Carta abierta a un analfabeto político.

Carlos Bueno

25 enero, 2023

 

Tulio Bayer IV

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Orientado por Zouzi, el tunecino, recorrió las calles y encontró suficientes objetos para su cuarto: halló en la calle Botzaris la reclinomática de cuero, en la calle de Los Solitarios un refrigerador alemán de color anaranjado y en la Crimée el colchón grande y espumoso que añoraba. En otras calles del barrio, a la hora de botar las basuras, encontró espejos, cajones, tapices, viejos taburetes, una cafetera italiana y un espejo redondo.

En unos cuantos días limpió las  paredes, la cocina, el piso, el techo, y se dedicó a pintar su nido con  la emoción del primíparo y poco a poco la pocilga  se transformó en un espacio agradable y acogedor, que sus nuevos amigos admiraban.

Al cabo de unos meses se agotaron las reservas y gastó los últimos francos en una comida copiosa en un restaurante de Montmartre. Se dio cuenta que comenzaba la cuenta regresiva y que tenía que ingeniárselas para no morirse de hambre. La primera idea que se le vino a la  cabeza fue la de instalar una trampa en la ventana de la buhardilla para cazar palomas tiernas. (Eduardo García Aguilar, El bulevar de los héroes. México: Plaza y Janés, 1987, p. 52).

 

Vamos a su parrafada más recordada: Carta abierta a un analfabeta político. Las peripecias de su publicación merecen ser recordadas:

“Como fruto del trabajo de una mujer revolucionaria que ha aunado la tenacidad con el entusiasmo, este libro salió a la luz pública en la forma clandestina que le corresponde a las multicopias. Una vez escrito, la primera ilusión fue que llegase a ser publicado en Cuba, Primer territorio libre de América. Por razones que el autor no estuvo en capacidad ni en estado de ánimo de analizar, ello no fue posible. Por motivos mucho más evidentes, el libro fue sucesivamente estudiado y rechazado en todas las editoriales del Mundo Libre.

“La Editorial ERA de México, retuvo el manuscrito durante un año, valiéndose del típico contrato que favorece al editor en detrimento del autor, contrato que hechos posteriores demostraron que no tenía intención de cumplir y que nunca cumplió. Otra editorial mexicana, Siglo XXI, nacida al calor de la protesta contra la gazmoñería y los inefables intereses creados de otras empresas editoriales, procuró mantener la insostenible contradicción entre su pretendido prestigio revolucionario y su prudencia ante los riesgos. Dio como razón del rechazo el temor de posibles problemas con el gobierno colombiano.

“En Francia, Masperó se excusó de traducirlo con variados y endebles pretextos. Ediciones du Seuil, en un informe de florecidos  elogios para el autor, lamentó que la publicación de otros libros colombianos no le permitieran editar el presente. Dicha carta es un modelo del rechazo erudito en el que la mentalidad decididamente calculadora y mercantilista de todos los traficantes de libros se vistió de seda. En Italia, otro editor que había dado visos de revolucionario, Feltrinelli, rechazó el manuscrito con cortesía comercial. En España, la edición comenzada a hacer fue recogida por orden del Opus Dei.

“El expediente de todos estos rechazos, acumulado en el curso de dos años, por otros aspectos bastante accidentados para el autor, podría suministrar el tema de otro libro. Un libro que el autor no escribió, porque dio por finalizadas las lecciones recibidas en el curso de toda su vida sobre los medios de expresión adecuados a temas y a problemas como los tratados en el libro. Ante la admirable testarudez de la persona que ha resuelto editarlo, el autor la autorizó plenamente y sin limitaciones futuras a difundir el escrito.

“Ello significa que le cedió los llamados derechos de autor hasta la socialización total del planeta, hasta la aparición del llamado internacionalismo proletario y, si es necesario, un plazo más amplio, hasta la aplicación universal de un sistema político que haya sido capaz de borrar el antagonismo irreconciliable que existe entre la verdad y los peligros de su difusión”. (Firmado: Tulio Bayer, París, 1968).

 

Este es un ejemplo de los incidentes permanentes que sufrió con las Editoriales:

 

Señor Bayer,

 

Al igual que con su primer escrito, Carta Abierta a un analfabeto político he leído con placer e interés Gancho Ciego. Las ideas que le faltan no es lo importante, pero el contrapunteo de descripciones de la prisión y de diálogos del personaje llamado Colombo rápidamente devienen monótonas. En cuanto al sentido que atribuye al ataque mágico contra la Alianza para el Progreso, hay que estar demasiado prevenido para percibirlo. Hay, en efecto, allí lo necesario para hacer una novela extravagante y de éxito. Pero tiene demasiadas cosas –novela negra, panfleto político, etc. y la amalgama no está bien hecha. Es una lástima, como ocurrió con el primer libro, a propósito del cual, creo, hicimos reservas semejantes. (Firma, Claude Durand. París, 8 de mayo de 1969, Ediciones Du Seuil).

 

Comentario, al margen, de Bayer: “es un rechazo, pero tengo la seguridad de que detrás del libro hay un antioqueño de todo el maíz, y que lo hará publicar en francés así tenga que armar una guerrilla en el Bois de Boulogne”. Nunca la formó y su publicación fue, obviamente, en Colombia.

Y a continuación escribió: “Los prólogos denotan siempre una deficiencia. Del lector o del escritor. Así que este libro sale sin prólogo, como debió salir hace trece años. Si alguien tiene algo que aclarar con el autor, único responsable de las aseveraciones contenidas en el libro, búsquenme en esta dirección”, su apartamento en París, donde finalmente murió en 1982.

 

Allí está la irreverencia, el humor, el pensamiento de Bayer. Al leerlo se encuentra el lector con las aventuras cuando escandalizó le tout Manizales al entrar con una prostituta al Club Manizales, o cuando decomisó, siendo Secretario de Salud de Caldas, la leche adulterada que los ricos que lo nombraron, vendían en la ciudad.

Las aventuras de Tulio Bayer - Eje21

Carta abierta a un analfabeto político es un libro escrito con sentido del humor. Tulio utiliza el mecanismo epistolar para fusilar en 300 páginas a Pacho Arango, su compañero de estudios de medicina en Medellín, que al enterarse de las andanzas guerrilleras, amatorias e ilícitas de Bayer, lo llama a la cordura y a conseguir plata, que para eso es médico, inteligente y graduado de Harvard. Su respuesta es esta carta donde cuenta cómo ve la vida, cómo van sus cosas, relata lo que ha vivido y va dejando a muchos tendidos en el camino. Porque Bayer se mete con todos los dirigentes de su época, con nombres propios relata sus fechorías, muchos aún vivos y cometiendo las mismas iniquidades que destapó hace 30 años. Es un libro atractivo, ameno,  que  hoy se deja leer con agrado.

Algunas de sus frases son memorables, muchas de sus réplicas podrían constituir una réplica a los Escolios a un texto implícito,  escritos por Nicolás Gómez Dávila:

 

“Los minutos de silencio jamás resucitaron el cadáver de un muerto y casi siempre sirven para sepultar su espíritu”.

“Panamá es tan importante en nuestra historia que nadie se atreve a quitar el Istmo del escudo. Ha faltado poner allí algo: CIN-ISMO”.

Tulio Bayer, solo contra todos

La primera edición colombiana de Carta Abierta la hizo Ediciones Hombre Nuevo de Medellín en mayo de 1977, trece años después de su clandestina circulación inicial. Allí Bayer hace un sorprendente y valioso relato de las picardías e indecencias de las clases dirigentes del país, donde las figuras que ayer y hoy intervinieron y siguen actuando en la política y los negocios son denunciados en sus andanzas con nombres propios y con fechorías propias e incontrastables.

 

“Tulio Bayer no es un nombre nuevo para los colombianos. Tal vez un nombre momentáneamente olvidado. Muchos que conocieron su aventura como guerrillero, sus denuncias contra los laboratorios productores de drogas farmacéuticas, se habrán preguntado alguna vez qué pasó con este médico caldense que linda por los 50 y que hace unos quince años estaba señalado como uno de los principales enemigos públicos. Tulio Bayer vive y ejerce ahora en París.

La Carta abierta a un analfabeta político tiene la ventaja, considerablemente insólita, de ser un libro de izquierda escrito con sentido del humor. Y sin carreta. No hay una sola cita de Marx o de Engels, o de Lenin. Porque Bayer se mete con gente de peso y, si bien, sus ataques carecen de la mesura y la ponderación que los haría más dignos de crédito, participan del temperamento y la franqueza personales con quien expone su caso. Que es interesante así se le comparta o no… Para que lo reciban o no con beneficio de inventario, el libro de Bayer está ahí a fin de escandalizar a algunos, interesar a muchos y preocupar a varios”. (Daniel Samper Pizano. “La antiaspirina de Bayer”. Columna Reloj, periódico El Tiempo, Bogotá, agosto 3 de 1977).

BAYER, Tulio – | Diccionario Biográfico de las Izquierdas Latinoamericanas

Carta Abierta a un analfabeto político comienza así:

 

“Colombia, territorio enfermo de América, enero 20 de 1964

 

Doctor

Francisco Arango Londoño

Medellín

 

Querido compañero,

 

Voy a contestar una carta tuya recibida en Maicao, Guajira colombiana, en la que entre otras cosas me decías que como compañero y amigo con la próstata más grande, te atrevías a invitarme a la cordura. Me pedías que hiciera algo como una cura de reposo para dedicarme luego a ejercer la profesión, alejado de la política e interesado en escribir una novela en los ratos libres. Típicamente patriarcal, tu consejo me sonó tan cariñoso en la forma, que decidí perdonarte, como se le perdona a las abuelitas caprichosas la ignorancia subyacente. Una ignorancia de mis motivos de rebelión, de mi circunstancia vital, de mi total alejamiento de lo que usualmente llaman política, cosas todas ellas que bien  podían no interesar a nadie, si no fuera porque mi rebelión es la misma de millones de seres en el mundo y si no fuera porque esa rebelión mía está asentada sobre motivos que son los mismos que impulsan a millones de hombres y de mujeres de todos los países al heroísmo y a la lucha sin tregua por destruir un sistema que está arruinando sus vidas con malignidad apenas comparable a la del cáncer.

“El cuerpo médico está a los pies de la cama de su más grande, necesitado e importante enfermo, resolviéndole crucigramas al Seguro Social. Está castrado de nacionalismo, imitando como un simio adiestrado las modalidades de la medicina norteamericana, más bien que adaptando algunas de las técnicas universales, inclusive algunas de las gringas, a las realidades nacionales. Está alcahueteando con algunos prominentes y honorables figurones de ese cuerpo médico el negocio de las drogas, esto es, el envase, la fabricación y la venta de remedios adulterados. Todos los Ministros de Salud han claudicado en este terreno, todos han sido agentes del monopolio vendedor de medicamentos.

“Algunos de estos Ministros han hecho este trabajo a favor de los laboratorios en forma descarada y pública, utilizando a ojos vistas el poder político y el poder económico con una insolencia que no puede compararse siquiera a la de los hampones llamados vulgares que atacan a la luz del día y en la vía pública. Estos últimos tienen un mérito: arriesgan su propio pellejo. Probablemente, tú nunca has pensado que dentro del sistema de gobierno colombiano seas un idiota útil. Y estoy seguro que tampoco servirías conscientemente, deliberadamente a un sistema de gobierno diseñado exclusivamente para enriquecer a unos pocos en detrimento de millones de seres que constituyen el pueblo colombiano. Sospecho, más bien, que no te has dado cata de ello como diría Cervantes.

“Estoy seguro, no solamente por tu carta sino porque nos equivocamos una vez de idéntica manera, que cuando evocas la palabra política, piensas en algo ajeno a nuestra profesión y aún a nuestra dignidad, a esa dignidad postiza e hipócrita que circunscribe la moral médica a una serie de reglas y a una especie de liturgia con letra y música de los jesuitas. Y, sin embargo, Pacho, la tal política nuestra, que no es otra cosa que el arte maquiavélico de mantenerse en el poder a espaldas del pueblo, es precisamente el agente etiológico, la causa determinante de la enfermedad de nuestro país: el hambre. Hambre física y espiritual.

“Para embotar la conciencia del hambre física, nuestro sistema se sirve del alcohol, del tabaco y de la cocaína. Y de la ilusión periódicamente suministrada de que todo va a arreglarse en las próximas elecciones. Para el espiritual nos ofrecen las más antiguas y burdas fábulas, el rosario de la aurora, el rosario en común presidido por el cura yanqui y con propaganda de Fabricato y de Coltejer. Y novelitas radiales.

BLOG LITERARIO DESDE PARÍS: LA VIDA DE TULIO BAYER

“El papel de nosotros, los médicos, está circunscrito a recetar vitaminas recetadas en los Estados Unidos. Parece que tú y muchos de nuestros compañeros no han hecho el diagnóstico del hombre colombiano. Se han limitado a describir, casi siempre en privado, ese signo protuberante que han confundido con la enfermedad misma: el hambre. Pero el hambre, Pacho, tiene su causa. Y también su tratamiento, un tratamiento que me apresuro a decirte es estrictamente quirúrgico: hay que acorralar y destruir primero una casta de privilegiados que nos gobiernan desde 1810.

“Este conocimiento y esta convicción es algo básico si se desea entender la fisiopatología del hambre colombiana, el mecanismo que la desencadena y la mantiene vigente. Es por lo tanto en los documentos de la historia, en los textos de economía política en donde encontrarás los elementos que te hacen falta para relacionar el hambre de la que puedes dar diario testimonio con la paradojal riqueza de nuestro territorio, con nuestra escasa población en relación con ese territorio y con las estatuas de los millonarios que adornan las fachadas de nuestros insuficientes hospitales abarrotados de analfabetos desnutridos. Y si desea entender mi caso, comenzará por decirte que no es otra cosa que mi actitud frente al hambre colombiana. Y que esa actitud no fue abrupta ni impulsiva, sino que ha constituido un largo proceso.

“Comenzamos seriamente a dudar que todo pueda pertenecerle a minúsculos grupos. Estamos descubriendo que no ha habido en estos países partidos tradicionales sino espejismos ideológicos tradicionales, trampas electorales, señuelos para atraer al pueblo y hacerlo matar en sangrientas guerras civiles y actualmente en una versión cobarde de este negocio de señores que ha dado en llamarse La Violencia. Tú sabes bien Pacho que siempre he hablado con sinceridad y esta carta está dirigida a muchos amigos personales, en ti representados que se han conmovido con el hecho de saberme guerrillero, que están encasillados en la actual sociedad, que pueden ser como tú, heredo-conservadores o heredo-liberales, cumplidores de su deber, notables en sus oficios y buenos padres de familia. Y que al pensar en mi caso con sorpresa, con cariño o con una inaceptable compasión, no pasan de ser, sin saberlo, cómplices en el cotidiano genocidio que se comete contra nuestro pueblo. Es cómico, Pacho: siguiendo el reflejo condicionado que les han creado los medios de comunicación, ellos deploran que ya me haya vuelto un bandido y jamás han pensado en que son ellos los que están trabajando para los bandidos”.

Sofos - Grupo de Estudio y Trabajo Académico - «Tulio Bayer, solo contra todos» - Por Carlos Bueno Osorio • Otraparte.org

A comienzos del siglo XX, Carlos Arturo Torres, en su libro Idola Fori, decía sobre el significado que, para las grandes masas, tenían nuestras luchas civiles:

 

“Alguna vez se ha sostenido, a guisa de justificación, que las guerras civiles hispanoamericanas, brotes de la desesperación de los oprimidos, son causadas por los malos gobiernos. Los gobiernos han sido malos, y en muchos casos sus abusos fueron bastantes para justificar una protesta armada, pero no ha sido esa la íntima razón del histerismo de nuestras sangrientas convulsiones. En Hispanoamérica se tolera durante 40 años al doctor Francia y se derroca en quince días al doctor Lisandro García; triunfan las insurrecciones contra un gobierno constitucional y son impotentes las que se le hacen a una tiranía; las justas reivindicaciones populares nada tiene que hacer en esas orgías de sangre; los derechos de la inmensa masa anónima, conculcados o desconocidos antes de la guerra, cuando impera el partido A, conculcados y desconocidos continúan de la guerra cuando ha triunfado el partido B. Las guerras cualesquiera que sean sus banderas y sus propósitos no hacen sino agravar los males permanentes de la víctima colectiva, carne de reclutamiento y de cañón, blando plasma para todas las expoliaciones. En la mayoría de los casos las guerras civiles americanas no han sido ni serán sino la proyección sobre el campo de batalla de los conflictos de ideas o de intereses de los profesionales de la política, cuando es un principio o la suerte de un partido lo que se remite a esos juicios de Dios; o una simple cara del poder público, cuando es la rapaz ambición de un jefe lo que está en juego. Es, en uno y otro caso, asesinato de inocentes, organizado en provecho de unos pocos y aplaudido con pasmosa inconsciencia por los demás”.

 

Bayer le dice a su amigo Pacho Arango que desde la última vez que se vieron, hace unos 13 años, cuando Arango hacía medicatura rural en Amalfi, Antioquia, comenzaba a saber qué es eso que llaman la Patria. Ejercía la medicina rural obligatoria en Anorí, un pueblecito vecino. “Eras un modelo, como ahora, que ahorraba íntegramente el ridículo salario oficial de 500 pesos mensuales, inferior al del alcalde matón que se usaba por esa época y todo lo que podías ganar con tu ejercicio profesional por fuera del hospital, alimentando el sueño de ir a especializarte en los Estados Unidos”. Le recuerda que todo ese año, fue tedioso para él porque era medio y no fin, espera, espera y no realización, y que no se descarriló sino la memorable noche en la que Bayer lo visitó y armaron un gran escándalo en un cafetín, a los gritos de ¡Viva el Partido Liberal!

Aunque Arango era heredo-liberal y Tulio, por entonces, apenas acababa de escandalizar a su godísima familia colocándose sentimentalmente al lado de las víctimas de la dictadura de Laureano Gómez y del sordo Urdaneta Arbeláez, ni tú ni yo sabíamos otra cosa que el alfabeto de la misericordia.

El aguardiente y la mutua alegría los estimularon para desafiar a los matones, con un grito que satisfacía la solidaridad con los perseguidos, pero que nada significaba en el fenómeno que estaban presenciando. En este tiempo, Pacho, yo también era un analfabeto político. Y le recuerda que ningún liberal estuvo al frente de las guerrillas liberales. Ninguno murió en las barricadas o en los asaltos. Ninguno figuró como bandolero. Las guerrillas por el contrario nacían en Colombia. La vergonzosa historia política colombiana daba a luz un nuevo monstruo: el comandante ausente, el jefe sin riesgos: Los jefes liberales estaban en París. En México. En Londres. Por entonces ni tú ni yo sabíamos que no había diferencia entre los partidos tradicionales. Éramos liberales o conservadores por herencia, manteníamos ese apelativo con la obstinación ciega y orgullosa del niño que cree que su papá es superpoderoso.

CAMILO Y EL ELN. SELECCIÓN DE ESCRITOS POLÍTICOS DEL CURA GUERRILLERO. BRODERICK, WALTER J.. Libro en papel. 9789588461595 Tornamesa

Walter J. Broderick dice en su libro sobre Camilo Torres, que en el transcurso de esos años se incrementaron las vejaciones en contra de sus compatriotas. Hasta las ficciones democráticas habían desaparecido y la dictadura de Gómez se implantó como un verdadero régimen de terror. Años antes, el ministro de Justicia de Ospina Pérez, José Antonio Montalvo, el que habría sido suegro de Camilo si éste, novio de Teresa Montalvo, no hubiera optado por la vida religiosa, pronunció una célebre amenaza en el Senado, exclamando que el Partido conservador se impondría, si fuera necesario a sangre y fuego. Ahora su profecía se estaba cumpliendo.

 

Las masas se desquitaban con igual ferocidad y en varios departamentos se formaron cuadrillas de guerrilleros. Los belicosos hombres de Santander fueron los primeros en tomar la iniciativa. El movimiento más beligerante y peligroso, fue el que surgió en los Llanos orientales. Surgió como uno de sus líderes Eduardo Franco Isaza, hijo de un ganadero acomodado. Organizó su propia guerrilla en Yopal. Depositó su esperanza en los líderes del partido liberal en Bogotá y en los terratenientes liberales de los llanos. Estos,  a su vez, contaban con los guerrilleros para defender sus hatos de la violencia conservadora. A la postre tanto políticos como terratenientes traicionaron al movimiento guerrillero. Cuando los vaqueros y jornaleros que formaban las cuadrillas empezaron a hablar de revolución, de mejores pagos, de donativos de ganado para aprovisionar a los hombres en armas y hasta de redistribución de la tierra, asustados, los dueños de hatos cambiaron su actitud de apoyo a los guerrilleros e iniciaron una campaña de delación y entrega  a las autoridades, motejándolos de bandoleros. Los rebeldes de los llanos estaban aprendiendo lecciones amargas. Cuando se dirigieron al directorio nacional del liberalismo para solicitar auxilio, el secretario general, Carlos Lleras Restrepo, les contestó en tono condescendiente: Ni autorizo ni desautorizo. Dígales a esos muchachos que estamos de corazón con ellos.

