L’enfant terrible del s. XIX.

Carlos Bueno

18 mayo, 2021
Un enfant terrible del XIX.

 

 

“El tuerto” Echeverri: punzante, mordaz, irónico.

Camilo Antonio Echeverri,el Tuerto
1828-1887

· Librepensador, comecuras y periodista.
· El niño terrible del siglo XIX en Antioquia
· Libertario y moralista
· Redactor de la Constitución de 1863.
· De su puño y letra salieron los textos sobre la libertad absoluta de imprenta y de pensamiento.
· Una vida editando periódicos

 

 

 


En febrero de 1863 en Rionegro, Antioquia, Rafael Núñez, Salvador Camacho Roldán y Camilo Antonio Echeverri debieron tomar las mayores precauciones para salvar su integridad por las amenazas de fusilamiento del siempre iracundo Tomás Cipriano de Mosquera. Las ideas de reforma constitucional que aquellos redactaban eran un peligro para este Mascachochas, mandamás de turno. Estaban escribiendo la Constitución de 1863, la más libre de cuántas han regido en nuestro país.

En su artículo 15 se daba el reconocimiento y la garantía por parte del Gobierno general y de los Gobiernos de todos y cada uno de los Estados, de los derechos individuales que pertenecen a los habitantes y transeúntes en los Estados Unidos de Colombia, a saber: la libertad absoluta de imprenta y de circulación de los impresos, así nacionales como extranjeros; La libertad de expresar sus pensamientos de palabra o por escrito sin limitación alguna. Detrás de estas audaces y modernas tesis constitucionales estaba Camilo Antonio. Para muchos el papel de Núñez y Camacho Roldán en nuestra historia es conocido, ¿Pero, quién era este Camilo Antonio Echeverri que dejó su impronta personal en casi todos los artículos de este corpus normativo, que trazó las mejoras sustentaciones sobre el esquema de las libertades públicas y los derechos ciudadanos, sobre lo que significaba la democracia política, sobre la ciudadanía y la territorialidad, y que fue considerado el mejor orador de la Convención de Rionegro? Y que, además, enfrentó con sus principios de resistencia a la arbitrariedad a los principios autoritarios que encarnaba Mosquera.

El tuerto Echeverri. Así fue conocido. Periodista -todo intelectual en el siglo XIX tenía que serlo-, filósofo, pensador. Fue la antitesis de la llamada antioqueñidad. Como señala la historiadora María Teresa Uribe fue la negación de los valores de la raza, la otra orilla de la mentalidad pragmática y calculadora que distinguió a sus coetáneos en el contexto de la república recién nacida. Oveja negra de una familia de comerciantes y banqueros; escandalizó a los gentes buenas y cristianas de misa de cinco con su bohemia de trasnochador impenitente y de jugador empedernido; fustigó a sus conciudadanos con el agudo acero de su palabra punzante y mordaz, descubrió sin el más mínimo asomo de pudor las lacras y los vicios ocultos de una sociedad pacata y tradicional y con el mismo rigor con que juzgó a sus paisanos se miró a si mismo en un autoanalisis desgarrador y profundo en el que expuso a la mirada de sus enemigos las entretelas más íntimas de su vida y de su pensamiento. Camilo Antonio Echeverri punzante, mordaz, irónico, contradictorio: es la otra orilla, la diferente y distinta de la imagen sempiterna de los antioqueños.

Toda esa agitación siempre alrededor y por intermedio de periódicos. Una reseña mínima muestra que fundó y colaboró en El Liberal, 1851, El tiempo, Medellín, 1854; El Alcance en 1864. El índice 1865, El Oasis, 1868; El Bien público, 1871, periódico político, literario, noticioso y de ciencias, industria, comercio, estadística, costumbres y variedades; El Pueblo1871; La Igualdad ,1873; Revista de Antioquia, 1876, Boletín oficial, periódico oficial del Estado Soberano de Antioquia en 1877, Novedades 1877; La revista industrial, 1879, La Balanza.1880. El Pasatiempo 1884, entre los conocidos.

Cada uno de los incisos de la Constitución de Ríonegro fue una batalla en defensa del concepto de que la asociación política tiene por objeto interponer la fuerza de la colectividad para atemperar la lucha por la vida, proteger a los más débiles. Si bien, la libertad absoluta de imprenta estaba adoptada desde 1851, defendida entonces por José María Rojas Garrido y Manuel Murillo Toro, contra ella se volvería Núñez, con la llamada Ley de los caballos y el artículo K de la Constitución de 1886.

