La catàstrofe de la Regeneraciòn.

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23 julio, 2019

Cuando todo en la prensa era delictuoso.

Apuntes para una historia de la prensa
*300 años después de su invención en Alemania llega la imprenta a La Nueva Granada.
* La cuna de la imprenta en Antioquia fue Rionegro. La Gaceta ministerial, El Correo extraordinario, los primeros periódicos.
* Las principales características del periodismo antioqueño y colombiano del siglo XIX fueron su autonomía, independencia y su sentido liberal.
*La edad de oro del periodismo en Antioquia se extendió entre 1850 hasta 1885 cuando se instauró la intemperancia política, y la reacción clerical.
*El primer diario que se publicó fue El Plus café en Bogotá y circuló unos 21 días.
* En tiempos de la Regeneración todo en la prensa era delictuoso.

En Colombia el periodismo aparece tardíamente comparado con Europa e incluso con los Estados Unidos. El periodismo en Antioquia empieza básicamente en el siglo XIX con los avatares de la guerra de independencia y con todo el cúmulo de doctrinas y de ideologías de carácter republicano que se fueron gestando en ese momento histórico.
La imprenta que ha sido uno de los grandes inventos que ha revolucionado la humanidad, es la condición sin la cual no se puede dar el periodismo. El siglo XVIII demarca el período en que la imprenta se extendió por todo el territorio americano como correlato de la consolidación de la colonia y del dominio cultural y espiritual de la metrópoli sobre sus provincias de ultramar. Entre 1700 y 1800 se instalaron imprentas en Ambato, Quito, Valencia- Venezuela-, en Nueva Orleáns, en Santiago de Chile y en Santa Fe de Bogotá.
La Compañía de Jesús trajo la primera imprenta a Bogotá en 1737, 300 años después de su invención en Alemania. Y se dedicó a la impresión de novenas, oraciones, catecismos y hojas volantes. La prensa fue un instrumento de lucha importante del que se valieron nuestros próceres de la independencia para obtener su ruptura con la metrópoli española.
El historiador Luis Ociel Castaño señala que el primer intento de establecer una prensa periódica en nuestro país se dio en el año de 1785, en la administración del virrey arzobispo Caballero y Góngora, cuando salió efímeramente a la luz pública La gaceta de Santa Fe. El segundo intento se da en 1791 con El papel periódico ilustrado de Santa fe de Bogotá. Desde entonces la prensa se hizo básicamente un instrumento de vitalidad grande para las nacientes repúblicas, sobre todo para aquellas personas que querían romper los vínculos con España, hasta el punto de que el siglo XIX lo podemos caracterizar, no solamente en Antioquia, sino en Colombia como el siglo del periodismo por las grandes publicaciones, folletos, revistas, por las publicaciones periódicas que se fueron gestando durante todo el siglo XIX. Un periodismo con unas características muy propias y muy peculiares que quizá se diferencian con el ejercicio de la actividad profesional que hoy día conocemos como tal, porque aquel era un periodismo eminentemente de tipo doctrinario, era un periodismo que se hacía en cumplimiento de una misión.
La cuna de la imprenta en Antioquia fue Rionegro porque allí se fundó el primer establecimiento tipográfico en 1812, cuyo propietario fue el cartagenero Manuel Viller-Calderón. Luego vendrán la Imprenta de Jacobo Facciolince en 1835 y la Imprenta municipal de Sonsón en 1849. Y sólo en 1863, año histórico de la Constitución federalista, redactada por los convencionistas reunidos en Rionegro, llegó a esta ciudad una tercera imprenta en la cual fue editor Atiliano Rodríguez. Por esa prensa pasaron los discursos encendidos de los radicales y los arduos debates que acompañaron el surgimiento de esa constitución.