De Bogotá, los guerrilleros no podían esperar nada. Un liberal desilusionado escribió años más tarde: “Cuando la violencia oficial planificada se estrelló contra los pueblos y las gentes del campo se vieron ante la alternativa de perecer o resistir y optaron por la resistencia, entonces los prohombres liberales, hasta ayer tan valerosos, exigentes e insatisfechos, o se recluyeron en sus casas y particulares ocupaciones, u optaron por la circunspección, la moderación, las buenas maneras, la cabeza fría, los amistosos acercamientos y los respetuosos memoriales”. Aún después de que el gobierno clausurara el Congreso, los parlamentarios liberales no dejaron de recibir su sueldo.

Arturo Alape le deja al país 50 años de historia en documentos - Las2orillas.co

Describiendo esta época el historiador Arturo Álape,  anota que “el 7 de agosto de 1950, Laureano Gómez tomó posesión como Presidente, elegido por los votos del partido Conservador con la abstención del Liberalismo. La Dirección Nacional Liberal, en carta dirigida al ex presidente conservador Ospina Pérez, explicaba el por qué no participaron en las elecciones presidenciales: “No puede decirse que los liberales se abstuvieron de ejercer sus derechos, sino que fueron colocados en una posición en que les era imposible ejercerlos”. Los liberales, privados de sus cédulas de ciudadanía y hostigados por los gobernadores y alcaldes conservadores y perseguidos por la policía política (Popol y Chulavita), quedaron imposibilitados de ejercer el sufragio y los derechos fundamentales de ciudadanía. Para entonces ya el gobierno conservador de Ospina había cerrado el Congreso y mantenía el Estado de Sitio. (Lecturas Dominicales de El Tiempo, Bogotá, septiembre 1 de 2002. “El Vendaval sectario del medio siglo”).

Vivir para contarla - Confidencial

Y Gabriel García Márquez en su primer tomo de memorias Vivir para contarlo, escribió sobre esos tiempos:

 

“La situación de violencia oficial que padecía el país desde el 9 de abril se había vuelto insostenible. Hasta la madrugada de aquel 13 de junio, cuando el general de división Gustavo Rojas Pinilla sacó del palacio al presidente encargado, Roberto Urdaneta Arbeláez. Laureano Gómez, el presidente titular en uso de buen retiro por disposición de sus médicos, reasumió entonces el mando en silla de ruedas, y trató de darse un golpe a sí mismo y gobernar los quince meses que le faltaban para su término constitucional. Pero Rojas Pinilla y su plana mayor habían llegado para quedarse.

“El respaldo nacional fue inmediato y unánime a la decisión de la Asamblea Constituyente que legitimó el golpe militar. Rojas Pinilla fue investido de poderes hasta el término del periodo presidencial, en agosto del año siguiente y Laureano Gómez viajó con su familia a Benidorm, en la costa levantina española, dejando detrás la impresión ilusoria de que sus tiempos de rabia habían terminado. Los patriarcas liberales proclamaron su apoyo a la reconciliación nacional con un llamado a sus copartidarios en armas en todo el país. La foto más significativa que publicaron los periódicos en los días siguientes fue la de los liberales de avanzada que cantaron una serenata de novios bajo el balcón de la alcoba presidencial. El homenaje lo encabezó don Roberto García Peña, director de El Tiempo y uno de los opositores más encarnizados del régimen depuesto.

“En todo caso, la foto más emocionante de aquellos días fue la fila interminable de guerrilleros liberales que entregaron las armas en los llanos orientales, comandados por Guadalupe Salcedo, cuya imagen de bandolero romántico había tocado a fondo el corazón de los colombianos castigados por la violencia oficial. Era una nueva generación de guerreros contra el régimen conservador, identificados de algún modo como un rezago de la guerra de Los Mil Días, que mantenían relaciones nada clandestinas con los dirigentes legales del partido liberal.

“Al frente de ellos, Guadalupe Salcedo había difundido a todos los niveles del país, a favor o en contra, una nueva imagen mítica. Tal vez por eso, a los siete años de su rendición, fue acribillado a tiros por la policía en algún lugar de Bogotá, que nunca ha sido precisado, ni establecidas a ciencia cierta las circunstancias de su muerte. La fecha oficial es el 6 de junio de 1967, y el cuerpo fue depositado en ceremonia solemne en una cripta numerada del cementerio central de Bogotá con asistencia de políticos conocidos. Pues Guadalupe Salcedo, desde sus cuarteles de guerra, mantuvo relaciones no sólo políticas sino sociales con los dirigentes del liberalismo en desgracia. Sin embargo, hay por lo menos ocho versiones distintas de su muerte, y no faltan incrédulos de aquella época y de ésta que todavía se preguntan si el cadáver era el suyo y sí en realidad está en la cripta donde fue sepultado”.

Gancho ciego : 365 noches y una misa en la cárcel Modelo de Bogotá by Tulio Bayer | Goodreads

Desde la cárcel Modelo, Bayer daría otra de esas versiones en Gancho ciego. Alucinadamente narra cómo fragmentos dispersos de una leyenda flotan en la tradición carcelaria a propósito de un sistema de fuga. Se dice que en la noche en que asesinaron a Guadalupe Salcedo, doscientos llaneros que tiritaban de frío hacinados en celdas del quinto piso del tercer bloque sintieron de pronto, a un tiempo, el impacto de las balas sobre el cuerpo de su jefe a quien estaban ametrallando a varios kilómetros de allí. Entonces se lanzaron como un solo hombre sobre las rejas que se despedazaron como si fueran de caramelo, hicieron con los guindos de sus hamacas, único equipaje que llevaban encima, una larga cuerda que lanzaron a la noche plomo de Bogotá, con tanta fuerza que el cabo libre comenzó a girar en el alto espacio como un satélite, se enredó finalmente en la cola de un cometa, en los anillos de algún planeta, en la luz de una estrella o en un cable de alta tensión, ello no se sabe a punto fijo, pero por allí se evadieron uno a uno, cantando.

Existe una versión en prosa que asegura que lo que realmente ocurrió fue que la noche del asesinato de Guadalupe, entró a la cárcel una patrulla del ejército al mando de un capitán de orden público y subió hasta el piso de los llaneros que se habían constituido en república independiente. Después se oyeron descargas de fusilería. Al día siguiente los guardianes anduvieron reclutando zanahorios analfabetos del quinto patio para que subieran al quinto piso del tercer bloque y lavaran con lejía y agua caliente unos letreros pornográficos que había dejado escritos allí unos visitantes maleducados. Los limpiadores no pudieron descifrar la pegajosa caligrafía de los muros con incrustaciones de hueso, ni la del piso trazada con inmensos hisopos y cubierta por un goloso enjambre de moscas azules.

Les llamó la atención de modo que todo se detenía en las escaleras y que se continuaba en cambio por una ventana rota, allá abajo y allá lejos, en grandes manchas negras como gigantescos puntos suspensivos. Por esos mismos días el centinela de una garita no pudo tolerar los dolientes murmullos que se levantaban de un cierto piso vacío, después de la media noche. No quería mirar hacia ese lado, pero cuando lo hizo, vio pasar por el aire una legión de fantasmas. Disparó su fusil, desencadenó todos los sistemas de alarma, y todos los reflectores de la prisión se dirigieron hacia el cielo, en busca de los espíritus. En vano. El asunto pasó al Director, al Ministro y finalmente al Psiquiatra mayor de la Colombiavaticana que declaró signo inequívoco de locura la caza de fantasmas con armas de fuego. Al guardián alucinado se lo llevaron amarrado para el manicomio. De todo esto puede concluirse que el método tarabitero está en el dominio de la ficción o que no ha sido utilizado por las autoridades legítimas.

El Bogotazo y 72 años de una violencia que no termina

Y continúa por su parte, Bayer. “Pues bien, Pacho. Te informo: entre el partido Liberal y el Conservador colombiano, no existe ninguna diferencia: Ni filosófica, ni táctica ni moral”.

Fue al terminar ese año reglamentario de medicina rural cuando hicieron el balance del honesto y metódico trabajo: La famosa monografía sobre el pueblecito de aquel inicial trabajo profesional. El resultado científico y social de un año de trabajo. ¿Fue socialmente útil ese trabajo? No mucho. Y no precisamente por culpa de ellos. Fueron a esos pueblos a servir de testigos de una miseria que no podían remediar.

El Gobierno conocía bien la ausencia de alcantarillas, de agua potable, de energía, de carreteras, de dotación de hospitales, pero encontraba más barato, más demagógico enviar médicos, que cambiar la estructura del país. Es mucho más fácil taparle la boca a un médico revoltoso que denuncie algunas irregularidades, que dejar de robarse el presupuesto nacional e invertirlo en beneficio del pueblo. Halagar o destruir a un médico intransigente cuesta poco. Higienizar el país es una gran tarea que significa de antemano la desaparición de la clase explotadora. Pero, en fin, con sus ahorros, Arango se fue a los Estados Unidos a estudiar cirugía. A traducirse al yanqui.

Pero, aquí había cirugía por montones para entrenarse por esos días de pleno auge de eso que han dado en llamar La violencia. La mayoría de sus compañeros de estudio aprendieron en esa guerra civil no declarada, trabajando en la Policlínica de Medellín, lo mucho que saben. Se hicieron hábiles cirujanos sin salir de aquí. No obstante, la opinión de Tulio Bayer sobre los estudios en USA era que los gringos enseñan lo que les da la gana. Los famosos boards, los internados para los latinoamericanos, retardan el aprendizaje de cosas tan eminentemente prácticas como la cirugía. Pero a nadie asombra que USA es un país bien organizado. Y bien organizado para el bussiness, esto es para el negocio. Uno de esos negocios es la cirugía.

Época de la Violencia en Colombia by maría wilches on Prezi Next

Pero volvamos a Anorí. Su vida allí era intensa, borrascosa como dirían las señoras. Solamente quería ser un buen médico rural. No hallaba la forma de hacerlo correctamente. Comprobó que lo aprendido en la Facultad o en el Hospital Universitario no puede realizarse o se realiza como peligrosa aventura en esos pueblecitos olvidados, desposeídos de hospital, carentes de alcantarillado, a veces sin electricidad y sin acueducto. Estaba descubriendo que cada pueblecito de esos, encantadoramente medieval como Anorí, aparentemente moderno en mitad de un desierto como Maicao, perdido en una selva húmeda como La Tagua, está gobernada por una trinca de caimanes que explotan esa gente. Que la engañan, la exprimen, la manejan.

En Anorí era un boticario, jefe conservador, el que ostentaba la suma del poder político y económico. En Puerto Leguizamo era un comerciante liberal. En Maicao era una familia turca de contrabandista. En Riohacha era Carlos Daéz, latifundista, comerciante, que en un rato de ocio mató a un obrero para ensayar una carabina. Luego pagó el entierro de primera y fue representante a la Cámara por el MRL. En fin, podría decirte quién o qué reducido grupo de negociantes es el que manda en cada de los municipios del país. Fundamentalmente negociantes. Esto es, las ruedas diminutas y periféricas del engranaje esclavista. Son los cómplices, los socios pobres del hamponato.

Sus equivalentes capitalinos no son otros que los hampones de frac que se reúnen en el Jockey Club de Bogotá, que planifican la economía nacional, nacional significa lo que a ellos les conviene, desde las gerencias de los grandes monopolios, desde los clubes. En el primer peldaño de la escala es desde una botica, desde una sacristía, desde un almacén o en una bomba de gasolina, como despachaba el Cónsul de Colombia en Puerto Ayacucho, Venezuela.

Logró comprobar a través de su propia experiencia de médico, que en Colombia no ha habido partidos políticos, sino pasiones alimentadas por los explotadores. Comprobó que hay un conglomerado humano hambreado, ignorante, engañado que constituye la población del país. Comprobó que existe una casta turista de apátridas que utilizan la división artificial entre liberales y conservadores para mantenerse en el poder, para conservar en exclusividad sus privilegios, son descubrimientos en los que gastó muchos años. Quizás porque dado mi origen de clase, me resistía a creer lo que veía.

Le precisa a Pacho Arango que nunca ha abandonado el ejercicio o el estudio de la medicina. Y que ha procurado ser un buen médico general y que ha sido el ejercicio de la medicina y sus incursiones por algunas de sus especialidades como la Tisiología y la Farmacología lo que lo ha llevado a ser revolucionario. La revolución es pues, para mí, un capítulo avanzado de la vivencia de la Medicina.

Sigo·siendo revolucionario''

Y la Carta llega a un momento en que precisa la pregunta ¿qué es la Patria?, ¿cómo definirla? Como en el Anorí que está evocando, en los remotos pueblecitos que forman sin lugar a dudas la Patria, tienen los médicos un microscopio viejo y oxidado o les van a mandar uno nuevo. No tendrán  tiempo de usarlo. Y les ordenarán que busquen por un extremo los huevos de los parásitos intestinales que los niños, pequeños patriotas, arrojan por la boca. La elaboración meticulosa de esas incidencias parasitarias constituye uno de los trabajos más laboriosos e inútiles de la práctica médico-rural. Todo el mundo sabe que como no hay letrinas ni alcantarillado los niños colombianos son comedores de excrementos humanos, perrunos, porcinos y avícolas.

No obstante, el médico rural, lleno de un entusiasmo nuevo, es un patriota útil que salva una que otra vida y en todo caso, generalmente no está en sus manos evitar muchas muertes absurdas. Por otra parte, completa la rosca municipal en la cual está el explotador de siempre y que ya es algo difícil de llamar junta patriótica. Si el médico se queda en el pueblo puede llegar a ser un borracho notable o un ganadero rico. Es lo usual. Hay algo que de todas maneras puede garantizarse: ese médico será un factor de progreso para… las farmacias locales. ¿Puede llamarse todo esto progreso patriótico?

 

“Y ante este cuadro y proceso, cabe preguntase: ¿Por qué no hay en Colombia un plan para higienizar la tierra, el aire, el subsuelo y las aguas? ¿Por qué en vez de buscar huevecillos de áscaris y de tricocéfalos en las materias fecales, no hemos iniciado ya una campaña para convertir el actual estado cantinero en un estado lechero? ¿O para acabar de una vez con todos los parásitos de Colombia? Con todos, incluyendo los millones de mosquitos y los misioneros montfortianos? ¿Por qué no lo hemos hecho?”

 

Recordaba que a los médicos rurales les mandaban de vez en cuando unos tarros con leche en polvo, lo mismo que ahora. Esa leche favorecía por una semana a unas pocas gentes humildes ya que ni tú ni yo los cambiábamos por trabajo, como algunos otros colegas y como la mayoría de los ministros de Dios en traje de misioneros españoles, belgas y holandeses. Bueno… Y ¿por qué no darles a todos esos niños hambrientos, leche gratuita todo el año? Entonces los médicos rurales luchaban un año o dos por conseguir un caserón viejo que llamaban hospital, algunos cacharros para el ejercicio de la medicina. Pero, ¿por qué no construyen pequeños hospitales modernos en los pueblos remotos, de manera que un médico rural pueda llamar por radioteléfono a un especialista para que se traslade en auto o en helicóptero a atender gratuitamente un caso de su especialidad?

“Yo sé, Pacho, que ya se han asomado dos palabras a tu boca. Una es dinero. No hay dinero. Y precisamente no hay dinero para eso. Y la otra es chifladura. Estoy probablemente chiflado. De antemano debo rechazar que hables de dinero. Del dinero de todos los colombianos. Porque tú no manejas directamente esos tesoros. No puedes saber siquiera cuál es el real presupuesto colombiano. Del presupuesto que ellos confiesan, del que los dueños de Colombia dan a la publicidad, se gastan el doble de los presupuestos de Salud, Educación, Agricultura y Trabajo juntos, en el llamado Orden Público. Es decir, en la guerra contra los colombianos. Guerra contra colombianos, así sean muchos de ellos auténticos, legítimos bandoleros. Bandoleros que son hechura de la oligarquía, a su imagen y semejanza. Y en Orden Público sí se pueden gastar millones para armamentos, para dotación de guarniciones remotas, para el doble sueldo que los militares devengan por razón de esta guerra peculiar”.

 

Esto no le resulta claro. Porque piensa, como médico, que la desnutrición, su secuela que es la tuberculosis, además del paludismo, del parasitismo crónico −anemia tropical− y el alcoholismo crónico, matan más seres humanos en Colombia que todos los Efraínes González, todos los Chispas, todos los Sangrenegras y todos los Desquites juntos.

Sin contar con enfermedades que, como el pian, la amebiasis y aun la caries dental, ya podrían estar borradas del territorio nacional. Erradicadas, como dicen ya hasta los últimos inspectorcitos de salud, que casi seguramente ignoran que erradicar es arrancar de raíz. Y aquí lo único que se arranca de raíz es la dentadura de los pobres.

 

“Si quieres un ejemplo, personal y reciente de este fenómeno aparentemente contradictorio, te diré que en la llamada por mi coronel enemigo Álvaro Valencia Tovar, La Campaña del Vichada, se gastó en perseguirnos unas diez veces más de lo que valía lo que nosotros estábamos pidiendo antes de levantarnos en armas. Lo pedí yo mismo, siendo Cónsul de Colombia en Puerto Ayacucho.

“Porque la Patria es primero que todo nuestra. De todos. Y Colombia es ajena. Porque la Patria es nación, esto es, territorio Y aquí la tierra es de latifundistas que la cultivan en su propio beneficio o que, más frecuentemente, no la cultivan. Cercan grandes extensiones de selva y no dejan que nadie entre a cultivarlas. O es una tierra ocupada por los yanquis. O es una tierra administrada por misioneros extranjeros. Los que buscan hoy cultivar la tierra en su patria, para saciar su hambre, son llamados ladrones, castrocomunistas y en ningún caso patriotas. A nadie se le ocurre llamarlos patriotas, sobre todo en contraste con los que se dedican al robo a falta de trabajo”.

Sofos - Grupo de Estudio y Trabajo Académico - «Tulio Bayer, solo contra todos» - Por Carlos Bueno Osorio • Otraparte.org

El ejército de Colombia tenía entonces la misión de guardabosques. Es el ejército de ayer que sirve para desalojar a los colombianos sin pan y sin esperanza. Y es el mismo ejército que los niños, como todos, no hace mucho, confundían con la Patria misma hasta el punto de que cuando sacaban los soldados, en plena batalla callejera con la Policía, lo que se hacía era parar el combate y gritar Viva el ejército.

Y Bayer piensa en el ejército colombiano. Son campesinos pobres, como los hambrientos colonos a quienes ordenan perseguir. Y para mí, montañeros como soy en el origen, los campesinos también son la Patria. ¿De modo que la Patria ataca la Patria? Pueda que tengas que explicarles a los niños la razón de esta curiosa autofagia. Una Patria que se devora a sí misma. Y cavila sobre cómo darles alguna razón para esta monstruosa matanza entre hermanos, para el antagonismo entre campesinos transitoriamente uniformados y campesinos no uniformados. O por lo menos explicarles de qué lado está la Patria. ¿Del lado de los soldados que obedecen la orden? ¿O del lado de los campesinos que reciben los culatazos? ¿O de ninguno de los dos bandos sino del lado de los latifundistas, de los terratenientes  que mandan a nuestro ejército a defender sus propiedades?

No se le escapa que entre los soldados mal pagados y que viven pobre y duramente la vida de los cuarteles, y los colonos hambrientos, hay un vínculo. Una posibilidad de comprensión y de amor. Una afinidad, un tropismo, una identidad que no puede romper la artificiosa distinción castrense entre militar y civil. Mas ese vínculo no lo puede haber con el que cerca la selva, con el que ni raja ni presta el hacha, como se dice. Con el que prefiere mantener a la fuerza, inmensas tierras improductivas en un país con hambrientos. Comprobó que aquí no se construye un gran hotel, ni una carretera importante, ni un hospital, si ello no favorece o desfavorece lo menos posible los intereses del clan. Y es porque la pregunta que ellos se hacen es ¿Qué negocio nos conviene por ahora a nosotros? Nunca es otra: ¿Qué necesitará más urgentemente el pueblo colombiano?

