El hombre que estorbaba.

Carlos Bueno

7 marzo, 2021
El hombre que estorbaba.

RAFAEL URIBE URIBE: 2016

Rafael Uribe Uribe

1859-1914

A sólo un año de su asesinato, censuraron para siempre la película sobre esos hechos. El filme resultaba tan inconveniente como el personaje asesinado. También sobraba para la magistratura y los ricos de Medellín que lo obligaron a renunciar como Fiscal del Estado de Antioquia en septiembre de 1884. Estorbaba para Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro y toda la Regeneración, con o sin formaleta. Era inconveniente para los jefes de su partido liberal, Aquileo Parra, Salvador Camacho Roldán y los restos del Olimpo radical que sobrevivieron a La Humareda, ya que siempre terminaba liderando, sin querer, las tantas guerras civiles de su tiempo. Le estorbaba a Gabriel García Márquez para terminar Cien Años de soledad y no podía sacárselo de encima ni poniéndolo frente a un pelotón de fusilamiento. Era inconveniente para los corruptos y mediocres de todos los pelambres. Estorbaba para los históricos conservadores, para los nacionales, para Pedro Nel Ospina, Carlos E. Restrepo, Marco Fidel Suarez, para los gringos, el imperialismo y su canal robado. Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal se encargaron por fin de ese hombre que estorbaba. Su coterráneo y amigo, Tomás Carrasquilla, sentenciaba: “Rafael: Estorbabas. Ejercías la dictadura de tamaño, que no soportamos los pequeños; la del significado, que no perdonamos los ceros”.

Restablecido de las heridas de la batalla de Los Chancos en la guerra religiosa de 1876, Rafael Uribe Uribe llega a Bogotá acompañado de Juan de Dios Uribe, El indio y poco después de Antonio José Restrepo, Ñito. Comienzan sus estudios de derecho y de filosofía y letras y “tomaron asistencia en el hotelucho de doña Victoria Bross, calle del León de oro, detrás de la manzana de las galerías. Vivían en un mismo cuarto con dos camas. A poco comenzó El indio Uribe a llegar tarde y Rafael a regañarlo, hasta que se echaron un peleón y El Indio se mudó a otra pieza. En la querella Rafael aconsejaba a su amigo y le encarecía cuán necesaria era una conducta ajustada a la moral rígida que él mismo practicaba y se imponía… Antonio José Restrepo, Ñito, lo recordaba como un asceta que a un raro talento unía una consagración inverosímil. (Fernando Galvis Salazar. Uribe Uribe. Colección de autores antioqueños. Vol.12. Medellín, Imprenta Departamental. 1962. Págs. 29-30). A El Indio Uribe y a Ñito Restrepo, sus parientes, amigos y copartidarios, no les aceptaba su espíritu bohemio, que los llevaba por las noches y chicherías bogotanas del barrio Egipto, a acompañar a José María Vargas Vila, Diógenes Arrieta, Candelario Obeso y al grupo de los panfletarios radicales que darían desde la prensa la batalla que él libraría con las armas contra la opresión de Núñez y Caro. Para ellos también Uribe Uribe estorbaba.

Sin embargo, El indio Uribe diría que con Rafael llegaron a estudiar a Bogotá en 1877, a la edad de 18 años. Uribe Uribe “cojo por causa de una herida en Los Chancos, que lo mantuvo entre la vida y la muerte durante largos meses. En la Universidad Nacional, y después en el Rosario, acumuló muchos conocimientos, dentro y fuera de las matrículas, con tal rigor de sistema, tal consagración y laboriosidad, que revelaban desde entonces de lo que era capaz por su inteligencia, su carácter y su perseverancia. Salió de los claustros hecho todo un hombre, y si digo que hombre mayor, digo bien, por la severidad de sus costumbres, lo rico de sus conocimientos y su plan de vida, ya como estudiado y resuelto. Tomó la existencia seriamente, y de antemano como que se obligó, consigo mismo, a hacer jornadas precisas en su itinerario, y a llenar, por series, ciertos cometidos de su organización equilibrada y potente. Si aquello hubo, no ha faltado a su palabra el fuerte adalid, y de ello estamos sinceramente orgullosos sus condiscípulos y copartidarios, los que contemplamos en el guerrero, en el escritor y en el orador parlamentario, que tanta nombradía alcanza, a uno de los sostenedores más distinguidos de las ideas libertadoras en la paz, y a un campeón de bravura probada, si los liberales se lanzan a los azares de la guerra. Sus discursos, conservan cierta analogía, por el espíritu de polémica, con los del Dr. Francisco E. Alvarez, pero los de Rafael son más despiertos y muchísimo más literarios que los del temido filósofo.

                           Antonio Josè Restrepo         Antonio José Restrepo | Revista CredencialJuan de Dios Uribe | Legado Antioquia

“En el Discurso resumen que tengo a la vista, quedan plantadas más de mil horcas, para más de mil regeneradores, por más de mil picardías contra los colombianos; y si fuera de comenzarse el estupendo desnucamiento, no se sabría por dónde dar principio, en la profusión de bellacos que patalean bajo el látigo de la palabra de Uribe Uribe. Penden a mis ojos, de las sílabas de su Discurso, apretados del gaznate y descoyuntados, los Caro, los Holguín, los Ospina Camacho, los Roldán, los Vicente Restrepo, los Casabianca… todo el cardumen de bandidos con que se ha repoblado nuestro suelo al soplo de Rafael Núñez y al conjuro de los clérigos.

“Finaliza su campaña legislativa de 1896 con el Discurso resumen en que leo: Hay aquí una verdadera conquista; un sometimiento a la gleba de casi toda una nación, por una minoría ínfima pero cohesiva; aquí se ha reproducido todo lo que caracteriza la conquista: desdén del vencedor, arrebatamiento de vidas, prisiones arbitrarias, expulsión del suelo, detentación de bienes, y, en resumen, casi todo un pueblo trabajando para un grupo que se apropia por medio de un vasto sistema de explotación, el beneficio del trabajo ajeno. Las inmensas fortunas regeneradoras, los palacios, las haciendas, el lujo insultante, el derroche a manos llenas, los viajes fastuosos, no como fruto de ninguna labor anterior, de ninguna ganancia legítima: es la contribución a que un círculo dominante ha sometido a un pueblo esclavo. Es el reinado de la cleptomanía. (Juan de Dios Uribe. Obras completas. Parte I. Colección Bicentenario de Antioquia, ITM. pág. 407. Medellín, 2013). ¿A quién más estorbaba este hombre?

ENSAYOS Y COMENTARIOS. GRILLO (MAX) (Libros antiguos (hasta 1936), raros y curiosos - Literatura - Ensayo)

Su amigo Max Grillo, prologando su libro Por la América del sur en 1908, escribió que “jamás deja pasar un día sin estudiar algo; su actividad es asombrosa, metódica, como de procedencia anglosajona. No descuida los detalles y los piensa con la misma atención que el conjunto. Todo lo que sea manifestación de la vida social le atrae, investiga sus causas y analiza sus resultados. En nuestro país, en nuestra sociedad apática y lenta, un carácter y una labor de tal naturaleza, en cierto modo disuenan. Se le increpa que abarca demasiado, que camina con extrema celeridad hacia los fines que se propone. En un pueblo que marcha con paso tardío y que apenas ama el trabajo bien ordenado, una actividad de la índole de la del doctor Uribe Uribe, produce en veces desconcierto en quienes lo están contemplando. Uribe no descansa: medita, escribe, estudia, recoge datos, está primero que los demás en el lugar de cita, madruga tres horas antes que los más madrugadores, se multiplica. Los frutos de una actividad tan grande son siempre espontáneos, tiene la virtud de las cosas vividas y suelen traer las censuras de los desidiosos; pero si en ocasiones se malogran y parecen precipitados, en la mayoría de los casos demuestran el valor de un temperamento y son fecundos por virtud de la acción misma”.

Por la América del Sur - Rafael Uribe Uribe - Google Books

La última edición de esta travesía diplomática, sociológica y empresarial por el sur del continente tiene un especial pie de imprenta: Se imprimió esta obra de la Biblioteca de la Presidencia de Colombia bajo la supervigilancia de la Dirección de Información y propaganda del Estado, por disposición del General Jefe Supremo, Gustavo Rojas Pinilla, en la Editorial Kelly. MCMLV-Laus DEO.

Por la América del Sur - 9789588869117 - LibreriadelaU.Selección y presentación de Carlos Bueno Osorio

Su travesía por la América del sur que acopiamos en esta selección, da fe de esa disciplina y de sus obsesiones: “Podría haber escrito mi discurso de hoy en portugués, pues el dominio que he adquirido de vuestro armonioso idioma me habilita para ello, pero no teniendo igual confianza en la exactitud de la pronunciación, prefiero producirme en el buen castellano que hablamos en Colombia, tan elegante y castizo como varonil y bien articulado, por más que yo sea allí el último de sus cultivadores, y bien seguro de que vuestra práctica de esta lengua y su semejanza con la vuestra, harán perfectamente inteligible mi palabra”. Palabras pronunciadas en una conferencia internacional en Río de Janeiro. No en vano escribió un Diccionario abreviado de galicismos, provincialismos y correcciones al lenguaje, con 300 notas explicativas, en donde estudia incorrecciones idiomáticas y gramaticales, extranjerismos, y barbarismos, arcaísmos y neologismos, formas lingüísticas inapropiadas y errores de acentuación. Y además, Un tratado de geología al alcance del pueblo en su primera reclusión en las mazmorras del régimen en 1885, acusado por la muerte del díscolo e indisciplinado soldado Resurrección Gómez.

Nunca descuida su estilo literario. En su viaje por el sur del continente conoce las llamas en Bolivia y Perú:”Aunque de paso lento, son ligeras y sueltas, no se hunden en los lodazales, saltan las zanjas y trepan por laderas por donde no lo harían las mulas. Ya sea que caminen o que estén paciendo, observan cuanto ocurre, mirándolo todo atentamente, con cierto aire de estupidez y de candor que les da la dulzura de la mirada y el cuello largo y movible como de camello. Hay en sus ojos mucha bondad y algo como una tristeza profunda. Parece que encerraron toda la amargura y melancolía de la raza indígena esclavizada. Es singular que el macho de estos cuadrúpedos cohabite con la hembra echados en el suelo. Los indios se acomodan muy bien a la naturaleza de este animal, y es de verlos atravesar los páramos con sus recuas, sin que se les oiga ni a ellos ni a ellas; tal es el silencio con que se mueven. Si se apura o molesta a la llama, suele volverse hacia el arriero y escupirle el rostro, única defensa que tiene. Si se cansan o enojan, se echan en el suelo y no hay modo de hacerlas levantar; si se intenta hacerlo, se encolerizan y gruñen como puercos. El indio se sienta entonces a su lado; con toda flema, y empieza a acariciarla hasta que la desenoja, durando echados en el suelo una o dos horas”.

Venía de una larga experiencia de hombre de campo. Fundó y administró fincas. Había trabajado en haciendas desde la infancia. Cuando en 1897 le entregan una medalla honorífica, dijo refiríendose a los trabajadores que lo acompañaban: Como ellos, yo se ganarme la vida con el trabajo material; también sus manos han encallecido con el empleo de las nobles herramientas del labriego; también el sol ha tostado mi piel en medio del campo; también he regado con mi sudor la tierra; y si algún temple del alma se advierte en mí, es resultado de la lucha física con la naturaleza. En esa brega austera se templa el carácter porque aprendiendo uno a bastarse a sí mismo, aprende a desdeñar las abdicaciones de la dignidad y las transacciones con la conciencia en los bazares de la intriga.