Según la periodista Cristina Arango hablar de prensa en Antioquia y del desarrollo de la prensa en la región es hablar de la historia nuestra, porque la primera imprenta que nos llego de Cartagena que la trajo el señor Viller Calderón en 1812, éramos un departamento fraccionado y los poblados más importantes eran: Rionegro, Santa Fe de Antioquia y las provincias, mucho más importantes que Medellín, que apenas era un caserío. La prensa nos cuenta todo ese crecimiento del departamento, todo el desarrollo de la minería, de la agricultura, todas las tarea que los antioqueños fueron realizando. También nos cuenta quienes fueron nuestros gobernadores, alcaldes, los investigadores, novelistas y quienes los escritores. En la prensa antioqueña se encuentran los políticos, los literatos y los científicos, simplemente la prensa fue el punto de partida para que la gente se conociera a sí misma y diera a conocer lo suyo. Después de los primeros periódicos en Rionegro, La Gaceta ministerial, El correo extraordinario, fueron creciendo las imprentas.
Durante el Siglo XIX y gran parte del Siglo XX los periódicos eran el único medio que la gente tenía para saber que pasaba, pero,… ¿Cómo se hacían esos rudimentarios periódicos? Esos primeros periódicos los tenían que hacer con unas pequeñas letricas de plomo, una a una iban los tipógrafos haciendo las palabras, las frases, los renglones, las columnas. Los primeros periódicos no podían ser como los de hoy, periódicos diarios, ni podían ser de un formato grande como los que leemos hoy. Eran unos periódicos pequeños de tamaño tabloide, que apenas podían salir una vez al mes o cada 15 días o cuando mucho 2 veces a la semana y no podían tener más de 8 páginas, porque los que hacían estos periódicos se demoraban días enteros simplemente ordenando una página.
Consolidado el régimen republicano, el periodismo se concibió como una escuela de civilidad que pretendía educar por medio de la difusión de folletos en las ideas de la razón y la ilustración para acabar con las ideas viejas apoyadas en la intolerancia y el analfabetismo.
La manera como se concebía la labor periodística o la empresa editorial como tal también difiere enormemente de la actualidad. En aquella época el periodista lo hacía por vocación, el periodista se concebía así mismo como un apóstol, el periodismo era todo un sacerdocio, los periodistas, los escritores públicos eran hombres supremamente preparados en todos los temas de conocimiento de la época; prácticamente que tenían un saber enciclopédico, todo lo manejaban, todo lo conocían, eran unas personas a quienes les motivaba una labor que era fatigosa y sobre todo poco rentable, se motivaban a llevar la cultura a prácticamente sus congéneres de la época, no era una profesión, no era un negocio, no era una empresa lucrativa ni rentable de modo alguno, antes estaba plagada de desazones de temores cuando por alguna circunstancias se ganaba la animadversión políticos que no compaginaban con sus ideas.
Vale la pena recordar como en el siglo XIX el periódico El espectador era censurado permanentemente, incluso su fundador don Fidel Cano estuvo encarcelado varias veces por lo que publicaba. Pero también tenían la forma de defenderse, recuerda la periodista María cristina Arango: “cuando le silenciaban el periódico, sacaba otro con otro nombre pero seguía escribiendo lo mismo que escribía, así se defendía, pero no hubo solamente censura de parte del gobierno, también hubo censura eclesiástica, vale la pena recordar que el arzobispo Caicedo muchas veces decía que era pecado o que quedaba excomulgado el que leyera uno u otro periódico, después monseñor Miguel Ángel Builes también censuró varios periódicos y en el siglo XX en los años 50 a raíz de esa violencia política entre liberales y conservadores, también se censuraba la prensa y los periodistas tenían que someter, lo que habían escrito, bien fueran los editoriales, los comentario y las noticias a la censura previa de los censores que nombraba el gobierno, iban y leían lo que iba a salir en el periódico el día siguiente y decían sí o no se publica. Así los periódicos dejaban ese espacio libre con un gran letrero que decía “Censurado” o sacaban al espacio que había dejado esa columna en negro, ya el lector sabía que estaba censurado”.