 

“Ahora hay hambre al lado del latifundio fértil en el que no dejan a nadie sembrar una semilla. Y hay hambre porque la ganadería es mejor negocio que la agricultura. Requiere menos trabajadores. Hay menos problemas laborales como dicen ellos. Es decir, come menos gente. Se muere más gente de hambre pero los ricos ganan mucho dinero. Estos latifundios cercados, muchos de ellos de jefes del MRL para que la paradoja sea más amarga, más colombiana, más típica del leguleyo capaz de robarse todo, hasta el mote de revolucionario, estos latifundios pasan por ser fincas cultivadas, pasan por haciendas. Y ello para conseguir dinero prestado en los bancos.

“En el Banco Cafetero, en la Caja Agraria, en el Banco Ganadero, esos latifundios cercados, incultivados, vigilados por el ejército en caso de invasión de colonos, sirven para conseguir préstamos de desarrollo agrícola, de fomento agrícola o pecuario. Y para completar esta figura, muchos senadores vitalicios, emplean el préstamo en introducir mercancías de contrabando. Actividad poco riesgosa e infinitamente productiva. Por ello hampones como Carlos Daéz, hamponcetes  como los Abuchaibe, una vez obtenido cierto poder económico, aspiran y luchan por adquirir el poder político. Es la culminación del negocio. No es pues coincidencia alfabética que Abuchaibe, el más notorio contrabandista de la Guajira, haya llegado a ser presidente del Congreso. Ha hecho su carrera exactamente lo mismo que los otros: las mismas trampas, los mismos trucos, las mismas exacciones, idénticos crímenes.

“De manera, que no puedes decirle a tus niños que las grandes riquezas, ni que el territorio nacional sean la Patria. Todo eso es ajeno. Es propiedad privada. La Patria es además, algo que los diccionarios llaman inmaterial. Espiritual. Es una tradición de hechos gloriosos, notables, realizados por hombres y mujeres. Y aún por caballos y por perros. Y es, además del pasado, un futuro.

“En nuestro pasado están los perros feroces de los Conquistadores. En nuestro presente los feroces perros de la policía. Esos perros están al servicio de intereses que no difieren en absoluto: la conquista y la conservación del oro por un puñado de poderosos. La defensa del capital, a secas. Esa es la tradición. La Historia de Colombia. Nuestro tesoro espiritual, por así decirlo. Los que defendieron algo distinto a la riqueza física han sido derrotados. Los que defendieron otro capital, el humano.

“Un tal José Antonio Galán. ¿Lo recuerdas? Apenas si lo mencionan en  nuestros textos, sin darle la importancia que tuvo, que tiene, que tendrá. Fue ese Galán el que levantó en 1780 la bandera de la Unión de los oprimidos contra los opresores. Lo engañó un sanguinario y tenebroso Arzobispo. Se topó con el Obispo. Bolívar y Sucre también se toparon con los frailes. ¿Recuerdas que atribuyeron unos terremotos a un castigo de Dios porque queríamos ser libres? Ese Arzobispo engañó a Galán, le hizo deponer las armas con promesas juradas sobre los Evangelios y luego lo hizo descuartizar. De paso muestra que el primer corte de franela, ese sistema de decapitación a machete utilizado por los bandoleros, lo ejecutaron los oligarcas. Sanguinario y tenebroso no son adjetivos para calificar solamente a la chusma. Sanguinario y tenebroso fue el Arzobispo Caballero y Góngora tanto como Sangrenegra o Efraín González.

“Con Galán iniciaron la violencia. La Santa Violencia, la violencia en nombre de Cristo. Y el negocio de la violencia que es el mismo que hacen ahora los oligarcas enviando, al propio tiempo, soldados para que la combatan. Y Galán no había leído a Marx, no podía haberlo hecho. Era comunero, no comunista. Defendía a los eternos explotados cuando no se había escrito aún El Capital. Tampoco Nariño luchó contra la fronda oligarca con base en el marxismo. Luchó en defensa de los humildes de las grandes mayorías, en defensa del pueblo colombiano, acosado por las tropas españolas y por la voracidad de los notables criollos.

La violencia en Colombia, ¿historia?. Global Affairs. Universidad de Navarra

“Y si fue un Arzobispo el que inauguró la violencia asesinando cobardemente a Galán, fueron los oligarcas de 1810 los que traicionaron a Nariño y lo hicieron llevar a las mazmorras españolas por los mismos intereses por los cuales asesinaron a Gaitán en 1948. Y del mismo modo y por los mismos motivos asesinaron al Teniente Escobar, a Antonio Larrota, a Federico Arango Fonnegra. Tampoco convenía a los limitados intereses del grupo oligárquico de La Independencia oír la profética voz de Bolívar. Él señaló, como si estuviera aquí y ahora, que el enemigo común son los Estados Unidos de Norteamérica. No el pueblo de los Estados Unidos, por supuesto. Es un pueblo trabajador y también explotado. Un pueblo con grandes minorías humilladas y discriminadas. El norteamericano medio y blanco, ignora además que lo que él cree un alto nivel de vida es una resultante de la miseria del resto del mundo y a veces, de buena fe, cree que son ellos los que se están sacrificando por nosotros, cuando en verdad ellos, como nosotros, son también víctimas de lo que se ha llamado el one hundred americans, los cien grandes hampones yanquis.

“Bolívar describió la política colonialista de los Estados Unidos y dio la alarma contra ella. Y si en vez de estar en una selva estuviese en una biblioteca, no me tomaría el trabajo de buscar para ti citas literales tomadas de Bolívar. No soy el bachiller Cleofás, (seudónimo del ex presidente colombiano Carlos Lleras Restrepo) no pretendo escribir un ensayo para sacar cinco en literatura. Te estoy diciendo verdades que deberías saber. Y tengo el derecho de preguntarte con rudeza: ¿No has leído jamás La Carta de Jamaica? Si nunca la has leído, búscala. Léela con despacio. No está en los textos oficiales. Posiblemente se la ocultarán a tus niños. No está en Henao y Arrubla. No les conviene que esté. Y es porque La Carta de Jamaica es un documento político que no pueden mostrar los vendepatrias, los lleritas, los Ospina Pérez, los Sanz de Santamaría, los respice-polum. Estos pobres países nuestros, explotados, no hemos dejado nunca de ser una gran nación. Nación, esto es, origen, raza, lengua, religión, historia, comunes. Estos, aunque no sean determinantes, son mucho más ingredientes de Patria que las acciones de Coltejer, Fabricato, de Droguerías Aliadas, de Celanese. Convertir esta inmensa nación latinoamericana en Patria para todos, como lo pretendía Bolívar, no convenía a los intereses de las minúsculas oligarquías criollas de los diferentes países en que se convirtió la Gran Colombia.

“A los próceres les asustó la grandeza, la revolución verdadera. La inmensidad territorial que hoy borraron los aviones y las telecomunicaciones, les sirvió de argumento. Eran amas de casa. La grandeza de miras y la clarividencia unida al coraje, no podían ser patrimonio de todos los jefes. Y Bolívar murió convencido de su derrota.

“Aparte de la frustrada rebelión de los comuneros, de los episodios de la disolución de la Gran Colombia, una orgía de mezquindades, del fenómeno previsto por Bolívar y por Sucre de que la Nueva Granada se llenaría de frailes y de misioneros parásitos que convertirían este país en un convento para explotarnos con sus fábulas, los mojones de nuestra historia no quedarían completos sin la propuesta que un Presidente hizo de que entregáramos este país a los Estados Unidos para que ellos lo explotaran y lo administraran. Y no quedaría completo sin mencionar el robo que un Presidente dejó que nos hicieran: Panamá. Y sin decir que otro Presidente recibió después dinero en pago del robo. Colombia cercenada por los Estados Unidos, haciendo el papel de amigo modelo de ellos, es algo que hace pensar que no existe colombianismo sino colombianitud. Tampoco se puede terminar el análisis de la riqueza espiritual y moral sin hablar de la violencia, que tiene sus antecedentes remotos en un Arzobispo.

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“Nos equivocamos en Anorí cuando pensamos que la violencia era una ciega cuestión de liberales con conservadores, pasión política, ese era el signo. La enfermedad es la explotación. La violencia obedece al principio de dividir para reinar, tan bien conocido del hampa oligárquica que puede decirse que esa ha sido la divisa de toda la historia política colombiana. Y ese principio exige que a medida que el pueblo toma conciencia de su explotación y pierde el miedo a los frailes, al infierno, a los doctores y a las bayonetas, aparezca una pasión fuerte que impida su unificación. Y para lograrlo no vacilará en los medios: asesinatos, la guerra civil, la guerra internacional o la entrega del país a los Estados Unidos para que las tropas yanquis la defiendan. Esa es la explicación de la violencia en diez líneas. En concordancia con este pasado histórico, ¿puedes decirles a tus hijitos que Patria es todo un conjunto de matanzas del pueblo? ¿Qué Patria es Galán asesinado por un Arzobispo? ¿Qué es un continuo juego de influencias para defender intereses de casta a cualquier precio? ¿Qué es miopía política, traición al pueblo, capacidad de engañar al desposeído, venta del territorio nacional?

“¿Qué es apedrear los protestantes? ¿Qué es mutilar los textos de Historia? ¿Qué es mantener en secreto los avances científicos para que los estudiantes no pierdan la fe? ¿Qué es entregar  grandes territorios a misioneros extranjeros para los exploten? Me dirás que no todo fue tan ignominioso. Que hubo alguna vez actos sublimes, heroicos, que hubo hombres honestos y verdaderamente patriotas. Si los hubo como Galán, Bolívar, Gaitán. Pero a estos los derrotaron cuando los seguía el pueblo o por miedo de que el pueblo los siguiera”.

Colombia siglo XX: La Revolución En Marcha

Para Bayer hay un ejemplo de historia contemporánea, fácil de recordar: La Revolución en Marcha que intentó desde el poder López Pumarejo. Fue una revolución que apenas sí les impuso a los ricos la obligación de declarar la renta. Por lo cual casi lo tumban, mientras aprendieron a hacer trampas para eludir los impuestos. Una revolución que apenas si prohibió que todas esas comunidades religiosas que pululan en el país y que enviaban el dinero recolectado a las casas madres de España, de Francia, de Bélgica, continuaran desangrando al país, explotando en sus colegios y remitiendo el dinero al exterior. Casi lo tumban también por esto, entre otros el obispo González Arbeláez que conspiraba por medio de La Acción Católica, diciéndoles a las señoras que se había desencadenado una persecución religiosa.

Una revolución que no llegó sino a derechos elementales para el trabajador. Una revolución con una Ley de Tierras que en manos de leguleyos se convirtió en una nueva fuente de angustia y de hambre para las gentes y de redoblada explotación en contra de los humildes. Sin embargo, La Revolución en marcha de López es la única que hemos tenido, así se ponga en cursivas, como una simple intentona frustrada de reforma, que realmente fue. Una revolución que López Pumarejo hizo desde el poder, con su natural talento, con una sensibilidad y con una nobleza que no heredó el gamín de su hijo, yendo apenas en Keynes en lo que a filosofía se refiere y que, sin embargo, encabritó a la oligarquía, la inquietó y la revolvió contra los avances que iba teniendo la negramenta, el inepto vulgo, las turbas, el populacho, el pueblo, Pacho.

 

“López Pumarejo fracasó en muchos de los aspectos de su timidísima reforma, que solamente por haber sido hecha en los feudales dominios católicos de la Nueva Granada, se apodó a sí misma Revolución en marcha. Tú debes pensar que el pueblo colombiano es una especie de ganado blanco orejinegro que requiere un cruce con razas superiores para poder tenerlo en cuenta. ¿Acaso no lo enseñaron así en nuestros colegios? ¿O al menos nos lo dieron a entender? La señora ésa de Luis López de Mesa, a la cabeza de nuestros sociólogos de postín, ha puesto todas sus esperanzas de redención del pueblo colombiano en un problema de genética. Y, por supuesto, en una hipotética mejor nutrición.

“Una mejor nutrición, una dieta equilibrada mientras botan las papas, mientras no cultivan la tierra, mientras que las tierras que cultivamos se hacen sin técnica, utilizando herbicidas, matamalezas y sustancias que hacen insidiosamente tóxicos frutos de aparente lozanía, en un país en donde existe el control de los alimentos dirigido por los adulteradores. De modo  que esperemos el cruce. Y mientras tanto recetemos vitaminas norteamericanas, drogas genéricas (McKesson, OFA y VAP), sin olvidar el poderoso Bexel, en vez de enseñar al pueblo a consumir carnes, huevos y frutas.

El Pacto histórico es el cambio? - Emancipar

“Resumiendo, si meditas sobre la historia colombiana no puedes decirles a tus hijos que la Patria nuestra sea otra cosa que el lugar en donde tú naciste, en donde ellos nacieron. Un sitio. El resto de la definición requeriría considerandos, acápites, parágrafos, exactamente a la manera de una escritura pública sobre la constitución de una Sociedad Anónima. República de Colombia, S.A. No te extrañes de mi caso. No trates de adscribirlo a excentricidad, a extravagancias de un literato sin tema como sugirió otro compañero. A una mala tarde como lo dices en tu carta. O a que estábamos borrachos cuando nos tomamos las armas del cuartel del Vichada, como dijo otro. Comprende que por lo que tú llamas mi caso, han sido asesinados ya centenares de hombres y mujeres de mi generación. Han sido dados de baja intelectuales sin antecedentes judiciales, de buena familia como dicen en Antioquia, con un futuro brillante. Hombres más jóvenes, más capacitados, más valientes que yo.

“Si esta misiva merece escribirse a espacio es porque tu carta es el reflejo de la opinión de un grupo de médicos, un contingente de profesionales de la medicina que egresamos en 1950 y cuyos componentes ocupan actualmente posiciones muy importantes dentro de la sociedad.

“A juzgar por tu carta, la opinión del grupo está al parecer dividida: una fracción me califica de chiflado, otra de estar desacreditando al Cuerpo Médico. Otros creen muy alegremente que estuve y que esté probablemente todavía, buscando tema para una novela. La gran mayoría, muy cariñosamente, ha tomado el suceso como un desliz. Una mala tarde, como lo dices literalmente. Como muchos colegas han hecho votos por mi arrepentimiento y propósito de enmienda, comenzará por hacer una declaración, antes de analizar sus opiniones”.

Y confiesa Tulio que él fue uno de los que estuvieron al frente de esa montonera revolucionaria que fue la guerrilla del Vichada. Y que estando en la cárcel Modelo y en carta por triplicado, se responsabilizó ante el presidente Guillermo León Valencia y ante el juez de la causa, de la comandancia de esa guerrilla. Que desde la cárcel siguió denunciando la adulteración de las drogas en la publicación comunista Voz de la Democracia y en el mismo periódico escribió, al finalizar su primer año de cárcel, un artículo que se tituló !Feliz Navidad oligarcas!

Lamenta tener que decirles a sus colegas que no está arrepentido, que sus remordimientos se circunscriben a ciertas omisiones en el ejercicio de su actividad guerrillera, como haberse opuesto a tomar el dinero de la Caja Agraria de Puerto López y no haber fusilado oportunamente a Flavio Barney, el traidor. Guerrillero convicto y confeso, en ese sentido está, hasta donde alcanzan sus informaciones, en contra de la totalidad del grupo. Y a su vez devuelve el análisis de su caso, con análisis del grupo, de los grupos. Afirma que los intelectuales colombianos, más exactamente neogranadinos, son de temperamento conservador. Tan temperamentalmente godos como Isabel la Católica o como Alberto Lleras Camargo. Como conjunto llegan siempre tarde a las innovaciones, a las transformaciones. A las verdaderas revoluciones no llegan nunca.

“Como se ha dicho que estoy desacreditando al Cuerpo Médico es preciso que diga que el prestigio histórico de un grupo le corresponde a las excepciones. No voy a envanecerme por ello, porque hasta ahora, soy solamente un pequeño derrotado. Pero quiero proclamar algo de lo que estoy orgulloso: No he capitulado ante el hampa, ante la alta clase dirigente colombiana. Al que diga que estoy loco, puedes contestarle que si Servet se hizo quemar vivo por defender su punto de vista sobre la circulación de la sangre, y si Semmelweis se enloqueció luchando en vano porque sus colegas se lavaran las manos antes de atender a las parturientas, ¡qué mucho es que yo me exponga a morir a manos de cualquier teniente Matallana, por combatir un sistema que adultera las drogas!  Esa razón solamente justificaría la rebelión. Y al menos lo colocaría en un sitio respetable de la Historia de la medicina colombiana. Yo he hecho una denuncia pública sobre este fraude y es a partir de esa denuncia que la adulteración ha comenzado a hacerse más refinada y en grande escala, dirigida por ministros de Estado.

“El monstruo abominable que es Droguerías Aliadas, la traición post-mortem y aún en su decadencia física que se le hizo a César Uribe Piedrahita, el renglón que las drogas en asociación del Gobierno con los mercaderes y con los yanquis, el CUP de ayer, hoy disfrazado de OFA (Organización Farmacéutica Americana),  y de Drogas Genéricas, justifica una guerra. Una guerra a muerte. Tú y yo, y  los demás del grupo, nacimos en hogares católicos, fuimos a colegios católicos, recibimos sin beneficio de inventario toneladas de fábulas, de absurdos, de mitos, de leyendas, y de contrasentidos. Para algunos es la única cultura de la que disponen. El analfabetismo político, secuela de las falsedades que nos enseñaron en el colegio, ha sido el punto de partida de todos nosotros”.

El legado de César Uribe Piedrahita en la Universidad del Cauca - Las2orillas.co

César Uribe Piedrahita

Cualquiera de su generación que quiso presumir siquiera de intelectual, tuvo que comenzar por hacerse una cura de ideas. En el campo técnico, ninguno de sus compañeros lo podrá desmentir. Con escasas excepciones, la preparación en matemáticas del bachillerato colombiano es una estafa, en filosofía es medieval, en biología es nula. Si eso ocurrió en lo técnico, en lo filosófico y en lo político, en física y química ni qué decir. Menos aún qué decir de la ignorancia de nuestros profesores en cuestiones de materialismo, de libre discusión de filosofías. “Estas líneas no son para llenar un vacío. Solamente quiero mostrarte que ese vacío existe. Un vacío en tu cultura, en el aprovechamiento de tus capacidades y de tus actividades cotidianas, un vacío a su turno, que se traduce en nuestro atraso como país”.

Y quiere ser él, Tulio Bayer, el que haga esa especie de crítica al sistema de gobierno, a la sociedad, a la circunstancia vital en la que tocó vivir, no para declararse enfermo, ni culpable, sino por el contrario para rechazar el diagnóstico, para enjuiciar la sociedad, para acusarla.

“Soy un revolucionario que cree no haber cometido delito alguno a pesar de que creyó y continúa creyendo que es necesario rechazar por la fuerza un crimen continuado de 150 años, cometido por una minoría atrincherada en el poder y cuyo más poderoso respaldo es la ignorancia. Ignorancia ecuménica presidida por el Señor Obispo. Ignorancia de la cual sacan ventaja los apóstoles del reformismo burgués que viajan a México a ver cómo se institucionaliza una revolución que no se ha hecho.

“Ignorancia que por una  amarga paradoja que parece ser frecuente en la historia de las ideas, hace que el Partido Comunista de Colombia haya hecho del marxismo-leninismo una especie de evangelio secreto, una bola de mago para frenar a los revolucionarios y mantener un sindicato de intereses individuales. Ignorancia que permite la sobrevivencia de privilegios, con sotana y sin ella, que van desde un Cardenal con sueldo de Estado hasta un cura García Herreros con su programa de televisión minuto-de-dios y su banquete del millón y su café minuto-de-dios y su pan-minuto-de-dios y sus motilones minuto-de-dios, hasta un cura Salcedo con su emisora radio Sutatenza que se enriquece con el pretexto de que está enseñando a leer a los campesinos.

“Ignorancia de la intimidad de todas las actividades nacionales que permite las marrullas de los políticos de todos los pelajes, comenzando por los hijitos de los ex presidentes, Alfonsito López y Álvaro Gómez Hurtado: el primero millonario con una cadena de emisoras y el segundo millonario con un periódico a su servicio. Los elegidos continúan jugando en familia el emocionante juego de ser presidentes de la República, en el preciso momento en que nuestro pueblo reclama orientadores honestos, comandantes de la revolución”.

 

Pero, continuemos con nuestra historia. Tulio ejercía la profesión en Manizales en el tiempo que le dejaba la cátedra y pronto con éxito suficiente como para comprarse su primer automóvil, que por no ser nuevo, lo familiarizó con la anatomía y con la fisiología de estos aparatos. Su automotor, si así podía llamarse, ya que no siempre se movía por sí mismo, acabó por familiarizarlo con el gremio de los mecánicos y lo hizo popular con los agentes de Tránsito, los cuales acabaron por ayudarlo a empujar el vehículo en vez de imponerle una multa.

