Un periodista maledicente, virulento, mal intencionado, pero bien pagado.

Carlos Bueno

10 julio, 2021

Porfirio Barba-Jacob:

 

Maledicente, amarillista, indeseable.

CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA - Porfirio Barba Jacob (Lectura por Juan Jairo  Castaño) - YouTube

 

· Era su estilo: levantar polémicas atacando.
· Soy un periodista maledicente, virulento, mal intencionado, pero bien pagado.
· En Colombia en 1927 no existía la prensa amarilla y ya Barba daba su gran golpe periodístico.
· Dejó El Espectador como dejó todas sus cosas en la vida: de prisa y sin mayor motivo
· Su manía rebelde, terca, gratuita de disentir.
· Su convencimiento duraba lo que el editorial del día.
· Entra en polémicas, pero sólo si puedes destrozar al contrario.

 

Biografia de Porfirio Barba Jacob

 

Sablero, maricòn, marihuanero, insolente, cínico, desvergonzado, mentiroso, turbio, siniestro, vendido, irónico, sarcástico. Así fue Porfirio Barba Jacob. ¿Así fue? Nunca se pareció del todo a su leyenda, pero se fue acercando. Soy un periodista maledicente, virulento, mal intencionado, pero bien pagado, decía de sí mismo. Se alargaba al grito de su carne contradictoria y su alma frenética, en esa vida siempre en derrota, según el espléndido libro biográfico de Fernando Vallejo, El Mensajero.

Todo un vagabundaje por las revistas y periódicos de su época. Soñándolos, escribiéndolos, inventándolos. Si aplicamos los parámetros éticos del periodismo de hoy, en ninguno de los códigos deontológico ni en un pequeño inciso encajaría su pluma. Y, sin embargo, ¿cómo no fascinarse con sus artículos, crónicas, reportajes, editoriales? El buen periodismo no pierde nunca actualidad, afirmaba el periodista Barba Jacob, pero tal vez no sea tanto el gran periodismo como el gran idioma literario.
No en vano el poeta, el periodista había sobrevivido a un terremoto y a una revolución, había visto arder su periódico CHURUBUSCO quemado por las turbas carrancistas, había sido expulsado de cuatro países, había tenido que cambiarse de nombre para evitar ser fusilado en Guatemala, había predicado como cura protestante en las bananeras hondureñas.
Mucho antes que el nuevo premio Nóbel turco, Orhan Pamuk, Barba había hecho suyas sus palabras: Escribe no según la inteligencia del lector sino según la tuya propia. Ten convicciones sinceras. Y si no tienes una convicción sincera, que el lector se convenza de que estás convencido. Eso que llamas lector no es más que un niño que quiere ir a la feria. Entra en polémicas pero sólo si puedes destrozar al contrario.

 

Biografía de Porfirio Barba (Su vida, historia, bio resumida)

Fue Barba Jacob, por ejemplo, el que lanzó la leyenda de que Doroteo Arango, Pancho Villa, después para burlar a la justicia, era antioqueño. Así era: móvil, fértil, sórdido, lúbrico, lúgubre, contradictorio. Su consigna periodística: Nadie puede impedir que un perro callejero se orine en el monumento más glorioso.

A fines de 1927 Barba Jacob está en Cali, ese garaje con Obispo, y empezó a colaborar en EL RELATOR, el diario de la familia Zawadsky. Disgustado con ella abandonó el periódico para fundar uno propio, LA VANGUARDIA, en la imprenta de un loco. Triunfó rotundamente y tiró hasta 3 mil 500 ejemplares y con ese periodiquito improvisado desplazó al otro diario ya establecido. LA VANGUARDIA se publicó nueve días: al décimo, el socio impresor, enloquecido por el triunfo se gastó todo el dinero disponible en una gran borrachera y los obreros indignados por no recibir su pago destrozaron la imprenta. Durante esos 9 días escribió incansablemente. Hacia siluetas de algunas figuras locales y un feroz artículo contra la Raymond Concrete Pile Company, una empresa norteamericana de Cali, titulado La Raymond y su odio frenético a los colombianos. En los archivos periodísticos de México se encuentran infinidad de artículos similares. Era su estilo: levantar polémicas atacando. Sus periódicos se vendían, pero en Monterrey por un artículo en contra de otra compañía gringa lo metieron seis meses a la cárcel por calumnia. De la cárcel lo sacó el caos de la revolución.