No obstante la principal característica del periodismo antioqueño y colombiano del siglo XIX es que fue autónomo, independiente y liberal, afecto a una causa romántica al servicio de la libertad y la institucionalidad. Podemos decir que fue el siglo del periodismo ejercido de una manera libre con algunos pequeños intervalos.
Entretanto, el investigador Luis Ociel Castaño señala “como en la época republicana de 1828 a 1830, durante las dictaduras de Bolívar y de Urdaneta, quizá se censuraron más los periodistas, también en el periodo comprendido entre 1839 y 1848 cuando gobernaron una serie de estadistas centrados en torno al orden con una concepción autoritaria del poder y que impusieron una especie de censura. Con posterioridad hasta el año de 1885, reinó prácticamente la libertad de prensa, de pensamiento, de escritura; muy pocas restricciones se efectuaron a la actividad periodística. Eso hizo que la capital de la república se convirtiera en una ciudad importante por el número de publicaciones y de imprentas que lograba vincular. El segundo estado o provincia en Colombia que mantuvo una actividad periodística importante fue Antioquia, aunque, en honor a la verdad en Antioquia se consolido un poco más tarde, yo diría que en Antioquia el periodismo como tal empieza a proliferar a partir de 1849 a partir de las reformas liberales de medio siglo”. Expedida la Constitución de 1886, de acuerdo con el artículo transitorio K, se expidió el decreto 535 “Sobre libertad de imprenta y juicios que se siguen por los abusos de la misma”. Autorizaba a la policía para que impidiera la circulación de publicaciones cuando atentaran contra la honra de las personas, el orden social o la tranquilidad pública. Cubría todos los delitos desde la calumnia y la injuria hasta la prohibición de publicar caricaturas. Nuñez llega a prohibir la venta callejera de los periódicos y a autorizar que, en casos que juzgue el Gobierno, se suspenda absolutamente las publicaciones y se incauten las imprentas. En tiempos de la Regeneración todo en la prensa era delictuoso.
Desde otro punto de vista el intelectual Jorge Alberto Naranjo afirma que las publicaciones de mediados del siglo XIX en Antioquia tienen un marco general “naturalista, realista, hay mucha poesía jocosa, hay mucho que permite desmentir la idea de la Antioquia ultraconservadora y la Antioquia archírreligiosa; poemas muy libres, donde participaban liberales y conservadores. Los liberales de Rionegro le ponían mucha humorada a esa actitud, sin irrespetar, pero sí poniendo un poco de matiz a esas actitudes de otros. El Oasis es una revista preciosa, duró primero dos años, luego apareció una revista llamada El Condor, no el cóndor, como habitualmente se la trata hoy; no he podido encontrar una tilde en la revista cuando hablan de ella misma. La revista se llamaba El Condor, como la moneda. Esta revista funciona dos años más y luego emerge otra vez El oasis, es prácticamente el mismo proyecto literario, las suscripciones eran enormes. El Oasis sacaba 1000 ejemplares y era una revista semanal, si te vas a los índices encuentras fácilmente por año, 300 obras, eran multitud de autores, sobre todo antioqueños, de vez en cuando colombianos. Pero sobre todo antioqueños y los suscriptores no son como alguien cree del Parque de Berrío y dos o tres cuadras a la redonda, tenía lectores en todo Antioquia y además llegaba a Santa Fe de Bogotá, a Cartagena, a los centros de mayor importancia cultural de la época. …, estas revistas duran hasta 1873, 74, sin solución de continuidad. La edad de oro del periodismo en Antioquia se extendió entre 1850 hasta 1885 cuando se instauró la intemperancia política, la reacción clerical. Proliferaron las imprentas y las publicaciones. Aunque no pasaban de ser semanarios por distintas razones: poca demanda, dificultades técnicas, escasez de dinero, alto índice de analfabetismo”.