Defendiendo a los indios del Putumayo escribió: “De 1875 a 1899 la población indígena de la región que los colombianos llamamos territorio del Caquetá, no era menor de 150 mil; pero de este último año en adelante se ha disminuido considerablemente debido a la viruela, el sarampión, el catarro y otras enfermedades contagiadas por los blancos, y más que todo, a la exportación regular que de esos infelices, como artículo de comercio, emprendió desde 1902 la casa Arana; secundada por la fuerza armada del Perú, a cuyo amparo se ha verificado la usurpación del Putumayo”. Inconveniente más allá de las fronteras.

Metiendo sus narices en el problema educativo del país se soltó así: “Elevado a la categoría de garantía constitucional el derecho de los padres y tutores a mantener a sus hijos y pupilos en la más profunda ignorancia, resulta que en Colombia, de los niños y mozos, y de los hombres que tienen hoy entre veinte y treinta años, esto es, la infancia y la juventud– dos generaciones que constituyen el presente y el porvenir de la república– puede asegurarse que los cuatro quintos son analfabetas; de los que saben leer, la mayoría no sabe trabajar; de los que saben, hay muchos que no quieren; y entre los que saben y quieren, la casi totalidad se desanima por falta de capital y estímulos, o porque ve su esfuerzo absorbido por los fletes y los impuestos.

Los últimos momentos de Uribe Uribe | La Red Cultural del Banco de la  República

“En vista de esto ¿hay para qué devanarse los sesos averiguando el origen de las crisis de carestía y miseria? Para los espíritus que no quieren tomarse el trabajo de investigar, es fácil y carretero achacarlo todo al comodín de la guerra pasada, como si ella no hubiera sido más bien un efecto que una causa, y como si no hubiera una anterior, coetánea y posterior, que ha actuado sobre la riqueza y el trabajo nacional con un enorme poder deprimente: el papel moneda inconvertible, inamortizable y de emisiones ilimitadas. Sea como fuere, mientras la economía nacional no se reconstruya sobre bases enteramente nuevas, que permitan explotar inteligentemente las inagotables riquezas del suelo colombiano, jamás podremos explicarnos que haya pueblos como el de los Estados Unidos, que padezcan lo que Cleveland llamó crisis de abundancia.

“El sistema nefasto de educación que predomina en Colombia es la causa primera de todos nuestros errores y desgracias. Mientras no lo cambiemos careceremos de todo derecho a quejarnos de nuestra suerte. Cada vez que me acuerdo de los niños de las escuelas de Colombia, me sobrecoge un sentimiento de compasión profunda. ¡Pobrecitos! ¡Pobrecitos!”. ¿A quién podría gustar este tipo?

Y cómo si sólo tuviera amigos, dele un poco más al problema educativo: “¿Qué debemos respetar en el niño? Su personalidad, pues la tiene como cualquiera. Debemos respetar su inteligencia en formación, su derecho a pensar, a sentir y a querer de acuerdo a sus ideas. Quien lo violente en el ejercicio de esos derechos, comete la misma profanación que quien lleva a la mano para impedir que se desabroche el capullo de una rosa o para obligarla a descogerse antes de tiempo. La sicología del niño: a descifrarla se han dedicado en estos últimos tiempos los más penetrantes espíritus, pero mucho temo que sus trabajos sean letra muerta en un país como el nuestro, donde hace años se dejó de leer.

“La educación antigua, vigente aún en Colombia, profesaba como axioma que el niño no tiene voluntad. La moderna, parte del principio de que, aun no manifestándola, existe en germen y que la labor del maestro se reduce a despertarla. No debe proceder por imposición o por transfusión de la propia, sino por cuidadoso cultivo de la ajena.

Rafael Uribe Uribe - Wikipedia, la enciclopedia libre

“Infeliz del hombre que viendo una cosa que no entiende, pase de largo antes de explicársela !Infeliz del que no siente la inefable alegría de aprender! Lo que es por mí, si encuentro algo que no comprendo –máquina, fenómeno, suceso– padezco una como desazón enfermiza, y no tengo sosiego hasta no darme cuenta completa o hasta no forjarme por lo menos una hipótesis a mi modo. He de ver, he de palpar, he de preguntar, he de saber, o no tengo descanso ni paz conmigo mismo. Lo único que se requiere es no gastar pereza y tener espíritu inquieto y observador. Por desgracia, la educación colombiana no procura desarrollar estas cualidades en los niños”. ¿Nos interesa mirarnos a todos en ese espejo, en esa definición de un carácter? Rafael, cansón, creo que nunca nos ha interesado…

Rafael Uribe Uribe: El General de las batallas difíciles - Revista Estado :  Revista EstadoCon su esposa Sixta y dos de sus hijos

Y ahora con sus hijos: “Querido Juliancito: Aunque su mamá, por amor a mí, y por serme usted muy parecido, según dicen, le ha cambiado el nombre por el mío, seguiré llamándolo por el suyo mientras veo si lo merece. Parecerá inmodestia que así piense, pero la verdad es que para llamarse usted Rafael Uribe, necesita ganar primero ese nombre, por el estudio y por la virtud, que es como yo he procurado ilustrarlo y conquistarle la corta fama de que goza. Ni tengo ni he tenido nunca un solo vicio; jamás he conocido la pereza para el estudio y el trabajo; y una vez determinado cuál era mi deber en cada caso, he procurado cumplirlo sin miedo por las consecuencias. Penosas han sido muchas veces, pero no por eso me he arrepentido. No es a gozar a lo que hemos venido a este mundo, sino a cumplir nuestro destino de perfeccionarnos y ser útiles a los demás.

“Esta es la carga que le trae aparejada la adopción de mi nombre, si no quiere que después se lo echen en cara por haber desmerecido de él. De una vez le permitiera que lo usara si su razón pudiera ya comprometerse a imitar mi conducta; pero vale más esperar a que usted comprenda bien aquello a que se obliga. Para llegar a ser un perdido cualquiera, ni mi nombre, ni mi apellido le presto.

Mi hijito: presiento que no haré huesos viejos, y debo insistir para grabarle en su tierna inteligencia el concepto de su deber. Prepárese usted para cumplirlo, aprovechando su tiempo en la escuela, huyendo de las malas compañías, siendo obediente con su mamá y cariñosos con sus hermanitos. Piense en que desde temprano va usted a tener que trabajar para sostenerlos y hágase cargo de la seriedad que desde ahora le exige esa obligación futura. Ya era tiempo de que tuviera buena letra y mejor ortografía, así como de que supiera bastante aritmética. Pero usted se la pasa jugando y no pone atención a lo que le enseñan. Dele buen ejemplo a Carlitos. Levántese temprano, báñese, haga el ejercicio gimnástico, ponga cuidado en sus lecciones, cuide su ropa, no se enoje ni tenga caprichos…” -San José de Costa Rica, 20 de febrero de 1898-. ¡A joder!

Guerras Civiles - Colombia 1800 - 1900 timeline | Timetoast timelines

Y mandobles a izquierda y derecha, arriba y abajo, y en plena guerra de los Mil días: “Estimado Pedro Nel Ospina: Conveniencias de guerra me aconsejan dejarte a Corozal. Ahí te lo dejo con sus fiebres, su hambre y su aspecto antipático. Como la cesión es voluntaria y hasta gratuita, no vayas a escribir sobre ella un parte muy grandilocuente. No hay que tartarinizar. Por no dejar ociosos a mis soldados, por ejercitarlos en construir fortificaciones, por meter algo de miedo a lo lejos sobre mi resolución de defender la plaza o morir bajo sus ruinas, me entretuve en arreglarlo como para resistir de veras, pero sin haber tenido nunca el ánimo de hacerlo.

“Tiene todavía la Revolución mucho horizonte y mucho porvenir para encerrarse en cualquier cascarón de pueblo, solo por el qué dirán. He cuidado de los heridos y enfermos conservadores de que me hice cargo por capitulación, mejor que si hubieran sido liberales. Puede que algunos se quejen, por lo descontentadizos, pero tengo atestaciones de ellos mismos que prueban mi buen manejo. No hago mérito de ello sino para exigirte la reciprocidad. Aquí y en Sincelejo quedan algunos de los míos, incapacitados para seguirme. Te los recomiendo, en la seguridad de que los dejo bajo la protección de un caballero y de un cristiano.

“A propósito: me complace tenerte por contrincante. Entre los dos no perderemos esfuerzos por civilizar la guerra. Dicen que tus fuerzas han saqueado El Carmen, Colosó, San Antonio, Palmitos y demás lugares a donde han llegado. Que saquearán e incendiarán a Sincelejo, si lo toman. Deseo que sean exageraciones de la gente. Yo me he esforzado siempre por impedir que mis tropas cometan esa clase de desafueros y creo haberlo conseguido. La conducta contraria en los defensores del Gobierno, formaría contraste desventajoso. Está de más decirte que los prisioneros que nos hagamos serán bien tratados. No te dejes aconsejar de los sectarios rabiosos. Estamos guerreando en tierra que no es precisamente la nuestra y donde debemos procurar dejar un buen recuerdo, no casándonos con las rencillas lugareñas. Somos padres de familia, vamos tirando ya para viejos y tenemos reputación que cuidar: otros tantos motivos para tratar de distinguirnos del vulgo de los perseguidores fanáticos.

“En cuanto a mí, jamás la condición de conservador o de adversario me ha impedido ver detrás la de colombiano, es decir, la de compatriota. En cuanto a las relaciones entre los dos, quedan por mi parte establecidas para todo objeto útil o de interés común. No en vano habremos sido condiscípulos y amigos de toda la vida: Y aunque tendría yo derecho a guardarte rencor por querellas de juventud en que te excediste, los años han dejado caer sobre ellas capas sucesivas de ceniza fría. Celebraré que tengas noticias de Carolina y tus muchachos. ¡Feliz tú que puedes comunicarte con ellos! En catorce meses de campaña, apenas he sabido tres veces de casa. Te saluda tu condiscípulo y amigo, Rafael Uribe”.

Guerra de los Mil Días: siete puntos clave para entender este hecho | Radio Nacional de Colombia

El 12 de abril de 1901, ante la imposibilidad de conseguir ayuda para continuar la guerra y para terminar con el inútil desangre del país, Uribe Uribe lanzó en Nueva York su Manifiesto de paz. Era el fin de la guerra. Pero el gobierno de José Manuel Marroquín tenía un extraño interés en atizarla, mofándose de Uribe y extremando su persecución al liberalismo. Escribe a su hermana Paulina:”Dime lo que piensas del Manifiesto con tu franqueza acostumbrada y refiéreme la opinión de los demás acerca de ese documento y de la impresión que produzca. Solo sabré decir que ni las razones públicas alegadas ni las que privadamente he presentado, son las verdaderas. Los motivos reales que me movieron a dar ese paso no son de los que ahora puedan expresarse. La pintura que me haces de Bogotá y su estado de alma, como dicen los novelistas sociólogos, es de mano maestra y a tu penetración de mujer me atengo y no te duela cargarme la mamo en lo que te parezca, o transmitirme los juicios desfavorables que sobre mí hagan, pues soy hombre dócil y dispuesto a corregirme.

“Lo que nunca obtendrás de mí es que abandone el servicio de la causa liberal. Es mi sino emplear mi vida luchando por ella y no puedo ni quiero sustraerme a la ley del destino. Acaso, si el partido hubiera triunfado, hubiera pedido mis letras de retiro. Pero sería cobardía abandonarlo en la hora de su mayor desgracia. También es doble partida empeñada, en la que entra el punto de honra: contra los godos, a los que he de derribar, y ellos, a mantenerse en el puesto; y contra mis buenos amigos, los olímpicos, a que me tienen que tragar aunque les sepa a feo.