Otros periódicos tuvo el poeta que duraron poco. CHURUBUSCO financiado por allegados el gobierno de Huerta, duró un mes y fue destruido por las turbas de Carranza a su entrada a la ciudad de México. Lo escribía casi en su totalidad y en ese periódico rabiosamente antirrevolucionario, día a día aparecía un artículo de Ricardo Arenales, firmado, desafiante, sobre el avance de los insurgentes hacia la capital en que les repetía en todos los tonos: Aquí los esperamos bandidos. Diez días antes de que llegaran y a los veinte de fundado, traspasó el periódico y con el dinero del éxito clamoroso se marchó a Guatemala. Los últimos días de CHURUBUSBO desaparece el nombre de Ricardo Arenales del indicador del periódico.

El 3 de octubre de 1927 empezó a trabajar en EL ESPECTADOR de Bogotá como jefe de redacción y editorialista de la columna Día a Día: El periódico lo dirigían Gabriel y Luís Cano, hijos de don Fidel, el fundador. Poco después empieza a aparecer en primera plana una serie de reportajes insólitos sobre un duende que visitaba a una niña en una casa embrujada del barrio de San Diego. El duende aparecía en medio de tenues luces azulosas y de una menuda lluvia de piedras ígneas que alumbraba con claridad rojiza la habitación de la niña aterrorizada. Juan sin miedo firmaba las crónicas. En Colombia en 1927 no existía la prensa amarilla y ya Barba daba su gran golpe periodístico. Con sucesos similares, Los fenómenos espiritas del Palacio de la Nunciatura, Ricardo Arenales mantuvo intrigada por varios días desde EL DEMÔCRATA en el año veinte a la capital de México. Y así EL ESPECTADOR empezó a superar en tiraje a los demás diarios bogotanos juntos. Aunque circulaba en la tarde la ciudad impaciente esperaba su aparición desde tempranas horas de la mañana, ansiosa de conocer nuevos detalles sobre la niña victima de esa galán misterioso. Masas compactas de curiosos comenzaron a desplazarse hacia san Diego en busca del duende enamorado. Nadie sabía nada. Para burlar la curiosidad pública Barba trasladó su fantasma a otro barrio y en prueba de su existencia estampó en primera plana su mano, una mano cualquiera con la leyenda de que el duende se la había enviado a Juan sin Miedo en una hoja de papel. El 27 de ese mes el fantasma se esfumó ante la indignación de don Luis Cano que acababa de regresar al país. Y ese mismo día ante un escaso público dio un recital y al siguiente en su columna de Día a día reseñaba el acto con el más entusiasta autoelogio: se llamaba poeta profundo y original que venia a renovar la lírica nacional.
El 22 de enero de 1928 escribe en EL ESPECTADOR un artículo llamado La epopeya del aire, escrita a propósito de la llegada al país de dos aviadores. Decía: Un día las estupendas proezas de la aviación vienen a probarnos que el milagro es ya un hecho cotidiano y a sugerirnos que las rutas del aire pueden llegar a ser mucho menos peligrosas que las rutas del suelo.Pero aún en las magníficas epopeyas del aire, cruzando los océanos y los continentes a una velocidad que suscita el vértigo, en medio del orgullo de su nueva dominación, el hombre no se habrá redimido de su vieja inquietud, de la tristeza que se esconde en la oscuridad de sus orígenes y de su destino. En este canto magnífico vuelve a torturarnos el dolor, el irreducible dolor humano. Y es que la certidumbre de nuestra limitación, de estar eternamente presos en este saco que es nuestra piel, reaparece y se aviva por el contraste de la miseria propia con esa visión de gloria imposible, de vuelo ilimitado, de júbilo que ningún dios pudo sentir jamás.
Dejó EL ESPECTADOR como dejó todas sus cosas en la vida: de prisa y sin mayor motivo. A fines de febrero, en la planta baja del edificio donde se armaba el periódico, se hallaba entre las rotativas y los linotipos decidiendo la colocación de los titulares de la primera plana cuando aparecieron Luis y Gabriel Cano a repetir su eterna discusión de si un titular debía ir en un sitio o en otro. Aquí sobro yo, les dijo Barba Jacob enojado. Adiós. El poeta y el amigo queda con ustedes. El Jefe de redacción se va. Cruzó el piso, subió la escalera y salió a la calle, ordenando de paso que le enviaran a su casa la máquina de escribir de su oficina la que poco después se llevaron los ladrones.