Eso hizo que se retardara entre nosotros la aparición de la prensa diaria, que circulaba en Francia e Inglaterra prácticamente en el siglo XVII, para nosotros el primer diario que se publico fue El Plus café en Bogotá y circuló unos 21 días, porque no tenía capacidad económica para mantenerse. En Antioquia fue mucho más tardía hasta el año de 1875 no vino a aparecer el primer diario en la provincia de Antioquia y ese diario básicamente fue El correo de Antioquia.
Los primeros periódicos se editaron en Rionegro, después aparecieron muchos periódicos en Santafé de Antioquia, que era la capital del departamento y después en Medellín, cuando paso a ser el centro administrativo del departamento, eso no quiere decir que en las provincias no hubiera periódicos. Recuerda María Cristina Arango que en Yarumal hubo un gran florecimiento de la imprenta, se publicaron allí maravillosos periódicos, también en Jericó, en Bolívar, en Sonsón, que hoy tiene el periódico de provincia más antiguo del país, el periódico La acción. En Santuario también, que por muchos años tuvo El santuariano, un periódico para acercar a los coterráneos. “Solo en 1875 vino a salir el primer periódico diario, que fue El Correo de Antioquia, un periódico muy pequeño en su formarlo, pero grande en su contenido, pues traía toda la información local, política, no solo de la ciudad, sino de la región. Vale la pena aclarar que los periódicos en el siglo XIX dividían en dos la información, una la llamaban oficial y la otra información no oficial, en la información oficial se registraban los decretos, todo lo que el gobierno ordenaba, los precios , allí se decía el denuncio de minas y en la parte no oficial se daban las noticias locales, de movimiento bancario, quien llegaba, quien se iba, a quien habían elegido y se publicaba en esa parte no oficial en una sección que se llamaban Sueltos que eran pequeñas crónicas o comentarios sobre la vida local o nacional. Los nombres de los periódicos fueron muy diversos, por supuesto que una gran mayoría de los periódicos querían llamarse El diario, El tiempo, como para figurar la época, pero hay nombres muy especiales como un periódico que se llamo El burro del Alcalde, era un periódico jocoso, irónico, que tenía esa intención: burlarse o criticar al alcalde de turno. Había también un periódico que se llamaba El gato negro y su contrincante de prensa era un periódico que se llamaba El sirirí, resulta que El gato negro se tenía que comer al sirirí, que era el pájaro, entonces el cabezote de El gato negro era un gato en la parte central del título, cuando logro acabar con el periódico el sirirí, ya dejó de llamarse el gato negro para llamarse El gato cebado y ese gato tenía en su hocico un pájaro. Nombres muy curiosos como: El chispazo, El látigo, nombre de animales como El zancudo”.
En el período que va de 1857 a 1885, la educación en Antioquia alcanzó el mayor desarrollo no sólo de la época sino de la historia del país. Influyó en ello el aumento en la cobertura de la educación formal, tanto en establecimientos oficiales como privados, pero también la creación de asociaciones culturales voluntarias, bien fueran de carácter pedagógico, literario, cívico, moralizador o, como se decía entonces, de temperancia. Simultáneamente, por iniciativa de particulares, parroquias, cofradías, concejos municipales o clubes, casi en el mismo período, entre 1870 y 1940, se fundó un centenar de bibliotecas públicas en Antioquia.
Inventarios recientes sobre las publicaciones periódicas editadas entre 1850 y 1930 y varios de los libros publicados muestran la afición de los antioqueños de la época por la lectura y la escritura, que algunos escritores de entonces calificaron de manía, de recrudecimiento literario.
Quien quiera saber la historia de fin de siglo XIX y XX tiene que recurrir a los archivos de prensa, porque allí está todo el movimiento político, el desarrollo económico, están los primeros escritos de los que después fueron connotados escritores, están las crónicas, reportajes y los relatos de personales como Luis Tejada, como Francisco de Paula Pérez, Samuel Velilla, Carlos E Restrepo, Demetrio Diana, José María Faciolince. Porque allí están los escritos de los que estaban viviendo ese momento histórico, de quienes estaban en esa lucha entre liberales y conservadores, de quienes estaban viviendo esa violencia, no solo del campo, sino de la ciudad.