“Sobre el Manifiesto, la opinión se dividirá en bandos que hallaran el documento magnífico, los unos, y pésimo, los otros. Como así sucede siempre con todo lo que hago y digo, estoy acostumbrado a la algarabía y no me aconsejo sino de mí mismo. Igualmente estoy curado contra acusaciones de alzamiento de caudales. ¿Por qué habría de ser yo el único político que se escapara de la calumnia? No tengo nada que contestar sino que ojalá fuera cierto que hubiera traído no cincuenta mil dólares sino el millón redondo, para más pronto derribar a los godos. Así tampoco tuviera que estar haciendo traer aquí de mi cafecito, para poder vivir pobremente en un hotelito de quinto orden. Me he hecho a la indiferencia yanqui con respecto a esa clase de acusaciones, pero el partido liberal debe ponerla en mi cuenta de sacrificios y sufrimientos por él. Yo sabré en qué me hago pagar a su debido tiempo”. Nueva york, mayo de 1901.

FUNDACIÓN - MAGDALENA: LA PAZ QUE SE FIRMÓ EN LA ZONA BANANERA

Y como si el clientelismo y la burocracia no fueran los verdaderos amigos del pueblo, aquí va un mal ejemplo: “Un Ministerio de Agricultura a la moderna, de los que en otras partes han producido tan admirables resultados, es un aparato técnico. Los empleados se escogen por su competencia en su respectivo ramo, no por nepotismo ni por recomendaciones de padrinos, o sólo por la buena letra. Siendo el objeto fundamental del Ministerio estudiar directamente el país, desde todos los puntos de vista prácticos, relacionados con la agricultura, y difundir entre las clases productoras los conocimientos adquiridos, para su enseñanza y protección, queda dicho que todo eso es obra nueva que no puede ser hecha por el personal de plumarios de las actuales oficinas, ni por las normas administrativas a que estamos habituados. Es preciso que la burocracia –que ignora lo que son intereses públicos, que no conoce el valor del tiempo ni los derechos de los contribuyentes, y que sólo sabe de retardos y prórrogas– no consiga inmiscuirse en la obra porque la esterilizaría. Ella es esencialmente de la competencia de los técnicos y de los hombres de acción; y como exige consagración absoluta y trabajo activo, deben permanecer extraños a ella los pendolistas sedentarios que de esas cosas no tienen ni nociones”.

Historia del asesinato del general Rafael Uribe Uribe, hace 100 años -  Archivo Digital de Noticias de Colombia y el Mundo desde 1.990 -  eltiempo.com

En septiembre 5 de 1913, hace esta radiografía de lo que el llamó el funcionarismo. Lo califica de epidemia y “como el gusto deplorable e inmoderado por los empleos públicos, de donde resulta la desmesurada multiplicación de ellos y del personal a cargo del Tesoro común. Conduce al favoritismo, lo que daña el servicio público. Aquel no favorece sino a los incapaces. Arrebata millares de brazos y de cerebros a lo fabril, a la agricultura, a las artes, a los oficios. No hay como la sombra de una oficina pública para marchitar talentos y atrofiar voluntades. El funcionarismo es la historia de la cábala, de la intriga, de la política del nepotismo, de clientela y de recomendación. Un combate entre el espírityu de progreso y libertad contra el espíritu de servidumbre y despotismo, es el duelo de esas dos fuerzas que, con nombres diversos, no son, en el fondo, otra cosa que la democracia contra la burocracia”. Ahora sí que estorbaba.

O esta otra, muy diplomática: “Con lo que estos países acostumbran gastar en un mes en consulados costosos, que podrían ser ad honorem, en puertos y ciudades donde no tienen comercio, o en misiones diplomáticas inútiles, o en comisiones militares, fiscales y otras inventadas para mandar a pasear y divertirse los amigos de los presidentes y ministros, sin el menor provecho para el país, habría con qué sostener por años el servicio de propaganda telegráfica de la agencia Havas”.

Y para ampliar el terreno de sus querellas, también se mete con el café:”En los Estados Unidos, quien tuviere la suerte de que le sirvan una infusión reciente, obtiene siempre una bebida no repugnante y que, con un poco de buena voluntad, recuerda el café regular; pero de ahí a pretender los consumidores norteamericanos que son verdaderos peritos, capaces de distinguir la calidad y el origen del producto, hay espacio suficiente para que se acomode la especulación de que son víctimas. Engañado por las historias del monopolista y lisonjeado por su presunción de competencia, el consumidor consigue apenas, ser tan explotado como el productor. Pero hay una diferencia enorme entre los dos: el engaño del consumidor sólo le cuesta tener que pagar por el doble la satisfacción de una necesidad secundaria de su economía, al paso que al productor es la propia sangre la que se le extrae; el uno paga el tributo de la ignorancia presuntuosa; el otro sufre por lo que no hizo para merecer el mal. Entre los dos está el monopolista feliz, único que saca partido de la situación, viviendo a expensas de ambos”.

RAFAEL URIBE URIBE: Rafael Uribe Uribe en el libro “LA FORMA DE LAS RUINAS”  DE JUAN GABRIEL VÁSQUEZ. Por Edgar Toro Sänchez. Ensayo. Junio 20, 2016

Y como somos un país de dos mares y enormes cordilleras, ¡Tengan pa que chupen!:”Siempre he pensado que los serranos tenemos más clara noción de patria y más apego a ella que los hijos de las llanuras. El horizonte de éstas es una línea vaga y borrosa que sólo puede suministrar recuerdos confusos; mientras que cada montañés lleva grabado indeleblemente en el fondo de su alma un perfil de cerros, de dibujo preciso y corte acentuado, que le dan a su país o a su comarca una como fisonomía propia y personal que nunca se olvida. ¡Benditas sean las montañas!”

Y oteando como si nada fuera, esta andanada: “Pero los hechos se quedan en pie, y la humanidad aprecia menos cada día el valor práctico de las protestas, si no pasan de una hermosa actitud. Llueven los laudos arbitrales en que la letra muerta del derecho es reemplazada por líneas en que palpitan la vida, la política, las necesidades, las conveniencias, los caprichos mismos, cuando no un poco el interés y la fuerza: los hechos, en una palabra. Y nosotros, firmes en la cumbre del ideal, alimentándonos de ilusiones, y sin querer bajar a la llanura donde se marcha, se negocia, se transige, se trabaja, se vive. Así nos sorprenden fenómenos que no están de acuerdo con la doctrina; así nos sobrevienen desgracias por no faltar a los principios; así padecemos derrotas por no admitir composiciones con la verdad y el error; así se desbaratan los partidos por no modificar su credo; así perdemos a Panamá, por no cercenar la soberanía; y así vamos al abismo por no apartarnos de la línea recta. Sinuosa, curva, ondeante, es la de la vida, y mientras no lo comprendamos, iremos de catástrofe en catástrofe”.

Rafael Uribe Uribe: El General de las batallas difíciles - Revista Estado :  Revista Estado

El 20 de septiembre de 1884, el Fiscal del Estado Soberano de Antioquia, Rafael Uribe renuncia luego de un juicio criminal, cuyo tribunal fue manipulado por el acusado, uno de los hombres adinerados de la ciudad de Medellín. Dice en su carta de renuncia: ”Es débil todo esfuerzo para cumplir las miras del Legislador e irrealizable la general aspiración de reforma en la administración criminal de justicia, porque el jurado en su actual modo de ser legal y social, es para ello obstáculo insuperable…Pero ello es que al extremo odioso de hacerse justicia por su propia mano, llegará el pueblo cuando se convenza de que el jurado carece de severidad, energías y moralidad: el exceso de la lenidad, provocará por reacción el exceso del castigo y la flojedad de las sentencias, la crueldad de las venganzas. La pérdida de fe en el prestigio de las instituciones a eso conduce y tal movimiento será encabezado por la clase pobre, al ver, por ejemplo, que la igualdad legal se traduce en la práctica por la absolución sistemática del rico.

“Cuando se me llama a un puesto público – que nunca busco- consiento en desempeñarlo, si a más de honroso, presenta la oportunidad de prestar un servicio a la sociedad o a mi partido: pero jamás entra en mis cálculos la cuantía de la remuneración. Renuncié a la Procuraduría General del Estado cuando mi permanencia en ese empleo había dejado de ser una honra para mí; y no he querido ir a ocupar mi asiento en la Cámara de representantes, entre otras razones porque, dada la composición de los Congresos y la corrupción política de la época, ni es distinción concurrir a ellos, ni es allí donde el patriota puede servir eficazmente a su país.

“Hoy hago dimisión del cargo de Fiscal del Estado porque hay invencibles dificultades legales y sociales para llevar adelante el pensamiento salvador de reprimir los delitos y castigarlos; porque aquí causa alegría los triunfos del crimen contra la justicia, o por lo menos pasan inadvertidos, porque los resortes de la sanción moral están relajados profundamente y tomados del orín de la indiferencia; y porque no habiendo servicio útil que prestar, no está en mi carácter seguir devengando sueldos gratuitos”.

Rafael Uribe Uribe | Dibujo en lápiz y pelo humano sobre pap… | Flickr

Y se va y funda un periódico, El Trabajo, que se anunciaba como: Industrial, noticioso y literario. Al mismo tiempo y alrededor de su labor periodística allí, crea también, la Asociación de la Prensa, que reunió a los periodistas de El Trabajo, La Voz de Antioquia, La Consigna y El Progreso, entre otros periódicos de la época. Es la primera asociación de periodistas y periódicos en la historia colombiana.

Allí, en su nuevo frente de combate de la prensa, anuncia que vuelve a ejercer su profesión de abogado y comisionista de seguros de vida; que tiene una librería, sucursal de la de Salvador Camacho Roldán de Bogotá, con libros de Emile Zola, Quevedo, Ariosto, Cervantes, Voltaire, Edgar Allan Poe, Edmundo de Amicis, Alarcón, Pereda, Benito Pérez Galdós, Juan Varela, Menéndez Pelayo, Charles Darwin, Juan de Jovellanos, Juan Montalvo, Esopo, Samaniego, Andersen, la ortografía de Marroquín, Soledad Acosta de Samper, José Asunción Silva, Gregorio Gutiérrez González, Diego Fallon, la urbanidad de Carreño, Shakespeare, Lamartine, Lord Byron…ofrece sus oficios como comisionista para trabajar en todos los asuntos de su profesión y solicita artículos en consignación y ofrece sus servicios como agente de negocios. Además, pone en venta tres magníficas mulas todas tres de silla, nuevas, hermosas suaves, briosas y sin defecto. Su múltiple actividad profesional y de negocios se chocaría con la guerra civil de 1885 y con la muerte del soldado Resurreción Gómez, por insubordinación. Alguien siempre estorbaba. Casi siempre, él.

Con un Arco del Triunfo y un desfile masivo en Bogotá, celebró el general Rafael Reyes la victoria de la Regeneración en la guerra civil de 1895. Aquella escaramuza estalla durante el gobierno del vicepresidente Miguel Antonio Caro, poco después de la muerte de Rafael Núñez. Un sector del liberalismo creyó haber encontrado la oportunidad de convertir la protesta social del momento en un levantamiento liberal y desplazar de paso a los jefes de su partido. Su dirigencia denominada como Junta liberal estaba compuesta entre otros por Rafael Uribe Uribe, Eustaquio de la Torre Narváez, hacendado cafetero, socio del propio Uribe Uribe, y el general y ex presidente Santos Acosta. El incumplimiento de los conspiradores y su fracaso provocaría una dura imprecación de Rafael Uribe Uribe, quien al ser interrogado por las autoridades sobre los hechos explicó que el plan había fracasado por la incalificable cobardía del pueblo bogotano y acaso también por las malas disposiciones de los directores del movimiento. ¿Quién era el estorbo?

