo que el sexo que practican los ricos y los pobres sea idéntico. No podemos olvidar que en Colombia ha existido una violenta represión sobre el sexo, a pesar de que los pobres lo han practicado con mayor libertad pero con mayor carga de culpa. En igual sentido no es igual el sexo practicado por el blanco o por el mestizo. No es un problema de amoralidad o no, sino de la carga de censura del placer. El placer siempre ha tenido una connotación de poder. Los únicos que pueden ser felices son los que tienen el poder. La caca está ligada a la boca; en cambio al pobre, de una manera política o religiosa, siempre se le proscribió el placer. Sin embargo, el fenómeno más interesante de las últimas décadas en Colombia es el de la revolución sexual que han encabezado las clases bajas”
Para nuestro Matraca, esto puede percibirse a través del auge de la música salsa o del uso de la droga, que viene de esos sectores sociales. “cuando era joven, marihuanero era sinónimo de pervertido, de hombre libre. Con el tiempo, las clases altas se apropiaron de las virtudes del camaján y convirtieron la yerba en otra retórica. Ahora las clases bajas buscan otra manera de liberarse. Al fin de cuentas este es un país muy joven que se mestizó y que ante la ausencia de una liberación política y económica, la buscó por el lado del sexo. Hoy no existen muchas barreras a nivel sexual en los barrios populares por la promiscuidad y, además, ya nadie cree en tabúes”.
¿Importa el origen social para escribir buena poesía como dijo alguna vez? “No creo ya en eso. Da lo mismo cualquier origen, lo único que importa es la calidad. Alguna vez sostuve esa teoría pero ahora veo que era demagogia. Yo diría con Cabrera Infante que la música más extendida y masiva en Latinoamérica es elaborada por los marginados. Esto es extensivo a todos nuestros países. Esto no es extraño: sólo las clases bajas han transformado las sociedades, nunca las altas. La búsqueda de nuevas formas de expresión, el afán de conseguir el poder pertenece a los oprimidos. En la edad media, los nobles contrataban a los músicos de la clase media o de los gremios y los hacían entrar por la cocina para que les compusieran o tocaran. Pero los nobles no elaboraban nada. Los creadores eran de origen popular que habían adquirido cierta cultura. Pero simplemente por nacer entre los pobres nadie se hace compositor. Esto nace del deseo de superación y de abrir nuevos horizontes. En la pobreza surgen los mejores ladrones y también los mejores poetas y escritores. En ambos somos insuperables, como lo dijo alguna vez García Márquez”.
Su diatriba se extiende a la crítica del quehacer literario latinoamericano que se hace en las universidades norteamericanas, donde él mismo trabajó: “Esa es una crítica oficial. Es hecha por gente que tiene una cierta posición y que pueden entrar a esos centros, lo cual es muy difícil. No desconozco el hecho de que existen millares de profesores de español y que allá existe la mayor asociación de profesores de español del mundo. Pero no puede ignorarse que lo que realmente nutre a aquellas gentes es la crítica que se hace en nuestros países. Quien triunfe en Nueva York lo hace porque ha sido ya reconocido por la comunidad de América Latina. No porque lo logre allá. Nueva York no hace a nadie, es sólo una cloaca gigantesca, donde también se encuentra lo mejor que se produce en el mundo. Pero, ese es el papel de todas las metropolis y todos los imperios como Atenas, Roma, París o Londres”.
Harold destaca como el auge de la literatura latinoamericana está marcado por la revolución cubana ya que Casa de las Américas reunió a los mejores de esta región en un momento bastante bajo de la defensa de la que podemos llamar latinoamericanidad. La revolución propició el boom, aunque lo mejor de nuestra literatura ya estaba escrita: la obra de Borges, El coronel de García Márquez; las novelas de Cortázar, Onetti, Lezama Lima, Bioy Cassares, Octavio Paz, Carpentier. La revolución difundió esas obras o llamó la atención del mundo sobre sus autores. Los norteamericanos trabajan con espejo y como buenos comerciantes les interesa lo que es bueno y pueda venderse. Al igual que los europeos.