 

Porfirio Barba Jacob por Harold Alvarado Tenorio

No era en todo caso la primera vez que se marchaba, ni era la última. Su vida fue un inútil irse de todas partes para regresar luego, como fantasma pueblerino que vuelve a desandar los pasos.
En cuestión de opiniones políticas Barba era como las leves briznas al viento y al azar. Un pequeño ejemplo: en Medellín en ese año 1928 dio una conferencia sobre lo que llegó a ser la dictadura de don Porfirio Díaz que me tocó padecer en sus postreras manifestaciones. ¿La dictadura que le tocó padecer? ¿No se había puesto acaso en su seudónimo el nombre del dictador? ¿No había escrito en su alabanza infinitos editoriales y artículos en EL IMPARCIAL, EL INDEPENDIENTE, en CHURUBUSCO, en CRONOS y párrafos y párrafos en su folleto sobre El Combate de la ciudadela.¿No había de considerarlo luego, al final de su vida, en los perifonemas de ÛLTIMAS NOTICIAS, como un paradigma del honor y la honradez nacional?
El martes seis de mayo de 1930 en Buenaventura partió para siempre en un navío que se fue alejando del muelle, de la ciudad de casuchas de madera, del extraño país de conservadores y liberales que se quedaba atrás, ahora sí para siempre, con su ladrona pobreza, con sus penalistas y asesinos, con sus poetas envidiosos, con sus rencillas y rencores, con su inmensa, infinita, inconmensurable mezquindad, como lo describe Fernando Vallejo. El martes 22 de octubre de 1907 se bahía embarcado por primera vez desde Barranquilla. Partía con los trovadores León Franco y Luís Adolfo Marín, los músicos que difundirían pasillos, guabinas, bambucos y redovas por todo Centroamérica.

Su primer empleo como periodista fue en EL ESPECTADOR de Monterrey en 1908, México. Periódico al servicio de la política de Porfirio Díaz. Llegó a solicitar el empleo a la dirección del periódico cuando el director se ausentó por breves instantes, los cuales aprovechó para terminar el trabajo ajeno. A su regreso a la oficina el director leyó lo que el joven extranjero había escrito y asombrado por el conocimiento que mostraba de la realidad diaria lo empleó en el acto.
Entré al periodismo en esa época y ya se su secreto: lo aprendí en Monterrey. Consiste en escribir muchos artículos cortos con desenvoltura comedida, opinar sobre todos los temas que uno no conoce, saber ponerse romántico todos los días de distinto modo, profesarle horror a la verdad y urdir todos los días pequeñas trampas donde caigan los lectores ingenuos, que aun quedan algunos. Y en algo más consiste: armar polémicas a falta de noticias con los otros diarios por cualquier causa y en atacar a cuanto poderoso se le ponga en frente. Este secreto provocó la clausura de EL ESPECTADOR y le acarreó seis meses de cárcel y luego cuando escribía en CRONOS, la expulsión de México. Las hazañas periodísticas de Ricardo Arenales son inenarrables.
A los cinco meses de haber llegado ya era el redactor en jefe: un año después habría de quedar con el periódico. Y al tiempo publica LA REVISTA CONTEMPORÁNEA que sale en enero de 1909, un hito en los anales literarios mexicanos. Fue quincenal y trato de poesía y temas culturales y literarios. Y de ella aparecieron14 números. Siguió trabajando allí y en el Monterrey News: Mi vida es ahora muy difícil por el exceso de trabajo. Todos los días tengo que dar opinión sobre política de México y del exterior, sobre espectáculos, eficacia de los aparatos extinguidotes de incendios, necesidades del comercio, preeminencia de los poetas de la comarca, suficiencia del doctor Garza Cantù, triunfos de Segura… y no me he muerto.

