Utopía, dogmatismo…modernidad.

Carlos Bueno

21 junio, 2021

“Sólo tenemos héroes muertos. Es la historia habitual en Colombia. Una historia llena de generaciones perdidas, de esperanzas frustradas, de reformas postergadas, de símbolos manipulados, de mártires enterrados, de revoluciones prometidas”.
G. García Márquez

Leon Trotsky's four fateful years in Prinkipo: 1929-1933 - World Socialist Web Site

En la medida que los tiempos avanzan me parece más oscura y difícil de apreciar, la teoría de León Trostky sobre la revolución permanente, que hace unos años atrás, alcanzaba a intuir. Hoy no se, si desembocó en un dogmatismo de viejo cuño, contradiciendo su propia esencia enunciativa, o sí se perdió, como tantos en el cielo de las promesas que los siglos XVIII y XIX legaron a nuestra época o en el mundo de las entelequias. Una y otra, ahora, igualmente prescindibles.

Libro en rústica El Siglo de las Luces [Español]

 

Alejo Carpentier en El Siglo de las luces señaló que hablar de revoluciones, imaginar revoluciones, situarse mentalmente en el seno de una revolución, es hacerse un poco dueño del mundo. Quienes hablan de una revolución se ven llevados a hacerla. Es tan evidente que tal o cual privilegio debe ser abolido, que se procede a abolirlo; es tan cierto que tal opresión es odiosa, que se dictan medidas contra ella; es tan claro que tal personaje es un miserable, que se le condena de muerte por unanimidad. Y, una vez saneado el terreno, se procede a edificar la Ciudad del Futuro.

José Obdulio Gaviria en su libro de ensayos Somos todo lo que dicen de nosotros, pero peor, escribe que entre 1960 y 1975 existió en la Colombia universitaria una generación trágica y perdida, llamada a dejar profunda huella en la historia, pero que por múltiples circunstancias no cumplió su papel. Tulio Bayer, Camilo Torres, Manuel Vásquez Castaño, no confundirlo con Fabio que era un simple psicópata, y toda la juventud revolucionaria liberal: Arenas, Lara Parada, Medina Morón, Bateman, Fayad, Ospina y Pizarro; los comunistas Bernardo Jaramillo y Pardo Leal; el troskismo en sus diversas variantes, Vásquez Rendón y el maoísmo; Francisco Mosquera y el Moir, la Anapo socialista, Golconda y todos los matices del cristianismo de izquierda. Y en la orilla de los partidos tradicionales, Luis Carlos Galán.

“Generación dotada generosamente para enfrentar el momento histórico que vivía: por su valentía por su activismo intelectual, por su entrega y disposición de sacrificio. Eran hombres importantes, incluso parecidos a los patriotas de 1810 y a los revolucionarios de 1850, en cuanto al arrojo político-militar que mostraron quienes optaron por la combinación de la política armada y la política legal o, en palabras de la época, la combinación de todas las formas de lucha. Adhirieron mayoritariamente al marxismo. Como generación se enamoraron románticamente de las armas y creyeron que esa vía al poder, que cuando la usaron los grandes caudillos, si era necesaria, la entendían como un camino rápido y expedito, era el poder mismo”.

En los programas y estatutos de las organizaciones que ellos fundaron, aparecía la guerra prolongada como un ejercicio al cual estaban condenadas por principio. Además, en un alarde de surrealismo creían que necesariamente habría de ser guerra prolongada. Consideraron como un delito el revisionismo y convirtieron esa palabra en un insulto, como si no fuese de la esencia del pensamiento político el estar siempre revisándolo todo. Anatematizaron la iniciativa privada, la apertura comercial y la ortodoxia económica. Santificaron lo público y lo estatal. Por ahí quedan algunos de esos dirigentes, o mejor, sus discípulos, vagando por montañas lejanas, tomando por la fuerza caseríos inútiles a los que no llegan, ni siquiera, los ecoturistas, asaltando viajeros, secuestrando ingenieros, comerciantes, profesores y predicadores extranjeros, volando oleoductos, condenando a sus propios militantes a muerte por bagatelas. Cuarenta años de guerra les hicieron olvidar el poder y la política.

Algunos, como los personajes de Años de fuga de Plinio Apuleyo Mendoza se habían afiliado al MRL, siendo marxistas y castristas, en parte, por fidelidad sentimental al rótulo político que en sus provincias seguían siendo no sólo el de sus padres sino también el de las masas inconformes, y en parte, también, porque no había otra cosa, salvo un par de grupúsculos y un partido comunista polvoriento, litúrgico como una cofradía religiosa, con dirigentes envejecidos y repitiendo consignas rituales, partido cuyos más jóvenes exponentes salían aún por la carrera séptima con carteles tales como “!Larga vida al glorioso astronauta Gagarin!.