 

 

Fernando González Ochoa - Últimos años (1958 - 1964) • Otraparte.org

La Bambi entre Fernando Gonzalez y Gonzalo Arango

“Entretanto, La Bambi y yo, que habíamos conocido la pasión en la carretera Dabeiba -Turbo e intentado la convivencia en treguas cada vez más cortas entre dos combates, encontramos que eran ciertas las aserciones de Kahlil Gibran: para hallar la divina armonía y para mantener la techumbre de aquel templo, necesitábamos estar separados como las cuerdas del arpa, como las columnas de la pagoda. Decidimos separarnos definitivamente. Esto viene al caso. Porque no te voy a decir si llené la vacante con bacantes o darte cuenta de orgasmos extramatrimoniales a la manera de Lleras Restrepo o gordito Cleofás o de Laureano Gómez o Presbítero Jerónimo. Voy a anotar sencillamente que mi mujer y yo no encontramos aplicables a nuestro caso las causales de separación establecidas en el Código Civil colombiano. Y descubrimos juntos que lo que nos había unido respetablemente, no nos podía desunir respetablemente también. Me refiero a la pasión, al deseo”.

 

Porque en lo que se refiere a la atadura eclesiástica, al llamado sagrado vínculo que torpemente contrajeron, sin otra convicción que la de evitarse problemas, resultó ser un nudo que no podían desatar por no estar este gasto al alcance de sus bolsillos. Un divorcio, con intervención del Pontífice de Roma es cosa cara. Lo cual no es liberal, ni científico ni humano. Pero existe un Concordato en nuestra teocracia colombiana. “Prefiero hablarte de Física. Y decirte que en los colegios de bachillerato se enseñaba entonces que ´la luz son vibraciones muy particulares del éter´. ¿Recuerdas esta definición? Y esta otra, ¿qué la electricidad era un fluido muy particular?”

2 razones por las que Manizales es ejemplo de progreso social en ColombiaManizales

“Nada raro que enseñaran que el matrimonio, un experimento de convivencia, era indisoluble… para los pobres. Todo se enseña todavía. Es el divorcio entre el negocio de vender libros anticuados, con los maravillosos avances de la Física. Un negocio permitido por nuestro Gobierno. Y dirigido por el Señor Obispo. Nosotros descubrimos en 1954 que no había tal éter. Que la luz es materia. Que se puede ver, medir, oír, pesar. Docenas de descubrimientos de este jaez hicimos sobre el agua, sobre mecánica y sobre electricidad.

“Y yo estaba haciendo una revolución sin saberlo. En la Facultad no faltaba quién estuviera susurrando que mis enseñanzas de Física no eran de orientación espiritualista. Y ello en parte, porque el decano, Hermann Bueno Ramírez, era un hombre tan honorable como previsivo: había comprado unas cuantas docenas del texto de Castrillón a fin de que yo los vendiera discretamente para obtener un pequeño lucro destinado a un común amigo que era el Secretario de la Facultad. Por tal operación, apenas una muestra de la ética espiritual, se descubre fácilmente la base común del espiritualismo y del mercantilismo, del conservatismo y del liberalismo, del colombianismo en vigencia. Todo ello sin necesidad de leer a Marx.

“Mi primera clase de Física Médica dejó al margen la antigualla de Castrillón. Desbarató el negocio previsto. Escribí en el tablero una lista de textos modernos, que podían utilizarse con provecho; de los cuales compré un ejemplar disponible en mi casa para prestárselo a los estudiantes pobres. Intuitivamente yo comprendía que la alta cultura debería estar al alcance de los estudiosos, gratuitamente. Aún no me había formulado esa legítima ambición de los colombianos como un irrevocable propósito revolucionario. Tendremos que conquistar, a sangre y fuego, el derecho a aprender, a poseer esos textos que hoy son muy caros y que los estudiantes encontraban más caros aún por la tradición de tomar la enseñanza de la Física como algo muy secundario.

“Es el apego colombiano a lo estático y el temor a lo dinámico. En Colombia enseñan lo que ya no sirve. Lo que ya no enseñan en ninguna otra parte del mundo. Es un desperdicio que se hace del capital humano en estúpidas lecciones anticuadas y en conocimientos erróneos que tan espiritualmente nos vendieron en nuestros colegios. Ello explica la tendencia extranjerizante que, hace por protesta legítima y a veces subconsciente, el estudioso colombiano que logra sobresalir. Se habla de escasez de técnicos y sin embargo hay desertores. La patria les dio solamente mentiras espiritualistas y el Estado es ajeno a la orientación y a la formación. Las tribus indígenas que emigran hacia Venezuela, la tribu que mastica hojas de coca en la Sierra Nevada de Santa Marta, las que se emborrachan a orillas del Orinoco o que fuman yagé en el Vichada, en el Caquetá y en el Putumayo, al menos viven en el mundo maravilloso de Aldous Huxley, ajenas a las angustias de la reflexión.

“Duele saberse colombiano cuando se descubre que como pueblo carecemos de metas y por eso somos difíciles de aglutinar. No nos une sino el espiritualismo, la capacidad de fingir, de engañar y de hacer negocios. El que ha tenido posibilidad de estudiar, en este medio de refinada hipocresía, sabe bien que no existe la honestidad intelectual y si posee una fuerte vocación científica, huye. Sabe que los colombianos somos hijos de curas, nada más.

U. de Caldas, entre las mejores universidades de Colombia según ranking SCImago

“Mi sueño de aquella época era viajar a los Estados Unidos. La carrera científica, la investigación comenzaba a tentarme y si me comprometía en la aventura de enseñar Física Médica, asignatura que no encontró aspirantes a enseñarla entre los médicos de Manizales, fue porque al año siguiente me correspondería dictar la cátedra de Farmacología, que era la que me interesaba. Era una aventura dentro de otra aventura de crear una facultad de medicina. Los antioqueños somos aventureros de nacimiento. Y aunque la palabra, bella palabra, tiene otra acepción con la que pretenden devaluarla y que algún palurdo me aplicó a mí cuando lo del Vichada, el hecho es que te presento una de mis primeras aventuras: enseñar lo que no sabía, Física y después farmacología. Y en 1955 comencé a ser profesor de esta materia tan difícil, de cuyas prácticas experimentales  nada nos había enseñado. Inventé esas prácticas con mis estudiantes, los de mi staff. Con ellos estaba en un restaurante cuando llegó allí el gobernador de Caldas, General Sierra Ochoa y me ofreció a quemarropa la Secretaría de Salud Pública. Acepté. Con mi staff  analicé tres hechos: que el General se había equivocado con mi ancestro conservador, que había una formidable tarea de salud pública por realizar y que como esta será una actividad de corta duración, había que iniciarla de inmediato.

“Elegimos un objetivo: la autenticidad de la leche. Mi puesto tenía una tradición de familia. Desempeñaba un papel dentro del clan. Dos de mis primos me habían antecedido en la posición: Tomas y Roberto Jaramillo Henao. Eso, les ayudó a triunfar. Esto es, a ganar más dinero del que pagaban por el ejercicio del cargo, el cual por lo demás no ejercían. Un simple gafe, al margen de la finalidad específica de una Secretaría que es, según creo, defender la Salud Pública. Conseguí como inspectores a estudiantes de la Facultad de Medicina y empezamos  por el fraude en la leche. Un día pusimos cerco a la ciudad para tratar de impedir el cotidiano asalto a la salud colectiva realizado por gente de buena familia, honorables, distinguidos, influyentes. Realizado por la alta sociedad.

“Descubrimos que en el área urbana de Manizales se vendía algo más del doble de la leche que entraba y no logramos capturar en las calles cabra ni vaca alguna ni sorprender al Padre Hoyos Ocampo dedicado al ordeño en la basílica. Encontramos adulterada la leche ya desde antes de su misterioso aumento de cantidad, es decir que ya venía adulterada al llegar procedente de las haciendas vecinas.

“Una de esas haciendas y uno de los grandes expendios lecheros eran de propiedad del Alcalde de la ciudad. Los responsables fueron cayendo poco a poco. Ya no fueron los pobres, los ignorantes, los acosados, los irresponsables lecheros del suburbio, que apenas si bautizaban por última vez la leche que llegaba ya desvirtuada de las grandes granjas lecheras.

“Ya no fueron los humildes, que por no ser de buena familia tenían que pagar, cuando eran sorprendidos, la famosa multa que se echaban a sus bolsillos los anteriores inspectores. Los acusados ahora fueron los propietarios de haciendas, los Caballeros del Santo Sepulcro, miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl, jefes de los dos partidos tradicionales: los de la Orden de los Intocables. Algunos de esos caballeros traían, y esto fue un hallazgo que me enterneció, una vasija aparte con leche total, íntegra, limpia para un limitado grupo de familias: gente bien. Todas las eminencias locales tuvieron que comparecer ante los jueces. Uno de los notables se asesoró de un abogado y Senador de la República que hizo un memorial objetando mis actuaciones. Se quejaba de que las muestras hubiesen sido tomadas por sorpresa y que se hubieran omitido ciertos trámites del Código Penal. Pero, ignoraba el Código Sanitario, base jurídica de mis actuaciones.

“Las multas que ordené eran convertibles en arresto. Y se presentaron dificultades como la que había que meter a la cárcel por adulterador consuetudinario de la leche a Jorge Botero Restrepo, alcalde de Manizales. De aquella campaña tan vistosa como efímera, se vio una victoria durante una semana, una sola, la única en toda la historia de la ciudad: todas las muestras de leche tomadas sorpresivamente resultaron correctas. Leche verdadera.

“La fulminante campaña sirvió también para que los abogados descubrieran una curiosidad bibliográfica: El Código Sanitario. Bastante anticuado pero que nunca se había aplicado. Que no se enseña en las facultades de medicina ni en las de derecho, que simplemente se escribió para que hubiese leyes. País de leyes. Leyes para violar. Porque la adulteración de alimentos es para la oligarquía un capítulo de la picaresca nacional. Adelanté otras campañas, batallas igualmente quijotescas por la fragilidad del combatiente pertinazmente enfrentado al formidable poder y a la táctica elusiva, cobarde, del monstruo enemigo. Adelanté una campaña contra las ratas. Contra las ratas  noruegas y contra las ratas de La Junta de Beneficencia de Manizales. Voraces roedores, cobardes a la luz del día, ruidosos en la noche, astutos, mañosos, internacionales. Con larga cola de acólitos.

Club Manizales - Sede Centro, +57 6 8841611, a 25-80,, Cra. 23 #252, , Caldas, Colombia

“Estas ratas las conocí en el Club Manizales, en donde se reunía, a guisa de oficina, la Junta de Beneficencia. Que es el mismo gang que funciona en Bogotá, en Medellín, en Cali, en Maicao, en Puerto Leguízamo, en La Tagua. En Manizales tienen una lotería que es municipal por escritura pública y tiene otra serie de propiedades que administra. La tal Junta es en realidad un grupo de parientes, de representantes de las buenas familias, que son dueñas de los latifundios, de las ganaderías, del comercio local, del agua, del pan y del vino. Y, por supuesto, de las vacas lecheras. Todo miembro de esas Juntas no devenga nada. Roba.

“Como Secretario de Salud me correspondía presidir la Junta. Fueron muchas noches en el Club, bajo las aristocráticas arañas de luz amarillenta, las que gasté alelado, no propiamente por las lámparas ni por los tapices ni por las copas de baccarat ni por la engañosa elocuencia de eventuales interlocutores, sino descubriendo lentamente, incrédulamente, la horrenda desnudez de la Patria. A ti, como a mí, nos enseñaron a respetar a los mayores en la sociedad, nos crearon un clisé mental de acatamiento al don Fulano y al doctor Zutano. Y alrededor de la mesa que te estoy evocando estaban precisamente los mayores en edad, y gobierno, porque en cuanto a dignidad… La lotería, las grandes propiedades de la Beneficencia, estaban muy bien administradas según ellos, pero no alcanzaban para pagar médicos, para llevar comida y droga al Hospital, a los boborios y a los orfelinatos.

“Había un hospital Infantil para el cual se hacían pintorescas reuniones, tertulias de damas, costureros de las señoras de la caridad, destinados a darles limosnas a los niños enfermos. Un escarpincito azul, otro rosado, ¡qué lindo! Te resultó lucidísimo el té, querida. ¡Qué hermoso mantelito! Y lo olvidaba, cuatro ampolletas de tiamina, de la última enfermedad de mi marido, creo que hay una pasada, pero… en fin. ¡Formidable! Las esposas de los de la Junta de Beneficencia recogiendo basura para los niños que sus maridos mantienen en la miseria. La Beneficencia no daba pérdidas, daba fabulosas ganancias, que no se invertían en el mejoramiento de los hospitales sino en la compraventa de lotes urbanos. Ganancias que nadie podía controlar porque la Junta es autónoma, un sistema cerrado. Trabajar con un capital ajeno, el nuestro, el de los pobres, aparentemente ad honorem, dejando en los dominios de la caridad las personas necesitadas que deberían beneficiarse de unos dineros, se llama civismo.

“Empero, algunos de nosotros, si somos de buena familia, si poseemos un título profesional o simplemente un grado de instrucción, tenemos oportunidad de… vendernos. De trabajar para ellos y quizás, si les servimos bien, de llegar a ser ricos como ellos. Poderosos sin mérito, ricos sin causa. No es pues de extrañar que a mí me llamen desadaptado y conflictivo. Y aun loco. A mí me dieron las oportunidades. Acaricié inclusive la tentación. Pero luego, no sé exactamente por qué, sentía náuseas imaginándome millonario por los métodos que ellos usan. Me parece inmodesto decirlo, pero creo que soy un patriota. Me duele el pueblo que sufre y me repugna que lo engañen: Me rebelé definitivamente contra el bandolerismo de las buenas familias. En los tiempos que corren no podría aceptar una definición de Patria que no comenzara así: Patria es un pueblo libre y feliz.

“¿Es feliz el pueblo colombiano? ¿Es libre? La única libertad que aquí existe para los pobres es la de morirse de hambre. Los aguerridos luchadores por conquistar la independencia económica, los que con privaciones y con trabajo en un principio y de conocidas maniobras tipo Junta, después, logran sobresalir económicamente, son excepcionales. Un Javier Bayer es tan excepcional como un Tulio Bayer. La diferencia no es sino una filosofía. Javier es mi único hermano en el sentido carnal. Se ha hecho muy notable en su medio de Manizales, por su desaforado amor al dinero y es actualmente millonario. Apenas comenzado el bachillerato dejó sus estudios para trabajar como vendedor de paños y llevar la contabilidad de una fábrica de mosaicos de la que se apoderó dos años después. Desde entonces sus negocios abarcaron una gran gama cada vez más amplia de especulaciones. Los expertos en historia local señalan que su especialidad más productiva fue el haber sido designado secuestre en las sucesiones de algunos parientes acaudalados lo que le dio la oportunidad de apoderarse habilidosamente de varios miles de pesos. Conservador, católico, caballero del Santo Sepulcro, anticomunista, las historias sobre las maniobras financieras que dieron origen a su capital se consideran  mentirosas o de mal gusto y la sociedad manizaleña lo cuenta como uno de los ciudadanos más prominentes que, a partir de cero, puede hoy ostentar la eficacia de las virtudes cristianas honestamente practicadas a lo largo de toda su vida.

“Es pues posible que existan en el mundo libre algunas posibilidades de redención individual. Sólo hay que preguntar ¿A qué precio? A partir de cero se puede llegar a ser rico en Colombia,  decía un inteligente, laborioso y neurótico ingeniero antioqueño que ha hecho una fortuna construyendo carreteras. Lo cual es cierto, pero no a partir de cero. Del cero y del subcero del pueblo raso no hay ni siquiera deseo de partir”.

 

Y añadía Bayer la sarta de conocidos argumentos en contra de nuestro pueblo: que es ignorante, perezoso, apático, indisciplinado, sin ambiciones. Lo cual es cierto en parte. Todos esos son los síntomas y los signos del hambre. Del hambre física y del hambre espiritual.

 

“Y cuando en el caso excepcional del hombre inteligente y de carácter, que gasta toda su vida aprendiendo y practicando los trucos comerciales, que no son otros que el arte de comprar barato y vender caro, de explotar, nuestro hábil y luego habilidoso señor comprabarato y vendecaro hace una fortuna para educar a sus hijos. Te pregunto, Pacho, ¿también en ese caso, como país, no estamos desperdiciando energía, capital humano y del otro? ¿Es justo que se consuma una generación de luchadores individuales, aislados, en esta batalla de ganar dinero necesario a la educación de los hijos? ¿No podrá el Estado hacer que padres e hijos sean, desde ahora, verdaderamente ricos, es decir, que puedan disfrutar de todas las manifestaciones de la vida, que se realicen?

“Y sobre todo, ¿es justo que alguien viva y prospere en actividades que no traen ningún beneficio a la comunidad? ¿Qué no agregan nada al ingenio ni al inteligente esfuerzo humano? ¿Cómo acaparar mercancías, que es el gran negocio de los millonarios colombianos en combinación con los Ministros? ¿Cómo hacer contrabando con los dineros destinados al fomento agrícola? ¿Cómo vender repuestos de automóvil comprados con las divisas ganadas arrojando alimentos al mar? ¿Cómo atender consulta externa en un Seguro Social, recetando vitaminas yanquis para el hambre colombiana y jarabes para la tuberculosis y tranquilizantes a quienes no tienen pan ni techo? ¿No te has preguntado porque son tan costosos y por qué no se fabrican en serie, como los automóviles, los aparatos de rayos X? ¿Y por qué cambian el modelo tan frecuentemente a esos aparatos? Te diré que pagamos por las mercancías más de lo que valen.

“Lo que cuesta hacerlas: materia prima, trabajo del obrero, técnica y tiempo, les confiere un precio muy inferior al que se paga por ella. Lo que el dueño de una fábrica se gana en cada artículo, el mayor valor que cobra por él, es lo que se denomina una plusvalía, algo que sale de un trabajo que no se les paga a los obreros. Otra plusvalía es la que agregan los comerciantes que los venden. Ni el dueño de la fábrica ni el comerciante, han hecho nada para que esos artículos existan en el  mundo o nos sean útiles, a veces invaluables, a todos. Ellos saben muy bien eso. O sino lo intuyen. Por eso son tan educaditos, tan simpáticos, tan corteses, tan solemnes. Y no lo olvides, a veces los presentan como los modelos.

“Los profesionales jóvenes y las jóvenes secretarias hermosas y sin recursos pecuniarios, son el gran prostíbulo de la vida pública colombiana. Los prohombres aman la carne joven de ambos sexos. Quieren que el profesional se les entregue con todo lo que tiene: su ciencia, su talento, su juventud. Si se presenta resistencia, felicitan y adulan, con disimulada ironía, convencidos de antemano de que los pobres se venden, de que todos los profesionales se prostituyen. Es cuestión de precio, piensan siempre. No les cabe en el cerebro la existencia de otros valores. No comprenden que alguien puede quedarse con sus convicciones, con sus sentimientos. Y es porque ellos no tienen sentimientos ni convicciones. Generalmente disponen de un asesor jesuita que les guarda, por así decirlo, sus convicciones, y confunden su egoísmo con los sentimientos. Aparentan, sin embargo, unas y otras. La única convicción que ellos tienen, en su formulación más agresiva, más brutal, más cruel, más sincera y menos elegante, es la de Javier Bayer: La plata manda. Han encontrado a su Dios: el peso. Chanchullos tradicionales. Sobre ellos está edificado el prestigio de gentes que deberían estar en las colonias penales y que son, sin embargo, la clase dirigente. Esto me traumatizó.

“Mi tremenda lucha contra las grotescas fábulas religiosas, contra la transubstanciación, por ejemplo, había pasado hacía ya algún tiempo. Cuando fui Secretario de Salud se apoderó de mí, con idéntica angustia, la sospecha de mi desadaptación: Mi incapacidad de venderme debería tener algún fundamento psicopatológico. Lo normal es sacar siempre provecho de las circunstancias. Tenía algunos confidentes de mi edad: abogados, médicos, ingenieros. Algunos de ellos encontraban detestables todos esos chanchullos. Pero los consideraban inherentes a la vida colombiana. Inevitablemente nuestros. Mis amigos políticos eran otra cosa. Se sabían de memoria El Príncipe de Maquiavelo. Todos admiraban a Fouché. Imitaban el brillante cinismo de los personajes de Oscar Wilde, se sentían, se creían príncipes. Y yo era sencillamente un tonto afortunado, un pobre al que le servían platos apetitosos y se negaba a comerlos. Mi analfabetismo político era tan grande como el tuyo ahora. Pero con la probable diferencia de que el mío era ansioso, vibrante, temperamental. No podía conformarme con la inmoralidad como la norma suprema de la vida. Empero, incidentalmente, ¿cómo orientarse políticamente en un medio en donde la enciclopedia Salvat habla de Marx y sus secuaces y transcribe las obras del filósofo alemán y concluye el capítulo con las disposiciones españolas para combatir el anarquismo?¿En un medio en donde las fiestas autóctonas son una servil imitación de las ferias de Sevilla, España?¿Al mismo tiempo que se muestra odio a la Corona española y se dispone de un enjambre de reinas de todas las cosas: la belleza, la caña, el maíz, el fique?¿Y al mismo tiempo se muestra nostalgia por los Reyes?¿Y al mismo tiempo es de buen gusto hablar inglés, es indispensable haber viajado a Miami, se reniega del yanqui y se dice que la mejor literatura es la francesa sin hablar una palabra de francés? ¡Voilá la folie!