RAFAEL URIBE URIBE: RAFAEL URIBE URIBE. Eduardo Santa. Edición Bedout 1973.

Prologando la primera edición de su biografía del historiador Eduardo Santa, titulada Rafael Uribe Uribe, el caudillo de la esperanza –Editorial Iqueima, editor Hernando Salazar para ediciones Triángulo. Bogotá, mayo de 1962- Juan Lozano y Lozano dice allí que “yo, en mi niñez, conocí al general Uribe muy de cerca, como si fuera persona del más íntimo círculo de familia, gracias a la amistad y colaboración política que ligó a mi padre con él; y lo veía, prácticamente todos los días, en mi casa o en la suya. Desde luego, entre los míos no se hablaba sino del general Uribe, como de una suma de perfecciones; y se relataban con delectación morosa todos sus hechos y sus dichos. Siendo mi padre uno de los uribistas férvidos, colega en el Congreso, miembro de la Dirección Liberal y colaborador asiduo en El Liberal, me mandaba a mí, niño de once años, en calidad de cooperación suplementaria, a corregir pruebas al periódico, que ocupaba el tramo oriental de los bajos de la casa del General, en el Camarín del Carmen. El tramo occidental de aquellos bajos estaba ocupado por las oficinas: redacción del periódico y Dirección Liberal Nacional. Yo, sentado a una mesita dentro de la imprenta, miraba por un vidrio esmerilado, roto, lo que pasaba en las oficinas, al otro lado del patio. Allí había siempre señores, hablando con Uribe. De pronto, el General dejaba a sus amigos, se salía de la oficina, subía rápidamente la escalera que conducía al segundo piso, alzaba en vilo a sus nietas que jugaban en los corredores, las besaba, y volvía a bajar rápidamente a su despacho, para continuar la conferencia. Me daba cuenta yo, de que no había subido sino para eso…

Eduardo Santa: El Maestro, el historiador, el académico, el escritor | El  CronistaEduardo Santa

“Este recuerdo, para decir que quienes quedamos de los que alcanzaron a vivir en el ámbito del general Uribe -en mi juventud, después, fui honrado con la amistad de ese gran ciudadano que fue el doctor Carlos A. Urueta-, encontramos extraordinariamente bien enfocados por Eduardo Santa los rasgos del carácter del héroe; la pintura humana que de él presenta un mozo de las más nuevas generaciones intelectuales. El hombre que, preso por acusaciones de violencia, emplea los ocios del calabozo en escribir un diccionario; el hombre que, en el estallar de una revolución precipitada contra su expresa voluntad, lo deja todo para entrar en la guerra en las más desfavorables circunstancias; el hombre que, después de castigar en un soldado un acto de rebelión colectiva, tira a un lado su carabina, se cruza de brazos y pregunta si hay alguno que quiera dispararle; el hombre que después de fulgurantes y estupefacientes victorias, que lo hacen de hecho la primera figura de la guerra, cede temerariamente su jefatura a un viejo militar a quien proclama y a cuyas órdenes pasa a servir sin condiciones; el hombre que, a la luz moribunda de los vivacs, se recoge a escribir cartas de amor a su desposada de veinte años atrás; el hombre que en una Cámara, solo, se enfrenta a sesenta parlamentarios conservadores y les grita las más tremendas acusaciones, sin que nadie se atreva a faltarle al respeto; el hombre que pronuncia en el exterior grandes discursos que hacen época, sobre cuestiones internacionales, y pasa de allí a recoger semillas de plantas útiles para enviar a la patria; el hombre de mil facultades y virtudes y de una sola voluntad, Rafael Uribe Uribe, se destaca de las páginas de Eduardo Santa con todo su relieve de héroe nacional, de los que solo nacen una vez por país o una vez por centuria.

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“Especialmente afortunados son los capítulos de Eduardo Santa en donde se describe con objetividad y veracidad contundentes el panorama de la Regeneración, como hecho de gobierno. La evolución política de Núñez, cualquiera que hubiese sido su justificación histórica, cualesquiera que fuesen sus principios rectores, se presentó en la práctica en hechos de integral inaceptabilidad y de absoluta insoportabilidad. Aquello, que no fue sino un acuerdo simoníaco de entrega, que se tradujo en un régimen de arbitrariedad, de persecución, de especulación, de iniquidades escandalosas, que hacía en el país la vida invivible para los liberales. La rebelión contra tal estado de cosas era un hecho inevitable; era una explosión de la vida moral. Todos los liberales, quien más quien menos, estaban en absoluto acuerdo con Uribe; pero Uribe, por su personalidad superior, que rebasaba todas las proporciones, vino a ser la personificación de la revuelta. Llegó así a ser el hombre más odiado por el régimen, el blanco de todos los improperios y todas las calumnias. Fue, sin embargo, tanta su grandeza personal y conceptual que, derrotado, reapareció ante liberales y conservadores como la más respetable figura nacional. Su juventud, generalmente documentada en el precioso manuscrito de don Julián Uribe, que yo tuve alguna vez ocasión de hojear en la hacienda de Morillo; la lucha contra la Regeneración, principalmente en la Cámara, captada de los Discursos Parlamentarios; la heroicidad grandiosa y la abnegación indecible de su vida de revolucionario, cuya principal fuente son los Documentos Militares, reunidos por el doctor Urueta; todas estas partes de la biografía de Santa son admirables; revelan a Uribe en el esplendor de su gloria como hombre, como orador y como guerrero, y son incontestables como crítica histórica, y su lectura revestirá importancia espiritual de primera magnitud para la juventud presente.

“Al azar de la lectura del gran libro de Eduardo Santa, me han ocurrido estas pocas anotaciones. Agregaría a ellas que un lenguaje más sobrio, en donde el elogio al protagonista no fuera prodigado en cada caso, no haría daño en una reedición, que estimo próxima de esta bella y fuerte obra”.

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No era difícil rebelarse. El periodista y escritor conservador, Carlos Martínez Silva hace este juicio de Miguel Antonio Caro, su copartidario: “es una ley de la civilización cuando el hombre público de que se trata ha ejercido el poder supremo conforme a las leyes de la civilización. Pero cuando el supuesto personaje usó del poder no para bien del pueblo sino para su ruina y descrédito; cuando hirió y lastimó todas las fibras más hondas y delicadas del sentimiento público; cuando hizo del odio su único consejero; cuando decretó prisiones, destierros y ejecuciones arbitrarias y crueles; cuando fomentó y pagó la degradación de los caracteres; cuando derrochó los caudales del erario, comprometiendo el porvenir del país sin dejar una obra siquiera que hiciera grato su nombre; cuando dio fuerza y aliento a los explotadores para que se enriquecieran con los sudores del pueblo; cuando comprometió la dignidad de la patria ante las naciones extranjeras; cuando rebajó los puestos públicos, confiándolos a hombres ineptos y corrompidos; cuando persiguió sistemáticamente y como delito nefando la expresión del pensamiento honrado y libre; cuando fue desleal con sus juramentos y sus amigos; cuando el gobernante que tales cosas hizo, abusando de la fuerza, vuelve a la vida privada, no tiene derecho a invocar como escudo protector las leyes de la civilización, y mucho menos el respeto de aquellos a quienes él no supo respetar en el poder”. Estas eran las fuentes de la guerra a las cuales se refiere Max Grillo. Está en el origen de la insurrección de Uribe Uribe. El estorboso.

El drama del 15 de octubre de 1915, fue una de las primeras películas filmadas en Colombia por Francesco di Doménico. Allí aparecen Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal, asesinos de Rafael Uribe Uribe. Es un documental de largo metraje sobre la muerte del general, cuya censura significó el retraimiento de Di Doménico y sus hermanos en sus planes de filmación de otros temas nacionales y un retraso considerable en el desarrollo del cine nacional.

En los archivos de la Cancillería: 105 años de la muerte del general Rafael Uribe  Uribe, diplomático y modernizador del Estado colombiano | Cancillería

Según Leila El ‘Gazí -Revista Credencial Historia. -Bogotá. Abril 1999. No. 112- no existe ninguna copia de El drama del 15 de octubre. La prohibición de que fue objeto la película casi logra borrarla de la memoria. Los hijos de Francesco contaban que en la casa ni se mencionaba el asunto y de Uribe Uribe se hablaba pasito. “Así, sólo podemos describir el contenido a partir de los comentarios de prensa recopilados hasta ahora. La película se iniciaba con un retrato del general -en Girardot, Cundinamarca, fue disparado por mano desconocida un tiro de revólver sobre el retrato del extinto, impreso al principio de la película en cuestión-. A continuación, una puesta en escena mostraba la operación practicada a la víctima antes de morir, lo cual provocó airadas reacciones. Venían después las imágenes del entierro en Bogotá, que constituía la parte central del documental, filmada por Vincenzo di Doménico. Se veía la salida del féretro de la basílica para ser conducido al cementerio, el desfile del pueblo bogotano, los carruajes con coronas, los oradores pronunciando sus discursos ante la tumba, la policía, el ejército, las descargas de fusilería. Una segunda puesta en escena, presentaba a los autores materiales del crimen, Galarza y Carvajal. En sus memorias, Francesco escribió: Filmamos a los sindicados, escondiéndonos en todos los rincones del Panóptico para poderlos tomar infraganti y no en pose forzada.

Gale OneFile: Informe Académico - Document - Realidad y ficcion sobre el  asesinato de Rafael Uribe Uribe en la pelicula El drama del 15 de octubre  en 1915

El Cine Gráfico de Cúcuta menciona una reconstrucción de este crimen del Capitolio, para lo cual los Di Doménico fotografiaron los sitos principales del sangriento drama y a los acusados, quienes se prestaron a todas las posiciones que desearon los operadores. La aparición de los asesinos causó enorme rechazo. En la película perdían su condición de criminales y se convertían en actores con sus mejores ropas, gordos, satisfechos y envalentonados. Y cuando los medios descubrieron que, además, los Di Doménico habían pagado cincuenta dólares a cada uno, la lluvia de acusaciones arreció: Los asesinos no vacilaron para comerciar y explotar su triste y aterradora celebridad. No es cristiano ni moral explotar de esta manera la sagrada memoria del muerto.

El drama del 15 de octubre - Wikipedia, la enciclopedia libre

“En una segunda parte se lograron incluir, antes del estreno en noviembre de 1915, imágenes de los homenajes que se le rindieron a Uribe Uribe en el primer aniversario de su muerte: más desfiles de coches, peregrinaciones y oradores. La película finalizaba con una alegoría sobre la tumba de Uribe Uribe, de la cual existe un fragmento: … Un cuadro llamado La Apoteosis cuyo simbolismo es supremamente trivial: una mujer agita, a derecha e izquierda, la bandera colombiana sobre el monumento erigido al general Uribe Uribe, según una descripción periodística de la época.

“Los prejuicios ante el cine, aún novedoso entre nosotros, estaban a la base del escándalo. Llevar a la pantalla una figura como Uribe Uribe, convertir en espectáculo la muerte del prócer, sin la distancia histórica y geográfica, resultaba insoportable para algunos; era ofensivo ver la efigie del general en los cartelones de reclame que se pegaban en los muros, como si se tratara de cualquier cómico, o revivir mediante trucos escenas fuertes o desagradables, todo lo cual hirió la sensibilidad provinciana y mojigata de una buena parte del público, que hizo eco a las voces interesadas en promover la censura. La película resultaba tan inconveniente como el personaje asesinado. Tajante, Francesco di Doménico en sus memorias afirma que El drama del 15 de octubre fue prohibida por medida de orden público.