En Antioquia, según Luis Ociel Castaño, figuraban periodistas consagrados de talla nacional , entre ellos : don Demetrio Viana, Camilo Antonio Echeverri, Juan José Molina, Manuel Antonio Hernández, Venancio Calle, Juan Nepomuceno Ballesteros, don Fidel Cano, que precisamente fundó El Espectador en tierras antioqueñas. Estos personajes todos contribuyeron a lo que se denominó el milagro de la prensa literaria en un país y en una sociedad como la nuestra, sin abandonar del todo sus idea políticas, le dieron un gran contenido a sus publicaciones, a la poesía, al costumbrismo, que con posterioridad, nos dieron nombres tan famosos como don Tomas Carrasquilla, iniciado en los avatares del periodismo, desde las páginas de las publicaciones periódicas de la época.
Los periódicos en un principio eran pesados, esos pequeños tabloides de 4, 8 páginas, inicialmente no eran sino letras, porque todavía no había quien hiciera la talla del grabado para las ilustraciones, entonces vinieron esos maravillosos Rodríguez: Melitón, el maestro Cano, Tobón Mejía, que hicieron las primeras ilustraciones y embellecieron publicaciones como Lectura y Arte, que embellecieron cabezotes como el del periódico El Bateo, se volvió el periódico agradable a la vista, no solo había cosas buenas para leer, sino para ver y muchas veces la primera página de las revistas tenia ilustraciones del maestro Cano, del maestro Pedro Nel Gómez, después vinieron esos nuevos ilustradores como Rendón con sus caricaturas. Después vinieron Velezefe, Merino, Campo, todos estos, que luego han tenido desarrollo en las artes plásticas como fue Fernando Botero, que lo primero que hizo fue ilustraciones para el literario de El colombiano, ilustraciones para unos poemas, pero nadie sospechaba que Botero iba a ser lo que es hoy. Los periódicos pasaron de ser unas simples páginas llenas de letras a unas páginas bellísimas con ilustraciones, caricaturas, grabados, después con fotografías, sabemos de los maravillosos fotógrafos que hemos tenido aquí, muchos comenzaron en los periódicos locales y que después fueron a la prensa bogotana y muchos de ellos después a la prensa internacional.
En el siglo XIX buena parte del XX, los periódicos se nutrían de escritos literarios y de traducciones del mundo que eran comentadas y analizadas en las distintas tertulias.
Con el paso del tiempo, los periódicos empezaron a incluir en sus ediciones suplementos semanales literarios, así el periódico El colombiano tuvo un suplemento denominado Generación; nombre que ha recuperado para su publicación dominical, en ese suplemento empezaron a brillar los grandes escritores, impulsados por Otto Morales Benítez, allí estuvieron escribiendo: Belisario Betancur, allí escribieron los principales autores antioqueños y le daban cabida a los textos de escritores de otras latitudes. Ese suplemento traía información científica, de cine, literaria y más tarde pasatiempos y caricaturas para la gente menuda. El periódico El Correo también tuvo su suplemento, el periódico El espectador, que nació en Antioquia, también tuvo su magazín y allí no solamente estaban los escritores, sino los ilustradores, las figuras importantes del arte local y nacional. No se pude quedar uno sin pensar que allí estuvo la pluma de Tejada, las lustraciones de Rendón, la pluma de Carrasquilla, los poetas: Castro Saavedra, Montoya Toro….
El periodismo colombiano hoy se ha distorsionado, mezclándose con entretenimiento y relaciones públicas, confundiendo sus metas. Vuelve la información un producto y no un derecho de la sociedad a ser informada:
Para Cristina Arango “el periodismo en Antioquia ha sido muy diverso, no solamente hemos tenido periodismo político, también hemos tenido periodismo regional, que se desarrolló en las diversa provincias y municipios del departamento, para defender campañas de la región y tener un acercamiento entre los coterráneos, un periodismo literario, a través de revistas bellísimas como: Panida, Alfa, Sábado, Letras y encaje, un periodismo de divulgación científica como fue el que tuvieron los laboratorios Uribe Ángel o laboratorios Roche para hacer campañas educativas de salubridad o para promover los productos que ellos elaboraban”.