“Orientarse en un medio en el que el Ron Viejo de Caldas, no es ron ni viejo ni de Caldas? ¿En donde el paradigma de las virtudes ciudadanas y de la inteligencia es Fernando Londoño? ¿En donde le mejor escritor del mundo es Silvio Villegas? ¿En donde se habla de todo y no se entiende bien nada? ¿En donde las señoras cuando no tienen que hacer, buscan a Arturito Gómez Jaramillo para hacerlo nombrar otra vez Rector de la Universidad de Caldas, a pesar de que Arturito no sabe a ciencia cierta absolutamente nada de nada? ¿En donde José Vélez es un genio porque fuma marihuana y escribió un libro para contarnos como se arma la chicharra? Los antioqueños de los pueblos, y yo soy un antioqueño de un pueblo de Caldas, necesitamos patrones para entender las cosas. Tal como lo dice el maestro Fernando González. El cura, el boticario, el médico, el bobo del pueblo. Esos son los patrones. Las categorías. De ahí partimos. Si conocemos al Papa, lo comparamos con el padre Mejía, con el Obispo Álvarez Restrepo, y podemos saber así si es más alto, más bajito, más lunarejo, más inteligente, más bruto, más ingenuo, o más marrullero. Los patrones locales no me gustaron. Fue mi paso al marxismo. Destituido de la Secretaría de Salud, continué con mis clases de Farmacología. De la cátedra también iba a ser expulsado. Esta vez no por la Junta, sino por el Coronel Sierra Ochoa”.

BAYER, Tulio – | Diccionario Biográfico de las Izquierdas Latinoamericanas

“Los estudiantes de medicina editaban un periódico que se llamaba Micrótomo. Un día, uno de los estudiantes llegó a mi consultorio a devolverme los diez pesos con los cuales algunos médicos ayudábamos a pagar la edición. No podemos salir. El censor del periódico fue esta vez Sierra Ochoa. Y no dejó pasar el editorial recordando a nuestros muertos del 8 y 9 de junio del año pasado. Leí el artículo rechazado. Es claro, le dije. No te van a dejar pasar un artículo en el que dices que el general Rojas Pinilla, nuestro presidente, es un asesino. Pero… nosotros los médicos tenemos un arma secreta: el vocabulario médico, te escribiré el editorial. Escribí entonces: Hematopoyesis y síndrome de banti. “La sangre, histológicamente concebida, es un tejido en el que ruborizados eritrocitos esperan la orgía del oxígeno y una legión de glóbulos blancos aguardan el momento de ganar la batalla de la infección”, comenzaba el artículo. Y describía luego la matanza de los inocentes estudiantes a manos de los soldados del régimen en términos de función marcial del bazo. El artículo fue reproducido en Bogotá en Intermedio que era de mucha circulación y en Diario Gráfico. Y un colega nuestro, de conformidad al juramento de Hipócrates, no solamente delató al autor sino que se lo tradujo al iracundo coronel Sierra Ochoa. Planeaba por entonces, por la época de la destitución, mi viaje a Boston, Massachusetts. Construí mis sueños futuros sobre la costa de Cape Cod, a la orilla del mar. Si en Colombia era un extraño, un rebelde sin causa, probablemente allá no sentiría dolor por lo que pasaba a su alrededor, sería un sabio raro, un científico”.

100 empresarios - Cámara de Comercio MedellínIgnacio Vélez Escobar

De modo, que olvidó sus preocupaciones sobre los escalofriantes suburbios manizalitas. Olvidó los chanchullos inspirados en la moral tradicional de los colombianos, olvidó los perros rabiosos y las ratas de los basureros y las ratas humanas del Club Manizales en danza sobre el gran queso presupuestal. La enseñanza médica funciona de acuerdo con el precepto inaugurado por Braulio Henao Mejía, decano de la facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, según el cual los pobres y los negros no son aptos para estudiar medicina. Esta notable declaración lo había lanzado a la huelga cuando estaba terminando la carrera. Ignacio Vélez Escobar, que sucedió a Braulio Henao, que luego fue Rector y Gobernador, ha sido el abanderado de la reforma de los estudios médicos, cuyo principio fundamental es precisamente impedir que estudien los pobres y los negros.

La enseñanza médica en Colombia funciona con este precepto, derivado de la influencia yanqui con el propósito de convertir nuestras facultades en copias de Tulane University. La educación médica es un calco servil, la investigación es una caricatura para descrestar incautos, un modo de deslumbrar Obispos y ricachones.

 

“Te regalo, pues, Pacho, la investigación científica colombiana, con todos sus burdos experimentos en carne humana, con sus lagartos y latifundistas, con todos sus caimanes y sus cruces de Boyacá, con todos los ex vendedores de repuestos de máquinas Singer metidos a diseñar nuevas drogas genéricas, con sus agentes visitadores de médicos que nos enseñan cómo curar a nuestros enfermos, con todos sus secretos para curar las enfermedades que no han podido curarse en otras partes del mundo, con todas las técnicas de Bonilla, con todos los grandes descubrimientos de Kalman Mezey, con los asombrosos hallazgos científicos del profesor Piringer, con los papers de todos los masters y de los submasters, con las bendiciones del Cardenal Concha, con las murallas de piedra, de sangre, de cal y de historia que nos separa de los Estados Unidos”.

 

En Harvard Medical School, donde estudió, las investigaciones están financiadas por grandes monopolios, por casas fabricantes de drogas que explotan en mayor o menor grado la ignorancia colectiva. También está financiada por todos los potentados del mundo libre. Estos archimillonarios son los que hacen los hospitales, las universidades y los frenocomios, tanto como los enfermos que van a habitarlos. Es este el modo que tratan de implantar en gran escala, Ignacio Vélez Escobar y sus secuaces.

QUIÉN FUE ERNESTO GUTIÉRREZ ARANGO ? – Tintiando

Ernesto Gutiérrez Arango,

Su primer invierno en Estados Unidos le sirvió para hacer dos descubrimientos fundamentales en su vida: que amaba la Patria y que en cualquier latitud del mundo donde estuviera, tendría que luchar contra las Juntas. Además de este par de elementales descubrimientos, su viaje a USA resultó rico en claridades ideológicas. Puede decir como José Martí que vivió en el vientre del monstruo. Una carta de Ernesto Gutiérrez Arango, decano de la Facultad de Medicina lo invitó por aquel tiempo a regresar a Colombia. Se entusiasmó con la idea de hacer avanzar, con todas las limitaciones previstas, la experimentación científica en el país. En 1957 de vuelta a Colombia, era nada menos que Coordinador científico de ciencias básicas en Manizales, le correspondía poner en concordancia los programas de Física Médica, Biología, Bioquímica, Fisiología y Farmacología, organizar las prácticas de laboratorio para evitar las conocidas repeticiones y omisiones.

Dedicado a estas tareas, olvidó por completo las Juntas de Beneficencia y hasta el análisis de que una actividad como la investigación científica no puede florecer en un país dependiente. Existe como servil imitación de los yanquis y en campos que exclusivamente a ellos interesan. La investigación científica es un privilegio y quienes la dirigen y administran son los Estados Unidos. Ellos requieren obreros despersonalizados y no personalidades científicas. El otro camino es para talentos con aptitudes en el arte dramático. Es el camino de los Shows, del perro de dos cabezas de Bonilla Naar y de las lombrices de Piringer. Es volverse sabio para nuestra sociedad, para nuestra alta burguesía, para nuestro desprevenido gobierno. Y aún para un público que se supone informado y que no siempre lo está, como es el de los estudiantes de medicina, los médicos que dejaron de estudiar hace 20 años, las monjas con mucha experiencia y los visitadores médicos. Ese sabio existe.

alfonso bonilla naar - Iberlibro

Ese sabio deslumbra a Calibán. Éste escribió en El Tiempo sobre Bonilla Naar que

 

“es el cirujano más audaz y más afortunado de la joven medicina colombiana. Es el que con el escalpelo en la mano, hace maravillas. Y que lo mismo maneja el viejo corazón humano y hace con él cosas que antes, reservadas a los dioses, han pasado a ser uno de sus trabajos. Es el que corta cabezas de perro, que separadas del cuerpo siguen viviendo y las injerta en otros cuerpos. Es el miembro de muchas sociedades científicas de Colombia y de Cirugía e Historia del continente y dueño, además, de 86 títulos científicos”.

 

Y estas frases, publicadas en el primer fabricante de la opinión pública, las escribió el propio Bonilla Naar; se las mostró un día en el laboratorio CUP, y le rogó el favor de pasarlas a máquina, servicio que le prestó a cambio de que lo llevara al centro de Bogotá en su automóvil. Hay pues centenares de miles de colombianos, inclusive médicos, que creen que Bonilla Naar hizo realmente un injerto exitoso de sistema nervioso, porque Calibán lo dijo en El Tiempo. “Nadie puede aspirar aquí a servir honestamente los intereses del país en calidad de científico. La propia calidad de tal lo coloca en la órbita extranjera. Si no puede amar los negocios y las trapacerías del llamado mundo libre, ni convertirse en modesta máquina alemana de resolver algunos problemas sometiéndose a todos los climas morales y espirituales, es mejor hacer lo que hacen los militares: ir al sur. Aislarse en la selva”.

De Coordinador de Ciencias Básicas, fue a parar a las selvas amazónicas. Fue como los militares, porque tocaba ir. Fue porque lo echaron de la Facultad de Medicina, lo echaron de Manizales, lo expulsaron del II Congreso de Educación Médica en Medellín, bajo la presencia de Ignacio Vélez Escobar, que era el presidente del evento. En 1958 hizo, a la sombra de la Armada Nacional, verdaderamente a la sombra porque afuera en la sombra de la cámara de oficiales de la Base Naval hace un calor infernal, su temporada de sur, su curso de sur como dicen los oficiales. Puerto Leguízamo, a la orilla del Putumayo. Conoció la carretera Puerto Leguízamo-La Tagua, sobre un resbaladizo barro amarillo, carretera que no está hecha, pero que ha costado hasta ahora un millón de pesos por kilómetro. Voló mucho en Beechrafts con los jóvenes oficiales de la Fuerza Aérea. Conoció las orillas del Putumayo que son el verdadero infierno verde. Que debe ser muy del gusto de los inquisidores manizalitas, por las penalidades que tienen que soportar allí los enemigos de la sociedad que no pueden quemar en la hoguera.

Y es porque fue la sociedad de Manizales, los de la Junta, los del Club, la que lo empujó al infierno verde. Cometió un delito que no puede cometerse impunemente si no se es socio del clan, afiliado a la ganadería Dosgutiérrez y si no consulta previamente con el padre Hoyos: casarse con una prostituta.

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“Casarse por el rito humano, el único posible en mi caso. Y yo me casé con una prostituta que se llamaba Josefina Butler. Pese a su apellido extranjero era bien criolla y hasta creo que ese apellido era su nombre de guerra. No el que ella me dio, sino el que yo le puse desde que la conocí. No era en todo caso Made in USA, ni rubia como Claudia, sino morena, y el crimen fue en el Club Manizales”. Llevó a Josefina al Club el día Panamericano del Médico. Desde su regreso de los Estados Unidos, la rosca municipal, sin que lo presintiera, ardía en deseos de cobrar su turbio pasado de persecución a los adulteradores de la leche y sus reparos al enriquecimiento ilícito con los dineros de la Beneficencia. Solapadamente le reprochaban a Ernesto Gutiérrez por haberlo traído de Estados Unidos.

Se acercaba, por otra parte, las elecciones en las que por primera vez participaría la mujer colombiana. Bayer había expresado muchas veces que la mujer misma debería volver por sus fueros en relación con la prostitución, considerada entre nosotros como profesión, una de las profesiones de la mujer colombiana. Se estaba haciendo evidente que su prestigio en la Facultad volvería a ser un peligro para la sociedad y para la Junta y ello por muchos factores, entre ellos porque la organización de las Ciencias Básicas le dio oportunidad de ponerle freno a ciertos profesores que devengaban sueldos de tiempo completo y que no asistían a la Facultad sino media hora diaria. A ciertos profesores que eran acaudaladas nulidades a punto de naufragar: o enseñaban Medicina o se dedicaban al ejercicio privado de la profesión. El dilema para los inculpados de no estar cumpliendo su deber no era otro que sacrificar sus ganancias en el consultorio, dedicarse a estudiar y asistir a la Facultad o liquidarse de alguna forma. Buscaron, pues, ponerle una cascarita como se dice entre ellos, esto es, un pretexto.

Era consciente hasta cierto punto de una situación de tirantez, pero creía muy ingenuamente que su consagración al trabajo, el cumplimiento de sus obligaciones que rebasaba con mucho los límites estipulados en el contrato, lo pondría al abrigo de perder el puesto por intrigas. Asistió a la fiesta del Club acompañado de Josefina. Pensaba convertirla en una lideresa. Tenía para ello juventud y belleza, una cultura superior al promedio, una conciencia muy clara de su calidad de demi-mondaine y del mecanismo que hace en Colombia la prostitución. Y no era una irrespetuosa. Era simplemente un discreto número grecoquimbaya. “Una tiene que hacer esta vida para comprarle leche al niño. Y también un triciclo en la Navidad, como a cualquier oligarquita. Porque si el niño no tuvo padre, tendrá madre, así sea una puta”. Josefina se asustó cuando la invitó a la comida al Club. “Si nos descubren se armará un zafarrancho”, dijo. “¿Te conocen muchos de los médicos?”, inquirió. “No. Uno o dos, pero mi amor… eso fue antes, mucho antes”. “Ven. Si dicen algo les daremos una explicación preelectoral sorprendente. Además, si te conocen como médicos, no podrán delatarte. Y tengo que darte una explicación sobre una palabra nueva que veo que no comprendes”.

Y ella llegó vestida de negro. Strapless con chaquetica encima y un collar blanco. La esperó en el bar de un restaurante contiguo. Le explicó el significado de la palabra fetichismo y entraron. Echó una mirada y por un momento le pareció que otros colegas habían hecho lo mismo que él, pero más atrevida, más audazmente; amplios escotes, pechos agresivamente erectos, caras prematuramente marchitas, bocas exageradamente pintadas, rictus amargos, ojeras lilas. Eran sus esposas legítimas. Ella le preguntó en voz baja: “¿Qué tal hago el papel de señora bien? “Muy bien. Quítate la chaquetilla”.

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No quiso quitársela. Tal vez esto despertó sospechas. También su alegría infantil que se pintaba en la carita, mientras tomaba con elegancia la cucharilla del postre y curioseaba la vajilla y miraba con discreción a los invitados de la mesa vecina. De allí salieron a las once y media de la noche. La llevó a su casa y se fue a trabajar un par de horas en la traducción de un Manual de Prácticas de Farmacología que había traído de Harvard. Dos días después recibió otra carta de Ernesto Gutiérrez. Ésta no olía a Patria. Era la voz de la sinagoga. Decía que “por las razones que Usted conoce, el Consejo Directivo de la Universidad de Caldas resolvió cancelarle el contrato de trabajo con la Facultad de Medicina”. Y agregaba que debía dar por cancelada la invitación para representar a la Facultad en el II Congreso de Educación Médica  que se iba a reunir en Medellín. Por lo que sabemos. ¿No podían consignarse en la nota esas razones? ¿Por qué? La decisión lo sorprendió. Lo del Club era un pretexto. Como tal no se podía esgrimir oficialmente, expresarlo por escrito y mucho menos el Decano, uno de cuyos escrúpulos sería que su propio hermano está casado con una conocida prostituta. Esto de que por lo que sabemos, le ocurrió en toda su vida pública, inclusive en la definición de la situación jurídica sobre la guerrilla del Vichada, definición mil veces solicitada y que nunca llegó a hacerse. No le faltó un consejero sietemesino que le dijera que confesara que había hecho la invitación a la muchacha porque estaba borracho. Le respondió que no sólo no lo estaba sino que había asistido con su esposa. El consejero era un enviado del Consejo Directivo. Su afirmación provocó confusión entre los inquisidores. Por ello retardaron la decisión. Algunos no habían asistido a la comida, y otros que sí, no observaron nada anormal. En consecuencia, si ella era su esposa legítima, no podían cancelarle el contrato. Si no lo era, el Consejo Directivo creía que sí era lícito cancelarlo.

Socialmente, en el medio de la Junta de Beneficencia, iba a encontrar aplausos esta medida, íntimo regocijo y era la salvación de los profesores que no asistían a sus clases. A esos profesores los favorecía el silencio de amigos temerosos de ponerse en contra del Sanedrín, de la sinagoga, del padre Hoyos, de la ganadería DosGutiérrez y de la Junta de Beneficencia. Comprobar si la muchacha era o no una prostituta fue una tarea que se les encomendó a miembros del Honorable Consejo Directivo. Pero también se hizo una consulta a un profesor yanqui de Tulane University que visitaba por entonces: ¿Qué harían ustedes en un caso semejante? Esto  lo contó Ernesto Gutiérrez, ingenuamente, que el concepto del profesor yanqui fue desfavorable y definitivo. La calidad de prostituta de Josefina se comprobó por el testimonio dado por dos colegas suyos, es decir médicos, que habían sido amigos de ella de dos maneras diferentes: el uno como pediatra en una consulta de su hijo; y el otro como ginecólogo. Es decir, en función del secreto profesional.

The Praying Feminist: Josephine Butler, a pioneer of first wave feminism, sacrificed her respectability to fight for prostitutes – because of her Christian faith. by Sarah C. Williams

Fundó en Manizales el Comité de Rehabilitación de la Mujer Colombiana Prostituida. El consultorio se fue llenando de profesionales jóvenes, de estudiantes que ayudaron a estudiar los problemas técnicos para intentar una reforma legal. Pese al sordo rechazo de la sociedad, el Comité alcanzó a elaborar las asombrosas estadísticas de las mujeres inscritas como prostitutas. Asombrosas, sin citar números, ni cifras, porque ésta no es una carta de números sino de génesis. La génesis de una pasión política y la génesis de mis éxodos. Asombrosas estadísticas porque la mayoría eran niñas menores de edad, es decir, sin derechos políticos, pero ya diplomadas para ejercer la profesión. Menores de edad que deberían estar bajo la responsabilidad de sus padres o del Estado colombiano.

El Estado colombiano, que no es solamente el Estado cantinero sino el Estado celestino. Asombrosas porque la casi totalidad de las muchachas explotadas por las celestinas, chantajeadas por la policía, chantajeadas por los funcionarios de salud, deseaban ardientemente salir de su situación de conflicto. El Comité de Rehabilitación hubo de acabarse. A Josefina Butler la localizaron los funcionarios de Salud y la obligaron a inscribirse como prostituta. Eso aumentó su furia. Y la canalizó aún más a una rebeldía estéril. Al tiempo, su residencia-consultorio fue saqueada. Una noche, al regresar de un cine, se halló ante su única propiedad privada en el mundo: un fiel Volkswagen con el cual había recorrido 60 mil kilómetros de Patria. El matrimonio con Josefina Butler no resistió la prueba experimental. Ella no estaba templada para líder. “Pero era, es mi amiga, y como soy un romántico, fui a despedirme de ella con mis últimos 50 pesos en el bolsillo”.

En una colina, desde el cafetín esquinero de un suburbio, contemplaron el amado Manizales, la ciudadela más pintoresca, más hermosa en sus contrastes, más representativa y más digna de estudio de toda Colombia. Allí se despidieron. Esta vez con proletarios brindis de cerveza en vasos desiguales. “Recordando los versos del Eclesiastés, mezclamos a la presentida nostalgia de amantes singulares, el sentimiento solidario de una aventura en común: haberle dado un latigazo en la cara a la hipocresía del hampa dirigente”. Aunque ello trajera miseria y persecución para él. Para ella el desenlace fue feliz: se popularizó. Aumentó su clientela. En Pereira vendió el automóvil. Ocho días después estaba en Florencia, Caquetá, feudo de los Laras. Larandia. Poco después de llegar hizo la autopsia de un sujeto que comenzaba a podrirse en el hospital local. Pasó revista a los demás enfermos de su cuenta y riesgo.  Días después lo nombraron médico de Puerto Leguízamo.