Pero mejor abordemos ya la farsa que lo hizo célebre. Su prólogo ficticio de Borges. ”Ese fue un acto de humor que luego se convirtió en tragedia. Unos amigos fundaron una editorial anarquista que llamaron Piraña. Se pretendía dedicada a libros de horror y de escándalo. Conocían unos poemas míos y ofrecieron publicarlos, pero requerían un prólogo de alguien reconocido que me presentara, ya que para esa época, 1971, no había publicado ni un solo poema. Yo les ofrecí a mis amigos un prólogo de Shakespeare, de Petrarca o de Borges. Nos decidimos por Borges ya que estaba haciendo una tesis sobre él. Monté un texto con frases del poeta argentino y dos o tres palabras mías. Acomodando las frases a mis poemas. Borges diría que nunca había hecho elogio de esos poemas: “Yo no he dicho eso. Aunque pude haberlo dicho, pero no con respecto a tal poema”. El prólogo se vendió aparte y mucho más que el libro. Por insinuación de Álvaro Bejarano le presentaron el texto a Borges en Buenos Aires y dijo.”Ese prólogo puede ser mío”. –Y, ¿Usted conoce a Harold Alvarado Tenorio? -¿Harold? Era un rey teutón. -¿Alvarado Tenorio? -Debió viajar al sur. Al final dijo:”Debió ser como jugando. Es una parodia que debo agradecer”. Pasaron los años y en el año 1977 llegó Borges a Madrid y lo llamé por teléfono: “Maestro habla con Alvarado Tenorio. -¿El del prólogo? Cuando nos vimos me preguntó.- ¿Cómo lo hizo? Eso se llama un sentom y recitó uno largo en latín del siglo XII.
Borges. Siempre Borges. “”Hizo todo lo posible para que no le otorgaran el Premio Nobel. Hizo declaraciones con ese propósito. Cada vez que lo postulaban en la Academia sueca visitaba un dictador y hacía su elogio o decía que hay que acabar con los negros. Burlándose de la gente, ya que el realmente no pensaba eso. Tenía el convencimiento de que su grandeza no sería perjudicada por esas declaraciones. Pero al otro día declaraba que si quería el premio. En Suecia consideraban que además de buen escritor se debía tener una conducta pública diferente. Pero no importa. Borges es un inmenso escritor, un revolucionario que dice cosas extrañas y hermosas acerca del destino de los hombres y eso es suficiente».
También la poesía. Siempre la poesía. “Colombia es un país de grandes poetas. Aunque por la pobreza secular del país y la ausencia de lectores los poetas se sentían aislados y desalentados, como los casos de Aurelio Arturo o Antonio Llanos. No es el caso de Carranza que siempre tuvo estímulos. Pero cuando todos esos desestímulos parecían dar al traste con una buena parte de la poesía, los jóvenes han retomado con bríos ese ritmo de la lengua que nos caracteriza a los colombianos desde Silva. En Antioquia se hace una gran poesía con Juan Manuel Roca, Darío Jaramillo, Elkin Restrepo y el más grande todos, José Manuel Arango. Aunque confieso que no leo mucho a los nuevos porque desde hace tiempo estoy dedicado a la edad media».
Sigue admirando a Silva y a Valencia. De este último espera una valoración actual. “Era un buen poeta, aunque hay una zona pública de su vida que es censurable. Un análisis más cercano mostraría como Valencia sufrió en lo más íntimo de su ser la infamia de vivir en este país. Sus poemas son de un gran dolor. Mejor poeta que Silva, pero éste es más representativo, es nuestra nación y se identificó con el paisaje y el dolor del país. Me encanta Álvaro Mutis que ha escrito varios poemas eternos que pertenecen ya al patrimonio de la lengua».
¿Para qué ser poeta en tiempos de penuria? Pero que importa si todos los tiempos lo son. La poesía es un oficio que sólo lo hace y aprecian las gentes que alcanzan un cierto nivel de lenguaje y es como ineludible hacerla. “Cuando se llega a un tope en donde las cosas no se pueden narrar sino disparar, surge la necesidad de hacer poesía. O cuando se ven cosas que otros no ven y atosigan, esas cosas delgaditas que son la poesía, hay que hacerlo. Nadie se propone ser poeta, se impone como una necesidad de expresión. La poesía es asunto de minorías, de la cúspide del espíritu, como ese poema de Roca: Estoy tan solo amor, que a mi cuarto sólo llega, peldaño tras peldaño, la vieja escalera que traquea. ¡Es maravilloso! Como decía Platón, los poetas son los amanuenses de los dioses. Ahora ya no tenemos dioses, pero son los amanuenses de la lengua. La poesía no llega todos porque no tienen tiempo para leerla. Cuando el bienestar se extienda a todos, la poesía será popular. Hace años se hizo una antología de León de Greiff en Cuba de cinco mil ejemplares. Se agotó en tres semanas y debieron hacer otra impresión. Y León es un poeta difícil que aparte de unos 20 poemas que todos entienden, requiere una aplicación grande de lectura. En Colombia no ocurrió ese fenómeno porque no ha pasado como en Cuba que tienen ya otro nivel y que había sido antecedido por un poeta más intrincado como Lezama Lima”
Las palabras. Las imágenes ¿Cuál primará? “Las imágenes necesitan de las palabras. La única manera de comunicarnos con los demás son las palabras. A las imágenes les hacemos comentarios. Ahora bien, entre nosotros no ha surgido un conflicto entre el ejercicio del periodismo y el de la literatura. El mejor ejemplo para nosotros es García Márquez. Muchos de nuestros grandes escritores se hicieron en los periódicos. No hay conflicto cuando es un problema de oficio».