Cita 104.

Carlos Bueno

16 febrero, 2021

Javier Cercas cierra su periplo por la Guerra Civil | El Comercio

Michel de Montaigne odiaba con razón la mentira porque consideraba que violaba la primera regla de la relación entre humanos, según la cual todos estamos obligados a decirnos la verdad. Esta norma rige incluso para los autores de ficción, salvo cuando escribimos ficción, en cuyo caso se nos autoriza a saltárnosla para escribir algo que no es exactamente una mentira, aunque se le parece bastante (en latín, mentire significa a la vez mentir e inventar: Atque ita mentitur, dice Horacio en elogio de Homero, sic veris falsa reminiscet; o sea: “Y así miente/inventa, así mezcla lo falso con lo verdadero”). Pero incluso Montaigne admitía que, aunque siempre estemos obligados a no mentir, no siempre estamos obligados a decir la verdad, o al menos toda la verdad, y no conozco ningún filósofo relevante que considere que la regla universal de no mentir no admite excepciones, que no existe eso que Platón llama las “nobles mentiras”. El único es Kant, quien puso un ejemplo célebre: supongamos que un amigo se refugia en mi casa porque le persigue un asesino; supongamos que el asesino llama a la puerta y me pregunta si mi amigo está en casa; en esta situación, dice Kant, yo no estoy autorizado a mentir para intentar salvar a mi amigo, sino que mi obligación es, como siempre, decir la verdad, aunque el asesino entre en mi casa y mate a mi amigo. Sobra decir que los argumentos con que Kant respalda su postura son de una gran solidez lógica, aunque pocos, incluso entre los propios kantianos, parecen dispuestos a aceptarlos (no ha faltado quien califique su punto de vista de lunático, ni quien lo haya considerado una broma), y es posible que esos admirables razonamientos demuestren de forma admirable que la lógica limita con el absurdo. Comentando lo anterior, De Quincey acusa a Kant de cómplice virtual de asesinato.

… En el fondo, supongo, estamos otra vez con la vieja distinción de Max Weber entre “ética de la convicción” —la que se ocupa de los actos sin reparar en sus consecuencias— y “ética de la responsabilidad” —la que, en vez de ocuparse sólo de la bondad de los actos, se ocupa sobre todo de la bondad de las consecuencias de los actos—: la primera es la que debe dominar la vida individual, y por eso es la ética del hombre bueno; la segunda, la que debe dominar la vida colectiva, y por eso es la ética del buen político. Quizá por eso es tan difícil para un buen hombre ser un buen político y para un buen político ser un buen hombre.

No creo que Montaigne discrepara de esto. En cuanto a Kant, la verdad es que, cada vez que recuerdo los impecables argumentos con que prueba que es correcto entregar un amigo a un asesino, me pregunto qué pensarían de él sus amigos.

Los amigos de Kant-

Javier Cercas

CAZA DE CITAS
Cita 30.

Cita 30.

  El canciller Adenauer parecía una máscara, detrás de la cual se escondía todo lo que yo odiaba: la hipocresía que se las daba de cristiana, el estribillo de mentirosas aseveraciones de inocencia y la exhibida rectitud moral de una pandilla de criminales...

CAZA DE CITAS
Cita 40.

Cita 40.

Desde mucho tiempo atrás se ha tomado como un lugar común de la historia local el carácter leguleyo de los políticos, además de ese afán permanente por complicar, estorbar y entorpecer, que ha animado a buena parte de los personajes de la historia colombiana. De...

CAZA DE CITAS
Cita 24.

Cita 24.

– Ninguna idea que necesite apoyo lo merece.   – Toda recta lleva derecho a un infierno.    – La fe – cualquier fe – se pierde frecuentando correligionarios.   – La plétora de leyes es indicio de que ya nadie sabe mandar con inteligencia. O de que...