En 1883 en Rionegro, Camilo Antonio Echeverri pronunció los más notables discursos de la Convención. Registra en sus memorias Salvador Camacho Roldán que fueron notables por su fogosidad, espíritu filosófico, argumentación vigorosa y verbosidad abundante. Desgraciadamente tenía en su organización un exceso de vitalidad, defecto común en la juventud antioqueña, que lo arrastraba por caminos variados sin detenerlo en ninguna actividad especial. Era poeta, escritor, orador, jurista, filósofo, ingeniero y solía entregarse a la corriente de la vida bohemia más de lo que consentía la situación del país y el puesto que ocupaba en la política. Pudo llegar a ser un hombre de Estado de primera fuerza, pero no lo permitió la laxitud de las costumbres.

Baldomero Sanín Cano escribía en 1927, en el centenario del nacimiento de Echeverri, acerca del gran estrépito en que se desarrollaron sus actividades en un periodo agitadísimo de la vida constitucional del país. Atribuyó el desinterés por el personaje a la flagelación que infringió a las diversas facciones que con el nombre de partidos ejercieron en sus días dominio sobre la República. Para Baldomero había algo en su naturaleza virtualmente contrario a la idea tan inocente de hacer crecer el valor de una cosa, de acuerdo con el número de intermediarios entre el que la produce y el que la consume. La sencillez de las nociones reguladoras del tráfico en mercaderías y de las operaciones de préstamo, pugnaban con el temperamento de una criatura nacida a todas luces para comprender, para darse cuenta de las ideas de su tiempo y para combinarlas a su manera, combatirlas o darle mayor alcance.
Sanín Cano indica que la vida de Echeverri no puede ofrecerse como ejemplo digno de imitación en los seminarios e instituciones piadosas, pero por su franqueza, por la sinceridad del propósito, por la ingenuidad con que reconocía sus errores y hacía de ellos confesión pública, por su honradez y su amor al prójimo, por su probidad como literato, puede dar lecciones a las gentes de hoy en día.

Si fuese necesario definir a Camilo Antonio Echeverri, dice María Teresa Uribe, no dudaría en calificarlo como un rebelde que nunca dio ni pidió cuartel; un crítico de todo pode restablecido, de la autoridad nacida de la imposición, el abogado de las causas perdidas, de los débiles, de los oprimidos. Un perdedor reincidente que se enfrentó a los molinos de viento armado únicamente de pluma y tinta de imprenta.

Vivir en contacto con su público era una insuperable tendencia de su temperamento. Cuando no tenía periódico propio difundía su alma candorosa en los más conocidos y si le faltaban estos, acudía valerosamente a las hojas sueltas. Si los impresores se hacían exigentes con un hombre que desconocía sin ignorarla científicamente, la función del dinero, ocupaba la tribuna pública.
Siempre fue un trasgresor. Eso lo saben los padres jesuitas, ese ejército triunfante en mil batallas contra los infieles en todo el mundo, que perdieron la guerra con Camilo Antonio al que devolvieron un día cualquiera de 1847 en el almacén de su padre, Gabriel. La doctrina tomista aprendida, la desplegó para combatir al clero y refutar las encíclicas papales; las clases se convertían en verdaderas batallas campales. Su exigencia de demostraciones desbarataba entre ingenuo e irreverente los silogismos pacientemente elaborados durante siglos.

Su época es particularmente rica y agitada: la ciudad era un hervidero de ideas, de propuestas y de programas y se multiplicaban las publicaciones, los panfletos y los hojas sueltas. Funda El Pueblo, periódico semanal para explicar los principios filosóficos del radicalismo.

Más tarde sus artículos aparecidos en Revista de la ciudad están dedicados a informar sobre los sucesos de Medellín y al análisis de la cotidianidad más allá del costumbrismo de la época y escudriñan la vida diaria a la manera de un sociólogo e incursiona en el sentido común, en el alma popular. Añade María Teresa Uribe que sólo a un trasgresor como Echeverri, un extranjero en su propia tierra, un intelectual tan agudo con esa capacidad tan aguda para observar su mundo, podría escribir textos como esos.
Las rupturas de las costumbres, los quiebres culturales, las grandes brechas en el ideario nacional provienen históricamente de esta región. CAE no es un islote en esta apreciación: Córdoba es el primero que se levanta en armas contra el dictador Bolívar, Uribe Uribe que perdió más de 32 insurrecciones, León de Greiff, Fernando González, Alejandro López, Fidel Cano, María Cano, el indio Uribe, Luis Tejada, Tomás Carrasquillla, Fernando Botero, Estanislao Zuleta, Fernando Vallejo, el nadaísmo, el festival de Ancón, sin ser exhaustivo en otras rupturas en campos como la medicina o la ingeniería. Evocar hoy a Camilo Antonio Echeverri es traer a la memoria esa tradición de la ruptura, de los quiebres históricos en la vida de Colombia

CULTURA
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