Et nemini culpa imputanda est.

Carlos Bueno

10 enero, 2021

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U de A. 1976. Hernando Guzmán P.-Patricia Duque- Jairo Osorio-Carlos Bueno O.- Leonel GallegoLa imagen puede contener: 3 personas, incluido Carlos Bueno
Leonel Gallego-Carlos Bueno -Hernando Guzmán- Jairo Osorio
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Rodrigo Maya – Carlos Bueno – Jairo Osorio -Jorge Iván Correa – L.Gallego

Hace ya varias décadas un inquieto grupo de amigos universitarios definimos así en una lápida de mármol adosada a unos de los muros de la ciudad universitaria, lo que creíamos fue nuestro esencial paso por el alma mater de los antioqueños. Y nadie tuvo la culpa, que hoy me suena más que a broma premonitoria. Hace algunos meses regresé a los pasillos y aulas que hoy hacen parte de mi lejana formación académica, pero también sentimental,

Y recordé como desde esos maravillosos años 70, mi permanencia en la Universidad de Antioquia estuvo vinculada con los impresos: publicábamos folletos, agitábamos el ambiente con escritos en las carteleras, imprimíamos periódicos. Periódicos estudiantiles, pobres pero independientes. Pobres pero críticos. Como otras generaciones nos nutrimos de la libertad de cátedra y de expresión que informa de la existencia de la Universidad. Asistimos a las largas discusiones y marchas de la época acompañando al médico Héctor Abad Gómez, redactando comunicados del consejo superior estudiantil y creando periódicos como La Muralla o Viento.

Los periódicos nos ganaron enemigos en todos los sectores, como queda constancia en el libro Bitácora de la infamia,  reconocido inesperadamente bien por la crítica nacional. En la Universidad de Antioquia publicamos con Leonel Gallego, Jairo Osorio, Rodrigo Maya, Juan José Hoyos y Hernando Guzmán Paniagua periódicos punzantes y divertidos que nos ganaron el odio por igual de los miles de grupúsculos de la cavernaria izquierda colombiana y de la otra caverna, la derecha y los conservadores de la Antioquia profunda, goda y recalcitrante. Al final, a mí solo me quedó como aliado nuestro inolvidable León Zuleta: así de parejos estábamos: estigmatizados, excluidos, separados. Compartíamos horas increíbles de tinto y cigarrillos en la cafetería, discutiendo de todo y redactando su periódico El Otro. Claro, animábamos las discusiones y ganábamos nuevos enemigos. En ese fragor, León fundamentó el primer colectivo gay de Latinoamérica, por el reconocimiento de sus derechos y desde las páginas de la revista Alternativa, fundada por la época por García Márquez, Enrique Santos Calderón, Bernardo García, María Cristina de La Torre y Antonio Caballero, entre otros, apoyamos estas y todas las defensas de las libertades públicas. El Otro fue una empresa individual de Zuleta. Él se encargaba de escribir la mayoría de los artículos ,en ocasiones utilizando seudónimos, así como de la impresión y de la distribución en imprentas independientes, universidades, bares y cafés de la ciudad. Era una publicación errática, rudimentaria y de tiraje reducido. Estaba escrita a máquina, pero era común encontrar también fragmentos a mano. Contaba con una sección de avisos clasificados en donde se ofrecían encuentros amistosos y románticos homosexuales.

Y comenzamos una pelea que se prolongó por años: Por el periodismo Y contra las ciencias de la comunicación y las relaciones públicas, que se concretó casi 20 años después. Todo lo cuestionábamos en su momento. Había que removerlo todo. Cambiar la programación académica, sus contenidos, los profesores y hasta nosotros mismos, los estudiantes. Ayer, como hoy también, pensamos que lo que importa es la formación de los periodistas. En el horizonte la figura de Hernando Tellez: ejercer una rigurosa vigilancia sobre un espectáculo de segundo orden: las costumbres colombianas. Escribir desde las márgenes, en las orillas de las cosas, rozándolas sin herirlas, sin profanarlas, en la más fina extremidad de los hechos. La movilidad intelectual, enemiga de sistemas, la libertad para pensar, la lúcida contradicción, la insolente heterodoxia, el antidogmatismo, la fina ironía. Todo un ideario incumplido, pero presente que evoco ahora desde estos pasillos de la U. de A. que nos hizo decir en su momento Et nemini culpa imputanda est.

CULTURA
Ser es ser retratado.

Ser es ser retratado.

  Cuenta Porfirio en alguna página, que Plotino de Alejandría se negó a hacerse retratar alegando que él era solamente la sombra de su prototipo platónico y que el retrato sería sombra de una sombra. Así, la fotografía sería la sombra de una sombra de una...