¿Qué traían estos periódicos? Venían unos decretos oficiales, la información de qué minas se habían descubierto, la información de la guerra en Europa. Porque América miraba a Europa y esos nos afectaba notablemente, traía también la información del comercio local, que se estaba ofreciendo en la plaza, los informes del precio de los alimentos, de la venta del ganado, por supuesto que también el precio del dólar, el cambio de la moneda, las informaciones de guerra. No nos podemos olvidar que en el siglo XIX el país se debatía en múltiples guerras regionales, estaban los estados peleándose unos con otros. Todas las informaciones de guerra venían en estos periódicos. También los periódicos fueron el medio para que la gente conociera a los escritores de otras latitudes, los dueños de las librerías como don Carlos E Restrepo tenían una tertulia con sus amigos, en esas tertulias comentaban los libros que habían recibido, hacían traducciones y esas traducciones las incluían en las entregas de sus periódicos. Más aún, los periódicos entregaban en coleccionables las obras maestras, no solo las de afuera de Colombia, sino también, podemos recordar La marquesa de Yolombó se publicó por entregas en el periódico Colombia, así la gente podía recortar esa partecita coleccionable y tener las novelas que no podía comprar, porque las ediciones eran costosas y porque venían pocos ejemplares, También la gente a través del periódico podía saber qué problemas de salubridad había, los periódicos podían adelantar las campañas de salubridad, le decían al gobernador de los problemas de salud. Los periódicos fueron los que hicieron las campañas para el ferrocarril de Antioquia, para la navegación del río Magdalena, para abrir la carretera al mar, que había impulsado don Gonzalo Mejía, pero si él no hubiera tenido el apoyo de los periódicos, posiblemente no habríamos tenido carretera al mar.
Muchos se preguntan, por qué y para qué se fundaron los periódicos: por distintos motivos que son también explicación de la vida corta de algunos de ellos, muchos periódicos simplemente se fundaban para apoyar a una campaña política para la presidencia del estado de Antioquia o para la presidencia de los Estados unidos de Colombia. Otros periódicos se hicieron con motivo de acontecimientos especiales, cuando hubo una exposición industrial en Antioquia se publicó un periódico que se denominó Exposición, allí se mostraba lo que se estaba haciendo, se hacían concursos literarios, culturales, de temas agrícolas, entonces ese periódico se publicaba en los preámbulos de la exposición y durante la exposición. Otro periódico se publicó para informar sobre la construcción del mausoleo a Jorge Isaacs, el escritor, que quiso siempre que lo enterraran en Antioquia. Un periódico para hacer una campaña de recolección de fondos y para ir informando como iba el desarrollo de la construcción de ese mausoleo en el cementerio de San Pedro.
¿Por qué otros periódicos también tuvieron vida efímera? Según María Cristina Arango “porque simplemente se les acababa el entusiasmo o la plata que tenían disponible para hacer esa publicación. Periódicos que se iniciaron como El colombiano, fundado por Francisco de Paula Pérez y que salían dos veces a la semana nada mas, con el paso del tiempo, cuando se veía que el periódico tenía suficiente arraigo y que las condiciones técnicas de impresión del periódico, que había linotipos, que no era tan dispendioso la elaboración de esas páginas, los periódicos pasaron a publicarse dos días a la semana, a publicarse diariamente como tenemos hoy tantos periódicos”.
Hubo periódicos que nacieron de otros anteriores por El correo, que fue la continuación de El Heraldo de Antioquia, entonces no empezó con el numero uno, empezó en el número que venía la colección y simplemente recogió las banderas informativas y políticas, que traía El heraldo de Antioquia, para seguir defendiendo la causa liberal.
