84, Charing Cross Road.

Cr_Admin

7 julio, 2019

.Esta es la historia de una sutil pasión: los libros. Helene Hanff descubre en Nueva York en octubre de 1949, un pequeño anuncio en el Saturday Review de una librería de Londres especializada en libros de segunda mano. Decide escribir a esa librería pidiendo ediciones difíciles de encontrar a un precio módico. Le contesta un circunspecto Frank Doel, fiel empleado de esa librería, Marks &Co. De ese modo se inicia una correspondencia que durará veinte años, donde Helene y Frank hablan de libros y libras, autores olvidados, harina, huevos, peniques, centavos, penas, alegrías, esperanzas, sueños, las insignificantes minucias que conforman dos vidas. Un azar inverosímil hace que esas cartas devinieran libro, luego obra de teatro y película. Y este es, pues, uno de los más bellos homenajes a los libros.
Una leyenda que va de boca en boca y que convierte a sus lectores en miembros en una gozosa sociedad secreta. El poder de evocación de este texto es fascinante: a medida que avanza la obra, el peso de las palabras no dichas, de las cosas que ninguno de los dos menciona, pero cuya ausencia se hace más y más presente en la obra, es un elemento que juega tierna y hábilmente con el espectador, llevándole más allá de los confines del apartamento de Helene y de ese lóbrego pero luminoso 84, Charing Cross Road.
Tras la publicación en 1969, Helene Hanff – Filadelfia, 1918-Nueva York, 1997- consigue de golpe el reconocimiento que nunca había tenido en toda una vida como guionista y libretista de teatro y de programas de televisión. Millares de lectores le escriben y el libro alcanza una resonancia enorme. Así logra viajar por primera vez a Londres y con dolor admite que ha faltado a la más importante de sus citas: Frank Doel ha muerto y la librería Marks & Co. ha cerrado sus puertas para siempre. Hoy, cientos de turistas se acercan a buscar aquella dirección que ya no es, como El corrientes 3-4-8 del tango aquel. En 1987 le toca al cine apropiarse de la historia. David Jones dirige a Anne Bancroft y a Anthony Hopkins en los papeles de Helene y de Frank. Se dice entonces que es la película m.as bella sobre libros que se haya filmado alguna vez. La que mejor recogió el tema.
Entre las guerras mundiales del siglo XX, Jean Paul Sartre presagiaba que en pocos años el libro se convertiría en un hecho social al que se examina como una institución o al que se incluye como una cosa en las estadísticas. Y tal vez ahora, el libro se está confundiendo con el mobiliario de la época, con sus trajes, sus sombreros y su alimentación y así, aunque cada libro es al fin de cuentas una convención, también cada libro es fabuloso. Como este que comento. Una correspondencia excéntrica y llena de encanto que es una pequeña joya que evoca, con infinita delicadeza, el lugar que los libros ocupan en nuestras vidas. El libro pasó inadvertido por mucho tiempo, pero desde los años setenta se convirtió en un tesoro, sorprendente, único, conmovedor.
Ya lo sabemos. Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. Eso es 84, Charing Cross Road.
El libro no ha muerto, pero quien tenga algo importante qué decir sobre su entierro que dé un paso adelante y que guarde silencio.

LIBROS
La eterna mudanza.

La eterna mudanza.

Nuestra generación quedó marcada por el espíritu del nadaísmo. De niño miraba distante y asombrado sus andanzas, estigmatizadas siempre por la godarria local y nacional. En mi caso enterré y desenterré al profeta Gonzalo Arango. Pocos lo cuentan, pero el discurso...