!Si, Carolo es un santo!

Carlos Bueno

27 julio, 2021

Tomado de “El Festival de Ancón, un quiebre histórico”. Carlos Bueno Osorio-Gonzalo Caro Maya, CAROLO. ITM, Medellin, 2001.

De sima a cima

 

  1. de R.: El siguiente texto es una adaptación, resumida, de un extenso informe que la Fundación San Carolo está preparando para hacérselo llegar a las autoridades del Vaticano, en su afán de iniciar el largo proceso de beatificación y elevación a los altares de la  santidad de Gonzalo Caro Maya, Carolo.

 

Rodrigo Maya Blandón 

 

I. Del nacimiento y las estrellas

El 20 de septiembre de 1947 la vereda Chamuscados, del municipio de Anorí, dejó de ser la misma vereda plácida de todos los tiempos. Lo mismo ocurrió con Anorí y con Antioquia y con toda la patria colombiana. El universo entero operó un cambio, dio un vuelco. Ese día, casi a la media noche, y en ese apacible lugar, vio la luz del día Gonzalo Caro Maya.

Doña Ofelia Maya y don Carlos Caro, sus padres, lo miraron con ternura. Nada más inspiraba la indefensa criatura que chillaba como un verdadero poseso. No obstante el cambio operado en el universo, en la vereda Chamuscados la noche del 20 de septiembre siguió su transcurso normal. El velo del templo no se rasgó, la tierra no tembló, ni la naturaleza desató sus furias. Sólo ocurrió algo extraño:  Las campanas de la iglesia tocaron a rebato sin la intervención de nadie. El sacristán del pueblo, don Antonio Heredia, todavía recuerda este episodio que ni el cura ni el obispo pudieron explicar. Fue algo misterioso. Las campanas tocaron a rebato por espacio de cinco minutos y luego todo fue silencio. Ante esta voz de alerta los vecinos salieron a las ventanas, pero sólo escucharon el llanto de un niño en la casa de los Caro. Para  nosotros era evidente: Carolo anunciaba con música su arribo a la tierra.

Cuando nace un santo, dicen Las Escrituras, se marca una ruta indeleble y precisa en el espacio sideral. Es una huella que los especialistas del Vaticano pueden seguir con precisión. Está marcada con polvo de estrellas y se conoce como el camino de la santidad. Gonzalo Caro Maya dejó su primera huella en la vereda Chamuscados con sonido de campanas.  

Era un 20 de septiembre, nicho de los Virgo. El planeta Mercurio, el mensajero de los dioses, irradiaba toda su energía sobre la humilde cuna y Vulcano, el planeta del trueno, impartía, de lejos, su porción de magia intergaláctica. Transcurría el año de 1947. El mismo año del gran descubrimiento de la tumba del líder Maya, Pacal Votan, en la única pirámide de estilo egipcio que hay en México, La Pirámide de las Inscripciones. ¿Qué energía se pudo desatar al abrir el sarcófago de Pacal Votan en el pueblito de Palenque, cuya cámara fúnebre está decorada con el simbolismo de los Nueve Señores de la Noche, o sea, Los Nueve Señores del Tiempo? Una de las Mesas de Trabajo de la Fundación estudia la relación que puede existir entre estos dos acontecimientos misteriosos. ¿Alguna herencia de los maestros galácticos mayas por las vías de su madre doña Ofelia Maya? Esperemos resultados.   

 

  1. II. Del lugar de nacimiento

y otros hechos misteriosos

Vereda Chamuscados, municipio de Anorí, departamento de Antioquia, República de Colombia. Profundizando en la historia reciente de este municipio encontramos algunos hechos que llaman la atención por lo extraños. Veamos:

En Anorí nació el pintor, escultor y muralista Pedro NEL Gómez.  

En Anorí nació Gonzalo Caro Maya aficionado al LSD.

En Anorí nacieron para la muerte los hermanos Vásquez Castaño fundadores del ELN.

En Anorí en 1970, un año antes del Festival de Ancón, ganaron las elecciones los liberales del MRL.

En Anorí, durante el Festival de Ancón, el 97% de los jóvenes menores de 20 años, eran hinchas del NAL.

¿NEL, ELN, LSD, MRL y NAL son signos cabalísticos que encierran un mensaje cifrado o simples coincidencias? ¿Es esa L un icono de libertad, liberación o de una mente liberal? Para saberlo, una de nuestras Mesas de Trabajo investiga en El Tesoro de la Juventud, concretamente en El Libro de los por qué, para darnos una respuesta. ¿Qué energía cósmica encierra esta tierra, vecina de Angostura, patria chica del Padre Marianito y de Porfirio Barba Jacob? ¿Qué misteriosas fuerzas contrarias se desatan en esta región donde murieron los Vásquez Castaño, fundadores del ELN y nació Carlos Castaño, jefe político de las AUC?  Tierra prometida, tierra de santos y demonios. ¿Es una demostración  del módulo armónico revelado?