Presentación cine en colombia

En efecto, según la misma Leila El ‘Gazí: “después de algunas exhibiciones en distintos puntos del país, que ocasionaron desórdenes frente a los teatros, y de que Francesco recortara las escenas más polémicas en un intento por salvar la cinta, El drama del 15 de octubre fue prohibida por las distintas juntas de censura departamentales. Los Di Doménico, que pretendían ganarse el favor del público colombiano con un asunto de interés nacional y que habían calculado una reacción tan favorable que los consagraría en el terreno de la producción, decidieron recogerse y pasar agachados por varios años, hablando pasito, hasta que se hubieran calmado los ánimos y diluido el recuerdo del escándalo”.

La separación de Panamá fue otro de sus temas: “La verdadera explicación de la conducta del gobierno americano está en la deformación o bastardeamiento de la doctrina Monroe, en el sentido imperialista. De simple sistema de defensa contra la colonización europea, la doctrina está hoy convertida en instrumento de influencia política preponderante y de protectorado general sobre las repúblicas hispanoamericanas. Toda la culpa de Colombia consiste en haberse resistido a aceptar la parte de tutela que le correspondía. Pero después de lo ocurrido en Panamá, no se sabe cómo puedan seguir los Estados Unidos presentándose ante Europa como amparadores sinceros de las naciones latinas de América por el interés de ellas. Habrá fundamento para pensar que si en nombre de la doctrina Monroe se aleja a Europa del nuevo mundo, es a la manera con que apartan competidores los empresarios de los trust yanquis para poder marchar más libremente al monopolio y la absorción.

El Drama del 15 de Octubre (1915) directed by Francisco di Doménico •  Reviews, film + cast • Letterboxd

“Por lo que hace a las Repúblicas latinas de América, mal pueden servir los nuevos métodos de dominación de los Estados Unidos para estrechar los vínculos de concordia con ellas. Delante de la atroz expoliación y de la flagrante ruptura de la buena fe, de que ha sido víctima Colombia, solamente porque es pobre y débil; y delante de este lamentable ultraje a la conciencia pública del mundo civilizado y de desdén por la opinión, con que un gobierno demuestra que para él son de ninguna importancia veinte siglos de cristianismo, de progreso moral y de lealtad a los tratados, lo primero en que debió pensarse fue en una confederación de las razas y naciones latinoamericanas para defenderse contra la amenazadora acción de los Estados Unidos, pues si en vista de la extremada gravedad del suceso de Panamá, se muestran incapaces de unirse para la resistencia, su destino estará fijado y lo merecerán”.

Gabriel García Márquez cuenta a Plinio Apuleyo Mendoza en sus conversaciones que llamaron El olor de la guayaba que en su niñez el personaje más importante de la casa era su abuelo, el coronel Márquez, que joven participó en las guerras civiles que liberales y librepensadores libraron contra gobiernos conservadores soportados en latifundistas, el clero y las fuerzas armadas regulares. La última de esas guerras de 1899 a 1901 arrasó con la juventud liberal, formada en el culto a Garibaldi y al radicalismo francés. El coronel Márquez consiguió su título militar combatiendo en las provincias de la costa atlántica a órdenes de Rafael Uribe Uribe.

CVC. Gabriel García Márquez. CronologíaCoronel Márquez

Algo del carácter y muchos de los rasgos físicos de Uribe Uribe los tomó García Márquez para hacer el personaje del coronel Aureliano Buendía, dice Mendoza. Allí, por su parte García Márquez revela que “el coronel Aureliano Buendía no sólo responde a la estampa huesuda del general Uribe Uribe, sino que tiene su misma tendencia a la austeridad. Nunca vi a Uribe Uribe, pero mi abuela contaba que antes de mi nacimiento pasó por Aracataca y estuvo en la oficina de mi abuelo con otros veteranos de sus guerras. La visión que mi abuela tenía de él, es igual a la descripción que hizo Adelaida, la esposa del coronel de La Hojarasca, cuando vio por primera vez al médico francés y se le pareció a un militar. No está dicho, pero en mi fuero interno yo sé que ella creía que era el general Uribe Uribe”.

Así, de acuerdo con la investigadora Ivonne Suárez Pinzón, toda la similitud está minuciosamente recreado en Cien Años de soledad: al igual que su arquetipo, el coronel, que nunca permitió que le tomaran una fotografía, no gustaba de honores, ni de fotografías honoríficas. Como él, vestía siempre en traje de civil, y también como él, participó en infinidad de combates en los cuales vestía un uniforme de dril ordinario, sin insignias de ninguna clase, y unas botas altas embadurnadas de barro y sangre seca. Llevaba al cinto una escuadra con la funda desabrochada, y la mano siempre apoyada en la culata revelaba la misma tensión vigilante y resuelta de la mirada.

La descripción del coronel Aureliano Buendía que García Márquez presenta en Cien años de soledad, coincide en muchos aspectos con el modelo histórico de Uribe Uribe, tanto en lo físico, como en lo moral e ideológico. Desde el punto de vista físico, Aureliano comparte con el general el bigote denso, negro, de puntas retorcidas, engomadas, que acentuaba la angulosidad de los pómulos y la voz un poco estentórea que había de caracterizarlo en la guerra. Además, era alto y delgado, como él. El coronel se caracteriza por su paciente laboriosidad, por su carácter solitario y evasivo, por su caligrafía preciosa. Los dos personajes son así mismo comparables por su amor al trabajo, por su pragmatismo y su consagración. En verdad lo que le interesaba no era el negocio sino el trabajo. Además, los dos son honestos y hacen la guerra en busca de la justicia.

“Para identificar en ello al Coronel basta leer que, cuando se decide por el liberalismo dice: Si hay que ser algo, seré liberal, porque los conservadores son unos tramposos. Gracias a su honestidad, su mirada visionaria, su solidaridad y su sentido de justicia social y de estricta organización, Aureliano y, desde luego, Rafael, son especies de salvadores de sus estirpes condenadas a cien años de soledad. Aureliano es católico, al igual que su padre José Arcadio Buendía, quien resolvió utilizar el laboratorio para obtener la prueba científica de la existencia de Dios. Durante la peste del insomnio, cuando se dedicó a marcar todas las cosas, se había puesto un anuncio que decía Macondo y otro más grande en la calle central que decía Dios existe. Sin embargo, sus adversarios, o quienes simplemente no lo comprenden, lo tildan de ateo y masón”, señala Ivonne Suarez Pinzón.

Historia de Colombia on Twitter: "Rafael Uribe Uribe el 25 de septiembre de  1880 durante la ceremonia de iniciación masónica en la Logia Estrella del  Tequendama. Revista Estampa, 1939… https://t.co/yxYGQfvqDi"Logia Estrella del Tequendama

La iniciación de Aureliano Buendía en la Logia se hace en la tienda del rey Salomón. Cuando ordenó restaurar la torre de la iglesia desbaratada por un cañonazo del ejército, el padre Nicanor comentó en su lecho de enfermo: Esto es un disparate: los defensores de la fe de Cristo destruyen el templo y los masones lo mandan componer. También en este caso, el parecido entre Aureliano y Uribe Uribe es evidente. El general Rafael Uribe Uribe entra a una Logia masónica, apadrinado por José María Rojas Garrido, Manuel y Roberto Ancízar, pero años más tarde la critica por su falta de respuesta ante la prohibición que de ella hiciera el gobierno. Las concepciones liberales y conservadoras se sectarizan en torno al problema de las relaciones entre Iglesia y Estado. Uribe Uribe busca entonces superar la posición panfletaria anticlerical del radicalismo. Para ello escribe De cómo el liberalismo político colombiano no es pecado. Este folleto fue incluido en el Índice de las obras prohibidas por el papa León XIII, a pesar de manifestar allí que el período del anticlericalismo militante está definitivamente cerrado para el partido liberal y que, es necesario desvanecer el equívoco propagado contra el liberalismo en materia religiosa. Nosotros defendemos únicamente la libertad y por eso, y sólo por eso, nos llamamos liberales.

Aureliano es antiimperialista. En Cien años de soledad leemos: Miren la vaina que nos hemos buscao… no más por invitar un gringo a comer guineo”. En medio de las acciones de guerra y de su violencia intrínseca, los dos personajes comparten la oposición al terrorismo, el deseo de humanizar la guerra, el respeto de la familia y de la vida de los enemigos y, una consideración especial por las mujeres.

En la novela el doctor Noguera es un místico del atentado personal. Su sistema se reducía a coordinar una serie de acciones individuales que en un golpe maestro de alcance nacional liquidara a los funcionarios del régimen con sus respectivas familias. Aunque entonces estaba convencido de la urgencia de liquidar al régimen conservador, el plan horrorizó al coronel. – Usted no es liberal ni es nada – le dijo Aureliano sin alterarse -. Usted no es más que un matarife.

“Usted se queda tranquilo, suegro”, le dijo Moscote. El nuevo gobierno garantiza, bajo palabra de honor, su seguridad personal y la da su familia. Desde entonces, aun en los períodos más encarnizados de la guerra, los dos comandantes, José Raquel Moncada y Aureliano Buendía concertaron treguas para intercambiar prisioneros. Eran pausas con un cierto ambiente festivo que el general Moncada aprovechaba para enseñar a jugar ajedrez al coronel Aureliano Buendía. Se hicieron grandes amigos. Llegaron inclusive a pensar en la posibilidad de coordinar a los elementos populares de ambos partidos para liquidar la influencia de los militares y los políticos profesionales, e instaurar un régimen humanitario que aprovechara lo mejor de cada doctrina.

Estos pasajes nos recuerdan la carta, que se cita en este texto, de Uribe Uribe a Pedro Nel Ospina en Corozal. En ella llama al respeto de los detenidos de los dos bandos. Uribe Uribe siempre lo señaló en sus textos como en su defensa presentada en 1885 durante el juicio por homicidio que se le siguió por el ajusticiamiento del soldado Resurrección Gómez, en la Oración por la piedad; y en el artículo Por la mujer, en donde dice: “Me acompaña constantemente y me acompañará toda la vida, el dolor de los innumerables compañeros que han caído en la lucha, y no sé cómo pueda haber serenidad ante recuerdo tan punzante. Mi corazón está en cada hogar desolado, y sangra al par del de las viudas, de los padres y madres que han perdido sus hijos, de los hijos que han quedado huérfanos, de las hermanas cuyos hermanos perecieron, de las novias cuyos prometidos no volverán, de todos los hogares antes felices y holgados, y donde hoy reinan el luto y la miseria. ¡Cuántos son los que no tienen siquiera una tumba donde ir a llorar, porque los huesos del deudo fallecido quedaron blanqueando a la intemperie en algún campo de combate o playa mortífera, o formando con otros un sólo montón de ceniza que el huracán aventó, o que recibieron sepultura anónima en alguna selva o desierto! Y cuántos ¡ay! Esperan y esperarán por largos años la vuelta de quien no saben si cayó por siempre o vive todavía, y aferrados a esa ilusión, padecen acoso más que quienes tienen la certidumbre de su infortunio”.

RAFAEL URIBE URIBE: RAFAEL URIBE URIBE. Documentos militares y políticos.  Tomo IV.Benjamín Herrera-Uribe Uribe en la Guerra de los mil días.

La característica que muestra mejor el conocimiento del personaje que tiene el escritor y su interés en recuperar el legado de Uribe Uribe, es que la carrera militar, por la cual los dos son célebres, es en realidad secundaria. García Márquez insiste en presentarnos un coronel para quien, son más importantes que la guerra, el trabajo representado en el arte de crear pescaditos de oro, la versificación y la educación. Aureliano es pues más artista que guerrero: Aureliano vivía horas interminables en el laboratorio abandonado, aprendiendo por pura investigación el arte de la platería. Aureliano al igual que su padre, quién le sirve siempre de modelo, se interesa en la enseñanza. Él forma a Arcadio en el arte de la platería y le enseña a leer y escribir. Uribe Uribe es conocedor detallado de los problemas, severo en su vida, constante en el trabajo, sobrio en su existencia, capaz de combatir en todos los frentes y combatiente recio contra la dictadura y las injusticias y convivente después de las largas y encarnizadas batallas.