Nicolás Morales Thomas, en Lecturas Dominicales de El Tiempo hacía un devastador balance de lo que dejó para la sociedad colombiana y para los hijos de la generación de los 60 aquel trasegar por la guerrilla y por la izquierda no armada de esos tiempos: El balance se complica en la medida en que muchos de estos izquierdistas pequeño burgueses que no transitaron a la lucha armada, terminaron, treinta y tantos años después, en mundos totalmente opuestos a los que alguna vez proyectaron cuando eran revolucionarios. Pocos hoy reivindican alguna versión del socialismo. Estadísticamente, casi ninguno. La mayoría de estos izquierdistas del pasado pasaron de la contradicción a la rutina. De la denuncia a la estadística.

“Es imposible saber qué legaron estos exizquierdistas, pero algo que si parece confirmarse es que no fue propiamente su izquierdismo. La izquierda nacional, o lo que queda, se enquistó en las viejas rigideces de la izquierda histórica. Su falta de autonomía conceptual y su inmersión en un sistema cerrado de referencias, su estética demasiado sindical, sus carencias teóricas reflejadas en la falta de estrategias concretas y realizables de sus plataformas económicas, su incomprensión de los movimientos sociales y culturales que interesan a las gentes de hoy y, digámoslo de una vez, su mamertismo general, aparecían como novedad ante nuestros ojos, pero luego contribuyeron a nuestra orfandad.

La segunda razón para la desazón de esta generación tiene que ver con las consecuencias de la irrupción de la pseudoizquierda armada en Colombia, que transformó dramáticamente las nociones de derecha/izquierda. Al respecto hay poco que decir. La desvalorización del ideal revolucionario en Colombia es ya una constatación obvia y poco interesante de explorar”.

Óscar Collazos, una escritura tan insondable como el mar.
La última referencia en estos terrenos permanece siendo Mayo del 68. Breve puesta en escena de un sueño. Último episodio del siglo XX en el que el deseo se confundió con el entramado de la realidad. “No se estaba cambiando el mundo, se estaba tratando de llevar al más lírico de los extremos la posibilidad de ese cambio. Como en la Comuna de París, se pretendió detener el tiempo disparando contra los relojes, pero el tiempo real, el tiempo que permite los cambios revolucionarios, no era el tiempo soñado por los jóvenes de entonces… imaginamos el urbanismo posible, la libertad deseada, el arte más libérrimo, las costumbres menos represivas, aquello que bien podría resumirse en otra de las consignas de La Soborna: Prohibido prohibir: Se imaginó el mundo, no con la resignación de vivir de la mejor forma posible en el peor de los mundos posibles, sino con la exaltación de quien construye el mejor de los mundos con la frágil materia del deseo y la imaginación”, de acuerdo con la evocación de esos días que hizo el escritor colombiano Oscar Collazos.

Octavio Paz - Wikipedia, la enciclopedia libre

Fusión de la pasión pública y la pasión privada, continuo flujo entre lo maravilloso y lo cotidiano, el acto vivido como una representación estética. Octavio Paz recuerda esos tiempos: “En la rebelión juvenil me asalta, más que la generosa pero nebulosa política, la reaparición de la pasión como una realidad magnética. No estamos frente a una nueva rebelión de los sentidos, a pesar de que el erotismo no está ausente de ella, sino ante una explosión de las emociones y de los sentimientos. Los muchachos descubren los valores que encendieron a figuras tan opuestas como Blake y Rousseau, Novalis y Breton: la espontaneidad, la negación de la sociedad artificial y sus jerarquías, la fraternidad no sólo con los hombres sino con la .naturaleza, la capacidad para entusiasmarse y también para indignarse, la facultad maravillosa, la facultad de maravillarse. En una palabra: el corazón. Creo que en ellos y por ellos despunta, así sea oscura y confusamente, otra posibilidad de occidente, algo no previsto por los ideólogos y que sólo unos cuantos poetas vislumbraron. Algo todavía sin forma como un mundo que amanece.
.Octavio Paz - Wikipedia
Recordando de nuevo a Paz se puede decir hoy que el tiempo moderno, el tiempo lineal, homólogo de las ideas de progreso e historia, siempre lanzado hacia el futuro; el tiempo del signo no-cuerpo, empeñado en dominar a la naturaleza y domeñar a los instintos; el tiempo de la sublimación, la agresión y la automutilación: nuestro tiempo se acaba. Entramos en otro tiempo, un tiempo que aún no revela su forma y del que no podemos decir nada, excepto que no será tiempo lineal ni cíclico. Ni historia ni mito. El tiempo que vuelve, si es que efectivamente vivimos una vuelta de los tiempos, una revuelta general, no será ni un futuro ni un pasado sino un presente. Al menos, esto es lo que, oscuramente, reclaman las rebeliones contemporánea.