 

III. Acerca de su formación temprana

Como todos los niños, Gonzalo Caro Maya creció y fue a la escuela. Allí, como todos los niños, aprendió a leer, a escribir y las cuatro operaciones matemáticas básicas. Doña Dioselina Ochoa, su maestra, tiene hoy, a sus 84 años, un recuerdo vago de su alumno: “Era un vago para el estudio. Inteligente, pero vago”, dice gambeteando con dificultad en la oscuridad absoluta de su avanzado mal de Alzheimer. Y agrega que practicaba mucho la escritura, pero haciendo planas de castigo. Hacía hasta 40 planas diarias que decían: Debo comportarme bien.

En el bachillerato le ocurrió lo que le pasa a todos los bachilleres colombianos: Se le olvidó leer. Y adquirió el remoquete que hoy lo define: CAROLO. Era tan hiperactivo –dice uno de sus compañeros de grupo– que se salía deGonzalo, su nombre de pila, un nombre para un ser apacible y tranquilo, entonces decidimos seguirle diciendo Carolo, que es un nombre neutro, sonoro como su voz de cascada, que se encierra en sí mismo como en una especie de laberintoCAROLO ES UN NOMBRE LAPIDARIO, concluye.   

Después de su grado de bachiller, decidió volverse verbo. Desde entonces, Carolo se hizo verbo y habitó entre nosotros para la salvación del mundo. Desde ese día, de su boca no salen palabras sino borbotones de palabras. Carolo es capaz de decir un discurso completo en “un solo golpe de voz”. Aquí se marca el inicio de su vida pública. En esta etapa de su vida empieza a delinear su ruta definitiva hacia los altares y no es que se haga monaguillo. Simplemente entra, como todos los iniciados, a la universidad, versión moderna del  templo de Eleusis, ese misterioso templo de los griegos, donde Platón, Sócrates, Esquilo y Marco Aurelio, entre otros, ingresaban a consumir el precursor del LSD, el ergot o cornezuelo, sustancia alucinógena visionaria, extractada del hongo del trigo.

 

IV. De los iniciados

Antonio Escohotado en su libro Historia General de las Drogas, demuestra cómo las diversas culturas, desde los egipcios hasta los indígenas del Vaupés, han utilizado sustancias y plantas enteógenas para su comunicación ritual, religiosa y natural. El pueblo judeo cristiano utiliza el vino; los griegos el vino y el cornezuelo y los indígenas del Amazonas el yagé, para citar apenas unos ejemplos.

Juan el Evangelista, después de vivir muchos años en la isla de Patmos, Turquía, el imperio del opio, escribió,  bajo la influencia del Espíritu Santo, nada más y nada menos que el Apocalipsis, el libro más alucinado de la Biblia. “Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. Y sucedió que en el día del Señor fui arrebatado en espíritu (¿del opio?) yoí detrás de mí una fuerte voz (¿agudización de los sentidos por efectos de la droga?), como un toque de trompeta, que me decía: Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia… Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y al hacerlo vi siete candelabros de oro y en medio de los siete candelabros vi a alguien con apariencia humana, vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. Sus cabellos eran blancos como la lana, o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor…” (Apocalipsis Capítulo I, versículos 9 al 16).

Carolo, como el apóstol, viaja a la isla de San Andrés, y allí, tendido en la suave  arena del mar Caribe y como el Apóstol, arrebatado de espíritu (sus detractores dicen que estaba inmerso en una dosis alta de LSD, versión de laboratorio del cornezuelo de los griegos), tuvo esta visión, que él mismo narra: “Miré al cielo. Estaba más azul que de costumbre. El sol brillaba, pero cosa extraña, no me hería los ojos. De pronto, las nubecillas se fueron convirtiendo en grupos musicales y un estruendo de orquestas como de 100 mil vatios de sonido se escuchó opacando el rumor marino de las tres de la tarde. Mil estrellas del rock, con mil guitarras eléctricas en sus manos, empezaron a desfilar por este maravilloso y espectacular escenario. Los Beatles, los Rolling Stones, Carlos Santana, todos con sus mejores atuendos y sus más espectaculares melodías me invitaban a la danza frenética. Y una voz que no supe de quién era, me dijo: ‘Véte y difunde nuestra música y nuestro mensaje de paz en las ciudades más importantes de Colombia y en todo el continente suramericano’. Y el concierto celestial se acabó en una atronadora salva de aplausos intergalácticos. Esemismo día me vine para Medellín y comencé a organizar el Festival de Ancón, el Primer Festival de Música Rock de Suramérica”.