El periodismo en Antioquia ha sido muy diverso, me acuerdo, dice la periodista Arango, “del periodismo en Yarumal, cuando Miguel Ángel Osorio era simplemente Miguel Ángel Osorio, todavía no había adoptado ninguno de sus pseudónimos, publico en su tierra natal dos periódicos manuscritos: La luz y El trabajo, que pasaban de mano en mano, porque solamente era un ejemplar o si acaso escribiría dos, de un valor maravilloso, porque el que lo leía tenía el encargo de pasárselo a su vecino y devolverlo el mismo día, porque si no lo devolvía se metía en un lío grandísimo.
Rafael Uribe Uribe fundó el periódico El trabajo y estuvo al lado de Fidel Cano en La consigna y también sufrió el destierro de la patria chica, por motivo de censura de prensa. Uribe Uribe, ese insigne hombre que fue de los primeros en hablar de la seguridad laboral, del derecho del trabajo, no estaba de acuerdo con el gobierno de su época y sufrió todo el rigor de la censura hasta tener que ir al calabozo. Colaboró en La consiga, La organización y en El espectador.
Tuvimos periodismo de farándula, a través de un periódico que se llamó Pantalla, que lo distribuían inicialmente gratuito en los cines y comentaba las películas, los espectáculos que venían a la ciudad. Otra revista sobre el mismo tema que se llamo Micro, por aquello de micrófono y que hablaba de lo que acontecía en la radio que fue muy floreciente en Antioquia, donde nació La voz de Antioquia y La voz de Medellín; inicios de Caracol y RCN. Hubo en Medellín un periódico que llamo mucho la atención, que se llamó Sucesos sensacionales, donde se reportaban todos los hechos judiciales, sangrientos y tenía una peculiaridad en sus titulares.
A propósito de esa crónica judicial en el periódico El colombiano, el encargado de la información judicial era don Upo, también hacia unas crónicas muy especiales con un lenguaje muy suyo, que se hizo famoso y toda la gente hablaba de la crónica de don Upo. La información de crónica roja o judicial marco una época en Antioquia, Jairo Zea, que primero trabajo en el periódico El correo y después en Sucesos sensacionales, tenía un archivo propio de todas las fechorías de los malos de la época e incluía en sus crónicas del periódico el léxico que utilizaban los matones, con el fin de que la gente y los investigadores conocieran las patrañas que estaban planeando en una cantina, en un bar los hampones y que al oírlas los detectives pudieran comprender ese lenguaje propio del hampa. Sucesos sensacionales fue toda una época en la crónica judicial en Medellín y desafortunadamente tuvo altibajos muy grandes, cuando en un principio se pensaba que era un periódico que iba ayudar, después pasó a lo sensacionalista y allí perdió su credibilidad, señala María Cristina Arango. A veces esas crónicas del periódico eran tan largas y tenían tantos detalles que el cronista quería contar, que no pasaba la información en una sola entrega, además porque era una estrategia de venta del ejemplar de la semana próxima, entonces hacían la información por entregas, como si fuera una novela.
Hemos tenido otra clase de periodismo que también trascendió, un periodismo que se hizo en las empresas como Coltejer y Fabricato iniciaron unas publicaciones que originalmente eran para informar a sus trabajadores sobre los cambios y las pautas de la empresa, pero empezaron a influir en sus páginas temas bien interesantes con columnistas destacados: temas educativos, literarios, sobre música, muy bien ilustrados, ediciones bellísimas, que hoy son fuente de información importante como Fabricato al día, la revista Gloria y la revista Lanzadera, esas revistas son un patrimonio maravilloso y una fuente de consulta para los estudiosos, no solo de la música, sino de los movimientos literarios. Ya no como una publicación empresarial, podemos recordar la revista Letras y encajes que fue hecha por mujeres, pero no solo para mujeres, una revista que se hizo para apoyar las campañas del hospital San Vicente de Paúl, allí escribieron Sofía Ospina de Navarro, Teresita Santamaría de González, tenían apartes de la crónicas de viaje de doña Isabel Carrasquilla, allí escribió Migdonia Barón.