El 29 de octubre se desató una tromba sobre la ciudad. Miles de muertos. Esa noche Ricardo Arenales escribió para EL ESPECTADOR una serie de brillantes reportajes sobre la catástrofe. Hacia julio de 1912 empezó a trabajar en EL IMPARCIAL. Aunque de los innumerables artículos que el poeta escribió en el curso de 30 años sólo unos cuantos llevan su firma en todos, sin embargo, deja su huella. Se le descubre en los giros de la frase, en las expresiones que forjó, en las palabras que hizo suyas. Las Tragedias inverosímiles en medio de la noche profunda, un artículo suyo de EL IMPARCIAL, fue el primero de los que escribió de literatura amarillistas y folletinesca sobre temas de terror.

EL IMPARCIAL creó la página Extra para los suscriptores, un suplemento cultural y literario de éxito inmediato y el diario alcanzó un renombre que nunca tuviera otro periódico mexicano y un tiraje de 165 mil ejemplares. Por vaivenes políticos de la época debió pasar a EL INDEPENDIENTE opuesto al anterior: las convicciones y lealtades del poeta fueron siempre tan poco estables como las olas del mar: iban y venían según la marea de sus fobias políticas. De su manía rebelde, terca, gratuita de disentir.
En EL INDEPENDIENTE escribió los más virulentos y lúcidos editoriales y con el seudónimo de Almafuerte, los más diversos artículos: una crónica sobre el manicomio de La Castañeda, una encuesta sobre la crisis del matrimonio en México, una entrevista al torero Merced Gómez, una serie de reflexiones sobre el periodismo de su tiempo.. EL INDEPENDIENTE bajo la guía de Arenales jugó una doble carta: era lo suficientemente partidario de Huerta como para que el tirano no lo clausurara y lo suficientemente opuesto como para que el público lo comprara. EL IMPARCIAL fue sucesivamente gobiernista, de oposición, de nuevo gobiernista, y de nuevo de oposición, Arenales vio con claridad que el favor del público aumentaba en cada ocasión en que por azares de la política se convertía en periódico opositor. Y en el nuevo periódico actuó en consecuencia. Y circulaba como circularía más tarde CHURUBUSCO, con éxito absoluto, a expensas de los demás periódicos. Y un día la emprendió contra todos los periódicos juntos: En un editorial, La prostituciòn de la prensa, no los bajaba de vendidos al gobierno, de vergüenza del periodismo. Era un prestigiditador de la palabra. Su convencimiento duraba lo que el editorial del día. Amaba la polémica por la polémica en si.

El dos de mayo de 1914 apareció el primer número de CHURUBUSCO, diario nacionalista sin consigna oficial. Valía dos centavos, no tenía imprenta propia y se imprimía en una prensa en malas condiciones con reducidos tipos móviles. Lo escribía casi en su totalidad. Estuvo consagrado a atacar a los Estados Unidos. Sus columnas reseñan la historia documentada de la política de agresión norteamericana. El 21 de mayo aparece una declaración firmada por Arenales: A los encargados de la liquidación: los anónimos que llegan hasta las oficinas de CHURUBUSCO dirigidos a mi nombre, me hacen saber que estoy definitivamente incluido en la lista negra y que he de pagar con mi vida el delito de no haber palpitado de entusiasmo ante los triunfos de una revolución que no es nacional porque detrás de ella no se columbra otra cosa que las ambiciones y las perfidias del yanqui. Pero los autores anónimos condenan también a las personas que figuran como redactores de este diario. Creo que la honradez y la lealtad me imponen un deber ineludible. Declaro solemnemente que soy el único responsable de lo que aparece en el periódico; que yo fundé la empresa; que yo la dirijo; que todo lo que se publique en estas páginas está escrito por mi mamo o autorizado por mi voluntad. Reclamo el honroso privilegio de haber expresado con tanta rudeza mi odio al yanqui.Digo esto porque, según todas las apariencias, los caudillos de la constitución que vienen a restablecer las libertades, inclusa la del pensamiento y la palabra, cortando cabezas, se hallan muy cerca de la ciudad de los palacios. Quizás dentro de algunos días pudieran flaquearme las piernas o se me trabara la lengua. Hoy no experimento ninguna de esas debilidades y por eso me apresuro a hacer esta profesión de fe personal.