 

  1. Sus primeros milagros

Algunas de las huellas que dejan los santos en la tierra, se llaman milagros.  Carolo tiene algunos milagros comprobados y otros que se están analizando en una Mesa de Trabajo, creada para estos efectos por las directivas de la Fundación. 

 

Milagro número uno:

El primer milagro sucedió durante el Festival de Ancón. El l8 de junio sonaron los primeros acordes del rock en la explanada de Ancón. La emoción fue masiva y a fondo. Y Manuel Quinto, amigo y compañero de Carolo en la organización del Festival, no pudo soportar la sobriedad y se aplicó una dosis triple de cacao sabanero. Suficiente para matar a dieciseis caballos. Y Manuel Quinto cayó redondo, sin puntillas, en medio del lodo, en la mitad de la explanada. Un paramédico de la Cruz Roja lo auscultó, le cerró los ojos inmensamente abiertos, le puso las manos cruzadas sobre el pecho, le estiró las piernas y escribió en su libreta: Muerto por sobre dosis de burundanga. El 20 de junio por la noche, Manuel Quinto seguía muerto en la explanada. El lodo ya reseco, la basura y la hierba lo amortajaban. Los diez mil vatios de potencia de las bandas, habían cesado. El silencio era sepulcral. A este escenario llegó Carolo, con su figura menuda, su cabellera suelta agitada por el viento. Lo acompañaba el escritor nadaísta Jaime Espinel, más conocido como Barquillo, testigo ático de este milagro. “Muy serio –relata Barquillo– con su mirada fija y su voz ronca y seca, le dice Carolo a Manuel Quinto: Levántese, hermano, que esta maricada se acabó. Y Manuel Quinto se levantó, se sacudió la cáscara de lodo reseco que lo cubría y pidió un aguardiente”, concluye el nadaísta.

 

Milagro número dos:

Jorge Romero, nombre ficticio por razones de seguridad, era un joven drogadicto de Laureles. De familia acomodada. Llevaba varios años metido a fondo en lo que llaman problema de la droga. Su madre, Teresa de Romero, afligida, vivía pegada de todos los santos. Ninguno le hacía caso, porque, al parecer, los drogadictos no tienen abogado en el santoral. Su hijo era una piltrafa humana cuando alguien le dijo que acudiera a Carolo. Lo visitó en compañía de su hijo. Carolo lo miró con dulzura, dice doña Teresa, y le puso la mano derecha en la frente. Y con una voz fuerte y autoritaria le dijo: Jorge, deja tu droga, toma la mía y sígueme. Era como un Cristo de jeans, continúa narrando la feliz mamá. Desde entonces, mi hijo es otro. Ya no me roba ni la plata, ni la plancha para cambiarla por bazuco.

 

Milagro número tres:

Manuel Quinto quiso hacer un libro que recordara los diez años de Ancón y le pidió a Carolo que le prestara las fotos del Festival. Carolo se las llevó al apartamento que Manuel Quinto tenía en Bogotá. Esa noche celebraron el encuentro como Dios manda. Carolo se despidió cerca del amanecer. Ocho días después supo que en esa madrugada el apartamento de Manuel Quinto se incendió completamente, con sus mejores fotos de Ancón y su dueño adentro.

El informe de los bomberos que atendieron el caso dice que sólo estaba intacto el cuerpo de Manuel Quinto, a quien encontraron en su cama, dormido de alcohol, marihuana y perico, con una foto de Carolo sobre el pecho. Todo estaba en cenizas en el cuarto, menos Manuel Quinto a quien tuvieron que despertar los bomberos. Es un milagro, escribieron en su informe.

 

  1. VI. Acerca de su inscripción en el martirologio

Cuando ser marihuanero era más que un delito, a Carolo le decían marihuanero, para ofenderlo. Desde muy joven ha sufrido de agresiones verbales de todos los calibres: drogadicto, comunista, traficante, mula, traqueto, proxeneta, ateo, mata curas, come niños, etc. Él, impávido, sufre la ofensa en su interior, pero recompensa a su agresor con una sonrisa de dulzura infinita y sana comprensión.

Antes, durante y después del Festival de Ancón recibió la más dura arremetida de los jerarcas de la iglesia católica. Desde el púlpito fue anatematizado, insultado y vejado. Fue tildado de mala compañía, de anticristo y de apóstata. Mensajero del oso de Moscú, discípulo aventajado de Belcebú, decía un cura desde el púlpito de la iglesia del barrio Buenos Aires.  