Toda cambia. El ¿Qué hay de nuevo hoy?, sobre lo que se levantan los periódicos, que señalan su novedad diaria, para contrarrestar la prosaica vida cotidiana de todos, se nos va a convertir gracias a los desarrollos tecnológicos en que la información no tiene valor en sí misma por lo que se refiera, por ejemplo, a la verdad o su eficacia cívica. La información es , ante todo, una mercancía y, en tanto que tal, está sometida a las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, y no a otras leyes como, por ejemplo, los criterios cívicos o éticos.
En las sociedades antiguas, dice el historiador Castaño, particularmente en Grecia y Roma el orador público, desde el ágora, desde el senado, desde los mercados públicos se había convertido en un agitador de ideas, un agitador político que buscaba ganar adeptos, al pueblo, apoyo entorno a una causa, en el siglo XIX en particular en nuestra sociedad ese orador tribunicio dio paso al periodista, era desde la tribuna escrita, desde las páginas de los principales semanarios, desde las publicaciones hebdomadarias como las denominaban en esa época, que eran simplemente periódicas, que salían cada 8 cada 10 o 15 días fue que se agitó el mundo político de la época, básicamente nuestros partidos tradicionales a partir de la década de 1830 se estructuraron en torno a las publicaciones ya orientadas hacia un bando más conservador, más tradicional o hacia un bando más liberal y desde esa prensa escrita se dirigían los políticos de la época, que ante todo eran periodistas, casi en el siglo XIX sinónimo de político doctrinario era ser periodista, nuestros grandes presidentes básicamente fueron periodista, el más eximio de todos uno de nuestros mejores gobernantes fue don Manuel Murillo Toro, considerado como el rey de la prensa, entre nosotros como el rey de los periodistas, por la facilidad de palabras que tenía cuando la consignaba por escrito”.
Hoy la caída vertical del periodismo se suele adjudicar a la rapidez con que los hechos se propagan, en particular gracias a Internet. Pero esta apreciación ignora los factores humanos y económicos. El oficio no sólo bajó de estatus laboral y social; ya ni siquiera se le reconocen los valores que definían su identidad: la independencia, el equilibrio, la búsqueda de la verdad dejan de ser importantes en aras de la envoltura.
Como reitera María Cristina Arango “claro que le falta muchas veces ese amor, ese disfrute de la escritura que tuvieron los primeros periodistas, los que hicieron nuestros primeros periódicos. En la época de los años 50 había tantos periódicos y ahora en la ciudad de Medellín no hay sino dos periódicos. El flujo de la radio, la llegada de la televisión y también los costos enormes que no permitían que un periódico pudiera subsistir sin la publicidad y las empresas no podían tener una pauta publicitaria en tres y cuatro periódicos, de modo que pasamos de tener 5, 6 periódicos a tener dos. El lector ha dejado de ser buen lector como antes, ha pasado a oír más el radio, la televisión y ha pasado a informarse a través de la Internet, ya posiblemente no le interesa saber sino una información que le es útil para su profesión, para que va a comprar un periódico de 20, 30 páginas, donde la mayoría de las cosas no le interesan.
No hay peor violencia cultural que el proceso de embrutecimiento que se produce cuando no se lee. Una sociedad que no cuida a sus lectores, que no cuida sus libros y sus medios, que no guarda su memoria impresa y que no alienta el desarrollo del pensamiento, es una sociedad culturalmente destinada al fracaso. No sabrá jamás ejercer el control social que requiere una democracia adulta. Que una persona no lea es una estupidez, un crimen que pagará el resto de su vida. Pero cuando es un país es el que no lee, ese crimen lo pagará con su historia, máxime si lo poco que lee es basura, y además la basura es la regla en los grandes sistemas de difusión masivos de hoy.