En la personalidad de los dos, Uribe Uribe y Aureliano Buendía, hay una relación particular con la poesía, entendida como una creación que toma forma en los hechos, pero que se solidifica en la relación con la realidad. Este sentido pragmático de la versificación también está presente en Uribe Uribe, quien el 5 de mayo de 1907 escribió a los redactores de la revista Albores de la ciudad de Manizales, “que lo único propio son los hechos, y que para abrirles campo es menester dar primero muerte a las palabras que sólo sean palabras. Pueden ser perdonadas las palabras que sean hechos; pero la mera verborragia, sobre todo la rimada, es el mayor flagelo para un pueblo”.

Uribe Uribe era un estorbo. Por eso, actuaron así sus asesinos. En un detallado folleto que circula paralelo a este libro y editado asimismo por el Fondo Editorial Unaula, un investigador colombiano, Alberto Mayor Mora nos cuenta las 24 horas finales de Galarza y Carvajal, hasta el final hachazo homicida.-Revista Colombiana de Sociología – Nueva Serie – Vol. II No. 2. Alberto Mayor Mora. 24 horas en la vida de dos artesanos de 1914. Santa Fe de Bogotá, Diciembre 1993/Cali, Enero 1994.

“Los carpinteros Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal fueron miembros de la Unión Obrera, organización sindical pionera; era analfabetos y con un nivel educativo por encima del promedio obrero; eran activistas en el plano gremial y solidarios con su estamento; estaban bien informados sobre la arena política y eran extremadamente sociables. Todo esto permite suponer que su decisión de asesinar a Uribe Uribe estuvo complejamente medida por ese haz de intereses y de móviles…la importancia cada vez mayor que se le daba a la empleomanía y a las recomendaciones políticas antes que a su propia valía estamental, que llevó a Galarza y a Carvajal a estimar a Uribe Uribe más como un distribuidor clientelista de puestos y recomendaciones que como un líder carismático”, dice Mayor Mora.

En la tarde del miércoles 14 de octubre de 1914, Leovigildo Galarza, nacido en 1880 en Bogotá, carpintero de oficio, de 1.62 metros de estatura, de color blanco y con bigote, pasó la tarde de ese día en el taller de su carpintería, situado en el céntrico sitio de la calle novena, local 162. Entre los 19 y los 22 años participó en la Guerra de los Mil Días, reclutado e incorporado en el Batallón Villamizar, a órdenes del Gobierno .Después de la guerra obtuvo el puesto de carpintero en la Artillería, asimilada a Sargento primero, y después jefe de taller, en donde dio ocupación a Jesús Carvajal. En esa compañía se ocuparon en varias obras para la Escuela de Ingeniería, para la Imprenta Nacional, para la Exposición Agropecuaria y para la capilla del Panóptico, todas las cuales les fueron dadas por la Dirección de Obras Públicas Nacionales. Las entradas del jefe de la carpintería, que provenía de aquellos contratos, aparentemente eran exiguas. La percepción de Galarza de que aquellas entradas no eran suficientes y de que se estaba quedando sin trabajo se vería confirmada por el retiro de su cliente principal, el propio gobierno, como lo manifestará en las horas de la noche. ¿Qué mejor para esta frustración que salir a tomar unos tragos?

Bien que estas magras entradas le produjeran rabia, pues debía sostener a su madre, a su concubina y a sí mismo, bien fuera que la angustiosa realidad de quedar sin contratos con el gobierno lo deprimiera, Galarza consideró que debía coger una buena borrachera esa noche. Galarza no podía apartar de su mente el balance que meses atrás había hecho con su exsocio Carvajal: lo que sí habían previsto en el tiempo en que tenían la compañía de carpintería, era que el trabajo que pudieran conseguir en las obras públicas tenía que acabárseles, porque solamente se los darían a los del Bloque. A Uribe Uribe y sus partidarios.

Galarza y Carvajal no podrían tipificarse como misántropos; por el contrario, eran extremadamente sociables. Esto se confirma además por las cerca de 50 personas que los vieron trabajar. alicorarse, bailar, dormir, levantarse, comer, embriagarse de nuevo y asesinar, desde esa tarde del miércoles 14 hasta el mediodía del jueves 15 de octubre.

A media noche, Carvajal y Galarza seguían tomando licor. Se sentían feroces y vengativos, a medida que se sabían en una posición desventajosa. Estaban molestos con todos y consigo mismos. Su futuro era incierto, comparado con el de otros artesanos: lo difícil que era conseguir trabajo, porque el Ministerio de Obras Públicas no ocupaban sino a los bloquistas, y rechazaban a los liberales que antes habían votado como republicanos. Necesitaban blasfemar o descargar el puño con violencia en alguna parte. El alcohol les daba fuerza suficiente como para demoler ellos solos al propio Ministerio de Obras Públicas, o para demoler un símbolo.

Carvajal: El de la culpa de eso era el General Uribe Uribe, porque era el que había inventado el Bloque…; en vez de morirse de hambre en esta tierra, en donde no se conseguía trabajo, ni el trabajo valía nada, era necesario castigar al causante de esto, que era el General Uribe Uribe.

Galarza: Esa culpa era del General Uribe Uribe, porque él tenía un círculo que disponía ahora del trabajo del Ministerio; que él –Galarza- le dijo a Carvajal que ese hombre -refiriéndose al General Uribe- nunca le había hecho bien al pueblo ni a los obreros; que únicamente los ocupaba cuando había una guerra; que ellos no eran para él sino carne de cañón.

Carvajal: En los días siguientes al siete de agosto me asomé varias veces al Ministerio de Obras Públicas, en busca de trabajo…Veía que sólo se ocupaban de los liberales bloquistas, y por el contrario, se me rechazaba y me decían que no había trabajo, y presumía que tal cosa hacían por no ser liberal bloquista y por haber dado mi voto para Presidente de la República por el doctor Nicolás Esguerra, como liberal republicano que yo era.

Galarza: Yo dije que ese señor -el General Uribe Uribe- no debía existir, pues para él los hombres no éramos sino carne de cañón, y que ningún Congreso había hecho nada por el pueblo.

Carvajal: El de la culpa de todo esto era el General Uribe Uribe, que no era más que un traficante en política, por negocio… Sí, ese hombre no debía existir, porque era un traficante en política, y, que si hubiera quien lo acompañara a matarlo, él lo mataría.

Galarza: Lo acompaño… ¿Cuándo quería que lo hicieran?

Carvajal: Al otro día.

Galarza: ¿Sabía dónde quedaba la casa del General?

Carvajal: Afirmativo.

Galarza: Acordaron cómo lo habían de hacer, y convinieron en que con unas hachuelas.

Carvajal: Al día siguiente en la carpintería de Galarza, a las siete.

Al día siguiente amaneció malo y se levantó tarde, y que cuando iba a desayunar llegó Carvajal, y con el título cariñoso de bobo que se daban, le preguntó: ¿Qué hubo? A partir de esta hora -ocho y media de la mañana-, Galarza y Carvajal volvieron a reanudar su proceso de embriaguez emprendido la noche anterior. Salieron juntos tratando nuevamente del asunto, hasta que acordaron darle muerte al General Uribe, para lo cual propuso Galarza que se sirvieran de hachuelas, pues cada uno tenía una; se vinieron directamente a la carpintería, y allí, en las piedras afiló cada uno su hachuela; que como la hachuela de Galarza estuviera con el mango roto, la pegó con cola; que los agujeros que las hachuelas tenían en los mangos, los abrió Galarza con una broca. Y luego le puso a cada uno a la suya la cabuya en forma de argolla, por indicación de Galarza, para llevarlas más seguras y que no se les zafaran de las manos. El carpintero Galarza dice, por su parte, que durante la misma tarea de preparación de los instrumentos no había dejado de pensar en el siguiente trago mañanero.

Al entrar en la carpintería bajó Galarza su hachuela que estaba colgada en el perchero de la herramienta, y se la señaló a Carvajal, zafándole el pedazo de cabo que tenía roto; que luego bajaron a la casa de Carvajal, entró éste, sacó su hachuela y se devolvieron a la carpintería; que allí volvió a coger la hachuela del cabo roto, la encabó, y dijo a Carvajal: —¿Ya servirá así?, a lo que contestó: —Pegándola, echándole cola, sirve; que Galarza cogió la cola le pegó el cabo a la hachuela, y Carvajal le metió una o dos puntillas; que enseguida procedieron a barrenarles los cabos a ambas hachuelas y les pusieron dos manijas de cabuya, con el objeto de sujetarlas a la muñeca de la mano; que a continuación afilaron las hachuelas, terminado lo cual dijeron: —Esto queda bueno para la cortada de eucaliptos, que con eso se gana más que con la carpintería; que dejaron las hachuelas sobre uno de los bancos de la carpintería, y bajaron hasta la carrera 11, donde se tomaron un trago y regresaron pensando en que no tenían un céntimo. Pensando en que no tenía un céntimo, y Carvajal dijo que le daban ganas de empeñar la herramienta a lo que Galarza le contestó que empeñaran un Villamarquin de trinquete, niquelado, marca Genwi 8c Ca., y al efecto lo cogió, se lo dio a Carvajal y bajaron a la agencia La Comercial a ver si les prestaban cien pesos, y no quisieron darles sino cincuenta pesos; que Carvajal recibió los cincuenta pesos y firmó el recibo con el nombre de Galarza, para lo cual él autorizó; que de allí se dirigieron a la carpintería… después de haberse tomado un trago en la tienda del lado de abajo.

Alberto Mayor Mora señala que la percepción de Uribe Uribe como clientelista por parte de los artesanos, era justa. En 1905, los Hermanos de las Escuelas Cristianas crearon también en Bogotá la Escuela Central de Artes y Oficios, para adiestramiento de jóvenes aprendices en mecánica, fundición, carpintería, tejidos, cerámica y cinceladura. Una recomendación: Me tomo la libertad de poner dentro de la cubierta del Sr. Ministro de Instrucción Pública las presentes líneas para hacerle del portador la recomendación más encarecidas! es que para ello me da algún derecho la simpatía por su Orden… Todo esfuerzo para enseñarle artes prácticas que le sirvan para ganar la vida y la de los suyos, será agradecido por mí como favor personal. Ojalá que en él se desplieguen todas las virtudes y la experiencia educadora de los discípulos de D. Bosco. Carta de Uribe Uribe al Director del Colegio León XVIII, Instituto de los Hermanos de las Escuelas Centrales, Centenario y bodas de plata, Ed. Arboleda y Valencia, Bogotá, 1919, p. 290.

En los talleres artesanales de Bogotá y en general en los medios laborales capitalinos la imagen de Uribe Uribe como líder carismático se había deteriorado bastante. Empezando por el taller de Galarza, uno de cuyos trabajadores, el carpintero Emilio Beltrán, expresó el día siguiente a las elecciones de 1913 que a Uribe Uribe se le podía tronar mal, porque estaba en capilla, puesto que era un sinvergüenza, volteado, que estaba con los conservadores… estaba en capilla porque los obreros estaban arrastrando la miseria por él, por el General.

Entre las muchas voces que se escucharon en este mundo laboral contra Uribe Uribe, estas: Yo soy muy liberal, pero si Uribe Uribe volviera a resucitar, yo sería el asesino de él. -Aureliano Cancino, mecánico a contrato de una empresa de instalaciones eléctricas-.