Impertérrito asumió las ofensas de estos sumos sacerdotes modernos. Con paciencia franciscana sorteó el vendaval, hasta que, agotada su misión en la patria, buscó expandir su mensaje por otras latitudes y viajó a los EEUU. Allí vivió la prosperidad del latino: consiguió dólares, amigos y adeptos. Pero uno de ellos lo vendió. Y Carolo, traicionado como Cristo, cayó preso en las mazmorras del régimen. Cárcel de alta seguridad. Celda de acero para él solo. Dos horas diarias de sol, tiempo suficiente para hacer amistades y planear la fuga.

Todo estaba previsto para la fuga. Se haría por los ductos del aire acondicionado.  Por ellos subiría a la terraza donde lo recogería un helicóptero que lo llevaría por 30 mil dólares a una isla cercana en la Florida, desde donde un avión lo transportaría a Barranquilla. Todo estaba listo. Los pagos estaban hechos. Las láminas de acero de su celda ya estaban cercenadas para acceder a los ductos y llegar a la terraza de la libertad, desde donde volaría por los aires como el profeta Elías en su carro de fuego. Así narra estos momentos: “Diez horas antes de la fuga, el guardia me llamó y me dijo: Carolo, está usted en libertad. No podía creerlo. Yo quería realizar esa fuga cinematográfica. El régimen me impedía ser un héroe de la pantalla grande. Me sacaron de la celda, pero no para la libertad.  Era sólo una burla para cambiarme de celda. Todo se frustró. El Elías moderno quedó más solo y aislado que nunca. Varios años después salí con una fianza y me vine, definitivamente, para Colombia. Desde entonces, he vivido de puro milagro”, concluye Carolo.

 

VII. Acerca de su madurez 

y de sus seguidores ocultos

Actualmente, Carolo es un hombre de paz, un santo, podríamos decir. Sabe que va camino de los altares y no quiere defraudarnos. De su vida turbulenta de juergas, francachelas, bares, prostíbulos y cantinas, ha pasado a la apacible labor de cuidar mascotas. Lo enternece un gatito enfermo y mueve cielo y tierra para aliviarlo. Es miembro honorario de todas las asociaciones protectoras de animales y organiza festivales municipales y barriales de mascotas. De su vida de apostasía, si la hubo, ya no queda nada. Es amigo personal de los obispos y de los curas. Los he perdonado a todos, dice sin falsa modestia. Hay quienes lo han visto comulgar en misa de cinco. Está marcando su territorio, su camino de santidad.

La Fundación San Carolo indaga y recopila todo lo que pueda servirle a los especialistas del Vaticano para llevarlo a los altares. Hemos detectado, por ejemplo, seguidores ocultos o, mejor, clandestinos, de San Carolo. Hemos encontrado jaculatorias y rezos. Hay uno que dice: San Carolo, Caroleto, que me prenda este vareto. Y otro: Te rezo, te adoro mucho, para que no falte el pucho.   Carolo es, de lejos, el patrono de los drogadictos.

Considera la Fundación que el acto que más ubica a Carolo en el camino de los santos, es el de la organización y realización del Festival de Ancón. Fue como el Sermón dela Montaña. Sin más armas que una flor para mascar, un pucho para fumar y un grito de paz, como graciosamente lo dice, se enfrentó a la sociedad antioqueña de la época, la más rígida, reaccionaria, autoritaria y pacata del país.  Y se enfrentó, también, con un sector de la juventud paisa, extremo izquierdista y sectario perteneciente a un movimiento estudiantil que reivindicaba o militaba en  la JUCO, el ELN, el EPL y germinaba al simpático M-19. En medio de estos dos bandos, organizó  a sus hippies, con sus melenas y atuendos estrafalarios y a sus bandas de rock con sus guitarras eléctricas y sus baterías infernales. Lucha desigual, lucha de mártires. De un lado de esta moderna arena romana, los pacatos con sus curas, púlpitos, obispos, maestros, policías, cantaletas, revolucionarios, molotovs, consignas anti imperialistas y, en el otro bando, los nuevos cristianos haciendo el signo de la paz, pidiendo la paz para esta tierra, el amor libre, cantando rock y fumando la nueva pipa de la paz. Ubiquen, entonces, ustedes a Carolo en una de estas casillas: Anarquista, utópico, santo. Ya nosotros tomamos una decisión y estamos convencidos de que es un santo de nuevo tipo, un santo post moderno.

También está segura nuestra Fundación, de que Carolo será el santo más feo del santoral. Le quitará ese lugar de privilegio al Padre Marianito, un santo que hay que invocarlo de día, porque si se le aparece a uno de noche, lo mata del susto.