En Honduras en 1917 fundó IDEAS Y NOTICIAS. Tuvo que huir por sus imprudencias de manirroto a pesar de su amplia publicidad, suscripciones y ventas. Y el 7 de junio de ese año se encuentra en el hospital de El Salvador buscando, como de costumbre, un alojamiento gratuito, cuando se producen los movimientos sísmicos que destruyeron el país. Barba Jacob nos dejó el màs vívido relato de los sucesos de aquella noche de pesadilla: El Terremoto de San Salvador, narración de un sobreviviente. El reportaje se iba imprimiendo a medida que lo escribía en las prensas del Diario del Salvador. Una narración alucinada que nos lleva por las calles y plazas en medio de los sacudimientos de la tierra, de los incendios, de la zozobra, de los heridos, del retumbar siniestro y los gases deletéreos del volcán en erupción: Las llamas, de coloraciones fantásticas por el encuentro de las emanaciones de la tierra y el azufre de la lumbre, pasan del verde pálido al violeta y luego al rojo de sangre. Por sobre los árboles y las gentes, dominándolo todo con su esplendor, se vislumbra el gran incendio de la ciudad. En el parque el teatro Colón está en ruinas y a su extremo opuesto el León de oro, con fuego en lo alto, presenta un espectáculo desolador. Los cadetes de la escuela Politécnica y los agentes de la Policía municipal luchan contra las llamas. Entonces, de entre las agentes que miran como sonámbulos la amplia brecha que abre el incendio en la oscuridad de la noche, va surgiendo un rumor…
Sin saber por qué deja El salvador y de paso por Quintana Roo funda en 1918 El Territorial. Y a los pocos meses está ya trabajando en El Pueblo en ciudad de México. Publicaba una página Realidad y fantasía, especie de suplemento cultural y literario. Llegaba al periódico con gruesos libros bajo el brazo de los que leía el prólogo, el índice y algo más para su página literaria. Aparecían espléndidos ensayos de crítica literaria que firmaba Juan sin Tierra, pseudónimo que utilizaba Barba para los reportajes amarillistas. Y eran ensayos de otros aparecidos en medios de otros países, especialmente europeos que adaptaba a cada periódico. Estas cínicas apropiaciones del poeta estaban entonces al abrigo de toda comprobación. ¿Quién hubiera podido acusar de plagio a Juan sin Tierra, el pseudónimo de otro pseudónimo?