Por haber dicho que no lo lamentaba la muerte del General Uribe, un Agente de Policía me trajo preso a la Central. Preguntando: ¿Por qué motivo celebra usted el atentado contra el General Uribe?, contestó: Porque corría la voz de que manifestaba apoyar a los obreros, y lo que había era que los engañaba. -Arístides Barrero Roa, carpintero-.

Lo que es estos van a chupar todos, desde el sin vergüenza de Uribe, porque ese lo vamos a amarrar para que nos confiese qué es lo que hay, y si no confiesa, también chupa.-Julio Martínez, vendedor ambulante-.

La salvación de los republicanos estaba en matar al General Uribe, y que para eso era muy fácil meterle unas puñaladas. -Aurelio Rodríguez, artesano y veterano de la guerra de 1876.

Los días del General Uribe estaban contados…El triunfo del partido conservador se lo debían al General Uribe… Esa no se la rebajan. -Belarmino Tovar, artesano del Comité Caldas-

El General Uribe se había volteado, el artesanismo estaba en contra de él, y que, por consiguiente… los artesanos lo habrían de asesinar.-Julio Machado-.

PDF) Realidad y ficción sobre el asesinato de Rafael Uribe Uribe en la  película "El drama del 15 de octubre" en 1915 | Yamid Galindo Cardona -  Academia.edu

Al mediodía del jueves 15, Galarza y Carvajal habían renovado sus impulsos homicidas de la noche anterior. Siendo más o menos las once y media de la mañana, salieron llevando cada uno su hachuela debajo de la ruana, y se dirigieron a la casa del General Uribe a buscarlo para matarlo, como habían convenido; que en una tienda de la esquina de arriba de la casa del General Uribe estuvieron tomando cerveza y esperando a que éste saliera, pues que suponía que ya había llegado a almorzar. Las hijas de Uribe Uribe, Tulia e Inés, también observaron, desde el segundo piso de su casa a los dos artesanos, sin notar que estuvieran emboscados y antes por el contrario, creyeron que eran parte de la clientela política de su padre. Constantemente acudían personas de esa clase donde Rafael, en demanda de auxilios pecuniarios o de recomendaciones para conseguir empleos Esto lo narra su hermano, Julián Uribe Uribe en sus memorias.

Y continúa Julián Uribe Uribe: “En los bajos que ocupaba Rafael, número 107 de la calle novena vivían unas mujeres que vendían aguardiente. Allí entraron repetidamente los asesinos en la mañana mencionada a tomar licor, y ellas les oyeron pronunciar palabras amenazadoras, como: Hoy sí lo bajamos, hoy sí le bebemos su sangre, pero no supieron contra quien iban dirigidas y quizá por miedo no lo comunicaron a la policía”.

Ahí sale mi hombre. Afirmación que soltó Carvajal cuando vio que Uribe Uribe abandonaba su casa hacia la una y media de la tarde. Excitados por la aparición, a Galarza, en su ebriedad, se le deslizó hacia el suelo la hachuela marca Korff & Housberg, de 16 centímetros de largo, 9 de ancho y con peso de 700 cincuenta gramos, la cual al ser recogida hirió con su filo de navaja de afeitar a su dueño. En tanto que Carvajal, apretó firmemente debajo de la ruana la suya, marca Collins, de 15 centímetros de largo, 9 de ancho y un peso de 700 noventa gramos.

El General bajaba por la acera del frente, y ellos siguieron por la acera en que estaban, yendo Galarza adelante y Carvajal detrás; que al llegar a la carrera sexta, el General Uribe tomó la mitad de la cuadra, y entonces Carvajal se pasó a la acera de la izquierda, y Galarza siguió donde venía; bajando el uno al frente del otro, y a unos diez pasos de distancia del General; que al llegar a la carrera séptima, el General cruzó a la derecha, atravesó la calle y tomó la acera del Capitolio.

Carvajal confesó que cuando iba llegando al lugar en donde empieza el atrio del Capitolio, se agachó a componerse una liga de la media, y sintió un golpe, y al mirar vio ya al General Uribe en el suelo, arrojando mucha sangre. Galarza avanzó unos pasos adelantándose al General Uribe, se fue de frente, devolviéndose sobre él, y en esta posición levantó la hachuela, dándole el golpe con pericia artesanal, tirándole de sesgo, golpe que cayó sobre la frente del lado izquierdo, mientras decía: Usted es el que nos tiene fregados. Uribe Uribe cayó boca abajo.

Carvajal: ¿Cómo que todavía está vivo?

Galarza: Ahora sí que me maten, ya cumplí con mi deber con él.

Carvajal: Ala, todavía no ha muerto.

Galarza: ¡Qué!

Mientras Galarza salía corriendo hacia el sur buscando la calle novena, Carvajal miró a uno y otro lado, saco de entre la pretina del pantalón su hachuela, llegó donde estaba caído el General Uribe y le descargó dos hachuelazos en la cabeza, guardando inmediatamente la hachuela debajo de la ruana y retirándose del sitio.

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“El individuo a quien capturé estaba en actitud de huir hacia la Plaza de Bolívar, pero al ver que se me acercaba, tomó a paso rápido la dirección del Sur; vestía ruana color carmelita pardusca, sombrero de fieltro carmelita, vestido oscuro, calzado. En la mano derecha y asegurada o pendiente de la muñeca, de una cabuya, le hallé una hachuela, al írsela a tomar me opuso resistencia, y tuve que torcerle el brazo hacia atrás para lograr quitársela. Una vez en mis manos la hachuela, observé que estaba llena de sangre, perfectamente fresca”. -Agente de Policía Habacuc Osorio-.

Varios: Cojan a ese bandido.

Carvajal: ¡Carajo, si tiene un revólver venga nos matamos los dos!

Varios: Allá va el otro, cójanlo

Varios: Cojan a ese que es uno de esos

Galarza: -al encontrarse al obrero Andrés Santos- ¿Tiene usted trabajo en el Capitolio?

Andrés Santos: No. ¿Y usted consiguió trabajo?

Galarza: No.

Santiago Uribe: -señalando a Galarza- Ese fue el que asesinó al General Uribe.

Galarza: Presente Ud. una prueba de lo que acaba de decir al Policía, de que yo maté al General Uribe Uribe”.

Leonidas Posada: -mostrando a Galarza- Ese canalla.

Galarza se resistió y protestó contra la detención, por lo que un Oficial que estaba en el grupo persecutorio saco un sable para tirarle, al tiempo que otras personas lo rodeaban para pegarle. El agente de la policía Jesús Antonio Pinilla, finalmente le dominó y cuando estaba esculcándolo se acercó un individuo y le dio un golpe a Galarza en la cara.

Investigador; ¿Es suya esta hachuela?

Galarza: Sí, la compré hoy mismo a un desconocido en San Agustín.

Investigador: ¿Por qué razón está la hachuela manchada de sangre?

Galarza: Sería porque un señor me dio un golpe y me reventó las narices cuando me cogió la Policía.

Investigador: ¿Por qué si tenía la hachuela en la mano cuando le dieron no hizo uso de ella para defenderse?

Galarza: Porque no uso jamás eso. Porque no he sido un asesino. Investigador: ¿Por qué causa ha sido capturado por la Policía?

Galarza: No sé.

Investigador: ¿En compañía de quién ha estado por la calle novena?

Galarza: Anduve solo. Salí de mi establecimiento en busca de un Capitán Arenas para cobrarle cien pesos que me debía. Hace seis años que conozco a Jesús Carvajal, con quien no he estado en el día de hoy.

Investigador: -Dirigiéndose a Jesús Carvajal- ¿Por qué razón está su hachuela manchada de sangre si no ha hecho uso de ella para herir al General Uribe?

Carvajal: No me doy explicación como pueda aparecer mi hachuela manchada de sangre

Carvajal, al ser interrogado sobre quién había sido el instigador del crimen y cuál el precio de compra de sus voluntades, exclamó impaciente, aunque orgulloso: ¡Qué desgracia ésta, que cuando uno es pobre lo han de considerar peón hasta para el delito!

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Carvajal y Galarza fueron condenados a 20 años de prisión en un tumultuoso juicio en Bogotá en 1918. No se conocen pormenores de sus días finales.

Historias en Cine-y-Filo: Cien años del asesinato de Rafael Uribe Uribe

Y a su muerte dos estorbos más. De la oración fúnebre se encargó el poeta Guillermo Valencia: “Allí cayó silenciosamente el héroe como un soberbio felino hermoso y pujante, herida la cabeza de un hachazo, bajo la atónita luz meridiana. Allí, como en hora brava el gran Julio, buscó el mártir decoro para su caer y en un gesto altivo de imperial gentileza, probó parar la vida que le huía a torrentes por las enormes grietas que le abrieron en la sien, las abominables manos aleves. ¡Así premias oh Democracia, a los mejores de tus hijos, los vistes de escarnio y los paseas ceñidos por los cascabeles de los locos! A quien tuvo para tí la palabra de miel, tú le contestas con la voz del agravio; a quien se desveló sirviéndote, tú lo galardonas con el frió medroso de los sepulcros; a quien cantó para tí con labio encendido el himno de tus glorias, tú le contestas con la voz del agravio; a quien se desveló sirviéndote, tú lo galardonas con el yambo de la venganza. Sucre, Arboleda, Uribe! oh Democracia, bendita seas aunque así nos mates! Tú repetiste la fórmula sublime: Estamos atados a esta tierra por todo lo que nos precede y por todo lo que sigue. Por lo que nos creó y por lo que hemos de crear. Por la inmovilidad de los sepulcros y por el vaivén de las cunas”.

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El entierro del Sol

Uribe Uribe

Por Julio Flórez

I

Ya cediendo su campo a las estrellas/todo sangriento el sol rueda al Caribe;

y ósculo inmenso, al expirar, recibe/del mar que lame el oro de sus huellas

Y el mar se incendia, y se alborota y canta/un himno funeral, un miserere,

que en los soplos etéreos se levanta/y envuelve al sol… mientras que el sol se muere.

El paño negro de la noche baja/sobre el difunto rey que en ígnea fosa

el mar con sus espumas amortaja;/n tanto que, desde el azul desierto,

los astros, con su llama temblorosa,/alumbran las cenizas del gran muerto.

II

Así te desplomaste; así caíste/–sol de la democracia verdadera—

en el brumoso mar de un pueblo triste/que hoy llora ante el rescoldo de tu hoguera. Mas… ¿qué suceso anticipó tu ocaso? ¿qué poder infernal, qué torvo guía de hombres sin ley, tu luminoso paso mandó parar… en la mitad del día?

Némesis, ya, sobre los velos rojos de tu puesta triunfal, en las tupidas sombras sepulta el rayo de sus ojos…Mientras que con sus rosas encendidas, colmadas de perdón, en tus despojos se desangra el rosal de tus heridas.

Usiacurí, octubre, 1914

Rafael Uribe Uribe: El martir que se volvió una Localidad

Alquimia verbal y habilidad técnica al servicio de una retórica hueca. Ya en 1871, José María Rojas Garrido, tutor de Uribe Uribe y quien lo llevó el 25 de septiembre de 1880, el mismo día de su graduación universitaria en El Rosario, a Gran Maestro de la Logia masónica Estrella del Tequendama, puso como una de las bases de su candidatura presidencial, la libertad de pensamiento, sin dogmas y sin gramática. ¿Cuántos estorbos más nos merecemos?

José María Rojas Garrido - Wikipedia, la enciclopedia libreJosé María Rojas Garrido.

Rafael Uribe Uribe nació en la Hacienda El Palmar, municipio de Valparaíso, Antioquia el 12 de abril de 1859. Según el historiador Charles Bergquist, se caracterizó por un rígido sentido de la moralidad, el amor al trabajo fuerte y a la disciplina y la necesidad de sobresalir en todo cuanto emprendiera. Más que un militar que participa en varias de la guerras civiles que corroen a Colombia durante el siglo XIX, es un amante del trabajo, un educador en busca de soberanía, identidad, integración y desarrollo nacional; un periodista amigo de la libertad de expresión y un abogado y político en busca de la justicia social.