“Nueva comprobación, Pacho: esta es una Patria hendida, partida, fracturada, despersonalizada. Es una esquizofrenia. Una disociación intelectual y afectiva. El civilote es distinto del militar. El militar es distinto del civil. Las escuelitas rurales nada tienen que ver con la Armada. Esa no es la Patria. Tampoco lo es la sanidad civil para un médico militar y viceversa. No es división del trabajo. Es contienda. No es emulación. Es canibalismo. La Iglesia Católica y el Estado son una misma cosa. Roma tiene más poder que Bogotá en los Territorios Nacionales. Por Concordato, Colombia es una falsa república dentro de una monarquía. La ensalada verbal, típica de la esquizofrenia está en que la República esté consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, habiendo libertad de cultos y que el cardenal Concha devengue sueldo del Estado con rango de Presidente. No sólo nos sometemos al Vaticano sino que lo financiamos para que coarte nuestra soberanía.

“Profunda alteración afectiva: el corazón de la Patria está en el pueblo que lo da generosamente todo: soldados, campesinos, obreros, profesionales. Pero el cerebro está en la oligarquía que lo desprecia todo, si no conviene a los personales intereses del clan. Ellos son los Gerentes y los Generales. País nacional, país político, paludismo conservador, paludismo liberal, como dijera Gaitán, anotando los grandes síntomas del cuadro clínico. Solo le faltó llamarlo por su nombre: esquizofrenia. Proclamo pues, que el país padece de esquizofrenia y que ella hace parte del síndrome de la colombianitud”.

 

Del remoto Puerto Leguízamo lo sacó un marconigrama de Kalman Mezey, director científico de los entonces llamados laboratorios CUP S.A. Sus operaciones financieras de despedida fueron breves: vendió pesarosamente una tigresa que dormía a los pies de su hamaca. Y puso en libertad un hermoso ejemplar de macabrel, una serpiente dorada que había mudado su piel y puesto 17 huevos en cautiverio. Alelado, volvió a ver a Bogotá como quien sale de una pesadilla. Llegó todavía con sus rotos pantalones kaki, con su chaqueta de explorador, el cuchillo de cacería al cinto. Era el 31 de diciembre de 1957. Estaba feliz, su porvenir volvía a despejarse. Pensaba que su interrumpida carrera de farmacólogo estaba asegurada en un laboratorio que llevaba el nombre de ese ilustre sabio, paisano suyo, César Uribe Piedrahita. Su vida estuvo dedicada al cultivo de la ciencia y de la belleza y su obra ostensible, CUP, no podía ser otra cosa que la continuación de su meritorio trabajo en bien de Colombia. Pensaba que bajo la dirección de ese otro sabio, como creía que era Mesey, su futuro científico iba a ser brillante. Y más que brillante, útil al país. El Instituto de Investigaciones Científicas, adscrito al CUP debía ser algo maravilloso.

César Uribe Piedrahita | Fondo de Cultura Económica - Colombia

Se estremecía de gozo pensando en el oficio que en realidad había elegido en su vida. No pensaba siquiera en el salario. Encantador, magnífico, maravilloso, fantástico esos son los adjetivos, no galicados, disponibles para cualquier visitante desprevenido a quien se lleva a conocer el laboratorio. Inclusive para el visitante de una comisión investigadora. Lo malo es que todos esos adjetivos hacen historia. Si los consigna cualquier General Jefe Supremo, que visitó el laboratorio cuando era presidente y al que le dejaron una página entera en El Libro de Oro de los Visitantes, condecoran a Mezey con la Cruz de Boyacá por sus trabajos científicos en desarrollo de la ciencia  nacional y su meritorio esfuerzo en la creación de la industria farmacéutica colombiana. Y de paso, le permiten al laboratorio una serie de importaciones de materia prima en condiciones privilegiadas.

Cuando cae el general Rojas esconden ese libro. Compran otro para los ilustres visitantes. Le corresponde la página entera al más grande de los peces gordos de la política que pueda pescar el Jefe de Relaciones Públicas. Cazan por ejemplo, a Julio César Turbay. Y Julio César, tan ajeno a la Física, a la Química y a la Farmacología como lo es a la honestidad mental, escribe que el laboratorio desempeña una función importantísima en la vida nacional. Y lo de que allí se deriva es otro chanchullo, asaltando a hombres importantes que ignoran en absoluto la intimidad de aquel mundo fascinante. Por supuesto, CUP S.A. aprendió a llevar al Gobierno a Ministros de Estado de sus propias filas, como ocurrió con Joaquín Vallejo, con lo cual se ahorran el show, el whisky y el libro de oro.

TULIO BAYER Y LA CARRETERA AL MAR

“Lejos de asignarme una tarea específica, Mezey pareció interesarse en mis propias inquietudes. Me di cuenta de que no existían los medios de emprender una investigación farmacológica seria. Mucho menos dentro del ambicioso plan general, propagado para los crédulos en los folletos de propaganda, de estudiar y de descubrir sistemáticamente, los principios activos de las plantas colombianas. La triste mentira de que CUP estaba dedicado al estudio de nuestra flora. Al Laboratorio llegaban plantas de todo el país. A veces en forma imposible de investigar ni botánica ni químicamente. Llegaban con cartas de entusiastas boticarios, de médicos, de estudiantes. Llegaban con su respectivo cuento o leyenda. Entre estos envíos bien podía haber alguno con una oculta o quizás muy importante verdad. Este había sido uno de los sueños de César Uribe Piedrahita y el Laboratorio seguía explotando la creencia de que las investigaciones farmacológicas comenzadas por él, continuaban. Pero no tenía ningún interés en desarrollar ese patriótico plan”.

 

El Profesor Piringer respondía estas cartas, agradeciendo el envío y diciendo que se había abierto una investigación. Hay 14 caminos conocidos hasta ahora para llegar a una nueva droga. A un nuevo remedio. Uno de esos, el más conocido, el más antiguo, el más histórico es a partir de las propiedades que el vulgo atribuye a ciertas plantas. Así descubrieron entre otras la digital y la quinina, por ejemplo. Para seguir solamente este camino, que es el más primitivo y ello no en todas las plantas misteriosas de Colombia, sino en algunas por año, se requeriría transformar a CUP en un verdadero laboratorio de investigación farmacodinámica, en una pequeña universidad destinada a este fin.

Pero CUP no dedicaría ya tiempo a estas niñerías, habiendo negocios grandes para hacer, nada menos que el tercer negocio en millones de pesos: la especulación con los medicamentos. Para lograr lo que César Uribe soñaba, será necesaria primero una revolución.

 

“Con esto quiero decir que CUP no era  otra cosa que una casa productora de una sola droga: la emetina. Es la única de origen y producción exclusivamente colombiana, trabajo que se hace a partir de la raicilla o ipecacuana colombiana. Tal producto se debe al tenaz esfuerzo de César Uribe Piedrahita, en la época en la que los soldados colombianos trasladados al sur cuando el llamado conflicto con el Perú, morían de diarrea en nuestras selvas. Lo demás que había en CUP, es maquinaria para envasar los productos a partir de materias primas o semielaboradas que venían de los Estados Unidos. Este CUP  era el cuartel general de la especulación con medicinas. Por tanto, el único químico al servicio de la empresa, dedicaba su tiempo al asunto de la emetina, a los chequeos de algunos productos. No estaba al servicio de ninguna investigación científica. Tampoco lo estaba el resto de empleados: un bacteriólogo, un químico-farmaceuta que de conformidad con una cierta legislación colombiana tiene que estar al frente de los laboratorios de producción de los laboratorios, aunque nada tenga que ver con la química ni con la técnica farmacéutica de tales productos”.

 

Todo era un sueño de César Uribe, que por su contenido humano y patriótico encontró el aplauso de muchas gentes y el natural interés del Gobierno. Y fue Mezey, utilizando los estudios de Uribe Piedrahita, el que publicó, ya muerto César y con fines de propaganda, unos trabajos sobre la digital y sobre la rawolfia colombiana, en los que se daba por hecho que los laboratorios CUP extraían estos productos de plantas, lo que en realidad no ha ocurrido jamás. Esta falsa propaganda nacionalista, hábilmente dirigida por Mesey con capital de los mercaderes antioqueños que compraron a CUP, esto es: un nombre, una honestidad, un prestigio, dio por resultado que Mezey fuese condecorado con la Cruz de Boyacá por su contribución al avance de la ciencia y que la empresa obtuviera grandes privilegios.

Se dedicó, además, a la piratería, que es usual en este tipo de negocios, al sacar al mercado, similares, las mezclas de moda, para participar en la puja comercial. Resumiendo: El Instituto de Investigaciones Científicas de CUP eran dos cuartos: en el uno hacía poemas o descuartizaba perros Bonilla Naar y en el otro, Bayer procuraba, al principio, intentar alguna investigación. ¿Una investigación a partir de agua corriente y de una idea? “Es bien posible, Pacho. Le ha ocurrido a los genios encontrar así cosas fundamentales. El glucógeno en el hígado o la circulación en las venas se demostraron con experimentos de una pasmosa sencillez. Pero yo no soy un genio”. Y lo que ocurría en CUP y por eso lo llamaron, era que necesitaban un reemplazo para Mezey, que ya enriquecido en Colombia, se preparaba para instalarse en los Estados Unidos, en una posición de mayor envergadura comercial, nada menos que la propaganda en español de las drogas que USA vende a Latinoamérica.

La posición de Director Científico quedaba vacante. Era preciso llenarla con un sujeto que tuviera el curriculum vitae que Tulio podía exhibir: postgraduado de Harvard, ex profesor universitario, etc. Y que estuviera en un estado económico en el que pudiesen manejarme. Entendió entonces, por qué Mezey lo buscó por todo el país hasta localizarlo en Puerto Leguizamo: ¡Quizás yo fuese el científico domesticado que necesitaban! Fue reemplazando a Mezey poco a poco, hasta que llegó a sustituirlo en todas sus funciones: presidía las reuniones de los sábados, asistía como asesor científico a las reuniones del departamento comercial los lunes. Dictaba conferencias, hacía bioensayos con las preparaciones de digital del Laboratorio, etc. Entre esos etcéteras hacía algunas prácticas de farmacología experimental para ilustrar a los visitadores de médicos sobre fisiología y para no perder el entrenamiento, pero no podía aspirar a hacer investigación científica seria, puesto que nadie estaba interesado en apoyarla. Pero hay que decir que las palmas se las llevaban los grandes shows quirúrgicos de Bonilla Naar destinados  a las grandes ocasiones y que, a pesar de resultar bastantes costosos y de ser absolutamente nulos desde el punto de vista científico, satisfacían plenamente el propósito del Gerente de dar un espectáculo que dejara estupefactos a los asistentes.

Dadas las quejas y reclamos que le tocaba escuchar de boca de los visitadores de médicos sobre los productos de nuestro laboratorio, se le ocurrió que tenía a mano una tarea interesante: la evaluación de los propios productos de CUP. Y comenzó a usar sus preparaciones para el bioensayo y la comprobación de los efectos farmacodinámicos de nuestros remedios. Experto ya en sabatinas y en lunetinas, se dedicó a escarbar en la miercolina de lo que se fabricaba en CUP.

Tábano apenas sobre el lomo del monstruo, en desenfrenada carrera por ganar en Colombia todas las batallas de la venta de drogas, saltando por encima de todas las vallas científicas, técnicas, patrióticas y por supuesto, morales, se vio, un día, reemplazando a Mezey, en el habilidoso oficio que le repugnaba profundamente. ¡Qué lejos estaba este doloso trabajo de lo yo había soñado al regresar de la selva! La presencia de Mezey al menos equilibraba las fuerzas, no lo comprometía   directamente en el siniestro negocio. Sospechó que Mezey comprendió en pocos días que  no era el hombre para venderse a ningún monopolio y que esto le causó un cierto impacto en su coraza de negociante. No hubiese querido presentarse como era, ante un ingenuo como él, que había llegado al Laboratorio admirándolo como científico honesto, continuador de la obra de César Uribe.

Pero ya se ha dicho que no se puede aparentar durante mucho tiempo lo que no es y pensativo, casi trágico, poco antes de tomar el avión para los Estados Unidos, Mezey lo llamó aparte para decirle: “Yo creo que la vida lo ha colocado a usted, tal vez por última vez, ante la posibilidad de salir adelante. Es preciso meditar, porque se vive solamente una vez, el tiempo es vida y no debe malgastarse en quijoterías”. “¿Cómo el control de las drogas?”, le dijo sonriendo. “El control de los medicamentos es cuestión de Estado. Y es preciso elegir: trabaja con nosotros o con el Estado”, dijo. Y el gánster dijo adiós.

Joaquín Vallejo Arbeláez - WikipediaJoaquin Vallejo Arbelaez

Maître d’Hotel, con librea de CUP, adornada con un escudo de Harvard y una breve historia de profesor universitario, se sentía incómodo en el laboratorio. Mucho más incómodo cuando Joaquín Vallejo, gerente de Droguerías Aliadas, se posesionó durante unas vacaciones del Ministerio de Fomento. Éste controlaba la importación de las materias primas para la fabricación de drogas, concedía las llamadas patentes y los nombres registrados de todos los productos comerciales. Era clave para resolver los problemas de patentes pendientes y de licencias  que necesitaba el laboratorio. Cuando instalaron uno de los siete teléfonos ministeriales de Vallejo, en una de las oficinas de CUP contigua  a la gerencia y la destinaron una secretaria de confianza, especialmente a atenderlo para estar al tanto de secretos ministeriales sobre importación y exportación y otros negocios, se sintió por primera vez, por única vez en su vida, haciendo parte de una asociación para delinquir.

“A pesar de que yo no era sino un asalariado del gang, era sin embargo un asalariado que no podía negar su participación indirecta en un negocio sucio”. Ello explica que en uno de los largos interrogatorios a los que fue sometido durante su prisión años después, le hubiese dicho de repente a uno de sus jueces que sí había estado en una asociación para delinquir. Y cuando alistaron grabadora y máquina de escribir, les habló largamente de CUP. No del Vichada.

Mercaderes de Estados Unidos venden unas materias primas para elaboración de drogas, a otros mercaderes colombianos sin responsabilidad alguna ante el Estado colombiano. Un negocio privado. Pero amparado por el Estado, con privilegios en la importación, por tratarse de salud para el pueblo, según dicen. CUP, VAP, McKesson, OFA o cualquier otro laboratorio similar ponen a un sabio tan dudoso como Piringer a envasar esos polvos, con el codo del Rey Arturo como norma. Meten esos polvos en legiones de frasquitos iguales, todos ellos hechos en Estados Unidos, muy bonitos por cierto. Los rotulan. Le ponen Industria Colombiana, les asignan un número de unidades, su potencia, sin que nadie en Colombia, verifique si esa afirmación es cierta o falsa. Después le agregan papelitos en los que hablan maravillas de lo que contienen esos frasquitos. Y mandan imprimir una verdadera cascada de secantes, de folletos multicolores, de catálogos destinados a hacer propaganda ante los médicos. ¡He aquí nuestra industria de medicamentos nacionales, para ahorrarle divisas al país y poner los remedios al alcance del pueblo! Pero he aquí que también se movilizan todas las influencias, además del cohecho, para vender esos frasquitos a las instituciones oficiales y semioficiales, a los hospitales y beneficencias, a la policía, al ejército. Y se utilizan todos los canales de expresión para hacer que el público los compre.

El tema para la gran novela social sería el de cómo fabrican las drogas en nuestro desgraciado país dependiente. No sólo CUP. Si tomara como ejemplo a VAP o los laboratorios Ríos que cerró en Manizales cuando fue Secretario de Salud o a los de Califa, la gran novela sería ya picaresca.

VAP tiene una cadena de recogedores de frasquitos, de rótulos, de empaques, además de una pequeña imprenta y unas máquinas empastilladoras. Cambiar los rótulos de frasquitos de penicilina extranjeros con un bajo contenido de unidades por rótulos que indican un mayor contenido, ha sido un hermoso negocio. Y por el estilo, falsifica los remedios que están en boga. ¡Les quedan igualitos a los extranjeros! Pero estos son Ginesillos de Pasamonte, pequeños bandoleros, hamponcitos. Al paso que CUP es de buena familia. Ha sido condecorado con la Cruz de Boyacá y sus propietarios son Ministros de Estado.

“Si uno, Pacho, no desea fosilizarse, tiene que volver al pasado, pero no convirtiéndose en estatua de sal, sino rememorando para filosofar, para crear hábitos nuevos, no para divagar y declararse vencido.

“Lo grave no es que crezca la próstata, sino que con los años se empequeñezca el entendimiento, que comience a mirarse el mundo por una sola ventana, cuando no es, como los proctólogos, y no me refiero solamente a Ignacio Vélez Escobar, por un solo agujero”.

Lo despidieron de CUP. Regresó al café El Automático donde gastaba parte de su sueldo con poetas, músicos y pintores. Allí les refirió las causas de la salida. Entre los contertulios había periodistas del semanario La Calle, cercano al Movimiento revolucionario liberal, MRL, que comandaba López Michelsen, que se entusiasmaron con la denuncia de estos hechos criminales. Entrevista y fotos que nunca publicaron por la sencilla razón de que existían intereses comunes entre ellos, el semanario y CUP.

 

Otros periodistas, entre ellos, Felipe González Toledo, que trabajó al servicio de El Tiempo, arriesgaron una pequeña empresa, la revista Sucesos, y publicaron la entrevista. La denuncia fue rotunda: Todos los Laboratorios colombianos son deshonestos. No existe organismo de control de drogas, alimentos y cosméticos en Colombia. Afirmación que sigue siendo hoy cierta. Y al desempleo. Esta una palabra que adquiere alma cuando se la ha vivido. Por lo demás, no creía que existiera realmente La mano negra. Pensó que los ricos se defenderían, pero no que estaban organizados para aplastarnos, como realmente lo están. No lo aceptaron como médico en la beneficencia de Bogotá porque necesitaban a un conservador por aquello de la paridad política. Se presentó como liberal. Malparidad política: paludismo conservador, paludismo liberal. Fue descendiendo de hoteles. Del Continental al San Francisco. De allí a una pensioncita del suburbio. De la consulta de empleados de los almacenes LEY también lo expulsaron. Luis Echavarría, que era también de la Junta Directiva de CUP, se enteró que iba a atender a los empleados. Que les había hecho perder mucho dinero con la denuncia de Sucesos, que esa negramenta tenía ya muchas garantías, etc.

Conoció a sus colegas del hambre y ellos mismos le enseñaron a diferenciar al auténtico, al falso perseguido, al perezoso, al cobarde, al aliado de los hambreadores, al muertodehambre, al pícaro, al hambriento rico con un diagnóstico de úlcera gástrica. La música se oye mejor con hambre. Es mucho más hermosa durante el ayuno.

Historia de la agencia Colombia Press contada por Pepe Romero | Columna VIPPepe Romero

Desesperado, acudió una tarde a una oficina que queda en el tercer piso del edificio que ocupaba La República, el diario de los Ospina Pérez. Se llamaba Colombia Press. Le dijo al dueño que sabía leer y escribir, inclusive a máquina y que podía atenderle un teletipo que usan en los periódicos. Se llamaba Pepe Romero y su negocio era fácil: consistía en copiar noticias de los periódicos, con tal de que fueran todavía frescas, para presentarlas de otra manera. Una variedad del pastiche, a saber: Completa tranquilidad en todo el país, dice Mingobierno. Uno escribe, entonces: Mingobierno asegura que la calma es total en el país. Después del título se resumía la noticia que uno estaba piratiando. El lema de la empresa era Tener siempre noticias para la venta. Las emisoras las compraban a cuarenta centavos para rellenar programas. Algunas veces había que cazar noticias, valiéndose del teléfono o de la imaginación. No tuvo que utilizar esta última: la realidad colombiana es más rica.

Además, las cacerías favoritas de Don Pepe eran a domicilio, leyendo los periódicos. Le dio trabajo. Cuarenta pesos a la semana. Se necesitaba ser retrasado mental para aceptar ese salario, pero lo aceptó, en principio como dicen los oligarcas. Sí, señor por ese salario se había topado con un excelente mecanógrafo. Esa misma noche le pidió aumento de sueldo: a 20 pesos diarios. Cuatro días después, don Pepe lo despidió de la empresa. Pero esos cinco días de periodista fueron inolvidables.