Allí comenzó a publicar a manera de folletín una historia de la revolución mexicana que le pagaban a cinco pesos por cuartilla: Cada sábado entregaba un capítulo. De episodio en episodio y de juerga en juerga trascurrieron varias semanas sin que el periodista llegara siquiera al inicio de la revolución. Acosado para que avanzara la historia sólo respondió: Acabó cuando termine la revolución. La que aún hoy no concluye.
Al tiempo publicaba un pequeño periódico FIERABRÂS Y NADA MÁS, cuatro hojas impresas en buen papel y escritas en su totalidad por Arenales, cuyos terribles articulos estaban destinados a zaherir y vapulear a los desafectos del régimen imperante y a los literatos y jóvenes poetas que no eran de su agrado.
En enero de 1919 funda El PORVENIR en Monterrey, subtitulado el periódico de la frontera, valía diez centavos se editaba en la imprenta de tipos móviles de Jesús Cantù Leal y figuraba como Director- propietario el propio Ricardo Arenales. El primer número apareció numerado mil uno por la idea maliciosa de Arenales que buscaba darle una tradición que no tenía. Hoy subsiste EL PORVENIR adelantado en mil números por la ocurrencia de su fundador. Ese día Arenales salió a la calle con los perioditos recién impresos, congregó a una multitud y les lanzó una lluvia de monedas para que con ellas lo compraran, en lugar de repartirlos como publicidad. Se le encontraba en las noches trabajando febrilmente en una oficina improvisada: una lámpara encendida, una cafetera, cigarros, papel, escribiendo…escribiendo…Escribía los editoriales, el Índice de nuestro tiempo, el intermezzo lírico, la pagina de Realidad y fantasía. Lo hacía casi todo. Arenales tenia una absoluta despreocupación por el dinero; sus generosidades excéntricas dieron al traste con las finanzas del periódico y a debieron entregar el periódico a Cantù Leal, el impresor ante la imposibilidad de pagarle las deudas. De vuelta en México escribe para EL HERALDO unos reportajes espeluznantes que firmaba con el seudónimo de Califax sobre la marihuana y la cocaína que aparecieron en primera página como parte de una supuesta campaña del periódico contra las drogas. La dama de los cabellos ardientes se bebe la vida de sus amantes, es uno sobre la marihuana. En pleno boulevard erige su santuario el Ídolo Blanco, es otro sobre la cocaína. Hablaba del engañoso bienestar que producía, de las mórbidas visiones, las alteraciones de la sensibilidad, la pérdida del sentido tipográfico, la caída vertiginosa en una soledad donde la voz humana tenía resonancias inusuales, las sorpresas ante las profundas e inexplicables perturbaciones en las leyes del universo, todo atribuido a un poeta, que era él mismo.
En 1920 publica en EL DEMOCRATA una serie de cinco reportajes, Los fenómenos espiritas en el palacio de la Nunciatura, aparecían en primera página: El primero lo ilustraba el dibujo macabro de una calavera y las manos de un esqueleto apresando un edificio. Una foto del autor-protagonista mostraba a Ricardo Arenales con sobrero, traje y chaleco oscuro y corbata de rayas blancas. Una gran crónica que no fueron más que burdas orgías homosexuales y de droga, mezcladas con espiritismo que roba la atención de los lectores de su tiempo, que las esperaban con avidez. Burdas patrañas de Arenales.

Daba los precios a que se vendían las drogas y su imaginación recreaba los sueños que producía el opio, los delirios de los morfinómanos, las alucinaciones de la marihuana, la heroína que aguzaban el oído hasta permitirle oír la música con que crecían las yerbas, para sumirle luego en las sombreas pesadillas en que puñales asesinos le acechaban en la sombra y los escorpiones invadían su estancia, las calles, el mundo, quedando flotando en el confuso cerebro del poeta vagas fantasías, figuras extrañas, sueños indecisos y sus crónicas se llenaban de magos, de misas negras, de fenómenos de diabolismo y posesiones por el demonio, de delitos contra el espirita santo.

Allí mismo luego de una serie de reportaje macabros que ilustraba con espeluznantes dibujos de ahorcados, inundaciones, fugas de presos, mujeres sepultadas vivas, chinos haciéndose el harakiri con puñales malayos, cuchillos ensangrentados, y entretanto puñal y tanta sangre, publica el magistral, el corrosivo, el espléndido retrato de don Pablo González, general y caudillo de la revolución, aspirante a la presidencia: Figura singular, toda de sombra, no se ilumina màs que por los relámpagos de su despecho: Sofríe y destila hiel. Sus ojos miran zigzagueando, cual si temiesen quedar de hito en hito con su lealtad. Su adhesión es como la charamusca, melosa y quebradiza. Y sus pensamientos de codicia se enredan en una trama punzante y tenebrosa y le hacen traición. Podría ser llamado el traidor a si mismo. Y es este hombre, don Pablo, quien ahora lanza otra vez manifiestos, quien se supone a la cabeza de la rebelión y brinda justicia y paz. Ya no es la paloma bíblica la que porta el ramo de olivo: lo trae un cuervo. Este es en fin el hombre que al iniciar su jefatura en una revolución de opereta invoca una vez màs un patriotismo incorruptible como la nieve y un leal amor a sus principios, firme como los signos del zodiaco.