En la Universidad de Antioquia es profesor de Economía Política, Derecho Constitucional, Táctica de las Asambleas, Estadística, Leyes Fiscales y Gimnasia. Criticando la orientación de la formación universitaria, escribe: “Nuestra Universidad se ha llamado nacional tal vez únicamente por residir en la capital, pero poco ha tenido en mira el supremo interés nacional, en el verdadero sentido de la palabra. Consagrada al cultivo de las letras y ciencias de carácter universal ha descuidado el aspecto referente a las condiciones intrínsecas del país y no ha trabajado en la especialización ni en la adaptación de los principios abstractos a las peculiaridades del medio colombiano. Conviene que la universidad sea un centro de vida intelectual y de orientación moral que tenga como función la de contrarrestar la influencia del desarrollo económico de las diversas comarcas en el territorio en que está dividido”.

LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DE URIBE URIBE | Revista Credencial

Una más de las tareas educativas que Uribe emprende a lo largo de su vida es el fomento de la cultura agraria y del desarrollo económico. Es, en cierta medida, el fundador de la industria cafetera, ya que estudia las particularidades cafeteras de Brasil comparándolas con las de Colombia, aconseja pactos de paridades y de cuotas, analiza la estructura de las tierras propias al cultivo, aconseja la utilización de silos, propone el control del volumen de siembras para controlar los precios, defiende la diversificación de exportaciones y la apertura de nuevos mercados internos, recomienda la siembra de caucho Manizoba para el sombrío del café, propone sistemas para aumentar el consumo interno y ayuda a propagar nuevas especies de grano. Además, introduce al país las semillas de café Maragogipe, de papa Cruz, de maíz Guavito, de trigo Arrocero, de trigo Oregón y de pasto Yaraguá, los dos últimos después llamados Uribe. En sus ensayos se ocupa de industria textil, manejo aduanero, condiciones geográficas y meteorología, prensa, instituciones militares -intenta profesionalizar el ejército colombiano-, cajas hipotecarias, ferrocarriles, tranvías, vías, cultivos de cacao, algodón, caucho y eucaliptos, enfermedades. Se preocupa por lograr para Colombia un desarrollo industrial propicio a la diversificación de exportaciones, propugna por la creación de un Ministerio de Agricultura, por la colonización masiva, por planes de vivienda obrera, por una mejor legislación sobre el arriendo de terrenos. Sus proyectos de reforma agraria representan el punto de partida para la famosa Ley 200 de 1936. Promulga la importancia de la construcción de caminos al Chocó, de la navegación por el Cauca y el Atrato y de la ampliación de la red ferroviaria.

Es el precursor del Derecho Laboral en América: descanso semanal, reglamentación del trabajo de niños y ancianos, seguridad industrial y legislación sobre accidentes de trabajo, pensiones de vejez y muerte, cajas de ahorros, casas para retiro de ancianos, mutualismo, cooperativismo y sindicalismo, contratos de trabajo, educación para los trabajadores, participación en las ganancias de la industria, código de trabajo, bancos de anticipos para obreros, salarios ajustados al incremento del costo de vida, asistencia médica gratuita para los desempleados, creación de un partido obrero, distribución equitativa de impuestos, aplicación de la carrera administrativa, régimen legal de sucesiones, producción cooperativa, remuneración extra en las noches y días festivos, colonias de vacaciones, establecimiento de seguros sociales, salario mínimo para el obrero, vivienda campesina, restaurantes y teatros para los menos favorecidos, medicación rural, judicatura municipal, democratización del crédito, abogados de pobres, creación de una Cámara del Trabajo y de una oficina general del trabajo.

Abogado titulado del Colegio de Nuestra Señora del Rosario, de Bogotá -1880-, ocupa los cargos de Primer Suplente del Procurador del Estado -1883- y de Fiscal -1884-. En 1904 escribe su Plataforma Política en donde propone una reforma educativa que permita el progreso intelectual de los obreros y en 1906, para ser recibido como miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, escribe el folleto titulado Colombiano o Colombia, Estados Unidos y Panamá, en el cual analiza el problema de soberanía nacional surgido de los problemas de construcción del canal interoceánico. Es un resuelto enemigo de la pena de muerte y un convencido de la importancia de la severidad, energía y moralidad de la justicia y de la necesidad de consolidar el prestigio de las instituciones encargadas de velar por la igualdad legal de ricos y pobres.

Cree en un Estado decididamente interventor y define así sus conceptos de Estado y de Socialismo: “El Estado no es un órgano de simple conservación sino también de progreso; su fin exclusivo no es mantener el orden, la paz, la obediencia: esa es apenas una condición previa, indispensable para lograr más altos fines. Además de cuidar de lo que encuentra hecho y de oponerse a todo deterioro, debe procurar el adelanto. Impulsar y promover tan poderosamente como pueda la prosperidad del país. Harto lejos estoy de considerar el Estado como infalible. Colocado en la cumbre política y dotado del poder delegado por el pueblo, está obligado a mantener el equilibrio entre las aspiraciones encontradas de las clases, para impedir que las unas sacrifiquen y exploten a las otras. En vez de rechazar, acepto la imputación de Socialista de Estado y la reivindicaré en adelante como un título. No soy partidario del socialismo de abajo para arriba que niega la propiedad, ataca el capital, denigra la religión, procura subvertir el régimen legal y degenera, con lamentable frecuencia, en la propaganda por el hecho; pero declaro profesar el socialismo de arriba para abajo, por la amplitud de las funciones del Estado. Las bases del procedimiento están hechas de afirmaciones prácticas, no de negaciones o de sueños. Se dejan en pie todas las verdades morales y religiosas, la constitución de la familia, la necesidad del gobierno; no se ataca la propiedad en sí misma, ni se pretende realizar una igualdad paradójica o imposible, ni se predica la rebelión contra el orden establecido. El socialismo que defiendo difiere tanto del absolutismo que mata la dignidad humana, como del individualismo, que mata la sociedad”.

Desde el Parlamento colombiano y desde la prensa, defiende los derechos de paz, justicia, tolerancia y libertad, de la cual es defensor radical. El accionar periodístico de Uribe Uribe comprende la creación de varios periódicos, sus luchas por la libertad de la prensa y sus trabajos como colaborador, redactor o director. La prensa representó para él, tanto su principal tribuna política, como el medio de potenciar el desarrollo del país y de adelantar su lucha incesante por la libertad. Inicia su tarea periodística en 1881, como colaborador de El Espectador de Medellín. En esta ciudad, entre 1882 y 1884 es redactor de La Unión y de La Consigna, en donde escribe bajo los seudónimos de Pedro Escudriñez, Agricultor y El Médico. Ese mismo año crea la Asociación de la prensa. En 1885 funda El Trabajo y en 1886, además de colaborar con El Espectador, es redactor y director de La Disciplina. En 1896 colabora con El Relator y dirige El Republicano. En 1898 funda El Autonomista y en 1911, El Liberal que se constituye en la tribuna política encargada de consolidar los caminos de la paz que suscribe en Neerlandia.

La labor periodística representaba para Uribe, ante todo, el ejercicio de la libertad de expresión y, paralela con ella, una gran responsabilidad que obliga al periodista a realizar su trabajo sustentado en principios claramente establecidos y teniendo siempre presente la primacía de la utilidad común sobre el beneficio particular. En 1911, en su Discurso sobre la restricción de la prensa, afirma: “El papel de la Prensa es cada día más importante en las sociedades modernas. Fuera de las Asambleas públicas, es ella la que mejor puede ejercer supervigilancia sobre el Poder; la que mejor puede llevar a conocimiento del pueblo los atropellos de las autoridades contra los ciudadanos; la que mejor puede ponerse del lado del derecho contra sus detentadores; la que mejor expone los hechos y los discute; la que mantiene a los lectores al corriente de los sucesos del país y del extranjero, de modo que, día por día, puedan formarse cabal idea de la situación nacional y de la marcha del mundo; la que, en tiempo de elecciones, pone la publicidad al servicio de la opinión para analizar los candidatos, a fin de que la designación recaiga en los mejores, y para contrarrestar la acción maléfica y torticera de los Grandes Electores que le suelen salir al país, con la pretensión de sustituir su voluntad a la de la nación; finalmente como la sociedad política se compone de ciudadanos que tienen interés en ilustrarse recíprocamente, la prensa es el medio más eficaz para la difusión de las luces, tanto en el orden científico como en el moral; por eso debe funcionar sin trabas. Y por eso, la libertad de escribir no puede concebirse sin la libertad de imprenta y sin la libertad de librería”.

Uribe se opone a todos los decretos y leyes restrictivas de la prensa dictados en el país entre 1887 y 1911, ya que considera que la libertad irrestricta de la prensa no es principio de partido político alguno, sino simplemente una conquista de la civilización moderna. Si bien Uribe comanda los ejércitos liberales, lo hace por lealtad a sus principios, pero no porque lo apasione la milicia, pues su verdadera vocación está en el campo de las ideas, en la discusión y en la crítica. Él es, básicamente, humanista y pensador, hombre de acción y reflexión. Sus actividades como estadista, político, ideólogo, internacionalista, periodista, educador, académico, jurista, empresario y hombre de ciencia y cultura, expresan la constante de su existencia y la razón de ser para que, a pesar del tiempo, muchas de sus ideas permanezcan vigentes como proyectos para la organización social de una futura Colombia.

Si en su primera juventud se había erigido en el apóstol de la guerra, en su etapa de madurez se constituyó en el apóstol de la paz, en el paradigma de la civilidad ciudadana, cumpliendo lo expresado en Barranquilla al licenciar y disolver sus tropas: Hemos combatido por la verdad y la justicia; nada se nos dé si la fortuna veleidosa nos volvió la espalda. Despidámonos como soldados y preparémonos a saludarnos como ciudadanos. De aquella guerra salió Uribe Uribe, señala el historiador Luis Ociel Castaño, investido como jefe del liberalismo nacional. Todas las capacidades que antes había puesto al servicio exclusivo de la guerra, las vertió en el desarrollo y progreso nacional, hasta el punto de convertirse en una turbina gestadora de ideas y de programas, en un renovador doctrinario de su partido. Rafael Uribe Uribe fue ante todo un agricultor, sembrador no sólo de café sino de ideas. Su pasión por la guerra primero y luego por la política de progreso y de bienestar tuvo dos contrincantes: la vida de hogar y sus trabajos agrícolas.

Uribe Uribe encarna en la postrevolución, la conciencia social liberal y la concordia por reconstruir una nación en ruinas, detalla Luis Ociel Castaño. De la guerra salió renovado. Desde entonces predicó un liberalismo de izquierda, contagiado de ideas corporativistas y de asistencia social y pública.

El máximo ideólogo liberal del siglo XX colombiano falleció una madrugada del 15 de octubre de 1914, a los 55 años de edad. Como dijo el poeta Rafael Maya: Su sangre al salpicar las piedras del Capitolio Nacional, había caído simbólicamente sobre toda la Nación.

Bibliografía mínima

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Zapata Restrepo, Gustavo. El indio Uribe: su vida, su pensamiento, su época. Publicaciones de interés. Medellín, 1999. 46 págs

ENSAYOS
Para leer a María.

Para leer a María.

Un radical romántico.       Cripta de Isaacs en el cementerio de San Pedro en Medellin   Carroza con los restos de Isaacs, diseñada por Tomás Carrasquilla. Medellín 1905. Volcado en la borrasca de las guerras civiles de nuestro siglo XIX, este...