Ocurrió que se reunía la SAC, la Sociedad de Agricultores de Colombia. Y don Pepe quiso que cubriera el desarrollo de las sesiones y lo armó de carné de periodista. De los chicos de la prensa no lo conocía sino un amigo poeta, noctámbulo, cartagenero que era corresponsal de la UPI. Desde la puerta comenzó a toparse con doctores amigos o conocidos, agrónomos, médicos, antiguos compañeros de colegio, abogados, ingenieros, políticos. Por los saludos de sus amigos no tuvo que mostrarle a nadie el carné de 40 pesos a la semana. La muchacha que rotulaba a los delegados preguntó ¿quién es ese doctor? Y le respondieron que era de la delegación de Antioquia. Le colgó de la solapa un rótulo de delegado. No opuso resistencia. Este incidente lo colocó en posición ventajosa con respecto a sus colegas.

Qué es la SAC? - SAC - Sociedad de Agricultores de Colombia

Ellos tenían que marginarse de los corrillos y eran los últimos en recibir los temarios, los programas, etc. Fue proveyendo de papeles a su amigo cartagenero. Se olvidó de la calidad de periodista para sumergirse en un nuevo mundo, la SAC. Allí estaba la oligarquía. Al lado de los gerentes de todas las Juntas, los terratenientes políticos y los políticos terratenientes. Entre los de su generación, jóvenes profesionales en trance de venderse. Aristócratas manizalitas arreglándose el nudo de la corbata; antioqueños, lápiz en mano, multiplicando cifras. En una conferencia de un agrónomo caldense, Augusto Ramírez Moreno pidió sesión secreta para que los análisis y datos no se filtraran. Expulsaron de allí a los periodistas, pero no a Bayer que tenía carné de delegado.

Dijo que en Colombia no hay suficiente número de escuelas rurales, porque el 10% que se votó en el plebiscito, no se liquida sobre la totalidad del presupuesto colombiano. Por arte de magia, se excluyeron de tal liquidación millones correspondientes a varias instituciones oficiales. Estas noticias las entregó a su amigo cartagenero y a Colombia Press. Las entregó sin salir todavía del asombro. La radio dio la  escandalosa noticia. Un aristócrata manizaleño, arreglándose rabiosamente el cuello de la corbata, dijo alarmado: Parece que hay un espía entre nosotros. Las revelaciones seguían más interesantes, que los créditos se destinaban sin ningún control, y que se dedicaban al fomento agrícola, que no se cumplía la ley que obligaba a los terratenientes a cultivar al menos la tercera parte de las tierras planas tractorables. Seguían hablando del espía.

Radio Sutatenza: 100 años del natalicio de José Joaquín SalcedoJoaquin Salcedo

Se habían filtrado a la prensa noticias sobre esto y sobre esa otra gran estafa que son las Escuelas radiofónicas de Sutatenza, del padre Salcedo. Radios regalados a los campesinos que no sintonizan sino esa emisora. Una emisora que es la voz de Dios, una emisora docente financiada por el Estado y que es realmente comercial. Los programas dedicados a la alfabetización son breves, cargados de religión, de fábulas destinadas a amedrentar a los humildes. La estafa a la buena fe pública es en realidad el oficio de nuestro gobierno.

Historia de Radio Sutatenza, emisora de los campesinos desde 1947

El análisis sobre la naturaleza de los negocios del padre Salcedo pasó a ser material secreto del Congreso, subversivo. Volvió a hablarse del espía. Airado, decidió descubrirse ante un grupo de sorprendidos traficantes con la ignorancia colombiana. Les increpó lo criminal que es considerar secreto, nada menos que el destino del pueblo colombiano. El espía soy yo, les gritó.

Esta circunstancia de haber cubierto un congreso de la SAC en calidad de espía, frustró su carrera de periodista de 40 pesos a la semana. Al cuarto día de estar ejerciendo este oficio, amaneció despedido y hambriento, pero más colombiano que nunca.

 

“El hambre, Pacho, es otra experiencia que no has vivido. El hambre no es solamente fisiológica; la biografía del hambre podría ser la historia del hombre. Es bioquímica y es espíritu. Es tiempo y es espacio. Es el pasado y es el futuro. Soy un experto en hambre. Y te mencionaré un poco el hambre urbana, el hambre citadina Mi hambre en Bogotá fue un poco vergonzante, tenía algo de angustia, algo de rebelión, algo de confusión. En el fondo, obedeciendo todavía a mis reflejos educacionales yo me hacía un autorreproche, como si en cierto modo estuviera expiando el pecado de haber denunciado a mis protectores, a los poderosos explotadores de CUP”.

 

Aprendió a no mirar con indiferencia a los que extienden la mano pedigüeña, pero también a distinguir a los quejumbrosos. Entendió mejor que nunca, la ironía que hay en la palabra caridad y en la historieta de que Dios pagará con el ciento por uno. Supo cuáles eran las notas exactas en la gran sinfonía macabra del hambre colombiana. El sabor de los alimentos sencillos, complejos y maravillosamente sencillos, adquiere un valor de descubrimiento: el sabor exquisito del pan, la infinita concupiscencia que puede encerrarse en una rodaja de queso. Por entonces comprendió por qué los jesuitas ayunan. El ayuno estimula, hace nacer un infinito deseo de poseer y al mismo tiempo demuestra la inutilidad de toda posesión.

De haber conocido, por entonces, a los camaradas del Partido Comunista colombiano, también hubiese descubierto por qué son tan impermeables al impulso revolucionario. Todos tienen qué comer. Los jefes son anoréxicos. No ayunan periódicamente como los jesuitas, y por ello no tienen buen apetito. En todo caso, el ayuno fue para él una gran experiencia intelectual y por consiguiente política. Y la gloriosa posibilidad de concluir ese prolongado ayuno posdenuncia de CUP, se le abrió cuando ASMEDAS le consiguió un puesto de médico rural en Puerto Carreño, Vichada. Iba a seguir conociendo a Colombia.

Puerto Carreño, el riesgo de vivir en medio de tres ríos*

Voló a Villavicencio. Poseía todavía un reloj, un termómetro y un fonendoscopio. Sin dinero, se presentó al aeropuerto, dispuesto a seguir a Puerto Carreño, aunque fuese volando en una mariposa. Pesaba poco, Pacho. Comenzó a trabajar febrilmente en el hospital, como si acabara de salir de la Facultad. Pasado el primer mes, cuando esperaba su primer sueldo, lo que llegó fue un marconigrama: Presentáronse dificultades aprobación su nombramiento. Favor trasladarse a Bogotá.

Estaba nombrado y posesionado ante el Comisario. La única formalidad que no había llenado era  la de 25 pesos que había que adherir en estampillas al acto de posesión. Se dejó el espacio para ponerlas cuando llegara el primer sueldo. Contestó: Sin un centavo para viajar. No entiendo de qué aprobación se trata. Estoy legalmente posesionado. Ejerciendo. Favor girarme sueldo. O darme razones destitución. Nada respondieron. El Comisario debió recibir instrucciones. Pidieron que se retirara de la casa de la Comisaría donde se alojaba. Se fue a vivir al Puesto de Salud. Consiguió prestados los 25 pesos para pagar las estampillas. El secretario las adhirió al Acta de posesión y le pidió una copia. Entró el Comisario. No dijo nada. Al Secretario lo destituyó. Siguió atendiendo el Puesto de salud y el Hospital.

 

“Si dentro de la lógica del culto a las vísceras que la iglesia Católica ha establecido con la devoción a esa imagen afeminada del Corazón de Jesús, a algún Papa, se le ocurriera reemplazar el culto del corazón por el del cerebro, ¿Qué ocurriría? Yo creo que absolutamente nada nuevo. La historia de la Iglesia Católica ha resistido de siglo en siglo todos los absurdos y en lo único que ha sido consecuente es en la defensa de sus intereses económicos.

“No hay por qué creer que para librarnos de la explotación basta cambiar una comunidad religiosa por otra: montfornianos por salesianos, hígados por corazones. Y hay que confiar en el corazón y en el cerebro y en la totalidad del hombre colombiano para que algún día nuestros territorios no sean nacionales no sean tierra de misión. Amen. Existe un conflicto entre la teocracia y la República. En las ciudades no se nota. En los pueblos pequeños, sí. En Puerto Carreño, las autoridades estaban demasiado vecinas para que no se produjeran esas explosiones resultantes del esquema esquizofrénico del Gobierno colombiano”.

“Puerto Carreño: una larga calle, llena de sol y de autoridades. A la puerta de cada casa, un comandante. Había allí más comandantes que los que he visto después en las tertulias revolucionarias: comandante de la Policía, del Apostadero naval, del DAS, del Banco Popular, del Resguardo de Aduana. A todos los unía la repugnancia por el cura extranjero de la Misión. Sólo el nacionalismo puede impulsar el progreso de los pueblos subdesarrollados. Y de otra parte, en una lejanía como Puerto Carreño, era fácil entender aquello de Axel Munthe: Se puede rezar a Dios en  todas partes, pero no se puede operar sino en los hospitales”.

Puerto CarreñoPuerto Carreño, Vichada, cobrará impuesto al turismo desde 2021

Ya por entonces, sabía de las dificultades del Minsalud para aprobar su nombramiento. Jácome Valderrama, el Ministro, había dicho que no podía aceptar a un sujeto que había provocado un escándalo en el Club Manizales. Si es capaz de llevar una prostituta al Club, ¿de qué no será capaz en un pueblo pequeño? Sorprendente. Concedamos que fuera una falta. Pero, ¿invalidaba de por vida para ejercer un cargo público? ¿Para ejercer la medicina en un lejano pueblo sin médico?

Jácome Valderrama estaba ligado al negocio de las drogas. A la importadora de Drogas S.A. Y había perdido dinero con la denuncia contra CUP. La mano negra sabía lo difícil que sería su regreso a Bogotá. Después de su salida, nombraron Director del Departamento Científico de CUP a Gonzalo Montes Duque, que desempeñó simultáneamente este cargo y la Dirección del Control de Drogas del Ministerio de salud. Como moralista, Jácome aceptaba, que el que debía ser Juez en las acusaciones contra CUP, fuera al mismo tiempo su Director Científico. Y CUP logró que una Comisión de Senadores y el Control de Drogas dijeran que no hubo irregularidades. A Bayer lo tenían aislado. Perdido en la llanura. Y esto era suficiente. Además, prestaba servicios sin que le estuvieran pagando.

Para su reemplazo comenzaron a presentarse nuevos motivos, los motivos del Cura. Al tiempo llegó una avioneta con el Director de Salud del Vichada, otros funcionarios y un médico para ocupar su lugar. Encontró una dificultad para dejar posesionar a su colega: no había sido destituido del cargo. Deseaba saber si era por lo del Club Manizales o por lo que sabemos, otra vez. Y se negó a entregar el Puesto de Salud. Pronunció un discurso al pueblo y explicó cómo el Ministro estaba comprometido en el fraude con las drogas y el mecanismo de la persecución. Le perdió el miedo a levantar una tribuna en cualquier parte. Habló contra la apariencia de moral sin moral, contra la razón de la sinrazón, contra la hipocresía del hampa que gobierna. Y los intrusos se regresaron al amanecer.

Pasaron dos meses en esta pintoresca situación de médico libre y soberano de Puerto Carreño, como decía el Jefe del Apostadero Naval. En el avión de pasajeros que hace un viaje mensual y que todo el pueblo va a recibir, llegó un colega con toda su familia. Saludó humildemente. Venía nombrado, posesionado en Bogotá, pero para trabajar conmigo. Comprendió la jugarreta, pero también el drama. No le aceptó la propuesta de vivir con su familia en el Puesto de Salud ni de trabajar conjuntamente con él. Le ofreció colaboración en cualquier emergencia. Y desguindó la hamaca.

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“Nuestros territorios están en manos de extranjeros. Españoles, holandeses, italianos, belgas. No es xenofobia. Sus mejores amigos personales han sido siempre extranjeros. Pero es que estos curas son ajenos al destino nacional. Y dada la libertad de cultos, ¿no tienen el mismo derecho a ser autoridades civiles los pastores protestantes?   ¿Y los que adoramos a Bachué? Con el disfraz de una misión espiritual que no realizan, con sus escuelitas de nínfulas, con sus nunca colmadas ambiciones de poder temporal, con la patente de corso de un reconocimiento concordatario como autoridades civiles, galopamos hacia la despersonalización total como país. Esta es la demencia precoz. Otro nombre de la esquizofrenia. Y no hablo de un problema religioso. Respeto todas las religiones, especialmente la chibcha. Te hablo de una enfermedad: la enajenación de la Patria”.

 

De Puerto Carreño pasó un día a Venezuela, a Puerto Ayacucho. La más amarga, la más instructiva y la más dura de sus luchas, iba a comenzar. Aprendió que el primer mandamiento del territorio Federal Amazonas era: Amarás a tu hamaca como a ti mismo. La astucia tiene una prima hermana que es la perfidia. La astucia no puede confundirse con la inteligencia. Suele presentarse como una mujer fea que se tapa la cara con una careta bonita y que oculta un zorro en el ropaje. Es el disimulo, el mimetismo. Lo hacen los camaleones y los insectos. No requiere mucho cerebro. Sin embargo, de la astucia se ha hecho en Colombia un culto. Se la considera la virtud nacional y se la viene llamando inteligencia.

 

“Así, pues, que frente a los arquetipos, a los modelos que nos ha dado la historia colombiana contemporánea, esto es los Alberto Lleras, los López de Mesa, los Calibán, yo prefiero creer que las características del hombre superior son otras. Estoy de acuerdo con Bertrand Russell que considera que estas características son la bondad y la inteligencia. Nos han engañado bastante con los arcángeles, con los superestadistas, con la grandeza y las virtudes de gentes que no son sino hampones del capitalismo internacional. El interamericanismo está ahora de moda entre los grandes. Lleras Camargo y Lleras Restrepo, Rómulo Betancur y Sanz de Santamaría, no hablan ahora de sus respectivos países sino del hemisferio. Son hemisféricos. Lleras Camargo ya salvo a Colombia, Betancur ya salvó a Venezuela, ahora se presentan a salvar a Latinoamérica. No pudieron ser nacionales y ahora son internacionalistas. Y es porque el capitalismo tampoco tiene fronteras”.

“No te extrañes del signo y del síntoma llamado Tulio Bayer sin examinar primero el enfermo. Yo fui comandante de una guerrilla. Es decir, jefe de bandoleros como llamaron en El Tiempo y en El Siglo, los principales diarios conservadores del país. Pero tú sabes muy bien que en esos diarios llaman patriota a Alberto Lleras. Tengo que terminar el esbozo de la biografía del hampón-tipo. Me voy a referir a los mausoleos. Si quieres conocer la lista completa del hampa colombiana te bastará con ir a los cementerios. Ellos ocultan los balances, adulteran las declaraciones de renta, mantienen secretas sus transacciones, cifran con claves secretas los mensajes, declaran secretas las sesiones de sus Congresos. Cada mausoleo pertenece a una familia de hampones. Cada estatua de mármol es un reto al hambre colombiana. Cada ángel asexuado, cada arcángel superestadista es un desafío a la miseria colombiana. Frente a la muerte estos hampones son ostentosos y cobardes. Intentan a su manera la estafa final: la de la salvación de su alma. Con vanidad rencorosa trata de vengarse también de los que fueron realmente grandes. Y finalmente, sabe que nadie les levantará con sus manos un recuerdo. Desconfía de sus compinches, desconfía del fallo de la historia. Se erige él mismo su tumba y su estatua. Este país es un bosque de estatuas”.

 

En esta zona de frontera, Octavio Maniglia era el amo. Era dueño de la bomba de gasolina, monopolizaba el combustible que se consumía en Puerto Ayacucho y una amplia zona del Orinoco. Era dueño de la cava donde se almacenaba todo el pescado, la carne y las legumbres. Dueño de las embarcaciones grandes, chalanas que navegaban por el río acarreando víveres, gasolina y mercancía de contrabando. Era dueño de un aserradero, la única empresa maderera y de una flota de camiones; de varias fincas rurales ganaderas, de las tres cuartas partes de los lotes urbanos, de los depósitos para almacenar el chiqui-chiqui que es una fibra vegetal para hacer cepillos y escobas que utiliza  Fuller Corporation, y el balatá; de un almacén de repuestos y agente exclusivo de automóviles y de los motores para navegación. Era presidente del Concejo Municipal, Presidente de la Cámara de Comercio de Venezuela y el Cónsul de Colombia ad-honorem. ¿Un caso excepcional? No Pacho. El maniagliato es Colombia. Es Latinoamérica.

¿Qué honor buscaba con el Consulado? La indocumentación era una industria local para Maniglia y para las autoridades de extranjería. Una industria para los constructores de edificios para los que requerían mano de obra barata. Maniglia era el principal constructor de viviendas y de edificios en Puerto Ayacucho. Una muchedumbre de colombianos, empujados por la miseria, perseguidos por las autoridades, temerosos de la violencia desencadenada en Colombia por la firma comercial Ospina-Pérez-Lleras-Efraín González S.A., destrozadas sus vidas por tragedias sentimentales; perseguidos por los curas porque no eran casados por la Iglesia; buenos y malos, valientes y cobardes, honrados y ladrones, trabajadores y perezosos, llega todos los días como una marea a la frontera con Venezuela. Llegan como llegó él mismo a esa frontera, Ilusionados. Maniglia recoge su cuota en la violencia colombiana. Recoge a los colombianos hambrientos, deseosos de trabajar, ávidos de pan y de oficio, llenos de buenos propósitos. Les da trabajo por la tercera o cuarta parte del  salario mínimo legal de Venezuela con un contrato verbal que luego incumple y a la hora de reclamar los derechos legítimos… ¡estaban indocumentados! Eran parias. Yo conocí el chantaje, lo viví. A todos nos parecía absurdo que el Cónsul de Colombia pudiera ser, precisamente, Maniglia.

Protestó por todos estos desafueros, por estos delitos. Lo supieron los gobiernos de Colombia y Venezuela. Es la historia contemporánea del país, historia por la que tú me hablas de una mala tarde. Y éstas han sido muchísimas. Con plata prestada viajó a Bogotá y regresó con pasaporte, 50 ejemplares de Carretera al mar y el nombramiento de Cónsul de Colombia, ad-honorem. Para enterarse de sus obligaciones y de la reglamentación de su nuevo oficio, se trajo un librito que se llama Manual del Servicio exterior. Dice lo que se deja de hacer siempre, lo que no se hace nunca.

Amira Perez Amaral, Tanque.

Se posesionó del puesto de médico indigenista al servicio del Ministerio de Justicia de Venezuela y se casó civilmente con su amiga venezolana, Tanque. Una robusta, honesta y tenaz proletaria caraqueña, que ganó su nombre porque le ayudó a abrir muchas brechas en la muralla del maniagliato, aunque a la postre y transitoriamente, los hayan derrotado a los dos. Se puso a andar detrás de Maniglia para que le hiciera entrega del Consulado. No fue posible. Después de mucha brega envió las llaves de una casa en donde tenía todos esos corotos. El local del consulado servía de depósito de materiales en desuso del mercader a quien había pedido con respeto su permiso de permanencia. Entre excrementos de gallinas y los bollitos de rata, estaban los corotos. Una vitrina rota contenía, llenos de polvo, los escasos libros del Consulado, casi todos en loanza de Rojas Pinilla. Los niños les habían pintado gafas o bigotes a todas las figuras humanas, habían arrancado, con la misma impunidad con lo que lo hacen los oligarcas, las páginas del Código Penal. Una gotera había caído por meses hasta podrir un mueble con costosa papelería, los libros más valiosos estaban roídos por las ratas. En un arrume de viejas revistas estaba un nido que no era de ruiseñores: nueve palpitantes masitas rosadas. Entre su mujer y él recogieron amorosamente todos los maltrechos haberes del Consulado, excepto el simbólico nido. Una nueva decepción vino en forma de Comisario para el Vichada. Pablo de Rebolledo, llegó a Puerto Carreño como la mayoría de los Comisarios, a enriquecerse rápidamente. Comenzó a viajar cada ocho días a llevar contrabando de Puerto Ayacucho a Puerto Carreño, en su embarcación oficial. A negociar con Maniglia.

Y sin contar con el apoyo del Gobierno. Por el contrario, el Embajador en Caracas aconsejó en un telegrama colocarse en posición de absolución frente al caso Maniglia. El enemigo común de la gente del pueblo, en ambas orillas del Orinoco. Posición de absolución. Le evocaba la imagen del seminarista ensayando bendiciones frente a un espejo. Tal posición no estaba definida en el Manual de marras. Tampoco en los Códigos. Un hampón es un hampón. Decía Kypling: A man is a man.

Francisco José Chaux Ferrer, el chocoano fundador de la Caja Agraria. Por: José E. Mosquera - El Manduco

Decidió contestarle a Francisco José Chaux, el Embajador: “Actuaciones mías cíñense Manual Servicio Exterior. No me han sido conferidos, ni podría aceptarlos, poderes de orden espiritual ni de orden judicial para absolver culpables o feligreses. No entiendo “posición de absolución” usted menciona. Las únicas posiciones que conozco son: La decúbito supino, decúbito prono, decúbito lateral, la posición de Trendelemburg, la de Fowler, la posición ginecológica y la posición firmes. Personalmente no practico sino la última de las mencionadas”.

