Una vida de película.

Carlos Bueno

10 marzo, 2021

LA GUERRA DE TULIO BAYER

 

El periodista antioqueño Carlos Bueno Osorio hizo un robusto aporte de 467
páginas con su “Tulio Bayer, solo contra todos” a la bibliografía sobre la vida aventurera del
médico-guerrillero que nació en Riosucio, Caldas, en 1924 y murió de un infarto, mientras
dormía, en París, el 27 de junio de 1982, cuando estaba próximo a cumplir 60 años y
acusaba serios problemas de obesidad. Lo antecedieron con sendas novelas sobre Bayer el manizaleño Eduardo García Aguilar, con “El bulevard de los héroes”, y el boyacense Gustavo Páez Escobar, con “Ráfagas de silencio”.

El autor del libro abre su densa y rigurosa investigación con esta apretada síntesis del personaje de estatura gulliveriana: “Durante la década de los años 60 del siglo XX, Tulio Bayer Jaramillo fue considerado el enemigo público número uno del país. Médico guerrillero. Un vago, un anarquista, un loco, un trashumante, un esquizofrénico que no para en ninguna parte ni se concentra en ningún oficio”. Y añade: “Quienes lo persiguieron y a quienes combatió, especialmente con su pluma y con su humor negro y los avatares a los que lo condujeron, tanto la realidad política, económica y social del país, como su propia personalidad y temperamento francos, abiertos, sinceros más allá de lo recomendable o de lo políticamente correcto”.

Vista previa de imagenVista previa de imagenVista previa de imagen

Además de las fotos en blanco y negro que le tomó al contestatario, en su exilio parisino, que ilustran las tapas del libro, el académico Jairo Osorio Gómez, director editorial de la obra perteneciente a la serie Textos Urbanos, del ITM, Instituto Tecnológico Metropolitano, de Medellín, aportó este compendio que engancha de entrada al lector:
“Las causas de la rabia en Colombia son antiguas y vigentes todavía. Medio siglo después, la biografía del médico guerrillero Tulio Bayer recoge los orígenes de la violencia nacional con mayor franqueza que las reflexionesnebulosas de los politólogos de los últimos años”. Sostiene Osorio que “de todos aquellos que han escrito sobre Bayer, el periodista Carlos Bueno es, quizás, y con la excepción del escritor greco-caldense Eduardo García Aguilar, la persona que lo conoció mejor. Incluso, el nombre y las peripecias de aquel rebelde fueran hoy desconocidos sin la tarea fogosa que se impuso el periodista cuando joven, de revelar sus textos coléricos”.

El médico Jaime Restrepo Cuartas, ex rector de la Universidad de Antioquia, donde Bayer se formó como discípulo de Hipócrates, suma al trabajo biográfico este testimonio, de acuerdo con el cual, los problemas del galeno caldense comenzaron el mismo día de su nacimiento:
“… Desde que nació parecía predestinado, en un principio, a sucumbir en las horas siguientes al parto, pues nació enclenque, pálido, sin movimientos, con la piel transparente, casi al borde de la muerte. Tanto así que su abuelo materno, don Julio Jaramillo, por ese tiempo alcalde de Pácora, decidió bautizarlo in extremis, haciendo uso de esa particular virtud que tienen los católicos de asumir las funciones sacramentales cuando la necesidad obliga. Sirvió de madrina la mucama que cuidaba a la parturienta. El abuelo le administró agua corriente tomada del tanque de almacenamiento y sal de cocina y luego de regar el agua y esparcir la sal, lo llamó Tulio en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, amén”.

Orlando Cadavid Correa

 

Tulio Bayer, solo contra todos

LIBROS
La prosa del mundo.

La prosa del mundo.

Dios ha muerto, pero sigue viviendo en la gramática.   Continuamos siendo decimonónicos, obviamente a la colombiana. Es decir vivimos en la antigua retórica, que es la misma de hoy. No podemos zafarnos de esas coyundas. Estamos en un universo dominado por un...

LIBROS
Ite missa est.

Ite missa est.

Ite missa est. La misa ha terminado En su libro Viaje a pie, publicado en París en 1929, Fernando González evocando la asfixiante disciplina religiosa de su niñez, narra cómo fue su desilusión cuando en la iglesia le alzó el vestido al intrépido Pablo de Tarso,...