Porfirio Barba Jacob poeta y escritor, retrato | Mediateca INAH

Al fin la verdad de todo es que Barba Jacob era expulsado de todas partes no por los artículos sino por lo bien escritos. Como dice Fernando Vallejo, la perfección de su prosa era el mayor insulto. O la lucidez de su inteligencia. Nadie en el periodismo en español escribía como él. Màs aún en el largo siglo que iba corrido de periodismo en lengua española sólo se le puede comparar Mariano José de Larra.
En 1920 está en Guatemala como jefe de redacción de EL IMPARCIAL. Allí publica una gran crónica sobre el último día de vida de un condenado a muerte cuyo antecedente es la que publicara en 1917 en San Salvador, Últimos momentos de un condenado a muerte., pero detrás del detallado, magistral, conmovedor relato de Arenales hay oculta una formidable protesta: uniendo las letras mayúsculas con que comienza cada parte de la narración se forma esta frase: UN ASESINATO POLÌTICO. Y la oculta protesta la leyó todo el país. El periódico se impuso como el primero y se iniciaba la era del periodismo moderno en Guatemala. Al ser expulsado también de Guatemala le diría a su amigo Arévalo Martínez: ¿No ve que estoy preso en el fondo de este pozo de lisas paredes, de este agujero que se llama Guatemala donde nadie puede ganarse la vida de ninguna de las tres únicas maneras decentes: haciendo periodismo, política o estafando?

Un artículo del Diario de Centro América de José Rodríguez Cerda lo dice todo: Porfirio Barba Jacob es como se conoce al literato colombiano que se hizo famosos como Ricardo Arenales. Se llama en realidad Miguel Ángel Osorio. Es personaje que cambia de nombres como de camisas o como de amantes masculinos. Ya estamos hartos de genios…es preciso reaccionar contra esos huéspedes de un día o de un año que se ríen, al dejarnos, del rebaño de entupidos que vinieron a explotar… Gentes llenas de hambre y caspa, que no pagan los hoteles… precisa poner fin a esta explotación de que somos objeto a cambio de insultos…Un país que se deja tomar el pelo, merece que se lo tomen, vengamos ahora concretamente a la vileza de Porfirio barba Jacob que conoce como nadie las voluptuosidades de la marihuana, el alcohol, los relampagueos del sable y los misterios de Sodoma y Gomorra.

En 1926 está en el Perú, dirigiendo LA PRENSA. Leguía era el presidente desde 1919 y había suprimido todo atisbo de vida democrática y toda libertad individual y colectiva. El tiraje del periódico se triplicó y sus días en el Perú habrían terminado en la opulencia si al dictador no se le ocurre que Barba Jacob debe escribir su biografía a lo que el poeta se negó. Sólo con ayuda del embajador colombiano consiguió repatriarse. Por eso en 1928 ya está en EL ESPECTADOR de Bogotá.
En 1936 aparece en ciudad de México el vespertino ÚLTIMAS NOTICIAS y allí durante cinco años Barba Jacob escribió la columna editorial que llamaba Perifonemas; escribía también con el seudónimo de Raimundo Gray, reportajes macabros sobre extraños sucesos de ultratumba en el mejor estilo de Lovecraft. Pero los tiempos de sus crónicas amarillistas ya habían pasado. Esos artículos, dice Fernando Vallejo, son magistrales como nunca se han vuelto a escribir en el periodismo de México, a pesar de que ya en 1937 el propio Barba había dicho que por lo que hace a mis trabajos de prosa nunca he compuesto en mi vida ni una sola página que parezca digna de ser conservada. Los trabajos de periódico son cosa despreciable; llenan una necesidad momentánea y al día siguiente no tiene significado. Pero en su prosa deslumbrante va desfilando día a día por esos perifonemas suyos el México del tequila y la pistola de los zafarranchos sindicales del machismo irracional, de los diputados homicidas, el México abyecto de la lambisconería que se deshace en alabanzas y zalemas ante sus gobernantes corruptos allí en esa columna suya esta la corrupción apoderándose de todas las clases sociales de todas las esferas de la política; las debilidades morales de un pueblo que la revolución fomentó hasta niveles de descomposición nacional. Sin embargo por la misma época en México lo llamaban el editorialista invertido de ÚLTIMAS NOTICIAS y acusaban a este periódico de reclutar sus redactores y editorialistas en los garitos, en las cantinas y en la galera de homosexuales de las cárceles.

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