Cuando ya había enviado el marconigrama, comprendió lo ridículo de todo esto. El Consulado no valía la pena. No era la Patria. Podría utilizar el maniagliato, pero no lo vencería. Se hizo el propósito de dedicarse a la medicina, de asentarse como se dice… Pero los vientos lo fueron empujando a la rebelión.

Asesorado por el nuevo Comisario de cuyos negocios ilícitos dio cuenta al Gobierno, sin resultado alguno, la sorda campaña de Maniglia contra él tomó aspectos variados, manejada ya en equipo colombo-venezolano la filigrana política. Un día repartieron una hoja volante contra Bayer. Era una resolución del Concejo municipal de Puerto Ayacucho declarándolo persona no grata en todo el territorio Federal de Amazonas. Los considerandos decían que había proferido frases insultantes contra miembros de esa Corporación y que sus actitudes eran hostiles e inadecuadas contra las entidades y leyes de Venezuela. La hoja la repartieron en un carro del hospital y algunos parroquianos se abalanzaron contra los que lo repartían y comenzaron a quemarlas.

Él mismo les gritó: “No las quemen, lo que dice ahí es cierto. Yo estoy contra las instituciones y contra la ley, porque aquí la ley es Maniglia”. Tres días después de esparcidos los volantes, Maniglia pareció virar en redondo. El Comisario Rebolledo apareció en su consultorio para decirle que él había sido también Cónsul en los tiempos de Rojas Pinilla y sin muchos preámbulos  habló de las ventajas, las ventajitas y los privilegios de ser Cónsul. Que lo haría nombrar con sueldo. Venía autorizado por el todopoderoso Maniglia a proponerle capitulación, a venderle un automóvil casi regalado y a mostrarle las ventajas de que, rencillas aparte, ¡trabajaran en llave!

Con sangrienta ironía en Colombia han declarado indigno a Rojas Pinilla, el jefe de todos estos rebolledos, personajes ingenuotes, insignificantes, pintorescos,  que han sido hechos por la misma oligarquía que se empeñó en empequeñecerlos. La forma violenta como expulsó a Rebolledo, su negativa a capitular ante este ridículo y sin embargo todopoderoso gang de la selva, desencadenó una campaña contra su amigo y protector el doctor Anduze, que acababa de ser nombrado Gobernador del territorio. Lo acusaban de tener  comunistas en la Campaña indigenista, con lo cual se referían a Bayer y a Edgardo González Niño, que sí era realmente comunista y no lo ocultaba. Renunció a su cargo de médico indigenista.

File:Augusto Ramírez Moreno by Ricardo Rendón.png - Wikimedia Commons

Una comisión de Puerto Carreño lo visitó. Todos los comandantes de la larga calle de la capital. Cada uno traía una queja contra Rebolledo y querían que llevara la vocería de todos en la próxima visita oficial al Vichada del Ministro de Gobierno, Augusto Ramírez Moreno, uno de los llamados Leopardos del Conservatismo y reconocido por su elocuencia greco-quimbaya. Lo esperó en Cazuarito, al lado de unos niñitos parasitados y sin escuela, con sus mejores vestiditos. La pequeña escuela del pueblo se la había alquilado el cura belga a un comerciante. Al lado de los niños estaban algunos de esos desdichados hombres de frontera, todavía ilusionados, engañados con los prestigios de nuestros prohombres.

Llevaban una bandera nacional. Estaban también el gobernador Anduze y sus secretarios. El Ministro de Gobierno remontó el Orinoco en una cañonera de la Armada Nacional y pasó frente a todos y frente a Puerto Ayacucho en dirección a los raudales de Atures. Después viró en redondo y se alejó hacia Puerto Carreño, río abajo.

El señor ministro venía a mirar la belleza de los raudales. Satisfecha su curiosidad estética y turística, ordenó volver a Puerto Carreño. Hubo de perseguirlo y de alcanzarlo en una embarcación que le suministraron las autoridades menores de Puerto Carreño. Su entrevista con el Ministro iba a ser definitiva en su elección de lo que los tratadistas llaman las vías de la revolución. El Ministro, un verdadero maniglia, lo recibió cortésmente. Muy bien educado, con muy buenos modales. El diálogo se desarrolló así:

 

  • Cónsul: ¿Se puede saber por qué no se invitó al Cónsul de Colombia a esta visita oficial?
  • Ministro: La visita no era internacional, señor Cónsul.
  • Cónsul: ¿Pero sabía que la educación y la salud pública dependen en esta Comisaría de la ayuda voluntaria de Venezuela, porque en Colombia se roban el presupuesto el Comisario y el cura extranjero, aquí presentes?

 

Los dos ladrones que oyeron esta firme declaración reaccionaron en consonancia con sus constituciones y temperamentos: enrojeció el cura, palideció el Comisario.

 

  • Ministro: No lo sabía. Pero hemos hecho una reunión y hemos tomado nota sobre las necesidades de esta hermosa región, bla, bla, bla…
  • Cónsul: ¿Quiere que hagamos ahora mismo la reunión verdadera y oigamos a las autoridades menores, a los subalternos que no fueron llamados, a las personas que no fueron oídas ni invitadas?

 

Por una puerta trasera entraron dos personajes. El Ministro dice: quiero presentarle a dos miembros de mi comitiva con los que podrá hablar de los problemas que le preocupan. Atenderé sus reclamos si me hace un memorial dirigido al Ministerio. No tuvo tiempo de decirle que sus informes estaban ya en el Ministerio y que él los había leído, porque le habían hecho preguntas concretas sobre el tema en una de las famosas citaciones a la Cámara de representantes.

Lo único que tuvo tiempo de ver fue que los dos personajes recién bañados para la fiesta, eran el mismo presidente de la SAC y Oliverio Lara, el dueño de Larandia. Sonriente, el Ministro intentaba separarlo del grueso de la audiencia y le dijo presentándole a Lara: Aquí tiene un ganadero con el que puede hablar de sus preocupaciones para esta llanura ubérrima. No aguantó más. De haber vivido en otra época hubiese desenvainado la espada. Levantó lo único que podía levantar: la voz. Los conozco a ustedes, grandes señores. Ustedes son los que le roban al pueblo el diez por ciento que votamos en el plebiscito. El diez por ciento para la educación pública.  Por eso no me extraña que hayan hecho una mesa redonda secreta. Ustedes y el Ministro no vinieron a solucionar ningún problema aquí. Han venido de turistas, ¡Farsantes, miserables, saqueadores del pueblo colombiano!

Se quedaron paralizados. Cruzó lentamente el salón y salió. En el patio estaban preparando una comilona oficial. Derribó las mesas y sobre los escombros de la confusa mezcla de alimentos desparramados, increpó al pueblo que se agolpaba silencioso frente a la Comisaría:

“El Ministro de Gobierno, grité, viene a hacerles el favor de que lo vean comer. Como ustedes no pueden comer cosas tan caras, y las cosas baratas que compran en Venezuela se las decomisan, pues les van a dar la oportunidad de ver comer al Ministro, al Comisario y al Cura. Ellos comen muy bien siempre. Comen a cuenta de ustedes, a costillas de ustedes, pero ya he resuelto desbaratarles por esta vez, la comida”. “No está solo”, gritó alguien. Se oyeron murmullos y hubo un grito de “Viva al partido Liberal”. Prosiguió: “Quiero que todos contesten en coro, para que los oiga el Ministro”: “¿Hay aquí escuelas públicas para niños”: ¡NO!, contestaron. “¿Están contentos con el Comisario? ¡NO!, gritaron atronadoramente”.

Entonces les contó que tenía dos visitantes y quiénes eran. Concluyó gritando “¡Abajo el ministro de Gobierno!, ¡Que muera la oligarquía!”. Y salió a la calle principal seguido de un grupo de amotinados que recorrieron el pueblo en manifestación. Lamentó siempre no haber aprovechado ese momento estelar. Allí mismo debió comenzar la llamada campaña del Vichada. Al día siguiente, viajó a Puerto Ayacucho. Esperaba la destitución como Cónsul. Comenzó a vender sus haberes, ya había decidido internarse en el llano en busca de los que quisieran hacer la revolución colombiana. Diez días después llegó correo de Bogotá. No era la destitución. Eran dos comunicaciones contradictorias.

Julio Cesar Turbay, el Representante Permanente de Colombi… | FlickrJulio César Turbay

La una, era la publicación periodística destinada a los informes de asuntos consulares y diplomáticos que Julio César Turbay había dedicado a transcribir sus largos discursos en el Senado. Por entonces, el Ministro de Relaciones Exteriores aspirante a Presidente, caminaba en la cuerda floja de romper o no relaciones diplomáticas con Cuba. En el último de los discursos todavía era liberal. Creía que debíamos intervenir solamente en caso de agresión, pero que no era el caso de juzgar los asuntos internos de Cuba. Julio César contemplaba todavía la revolución cubana como un experimento político, como una jugarreta a la colombiana. Aunque hablaba de respeto a las ideologías de otros gobiernos que desearan tener relaciones con Cuba, el discurso era vacilante, no definía nada. “El hampón oligarca no puede definirse. Tiene que calcular intereses; carece de convicciones, de filosofía, de brújula. Y parodiando a Hipócrates, el interés es fluctuante, la vida es corta y el arte de engañar es antiquísimo”.

La otra nota que traía el correo era estrictamente reservada. Y de corte fascista: se le pedía abstenerme de expedir visas a cubanos y se le suministraba una lista de miembros del F2 cubano que debía denunciar a la policía si se presentaban en el consulado. Redactó su renuncia inmediatamente: Les recordó que, tres meses atrás, les había dado un extenso informe sobre la situación del Vichada, en el cual les anunciaba que si el llamado Frente Nacional no mostraba sus virtudes en los Llanos orientales, era posible un levantamiento en armas. Ahora él mismo iba a incorporarme a ese levantamiento.

“Las monstruosidades jurídicas abundan en nuestra historia. Una fue el paso de tropas del Batallón Colombia por la carretera Semariapo (Puerto Ayacucho), durante la persecución que les hicieron. Este paso de tropas requería la aprobación del Congreso de Venezuela y constituyó una intolerable intromisión del gobierno venezolano en nuestros asuntos internos. La autorización que Rómulo Betancur le dio a Alberto Lleras fue en una simple llamada telefónica. Otra es la intervención yanqui en esa misma persecución: Altos oficiales yanquis fueron invitados a Santa Rita, Vichada, a estudiar conjuntamente el plan contra ellos. Las fotografías correspondientes fueron publicadas por el periódico Ejército que circula entre las tropas, como un episodio común y corriente de la vida militar. “Te hago una pregunta: ¿Podría mandarse el Batallón Colombia a combatir a los negros en Estados Unidos? ¿O a los Demócratas?”.

 

Noche de luna. Hermosa noche de luna, cuando Tanque y él llegaron a Semariapo en un camión. Ocho días después estaban a orillas del río Inírida, el más transparente de los ríos colombianos, En el pueblo indígena al que llegaron, se desató una epidemia de influenza. Pero, estaban felices porque mientras atendía a los enfermos, trataba de organizar a los viejos guerrilleros liberales.

Su principal contacto era con el grupo de Santa Rita. Dirigido por un hombre que tuvo el mérito de no entregar sus armas cuando los engañó el capitán retirado Juan Lozano y Lozano. “Esto es, cuando los oligarcas liberales que nunca tuvieron el coraje de ponerse al frente de las guerrillas fueron regresados al país desde París, o de México, o comenzaron a salir de sus cómodos palacetes de Bogotá para pedirle a los guerrilleros liberales que entregaran las armas con las que combatieron las dictaduras de Ospina Pérez, de Laureano Gómez, al entonces salvador de la Patria Rojas Pinilla, que pocos años después declararían indigno. ¡La Gran Farsa!”. Ante sus ojos apareció una nueva dimensión del problema de la liberación.

La mayoría de los que podían ser eficaces en la beligerancia eran explotadores de los indígenas. El indio recolector de la fibra llamada chiqui-chiqui para la Fuller Corporation, era explotado por el llamado blanco, llámese cura montfortiano, comerciante conservador o ex guerrillero liberal. Le cambiaban mercancías por su trabajo y le roban tres veces: en la pesada de los conos de fibra con una balanza romana, en la operación de la suma y en el trueque por la mercancía y le enciman un vicio: el aguardiente. Supuso que este criminal procedimiento se llama libre empresa y es evidente que no va a ser el gobierno actual el que va a resolverlo. Rosendo Colmenares le envió una embarcación y se trasladaron a Santa Rita. Encontró ya formado un comando, una especie de Estado Mayor guerrillero. Estaba compuesto por Rosendo – Minuto-, Alfredo Marín, Leonidas Castañeda y Flavio Barney. Recaudaban ya un impuesto de cien pesos por tonelada de chiqui-chiqui que se descargaba en el puerto de Santa Rita para transportarla al interior del país. Se hablaba claramente de que este dinero pasaba al movimiento, a una organización para levantarse en armas. La gran mayoría de los ex guerrilleros liberales explotadores de indios pagaban el impuesto de buena gana o amedrentados al ver a la gente armada. La tropa la constituían los trabajadores al servicio de Rosendo y de Barney.

Otro aspecto de la cuestión es que las autoridades venezolanas en todos los niveles, así como oportunistas colombianos enmascarados de guerrilleros, esperaban lucrarse de una operación delictuosa que se repitió muchas veces en las guerrillas liberales: el paso de ganado robado a Venezuela. Guerrilleros liberales llegaron a utilizar su tropa para esta operación en la que se embolsillaban miles de pesos. La situación del llano y en particular la de Santa Rita, no interesó al Gobierno sino hasta que se supo que Tulio Bayer estaba establecido allí.

A esto contribuyó el miedo de Octavio Maniglia. Cuando en Puerto Ayacucho se corrió la voz de que Bayer no estaba allí y de que lo habían visto con hombres armados en Santa Rita, el pobre Maniglia comenzó a ver fantasmas y a urdir leyendas que enviaba a los periódicos de Caracas. Entre estas, la muy macabra de que había asesinado a su mujer, y la había enterrado en el solar de la casa.

 

“La guerrilla del Vichada tuvo mucho de arroz y un poco de socialismo, pero fue sin duda un paso definido dentro de un proceso para crear la fisonomía de la nación colombiana. Pero como en cibernética, dentro del engranaje de entonces se adivinaba una cierta libertad de la máquina… La vieja máquina liberal, la de los intereses creados, ese maquiavelismo criollo que, como dice los curas, se ha convertido en una segunda naturaleza.

“El análisis de los comandantes vale la pena de hacerse. El análisis militar, no les corresponde a los vencidos. Ya lo ha hecho magistralmente desde su punto de vista, el coronel enemigo Valencia Tovar. Te lo recomiendo. Ayuda mucho al diagnóstico ya que demuestra, entre otras cosas, que sí hay necesidad de hacer campaña cívico-militar, es porque las condiciones de vida de nuestro pueblo no son muy buenas que digamos. Quienes dirigimos el levantamiento estábamos impregnados del individualismo resultante de nuestra torpe educación colombiana”.

Rosendo Colmenares matizaba su entusiasmo superficial por las tesis socialistas, con una profunda y parcamente manifestada pasión por su propio sueño: convertirse en jefe de todos los antiguos guerrilleros liberales del Llano. Era una ambición épica, no exenta de entusiasmo por el beneficio económico que podía traer y que quizás durante el proceso podía desembocar en una entrega total a la causa. Colmenares tenía en su haber la astucia, la audacia, el valor, el conocimiento del terreno, parte del cual eran sus propias fincas o las de la familia Marín Ospina. Era un práctico de la guerra de guerrillas. Desde el principio dijo con sencillez que él era capaz de jugar bien el juego de la guerrilla, esto es, de ejecutar bien acciones de guerra y esguinces al ejército, pero que el nombre de Bayer debería servir de bandera para que el movimiento, su movimiento, tuviera eco en el país. Marín defendía lo suyo: su pellejo amenazado y su arroz. Pertenecía al MRL, leía al Ché, simpatizaba con las tesis socialistas, pero la revolución en si misma no era el leitmotiv de su vida.

Flavio Barney, el traidor, era un muchacho fuerte, con conocimientos militares ya que había sido suboficial del ejército que participó en la guerra de Corea. Trabajador y ladino, construía su propio fundo con sus manos. Negociaba, como Marín, con el chiqui-chiqui. Su estructura psicológica, como la de su hermano, que mucho menos inteligente, procuraba imitarlo, era la de un cowboy. Devoraba libros de aventuras norteamericanas que iban desde Justicia para un fugitivo y La ley del revólver, hasta cosas  truculentas como  La escoria de Sam Rugless y Crimen para violoncelo.

Uisheda, Violencia En El Llano- Álvaro Valencia Tovar- 1970 | MercadoLibre

Pero lo peor es que no solamente leía, sino que procuraba vivir sus aventuras dentro del esquema de esas ficciones. Cuando llegó a Santa Rita ya había despachado a dos. Barney era un poco el sheriff de aquellos alrededores y la voz del pueblo decía que los hombres que había matado eran buenos muertos, un par de malos sujetos. No se sabe en qué momento Barney comenzó a traicionar en su corazón, como dice la Biblia. El más típico delito que cometió fue matar un perro suyo durante una cacería de venado. Después de un disparo que dejó a la presa ya herida, el perro se acercó a la víctima que volvió a levantarse. Barney se encolerizó y liquidó el perro a tiros. Fue la primera sospecha que tuvo de él, no podía ser un revolucionario. Leonidas Castañeda manejaba hasta su llegada, el aspecto ideológico, disciplinario, comercial y epistolar, todo el Estado mayor en un solo oficial.

 

“Había militado en el Partido Comunista del cual fue expulsado por aventurero. Cuando salió de la cárcel y habló con Filiberto Barrero, decía que a Castañeda lo habían expulsado porque le gustaba prender hogueras y después escaparse y que el artículo que publicó en Voz Proletaria llamando aventureros a los del Vichada era exclusivamente refiriéndose a Castañeda. Su defecto principal era creerse Fidel Castro, enfermedad gravísima. “Falta hacer la autocrítica. Tuve defectos resultantes de la inexperiencia y sin duda, de estructuración. Delegué un poco a la máquina la hechura de la revolución.

“Me puse a escribir una novela en los ratos libres, cuando en realidad no hay ratos libres para un revolucionario profesional. No era, pues, ninguna de las dos cosas.  Me faltaba digerir los ejemplos de muchos guerrilleros rasos, del Pollo, de Cucarrón, de los Marcas Grandes, y de los muchachos del Movimiento Obrero estudiantil Campesino, MOEC. Para lo que yo era entonces, puedo decir como el mediocre pianista del cuento yanqui: No me tiren piedras ni huevos podridos que hice lo que pude”.

 

Para Bayer hubo muertos de la campaña que pesan sobre la conciencia colectiva. Un muerto enemigo, el médico del Batallón Colombia, que fue la víctima de la traición que ya estaba naciendo en el seno de la guerrilla. No queda duda de que este asesinato obedeció a una o a las dos causas siguientes: dar por este medio aviso a Valencia Tovar para que no asistiera a la entrevista que iba a tener con Bayer al otro día o crear una situación grave en el ejército que permitiera dejar de pagar una maquinaria que para el trillado de arroz había adquirido la familia Ospina. Fue contra órdenes expresas que se hizo el asalto al vehículo del ejército conducido por el capitán Hugo Páez Angarita y en el que perdió la vida el médico Ernesto Pabón Martínez.

Tres muertos suyos, uno a consecuencia del descuido, de la incorrecta aplicación de normas elementales de táctica; el llamado Plumitas que murió de un tiro de fusil disparado por uno de los suyos durante el asalto al cuartel de policía de Puerto López. Este ataque fue nocturno, los carabineros ya habían huido y al entrar a sus dormitorios Plumitas se quitó su proletario sombrero de paja adornado con una plumita y se midió uno de los sombreros de fieltro de los carabineros. Hay otros dos asesinatos: uno de ellos por el ejército, asesorado de oficiales yanquis y por ello no es raro que haya sido un negro: el negro César. El otro fue asesinado por Barney. Se trata de Laurentino Rincón, del MOEC, que Barney trató de presentar como un traidor que pasaba informes al ejército.

En realidad, Barney lo asesinó para evitar que pudiera delatar la traición del movimiento que desde adentro comenzó el propio Barney después de una entrevista con Valencia Tovar. Éste excitó en Barney su espíritu de cuerpo, su pasado de combatiente en Corea, tratándolo como a un compañero de armas.